Baccano! v02-Online

Volumen 02: El Gran Ferrocarril del Desorden -Episodio Local- (1931)

Contenido

DAILY DAYS NOVELS

Ilustraciones

VAGÓN DE PRIMERA CLASE ~HOMBRES DE NEGRO~

VAGÓN DE PRIMERA CLASE  ~HOMBRES DE NEGRO~

A pesar de la hermosa ornamentación que decoraba su interior, el aire en el vagón de Primera Clase no podía ser más opresivo. 

—La Muerte no conoce la equidad.

Hablando con una voz ronca hacia el grupo uniformado en trajes negros se encontraba un hombre que parecía ser su líder. 

—La verdad es que cada vida posee su propio valor. En otras palabras, cada vida tiene distinta valía.

Si bien las palabras del hombre se disiparon en el aire sin un objetivo en particular, la mera acción de su oratoria ensombrecía la atmósfera aún más. 

Era como si el tiempo se hubiera detenido completamente. Solo el escenario que se movía rápidamente fuera de la ventana les recordaba que el mundo seguía avanzando. 

Todos los hombres de negro tenían un brillo de pasión incomprensible, mostrando rostros llenos de euforia frenética desde el comienzo de la misión. La única excepción era una mujer que sostenía un imponente cuchillo.  

La mujer de vestido negro no miraba a nadie a los ojos. Se limitaba a contemplar el reflejo de sus propios ojos en el cuchillo, como si nadie a su alrededor valiera la pena en dirigirle la mirada. Las ansías de matar prácticamente resplandecían desde la punta de la cuchilla.

Todos sus sentidos, salvo por su vista, se encontraban enfocados en los hombres de negro que la rodeaban. Casi como si estuviera vigilándolos. 

Ellos también sabían esto; sin embargo, no se molestaron por la forma en que estaban siendo tratados.  

En lugar de eso, los hombres de negro esperaron impacientemente a que prosiguiera su líder. Y, como si respondiera a sus llamados, el líder torció los labios formando una sonrisa.

—No hay necesidad de dudar o tener lástima. Después de todo, estamos apreciando sus despreciables vidas proporcionándoles un valor más concebible. No están obligados a mostrarles compasión. Pongámosle un fin a su insignificante pasado —dijo el hombre calmadamente. Había un toque de felicidad en su tono.

—Hay que obsequiarles a todos las más soberbias de las muertes.

VAGÓN DE SEGUNDA CLASE  ~HOMBRES DE BLANCO~

En una habitación algo llamativa en el vagón de Segunda Clase, Ladd alzó la voz lleno de emoción:

— ¡Hombre, hombre, no puedo esperar! Se está poniendo emocionante… ¿de qué hablo? Les estoy diciendo que me muero por comenzar. ¿Chicos acaso no están emocionados?

Ladd realmente perdió los estribos. ¿En serio piensa qué podemos sacar algo de dinero de todo esto? Esos idiotas que piensan que esto va a funcionar también están completamente locos. Y en vista de que yo tampoco intenté detenerlo, supongo que todo el que está aquí presente es un idiota.

 —Oye, Lúa, ¿no estás entusiasmada? — Ladd extendió las manos hacia la mujer que se encontraba frente él, Lúa, y tocó sus mejillas. Lúa respondió con tranquilidad: 

—En lo absoluto —Y miró fijamente a Ladd. Éste, en respuesta, rió.

 — Ya veo, así que no lo esperas ansiosamente, ¿verdad, corazoncito? Entonces, permíteme contarte una historia divertida. ¡Cuándo matemos a todos los tipos en este tren, cuando todos en Nueva York, en este país y en todo el mundo los haya descuartizado! Después de eso, tendremos una pequeña e íntima boda en una iglesia en el bosque, solo nosotros dos, y una vez que juremos amarnos el uno al otro por toda la eternidad, te mataré de la manera más bella posible. Y puesto que serás la última persona en el mundo en ser asesinada por mis propias manos, me aseguraré de que sea ostentoso, romántico, espeluznante y divertido.  — Ladd sonrió dulcemente a su prometida mientras hablaba como un lunático. — ¿Bien? ¿Estás emocionada ahora? 

¿Qué clase de hombre le diría a su prometida esas palabras tan sádicas con una sonrisa en su rostro?

Las mejillas de Lúa se tornaron rosas y asintió levemente a su pregunta. ¡Ah! ¿Qué demonios? Lúa es la más loca de todos nosotros. Aun cuando Ladd es mi amigo de la infancia, ¿por qué diablos acepte formar parte de este plan? Quiero decir, todo el mundo aquí es un loco homicida, al igual que Ladd.

— Va~ya, vaya, vaya. Parece que es hora de darles una pequeña lección a todos los catrines[1] de la primera clase y a los parásitos de la tercera clase. ¿Qué les parece? Al fin y al cabo, la Muerte ama a todos por igual, le importa una mierda si eres rico o pobre. ¿No es un alivio? ¡Jajajajajaja! —Ladd sonrió como un niño pequeño, ignorando mi ansiedad.

VAGÓN DE TERCERA CLASE  ~HOMBRES EN HARAPOS~

El vagón de la tercera clase era de un gris monótono, las cabinas no albergaban más que los asientos y una ventana con vista hacia el exterior.

— ¡Qué hermosa vista! ¡Viajar en tercera clase tal vez no sea tan malo después de todo!

—Dime, ¿Jacuzzi? —habló un muchacho vestido con ropa barata, que claramente parecía un delincuente. Su pregunta iba dirigida al joven tatuado que miraba por la ventana.

 —Hey, ¿en serio vas a hacerlo? 

— ¿Uh? ¿Qué?

— ¡¿Cómo que «qué»?! ¡Vamos a robar el tren; no hay tiempo para estar curioseando por la ventana como un turista! ¿De verdad vas a hacer esto o qué? 

— ¡Jack! No hagas tanto escándalo. Las paredes de aquí no son muy gruesas —lo regañó una mujer con lentes que lucía un parche en el ojo.

Entretanto, el hombre tatuado, Jacuzzi, comenzó a gimotear mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.

—Lo siento. Es que fue tan repentino que yo…

— ¡No hagas nada en primer lugar si vas a lamentarlo! 

—En ese caso no me disculparé. Hay que hacer lo mejor que podamos.

—Si vas a disculparte, ¡hazlo bien! 

— ¿Qué quieres que haga entonces?

— ¡Qué más da! ¡Solo deja de llorar! —Medio desesperado, el delincuente alzó la voz—. Por todos los cielos, haz las cosas como Dios manda, Jacuzzi. Se supone que eres nuestro jefe, ¿sabes? Además, ¿qué estás haciendo aquí en primer lugar? Podrías habérnoslo dejado a mí o a Donny. 

— ¿Uh, me hablaban? —preguntó el hombre gigante de piel morena que se encontraba en un rincón; no obstante, el delincuente lo ignoró y prosiguió.

—De cualquier forma, eres nuestro jefe. Deberías valorar tu vida un poco más; eso también es por nuestro bien, ¿sabes?

—No quiero morir y, tampoco quiero que ninguno de ustedes mueran —dijo silenciosamente el joven tatuado, cerrando sus ojos llorosos y sonriendo—. Así que no pensaré en cosas tan complicadas hasta que muera. 

Epilogo I

31 de Diciembre de 1931. Por la tarde.

—Aaahh… Al menos hubieran tenido la decencia de apilarlos en un solo lugar —murmuró irritado un hombre que observaba a los cadáveres que yacían cerca de las vías del tren.

—Trata de ser un poco más comprensible.

Dos hombres se encontraban de pie sobre la nieve, entretanto ráfagas de viento descendían sobre ellos. Se trataba de los inspectores Bill Sullivan y Edward Noah, ambos formaban parte del Departamento de Investigación de los Estados Unidos de América. 

Fueron asignados a realizar la limpieza del misterioso incidente que ocurrió hacia finales del año.

“La labor de limpieza” incluía, asimismo, una investigación formal. Los oficiales de policía se encontraban dispersos en generosos intervalos a lo largo de las vías, cada uno trabajando arduamente en su propia tarea.

Saltaba a la vista que todos los cuerpos estaban conectados al mismo evento. Puesto que todos ellos eran presuntos pasajeros del mismo tren.

—No veo ninguna necesidad de ser tan quisquilloso sobre este asunto. 

—De cualquier caso, tengo una duda —preguntó Edward, mientras Bill se rascaba la cabeza—. ¿Por qué nos llamaron? Normalmente esto no es de nuestra jurisdicción.

Edward era parte de una fuerza especial del Departamento de Investigación. El equipo no era oficialmente una división, pero poseía el silencioso reconocimiento del Departamento. Los integrantes de esta fuerza especial eran personas que asumían misiones especiales entre su trabajo de rutina. 

Bill y Edward se encontraban entre aquellos que realizaban dichas misiones especiales.

—Pues… prescindiendo del secreto, encontramos a uno de “ellos” entre la lista de pasajeros de Chicago.  

—Por “ellos”, te refieres a… ¿los inmortales?

Inmortal. Podría haber una palabra menos apta para un lugar donde los cadáveres abundaban. No hubiera sido extraño que los otros oficiales a su alrededor estallaran a carcajadas ante la mención de dicha palabra.

De hecho, sería extraño que cualquiera no encontrara esto divertido. Después de todo, el inspector todopoderoso estaba hablando sobre inmortales con un semblante completamente serio.

No obstante, estas dos personas sabían que no se trataba de un cuento de hadas.

Hace más de doscientos años, algunos alquimistas navegaron hacia este continente. Y durante su travesía por el Atlántico, convocaron a un demonio y obtuvieron cuerpos indestructibles. 

Ni siquiera los cuentos de hadas tratan sobre ideas tan absurdas, pero no se podía hacer nada al respecto; era la verdad. La mayor evidencia de todas era el hecho de que su superior inmediato era uno de los antes mencionados inmortales. 

En otras palabras, estos hombres tenían la obligación de supervisar y proteger a los diversos inmortales que se encontraban dispersos por todo los Estados Unidos. Por supuesto, las cuestiones sobre los inmortales nunca serían reconocidas oficialmente, ni estaban autorizados para que tal cosa sucediera.

 — ¿Recuerdas las características de los inmortales?

—Sí. Primero: «No envejecen y se regeneran de cualquier herida, con la cabeza sirviendo como el centro de la regeneración». Segundo: «La única excepción para su inmortalidad es si un inmortal es asesinado por uno de sus hermanos. El inmortal debe colocar su mano derecha en la cabeza del otro y pensar “Quiero devorarlo”, la víctima será succionada dentro de la mano y morirá». Tercero: «El inmortal que devore a otro ganará todo el conocimiento que poseía la víctima». Cuarto: «Los inmortales no pueden usar nombres falsos entre ellos o en actos públicos». 

—No tenías por qué decirlo tal y como aparece en el libro. De cualquier caso, ni siquiera pueden soñar con usar pseudónimos en una lista de pasajeros y cosas por el estilo… sabes lo que eso significa, ¿cierto?

Edward replicó a la interrogante de Bill con su propia pregunta escéptica. 

—Y, ¿qué pasa con el inmortal? ¿Estuvo involucrado en el incidente?

—En estos momentos Donald está investigando al respecto. Vera si ha llegado a salvo. Tardamos mucho en dar con él, puede que se nos haya escapado. 

Otra bolsa con un cuerpo se unió a la pila detrás de los dos hombres. Edward apretó los puños.

¿Qué demonios sucedió aquí?

El expreso transcontinental de Chicago a Nueva York, el Flying Pussyfoot.

Exactamente, ¿qué clase de tragedia cayó sobre este tren?

Prólogo I: Los ladrones disfrazados

Diciembre de 1931. California.

El problema comenzó con la declaración de un idiota cabeza de chorlito.

— ¿Qué tal si asaltamos un tren? ¡He oído que la paga es realmente buena!

— ¡Eso es maravilloso! ¡Podríamos hacernos ricos! —Otro idiota estuvo de acuerdo.

Isaac y Miria se encontraban en medio de una profunda oscuridad, cautivados por un tema un tanto aterrador.

Se encontraban dentro de una mina, en algún lugar de California. La pareja, que, hacia aproximadamente un año, era conocida por algunas personas como “Los ladrones disfrazados”, estaba de pie frente  a un muro de piedra iluminado por una linterna.

El Modus Operandi de ellos era cometer asaltos mientras vestían ropas extravagantes, huían y luego se cambiaban para completar así su escape. Por supuesto, sus robos incluían cosas como relojes, chocolates o las puertas de algún museo; crímenes demasiado confusos e inexplicables para aparecer en los periódicos nacionales.

Se habían lavado las manos después de su último golpe en Nueva York el pasado noviembre. Por esos días, vivían perdiendo su tiempo en la minería de oro, afirmando “Robaremos los tesoros de la mismísima tierra”.

Por desgracia, llegaron ochenta años tarde para la fiebre del oro.  Lo único que podían hacer era golpear con sus azadones en minas abandonadas.

Ya había pasado un poco más de un año desde que empezaron, cuando Miria, vestida con ropa de trabajo para mujeres, hizo una pregunta.

— ¿Oye, Isaac? Normalmente todos sacan oro del río, ¿verdad? Así que, ¿por qué estamos cavando un agujero aquí?

La respuesta de Isaac fue rápida y sin vacilar.

— ¡Jaja! La gente simplemente no sabe qué se puede encontrar oro en lugares como este. Y, la última vez que tratamos de sacar oro del río, los hombres nos echaron porque decían que era su territorio…. ¡Y ni siquiera sabíamos quiénes eran ellos!

— ¡Eso fue humillante!

—Pero, ¿Sabes lo que encontré frente a esta mina abandonada? ¡Un ciempiés! ¡Y tenía cientos y cientos de piernas!

— ¡Espeluznante! —Miria inconscientemente se estremeció ante la descripción detallada de Isaac, quien rió ante su reacción.

—Escucha, Miria. Dicen en el oriente que los ciempiés son los dioses de las minas de oro.

¡Es por eso que estoy tan seguro! ¡No estamos muy lejos del premio mayor!

—No hemos encontrado nada todavía pero, ¡Eso es increíble!

Un solo conjunto de aplausos resonó vacíamente a través de la mina.

—Ahora que lo pienso, si los ciempiés son los dioses del oriente, me pregunto ¿cómo se ven sus crucifijos?

— ¿Tal vez tienen un ciempiés enrollado alrededor de una cruz?

— ¡Idolatría!

Conversaciones de este tipo eran el día a día de este dúo, sin embargo, hoy había algo diferente.

— ¡Ah, casi lo olvido! ¡Mira esto, Isaac, nos llegó una carta de Ennis y Firo!

Miria sonrió ante la luz de unas velas y sacó dicho papel.

Ennis y Firo eran personas con las que hicieron amistad hacía un año en Nueva York.

Firo era un ejecutivo en una pequeña familia criminal y Ennis era un homúnculo creado por un alquimista, pero Isaac y Miria sabían poco o nada acerca de esta situación. 

Cabe destacar que Isaac y Miria habían alcanzado la inmortalidad el año anterior, cuando se vieron envueltos en un incidente con el Gran Elixir. Por supuesto, no tenían ni idea del cambio que había ocurrido en sus cuerpos.

Eran inhumanos, monstruos “inmortales”, que ocupaban un lugar entre el miedo y la admiración en los corazones de los seres humanos.

Pero de cualquier caso, nada de eso importaba en sus felices días de vida.

Miria leyó la carta de Ennis y Firo a la luz de las velas. En ella, les pedían que fueran a visitarlos a Nueva York en algún momento.

Pero había una parte en la carta de Ennis que no les gustaba.

“Isaac y Miria, los considero a ambos como mi hermano y hermana. Me entristezco cuando pienso en ellos, que fueron creados antes que yo, a quienes nunca llegué a conocer, pero pensar en ustedes dos me anima.”

Mientras Miria leía este pasaje de la carta, dirigía a Isaac una mirada con los ojos rojos.

—Dime, Isaac. Acerca de los hermanos de Ennis…. ¿Quiere decir que sus hermanos están muertos?

Isaac, preocupado por la expresión de Miria, se apresuró a negar su sugerencia.

—No, no. Estoy seguro que significa algo más. Ah, bueno…«Creados antes que yo»…«Nunca llegué a conocer»…bueno, esto debe significar…. —Isaac se detuvo por un momento, luego juntó las manos—. ¡Lo tengo! ¡Quiere decir que Ennis quiere un hermano menor!

La cara de Miria se iluminó al instante.

— ¿Así como un niño feliz rogándole a su mamá que lo consienta?

— ¡Sí, exactamente eso! ¡Eso haría a Ennis muy feliz!

— ¡Muy feliz!

Sin embargo, después de ese momento inicial de comprensión, el dúo se encontró con otro problema.

—Pero nosotros no somos los padres de Ennis, así que no podemos darle un hermanito.

—Desafortunadamente, no. Pero ¿Qué tal si le compramos algo caro y se lo llevamos a Nueva York?

Isaac y Miria, al final, comenzaron a hacer sus planes para viajar a Nueva York.

Sin embargo, actualmente, estaban completamente quebrados. El año pasado, se las habían arreglado para sobrevivir con la venta de unas extrañas piedras azules, que desenterraron en vez de oro, y por las cuales, alcanzaron un precio sorprendentemente alto. Pero, por el momento, no podían pensar siquiera en dar un regalo de ningún tipo.

De repente, Isaac juntó las manos otra vez.

— ¿Qué tal si asaltamos un tren? ¡He oído que la paga es realmente buena! —Gritó con su voz resonando a través de la caverna.

— ¡Eso es maravilloso! ¡Podríamos hacernos ricos!

—Déjame ver si lo recuerdo bien. Asaltar un tren es cuando tú tomas un tren hacia un destino, haces el robo y luego huyes en un tren nuevamente, ¿verdad?

— ¡Sin duda!

—Muy bien, entonces igual que antes, ¡Vamos a robarle a los chicos malos: a la mafia!

— ¡Wow! ¡Somos campeones de la justicia!

—Por lo tanto, ¿qué familia deberíamos atracar…?

De repente, la luz de la lámpara se apagó sin previo aviso. Isaac y Miria estaban cubiertos en completa oscuridad.

—¡Isaac, tengo miedo!

—¡Espera, Miria! —tartamudeó—. ¡Cálmate! ¡No podemos hacer ningún movimiento brusco ahora mismo! ¡Vamos a tener que resistir y quedarnos quietos hasta que un equipo de rescate llegue!

— ¡Wow, Isaac! ¡Eres tan inteligente!

La noche siguiente, un grupo de hombres en ropa de trabajo movían sus azadas y picos mientras charlaban cerca de la mina designada a Isaac y Miria. 

—Ahora que lo pienso, ¿recuerdan a esos bichos raros que estaban excavando en esa mina abandonada?

— ¡Oh!, ¿te refieres a esos tipos que desenterraron lapislázuli?

—Vi que se los llevaron en camillas esta mañana. Algo de falta de oxígeno. Eso sí, se levantaron como si nada les hubiera pasado.

—Así que alguien los rescató bastante rápido ¿eh? No es común que la gente sobreviva a eso.

Los mineros elogiaron la buena fortuna del dúo, sin poder imaginar que ellos eran ser inmortales.

—Creo que el hombre estaba diciendo algo como: «estamos cavando oro, porque vimos un ciempiés con cientos de piernas».

— ¿De qué va todo eso?

— ¿Quién sabe? Ellos estaban diciendo algo acerca de alguna religión oriental. No sé por qué, pero los dos sabían mucho acerca de Oriente.

Un minero viejo que había estado escuchando desde un lado se les unió asombrado.

— ¿Te refieres a esos que vivían  en el pozo de la mina? ¿Y la cosa con cientos de piernas?

— ¿Tú sabes, viejo?

—Por supuesto que sí… Eso no es un ciempiés. Se trata de un milpiés.

En ese momento, Isaac y Miria se encontraban en un tren.

Se dirigían a Chicago, la ciudad de la mafia, para llevar a cabo su robo y luego escapar en tren.

Ya habían escogido su ruta de escape. Tomarían el tren expreso transcontinental el“Flying Pussyfoot” con destino a Nueva York.

Prólogo II: Los delincuentes

29 de diciembre de 1931. Tarde en la noche.

—No, bueno, eh… Um… Bueno, yo…. Verás, ¿sabes? Vamos, eh, resolver esto de forma pacífica. ¿De acuerdo? Todos somos adultos aquí, ¿verdad?, Eh… Así qué ¡Por favor, mantengan la calma!

Esto ocurría en las cercanías de una fábrica a las afueras de Chicago. Ni las luces de las farolas ni de los letreros de neón llegaban a ese callejón totalmente oscuro. Aunque este lugar sería el más adecuado para reinase el silencio, una voz chillona rompía la callada tranquilidad. 

Por supuesto, podría haber algo más apropiado en tanto a sonidos o lugares cuando se hablaba de un hombre que, aterrorizado, se encontraba  repentinamente frente a una pistola.

La luz de la luna brillaba sobre un joven rodeado por un grupo de hombres armados con pistolas, probablemente eran miembros de una familia mafiosa del área de Chicago, por el aspecto de su vestimenta y la forma en que se comportaban.

Sin embargo, había algo extraño acerca de la situación y era el tatuaje en forma de espada que se encontraba en la cara del hombre que lloraba.

—Así que, por favor, se los ruego, por favor, bajen sus armas. ¿De acuerdo? ¡Se los suplico! ¡Estoy tan asustado que podría morir! Por favor, lo siento mucho, pero no tengo ni un centavo encima. ¡Pediré disculpas, así que por favor bajen sus pistolas! — chilló alargando las silabas de la última palabra.

Mientras tanto, los hombres armados, vestidos con gabardinas oscuras, se miraban el uno al otro confundidos. Fueron hacia el hombre que lloraba en la oscuridad.

—Oye, ¿Realmente es este hombre?

— ¿Cuántas personas conoces que tengan un tatuaje de espada en su cara?

—Pero en serio, ¿Un idiota como éste?

— ¿Por qué simplemente no le preguntamos al chico?

El que parecía ser el líder del grupo agarró al joven que lloraba por el cuello.

—Cierra el pico, bebé. Te voy a hacer una simple pregunta. Responde correctamente y podrás volver con tu mami ¿Entiendes?

—Pero, yo no tengo mamá… —tartamudeó.

De repente, el joven se encontró mirando directamente a la culata de una pistola y soltó un grito ahogado.

— ¿¡Quién te preguntó eso, eh!? Te dije: « ¿Entiendes lo que estoy diciendo?», pedazo de mierda.

El mafioso sostuvo con fuerza al joven para evitar que se cayera, apuntando el arma a su cara, habló lentamente.

—Escucha, llorón, Si no quieres que nosotros te hagamos un agujero en la cabeza, dinos tu nombre. Así de fácil.

El joven que lloraba, tembló, pero asintió con la cabeza y se tragó sus lágrimas, y poco a poco reveló su nombre.

— Jacuzzi Splot — dijo entre sollozos y gimoteos.

Los demás se miraron entre ellos nuevamente ante la mención del nombre y estallaron en una risa incontrolable.

— ¿Oyen eso? ¡Este marica de mierda dice que es el jefe de la banda que nos dio a nosotros, los Russo, tantos problemas! ¿Sabes una cosa, chico? Nosotros solo venimos aquí el día de hoy para descubrir cuál era su escondite ¿Y qué es lo que veo? ¡Esa cara en los carteles de búsqueda, caminando a solas sin nadie custodiándolo! ¿Estás de la cabeza? 

Se rió con un suspiro y luego lanzó al hombre llamado Jacuzzi al suelo.

— ¡Esto no es gracioso, pedazo de mierda! ¿Me estás diciendo que tú eres ese bastardo que armó un alboroto en nuestro territorio? ¿¡Y bien!?

El líder pateó a Jacuzzi una y otra vez mientras aparecían venas en su frente.

—Nosotros no estropeamos su territorio… Nosotros solo…

— ¿¡Solo qué!? Vendieron licor de contrabando en nuestro territorio, se metieron en el camino de la familia Russo con su pandilla, ¡Incluso robaron nuestras tiendas! ¿¡Qué diablos no hicieron malditos!?

Jacuzzi continuó recibiendo patadas, pero de pronto dejó de llorar y en voz alta gritó, ligeramente tartamudeando:

—Tienes razón ¡No somos buenas personas! Pero, cuando comenzamos a vender alcohol ¡Ustedes fueron los que mataron a ocho de nuestros amigos! ¡Así que decidimos ponernos en contra de la familia Russo! 

Los mafiosos, irritados por  la declaración del joven lleno de lágrimas y mocos, se dispusieron a darle un puñetazo de nuevo.

—No pienses que vas a salir fácil de esta, bastardo. Haremos todo lo posible para aniquilar su pequeña pandilla callejera.

— ¡Antes de eso! Por favor ¡Bajen sus pistolas…! Por favor,  ¡No quiero matarlos si puedo evitarlo! —Jacuzzi interrumpió al mafioso.

— ¿Estás loco, mocoso?

— ¡No! ¡No! ¡No! — gritó repetidamente — ¡Por favor! ¡No me gusta la sangre, y no puedo soportar el sonido de los huesos rompiéndose! ¡Por favor!

Ellos se dieron cuenta de que sus respectivas conversaciones no estaban coincidiendo y bajaron los puños.

— ¡Así que, por favor, Donny! ¡Espera! ¡Por favor, te lo ruego! ¡Estoy seguro de que estos hombres van a bajar sus armas en cualquier minuto! ¡Así que por favor espera! — pidió hablando demasiado rápido.

— ¿Donny? ¿Quién diablos es ese?

El líder lo observó y se dio cuenta de algo.

Los ojos de Jacuzzi no se centraban en él, sino en otra cosa por encima de su hombro.

El ambiente se puso tenso al instante y un solo sonido llamó su atención.

Crack.

Jacuzzi de inmediato gritó y se estremeció, cubriéndose los oídos.

El líder lo soltó y comenzó a darse la vuelta, tratando de concentrar sus sentidos en su entorno.

En ese preciso instante, sus ojos se fijaron en sus subordinados, quienes estaban congelados en el lugar.

Sus oídos captaron, después del ruido desagradable de antes, el sonido de algo aplastándose con dificultad.

Su nariz detectó la esencia fría del ambiente a su alrededor.

Su lengua percibía la amargura y acidez de los líquidos digestivos subiendo por su garganta.

Y en el momento en que terminó de girarse, su brazo experimentó la mayor agonía que nunca antes había sentido. Un solo grito, un solo grito plagado de dolor se escuchó entonces.

Volvió la mirada hacia la fuente de su repentino padecimiento. Una mano dos veces más grande que la de un hombre promedio estaba agarrando su mano, aquella con la que sostenía la pistola. Sus dedos fueron torcidos de forma macabra, y líquidos oscuros salieron de su carne desgarrada de forma intermitente al ritmo de los latidos de su corazón. Trató desesperadamente de recuperar su juicio de la confusión inducida por el dolor, y tomar razón del ser ante él.

Era un hombre gigantesco, cuya forma se recortaba contra la luna.

Tenía dos metros de altura. Con su mano derecha, la sombra gigante fácilmente aplastó la mano del mafioso. Con su mano izquierda, levantó a uno de sus compañeros por la garganta. El cuello del desafortunado fue torcido hacia un lado por el puño del gigante, y su cabeza colgó inerte a un lado como una muñeca de trapo.

Debido a que la cabeza del gigante estaba directamente en frente de la luna, era imposible ver su expresión. No había más que oscuridad donde debía estar su rostro.

— ¡Monstruo!

El temor del mafioso sobrepaso su dolor. A pesar de que había perdido la sensibilidad de su mano, la levantó hacia arriba con todas sus fuerzas. El gigante no se opuso a su movimiento.

Después de haberse liberado del agarre de hierro del gigante, el líder intentó dispararle. Sin embargo, su dedo no estaba en condiciones de apretar el gatillo.

— ¿¡Qué están haciendo!? ¡Dispárenle a este infeliz!  —ordenó, pero ninguno de sus hombres parecían estar dispuesto a hacerlo. Sus ojos deambulaban por la oscuridad, atentos en algo más que el gigante.

El líder al fin se dio cuenta de las múltiples siluetas de pie en la oscuridad, iluminadas por la luz de la luna. Sus camaradas que estaban de pie alrededor de Jacuzzi, se dieron cuenta de que ellos estaban, a su vez, rodeados por un grupo de jóvenes de alrededor de veinte años de edad, con los ojos brillando de hostilidad.

No iban vestidos de manera uniforme, pero los mafiosos no tuvieron problemas para averiguar sus identidades. Estos jóvenes eran los miembros de la banda de poca monta dirigida por el llorón ante ellos; los miembros de la banda que se les ordenó eliminar.

Los integrantes de la pandilla los rodearon por ambos extremos del callejón, por debajo de los postes eléctricos y desde las sombras de las paredes. Fácilmente eran más cincuenta, y todos y cada uno de ellos se acercaban poco a poco a ellos.

— ¿Qué demonios?… ¿Quién rayos son ustedes bastardos?

El líder de los mafiosos se dirigió a sus hombres con el fin de intentar una retirada, pero se quedó estupefacto.

A su alrededor estaban sus compañeros, todos con la misma expresión de shock sobre sus caras.

Sin embargo, había dos cosas diferentes en ellos. En primer lugar, que ahora estaban apuntando sus armas de fuego al gigante, a la gente alrededor de ellos y a Jacuzzi.

Lo segundo, era que sus ojos habían dejado de moverse, y que sus caras estaban desprovistas de vida.

Antes de que el líder pudiera siquiera parpadear, los hombres cayeron al suelo uno a uno. Los cuchillos que sobresalían de la parte posterior de sus cabezas brillaban reflejando la luz de la luna.

Él quedó asombrado con los cadáveres de sus hombres, y se dio cuenta de que un grupo de hombres y una única mujer se habían acercado a su lado.

— ¿Cómo te sientes? —preguntó la mujer de pie en el centro. Era joven, probablemente de la misma edad que Jacuzzi. Un parche le cubría el ojo derecho, y su rostro estaba cubierto de grandes cicatrices. Las gafas que llevaba terminaban por remarcar su aspecto excéntrico. A pesar de que era pleno invierno, llevaba una camiseta sin mangas. Sus brazos también estaban cubiertos de cicatrices.

El líder, o mejor dicho, el exlíder de cuyos hombres eran ahora poco más que bolsas de carne, se sentía como si hubieran pasado décadas desde la última vez que escuchó una voz humana. La voz de la mujer lo devolvió a la realidad y, al mismo tiempo, fue consciente nuevamente del dolor punzante en su mano derecha. La sangre caliente se derramaba por su mano con los latidos de su corazón y su cerebro se vio abrumado por la sensación de agonía.

— ¿Quién diablos son ustedes, bastardos? ¿Cuándo llegaron todos aquí…?

El mafioso fue interrumpido cuando un hombre, que estaba junto a la mujer con cicatrices, le golpeó la cabeza con una barra de metal, provocando quejidos.

— ¿Quién te preguntó que estabas haciendo? ¿¡Eh!? ¿Qué acabo de preguntarte? Dije: « ¿Cómo te sientes? Pedazo de mierda», ¿no? —La mujer perfectamente refutó con las palabras que él le había escupido a Jacuzzi hacía poco.

Mierda, estos hijos de puta estaban aquí todo el tiempo. ¡Era una trampa!¡Maldita perra! Pensó el mafioso, pero la sangre que brotaba de su boca no le permitió decir lo que pensaba.

Cuando miró a su alrededor una vez más, vio que un pequeño grupo se había separado de la banda y lo habían rodeado. Los demás deambulaban indiferentemente, y otros lo miraban con lastima. Finalmente llegó a una conclusión.

No había escapatoria para él.

El solitario mafioso había sido degradado a nada más que un simple peón. De pronto recordó las súplicas llorosas de Jacuzzi y de inmediato hizo su movida.

Quitó la pistola que se aferraba a su mano derecha torcida y comenzó a suplicarle a Jacuzzi a todo pulmón.

— ¡Mira! ¡Bajé el arma! La puse abajo, ¿ves? ¡Estoy desarmado! ¡Así que diles a tus amigos que me dejen ir! ¿De acuerdo? Dijiste que no te gustaba la sangre o el sonido de los huesos al romperse, ¿cierto? Así que…

Entonces, se dio cuenta de que Jacuzzi estaba inconsciente.

Estaba en el suelo, con sus manos sobre las orejas, se veía la parte blanca de sus ojos y salía espuma de sus labios.

—Qué mal por ti. Parece se desmayó —observó la mujer con el parche en el ojo.

Todo había terminado. El mafioso no podía hacer más que abrirse paso. Con la mano izquierda, cogió la pistola que se le cayó antes; pero sus intentos fueron inútiles.

La bota de cuero del gigante le aplastó la mano izquierda, con todo y arma.

— ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Al diablo con ustedes mocosos de mierda! ¿¡Creen que pueden salirse con la suya?! ¡Malditos bastardos!

El mafioso fue acorralado. Sacó con fuerza su mano izquierda y la pistola debajo del pie del gigante. Su piel se desgarró y su carne se destrozó en algunos lugares, enviando señales de dolor a través de su brazo.

Sin embargo, Incluso en medio de su sufrimiento, el hombre apuntó su arma hacia lo que parecía ser el eslabón más débil entre sus captores: la mujer con el parche en el ojo. Puso todo lo que tenía en su dedo índice izquierdo, depositando sus esperanzas en la ronda que iba a disparar.

Pero su suerte se terminó antes de que pudiera disparar el arma.

Vio a la mujer lanzar algo. Un humo se elevó desde un objeto pequeño y esférico.

Al siguiente instante, el objeto rebotó con fuerza en el suelo.

— ¿¡Una bomba!?

Para el momento en que se dio cuenta, ya era demasiado tarde. La explosión fue ligeramente más débil que la de los fuegos artificiales, pero el sonido obligó al mafioso a cerrar los ojos por reflejo.

Lo último que vio por detrás de su brazo ensangrentado fueron brillos plateados de luz, cuchillos que reflejaban el resplandor de la luna. Los dos hombres, de ambos lados de la mujer, los habían arrojado en su dirección. ¿Podría haber un espectáculo más hermoso y aterrador?

Esta fue la última y más grande vista que el hombre había presenciado.

La mujer vio al hombre acuchillado y suspiró en voz alta.

—Debió haber pensado en pedirnos que lo perdonáramos.

Luego, ella se volvió hacia Jacuzzi, a quien el gigante había dado un codazo para despertarlo, habiendo perdido el interés por el mafioso.

—… ¿Están muertos…? Todos están muertos… ¡Sangre!… ¡Sus caras son de color azul!… Estoy muy asustado… — expresó gimoteando.

Haciendo caso omiso del terror de Jacuzzi al ver los cadáveres, la mujer comenzó a consolarlo, con un tono completamente diferente en la voz.

—Buen trabajo, Jacuzzi. Tu plan funcionó a las mil maravillas.

—Pero no tenías que matarlos a todos…

—Esos tipos casi te matan. No había mucho de donde elegir. Y los chicos que sobrevivieron dijeron que estos desgraciados fueron los que mataron a Kenny. Además, no podía simplemente dejarlos ir después de que te dieron una paliza.

—Eso se llama venganza… pero me siento un poco mejor. Gracias, Nice.

Jacuzzi le sonrió a Nice, finalmente haciendo caso omiso de la horrible vista de los cadáveres. Sin embargo, pronto se volvió hacia éstos y comenzó a derramar lágrimas de nuevo.

— ¿Qué pasa? ¿Esos tipos todavía te asustan? —Nice preguntó preocupada. Jacuzzi se escondió detrás de su espalda, temblando de miedo.

—no, bueno, pensé, quizás… ¡Tal vez esos cuerpos podrían ponerse de pie, de repente y perseguirme!… Acabo de leer en un libro sobre cadáveres que volvían a la vida y chupaban sangre…

—Tienes que ser capaz de diferenciar ese tipo de cosas de la realidad, Jacuzzi. Te prometo, nada de eso va a suceder.

—Cadáveres… ¿Levantándose…? ¿Sangre? No es bueno. Miedo… —Donny de repente gritó por detrás de ellos.

— ¿Tú también lo crees, Donny? Estoy tan contento de que estés conmigo en esto…

—Déjamelo a mí —Donny se señaló hacia sí mismo. Su piel morena y sus palabras titubeantes dejaban en claro que era un inmigrante recién llegado de México—. Yo…voy asegurarme. Están muertos.

Donny de inmediato pisoteo el montón de cadáveres. Un ruido que perforaba las orejas se elevó en la zona, los cadáveres rebotaban en el aire como si todavía estuvieran vivos. Los cuchillos que fueron enterrados dentro de ellos salieron fuera de sus cuerpos al mismo que la sangre salía a borbotones de las heridas recién abiertas… 

— ¡AH! ¡P-por favor, basta, Donny! ¡Tenemos que mostrar respeto a los muertos!

Jacuzzi rápidamente detuvo a Donny. Sin embargo, Nice dio un paso hacia los cadáveres. Sacó un cilindro largo y delgado y comenzó a jugar con la cuerda que colgaba de uno de los extremos del tubo.

— ¿Nice? ¿Qué estás haciendo?

Jacuzzi estaba teniendo un mal presentimiento sobre esto. Ella, sonrió y sacó un encendedor Zippo.

— ¿Nice? ¡No me digas…! Nice… ¿Nice? ¡NICE!

Nice lo encendió antes de que Jacuzzi pudiera detenerla. Las chispas comenzaron a viajar con rapidez por la cuerda.

Nice contemplaba las chispas con una mirada eufórica que generalmente se reservaba a un amante perdido hace mucho tiempo, y luego en silencio colocó el cilindro en la cima de los cadáveres.

A continuación, dio al resto de la banda una sonrisa sorprendentemente tranquila mientras daba órdenes.

— ¡Vámonos o quedaremos atrapados también en la explosión!

Un fuerte estruendo sacudió el callejón. Una explosión de color rojo brillante iluminó el camino bajo la luz de la luna.

Incluso después de que el destello inicial se hubiese desvanecido, piezas más pequeñas de luz continuaron brillando en múltiples puntos en el callejón. Partes de ‘cosas’ que habían sido esparcidos por la explosión seguían ardiendo, iluminando débilmente a los miembros de la banda de Jacuzzi, que se habían agachado en el suelo, a la distancia.

Nice, lentamente se puso de pie para consolar los sollozos de Jacuzzi.

—Bien, bien. No más lágrimas, ¿de acuerdo? Los cadáveres están tostados, así que no hay nada de qué preocuparse. Me aseguré por tu bien de que no vayan a volver a la vida.

Jacuzzi tragó sus lloriqueos y miró al ojo de Nice, con los suyos llenos de lágrimas.

—No tienes que ocultarlo. Solamente querías probar tus bombas… querías ver una explosión, ¿cierto, Nice? — tartamudeó él.

—Me has pillado —Nice rió tímidamente, su sonrisa llegó hasta su único ojo.

— ¡Nice…! ¡Voy a golpearte! — expresó, sin estar muy convencido de sus propias palabras. Ella, por su parte, rió.

—Tu nunca haría algo así, ¿verdad?

—Uh…

— ¡Tengo razón!

Jacuzzi ignoró el entusiasmo de Nice y se dirigió a la única persona que no evadió la preparación de la explosión.

— ¡Entonces tu puedes golpearla en mi lugar, Donny!

—De acuerdo. Golpear Nice. Si Jacuzzi es feliz… Yo soy feliz.

El gigante levantó un solo puño con una sonrisa.

— ¡Lo siento! No voy a hacerlo de nuevo. Lo siento, Jacuzzi. ¿Me dejarías ir esta vez?

La mujer de un ojo colocó sus manos sobre la cabeza y se fue corriendo a través de las llamas.

Los otros miembros de la pandilla se rieron entre dientes al ver lo que solía ocurrir cada tres días más o menos.

—Bien, chicos. En primer lugar, tenemos que, eh. ¡Tenemos que salir de aquí!

Jacuzzi se puso de pie cuando sus confundidos amigos preguntaron: 

— ¿Por qué?

Rápidamente se detuvo y se volvió a sus amigos.

— ¿Se acuerdan por qué les dije que no podíamos usar armas de fuego hoy?

—Pensé que sólo le tenías miedo al sonido de las pistolas. 

—No querías que desperdiciáramos balas, ¿verdad? 

Conforme los otros comenzaron a conjeturar, Jacuzzi estalló en lágrimas.

— ¡Es porque los Russo o los policías podrían atraparnos si hacemos mucho ruido! Y Nice estalló una bomba a final de cuentas… ¡De todos modos, tenemos que salir de aquí! ¡Rápido!

Apenas concluyó, Jacuzzi huyó hacia un callejón.

—Oh… —Todo el mundo asintió con la cabeza, al comprender la lógica detrás de la decisión de Jacuzzi.

— ¡Así que era por eso!

— ¡Eres increíble, Jacuzzi! ¡Eres tan inteligente!

— ¡Es por eso que eres el jefe!

Con nada más que alabanzas en los labios, los miembros de la banda siguieron al líder delincuente más llorón de Chicago.

La escena que se desarrolló a la luz de los fuegos casi parecía como una pandilla de demonios corriendo tras un cordero aterrado.

—¿Dime, Nice? Sobre el tren de mañana. Jon dice que sólo pueden caber más o menos cinco personas en la cabina más barata. Por lo tanto, serás tú, Donny y yo. Tú puedes seleccionar los otros dos.

— ¿Cinco serán realmente suficientes?

—Sí. No vamos a hacerle nada al tren; solo tomaremos la mercancía en la bodega de carga. Llevar toda la pandilla hará que parezcamos de verdad sospechosos. ¿Cierto? Y además, Fang y Jon estarán a bordo, también. 

—Está bien. Entonces nos encontraremos en la Estación Unión mañana a las 4 de la tarde.

Jacuzzi se separó del grupo de Nice, que iban a hacer los preparativos. Se encontró sintiendo tanto emoción como ansiedad por el plan de mañana.

—Espero que esto funcione. ¿Estará bien? Pero es tan emocionante pensar que voy a viajar en el Flying Pussyfoot mañana. También ha pasado mucho tiempo desde que vi a Fang y Jon.  No puedo esperar para verlos.  

Jacuzzi miraba el cielo estrellado mientras pensaba en el plan que se pondría en marcha la noche siguiente; su primer robo en tren.

Prólogo III: Los terroristas

19 de diciembre de 1931. Por la tarde.

En una fábrica abandonada sobre una llanura a decenas de kilómetros al sur de Chicago, un grupo numeroso, de más de cincuenta hombres, se encontraba organizado en filas y de pie en el interior de la gran sala. Algo en la manera en que ellos se comportaban, sugería que no eran civiles normales. La determinación que se vía en sus ojos les daba un aspecto más parecido a una mezcla entre la milicia y la mafia. Estos hombres, formados en la gran habitación de paredes y pisos grises se encontraban enigmáticamente callados.

Uno de ellos, finalmente rompió el silencio. Se trataba de un hombre de ojos afilados y estaba frente a los demás, con luces tenues que le iluminaban vagamente la cara.

Este hombre, Goose Perkins, comenzó con un diálogo sacado de la edad de oro de la mafia o de una versión de Hollywood de la misma época.

—Señores, lamento tener que informarles de la presencia de varios traidores entre nosotros. —Los presentes permanecieron en silencio. Goose continuó sin cuidado, levantando la voz—. Nuestro maestro, el gran Huey Laforet, fue detenido recientemente por los ignorantes federales. Ellos están tratando de enjuiciar a nuestro Señor, de acuerdo a sus leyes y tribunales no civilizados.

La voz de Goose se hizo más y más fuerte, pero los hombres ante él no mostraban absolutamente ningún cambio en la expresión.

— ¡Pero eso poco nos interesa! ¡El plan de mañana se asegurará de que el Maestro Huey salga libre! ¡Nuestra principal preocupación es el traidor, que ha puesto a nuestro Maestro en esta situación humillante en primer lugar! —Todavía nada había cambiado; tanto en los ojos de Goose como en los ojos de los cincuenta hombres que estaban delante de él—. Yo mismo me encargué de buscar a esos traidores. Pero me gustaría emular a nuestro misericordioso Maestro Huey. —Goose se llevó las manos a la espalda y le dio la espalda a los hombres. Su tono se había calmado mucho.

—Les pido a los traidores, si es que se han dado cuenta del error de sus acciones, que den un paso al frente. Sepan que no hay excusa ni pretexto que les salve, si se niegan incluso a esta muestra de gracia.

El silencio se rompió cuando un hombre frente a la cabeza de una de las líneas se adelantó, torciendo la cara en una mueca. Y en el momento en que terminó este movimiento, el resto de los hombres sonrieron a su vez. Los cincuenta de ellos dieron un paso al frente al unísono.

— ¿Qué se siente ser traicionado por todos, Goose?

El joven que se había adelantado primero sonrió condescendientemente y sacó una pistola.

—Sin duda fue una sorpresa ver cómo recurrías a este sencillo alarde, pero apuesto a que nunca esperaste esto, ¿verdad?

Goose, sin embargo, no se sorprendió. El brillo oscuro en sus ojos se mantuvo.

—Nader, tonto. Te haré una última pregunta más.

El joven, Nader, sonrió con deleite, tomando la declaración de Goose como una rendición.

— ¿Qué pasa, Goose? Tendré que decírtelo con antelación;  no saldrás de esta con vida.

—Vamos a suponer que es un hecho el que usted nos desprecia tanto a mí como al maestro Huey. ¿Cómo, entonces, guiarás en esta revolución, a los tuyos? ¿Con qué filosofía?

Los traidores se echaron a reír, burlándose de Goose. Nader habló de nuevo, su voz, ahora desprovista de cualquier respeto; hablaba como un superior condescendiente.

— ¡Ja! ¿¡Revolución!? No me hagas reír. ¡Eso es imposible! Escucha, Goose. Ya no puedo seguirte a ti o a Huey. Todos nos uniremos a la familia Russo en Chicago. ¡Con nuestros números y, con todos siendo unos malditos buenos luchadores, será pan comido conquistarlo! En realidad, ahora que Scarface se ha ido, ¡Incluso podemos tomar todo Chicago! ¿Quién se preocupa por la filosofía en los tiempos que corren? ¡Todo se trata del poder, Goose! ¿No piensas que soy un mejor hombre para liderar? Tú no eres más que un militar desertor, ¿y quién diablos sabe algo acerca de Huey? 

Goose suspiró en silencio y negó con la cabeza.

—Esperaba una respuesta así de ti, Nader, pero tu locura realmente ha superado mis expectativas. ¿Unirse a la mafia? ¿Utilizando la caída de Capone como una oportunidad? Es todo lo contrario. La mafia de Chicago ha perdido la posibilidad para un futuro cercano. ¿Crees que tú y tus novatos pueden sobrevivir en los barrios bajos de Chicago sin la dirección del Maestro Huey o la mía? 

—Gracias por los consejos. ¿Eso es todo?

—No, todavía tengo algo más que decir. Antes, dijiste que estaba alardeando. Pero verás, yo no soy un mentiroso.

Goose levantó la mano en el aire.

— ¿Eh?

—Te lo dije. Busqué a cada uno de los traidores. Incluso aquellos que ya no están interesados en ti.

En el momento en que Goose dejó caer su mano, la sala de la fábrica se llenó de un terrorífico ruido.

Era el sonido de docenas de armas que se disparaban a la vez; después de varias repeticiones del ruido, la fábrica quedó en silencio.

— ¿Qué?…

 Cuando Nader se tambaleó mirando a su alrededor, se dio cuenta que el suelo gris se había teñido de un rojo brillante. Los hombres que estaban en las primeras filas habían sido convertidos en colmenas, yaciendo en piscinas de su propia sangre.

Los treinta y tantos hombres que quedaron de pie, apuntaban con sus armas humeantes en dirección de Nader.

— ¡Hijos de puta!

—Recuerdas lo que dije antes, Nader. Mencioné que había traidores entre nosotros; por supuesto, estaba hablando acerca de aquellos que te habían traicionado a ti —dijo Goose inexpresivo. Nader, en comparación, estaba sudando a mares, perdido en la confusión.

—Estos treinta hombres me informaron inmediatamente cuando se enteraron de su traición. Ellos simplemente no concordaban con ustedes.

Nader parecía que por fin se había dado cuenta de su posición. Su mandíbula temblaba mientras metía la mano en el bolsillo y sacaba una pistola de color negro.

Sin embargo, al momento siguiente su mano derecha fue presa del dolor.

Un ruido sordo colmó el lugar y la pistola que había tomado, cayó al suelo. Para cuando Nader se dio cuenta de que su propia mano había caído junto con el arma, vio a una mujer de pie delante de él.

—Chane…

Chane llevaba un uniforme militar. Conocida como una «fanática», se trataba de la más grande asesina de la organización. También era una devota seguidora de Huey Laforet. Se decía que los asesinos de Asia debilitaban sus sentidos con drogas, pero los sentidos de Chane estaban congelados por su devoción. No sería sorprendente que ella incluso olvidase que era una mujer, o hasta un ser humano.

Tratando de ignorar el dolor en su muñeca derecha, Nader, desesperadamente, trató de superar su miedo a la mujer que tenía al frente.

—¡Pensé que estabas muerta! ¿¡No moriste cuando Huey fue arrestado!?

Chane permaneció en silencio. Goose habló en su lugar.

—Se las arregló para sobrevivir. Y ella desprecia este hecho sobre todo lo demás. Probablemente, por eso da prioridad a la destrucción de cualquier cosa que se interponga en el camino del plan de mañana.

Chane lentamente cogió el cuchillo ensangrentado, sin hablar ni asentir. El cuchillo que había cortado la mano de Nader era grande y fuerte, hecho para uso militar.

—Espera, Chane.

Chane parecía confundida cuando Goose se lo impidió. Una luz de esperanza volvió a los ojos de Nader.

Él entonces se percató de que nunca debió haber tenido ninguna esperanza en primer lugar.

—No debemos permitirle una muerte rápida.

***

—Sólo estoy diciendo, Goose. El bastardo podría salir con vida de esa —dijo uno de los hombres. Se estaban desplazando en un auto de uso militar con Goose en el asiento del conductor.

Había atado a Nader, mientras que los soldados cerraron todas las puertas de la fábrica y salieron del edificio. Habían detenido la hemorragia de su muñeca, pero destruyeron los vehículos de la fábrica que ellos mismos no usarían. En otras palabras, si Nader iba a sobrevivir, tendría que escapar del edificio y caminar decenas de kilómetros a un pueblo cercano.

—No está muy lejos caminando el pueblo siguiente, también hay cosas para comer y beber allí.

—Supongo que tienes razón. Probablemente ya cortó las cuerdas con una columna o algo así y está tratando de encontrar una salida.

—Entonces…

—Ahora, Spike. ¿Espero que tus habilidades no se hayan debilitado?

Goose detuvo el camión a unos trescientos metros de la fábrica, interrumpiendo a su subordinado.

—No, señor.

—Apunta a esa caja blanca en la entrada de la fábrica.

—Ohhh… Ya veo.

Finalmente, comprendiendo la situación, Spike abrió un paquete que estaba en la parte trasera de la camioneta.

En el interior había un rifle de francotirador negro. Fue hecho a medida, con el cañón más largo que los modelos regulares. Spike con entusiasmo lo ubicó en la parte trasera de la camioneta, apuntó tranquilamente y…

—Aquí va. ¡Boom!

…Apretó el gatillo.

Varios segundos después, la caja de madera en la entrada se incendió. Goose confirmó que la caja estaba en llamas, y sin decir nada encendió de nuevo el motor.

Alrededor de un minuto después, la fábrica explotó desde el interior. Una poderosa explosión sacudió el área mientras el humo negro se elevaba hacia el claro cielo azul. Desde la distancia parecía una figura en miniatura, pero la onda de expansión que siguió fue testimonio de la fuerza de la explosión.

— ¿No es algo feliz morir con la esperanza de escapar con vida?

—Estoy anonadado por su misericordia, Goose —bromeó Spike. Éste sonrió, y los otros terroristas que estaban sentados en la parte trasera de la camioneta estallaron en carcajadas.

La única excepción fue Chane, sentada en el asiento del pasajero.

—El fracaso no es una opción. Nos dirigiremos a la Estación Unión de Chicago tan pronto como se hayan completado los preparativos.

Goose habló sobre el plan del día siguiente una vez más con la treintena de miembros restantes.

—Este país necesita descansar. Motivo por el cual la existencia de Huey es crucial —dijo, con los ojos despidiendo un brillo feroz—. Vamos a asegurarnos de que los pasajeros del transcontinental se conviertan en una base valiosa para nuestra causa… En la lápida de los Lémures.

Prólogo IV: El maníaco homicida

30 de diciembre. Por la tarde.

Plácido Russo, el Don de la Familia Russo, estaba sentado en su mansión reafirmando el hecho de que hoy era el peor día de su vida.

Todo comenzó cuando la totalidad de sus astronómicas ganancias del mes fueron robadas por el camino.

Habían dos autores: un hombre y una mujer, vestidos como Babe Ruth y Ty Cobb, respectivamente. Al parecer, sus hombres oyeron un ruido detrás de ellos y fueron atacados con bates de béisbol en cuanto se dieron la vuelta. Se las arreglaron para reponerse de los batazos, pero pronto fueron atacados por una mezcla de polvo de pimienta y cal, perdiendo las bolsas de dinero en la confusión.

Era una tontería. Al principio el transportador fue torturado por la sospecha de que estaba mintiendo, pero al final le pareció que estaba diciendo la verdad.

Eso en sí mismo era soportable. Luego, comenzó a oír rumores de que uno de sus capos y muchos de sus subordinados fueron encontrados en pedazos y carbonizados en las afueras de la ciudad. Todavía tenía que recibir alguna confirmación, pero los hombres que habían estado reconociendo la zona por la noche aún no habían regresado; las historias de sus muertes eran probablemente más que un rumor.

Y eso no era todo, todavía no habían contactado a los ex terroristas que se habían comprometido a reunirse con ellos ese día. Según un informe, la fábrica que estaban usando como cuartel general ahora no era más que un montón de escombros y un revoltijo de cadáveres.

No podía permitir que el asunto se le fuera de las manos, por lo que Plácido envió a un gran número de hombres para derribar los escombros y disponer de los cadáveres.

— ¡Mierda! Así que ese bastardo de Nader ha fallado. Fui un idiota por confiar en él.

Las cosas no se veían bien. Si Nader había fallado en sus planes de unirse a la familia Russo, los terroristas podrían dirigir su atención hacia él. Plácido no tenía manera de saber sus intenciones.

Los delincuentes también significaban un problema para él. Matar al jefe y sus compinches debería haber sido un juego de niños, pero nunca había esperado que fueran tan poderosos.

—Los primeros serán esos dos, esa pareja. Pedazos de mierda… ¡Tendré a cada pareja que camine por la calle capturados para mañana!

—No hagas eso, tío. Sólo te dará la imagen de un anciano malhumorado.

Una voz de repente le habló a Plácido. Se trataba de su sobrino, Ladd Russo.

Su pelo no era ni corto ni largo, y llevaba un traje oscuro, como cualquier miembro que se respete de la mafia. Era un poco alto, pero no había nada especialmente llamativo en Ladd. Era guapo, aunque un poco soso, un tipo joven. Sin embargo, su tono era alegre y no había nada que se pareciera al respeto en sus palabras.

—No tengo tiempo para lidiar contigo, Ladd. ¡Fuera de mi vista!

— ¿Oh? ¡Me rompes el corazón, tío! ¿Qué te pasa hoy? ¿Dinero? ¿Es el dinero? Está en segundo lugar, sólo superado por tu propia vida, ¿no? ¿Así que perdiste tu segunda posesión más importante a manos de otra persona, tío? Entonces eso es lo que quieres hacer, ¿verdad? ¡Buscar a los ladrones como si fueran piojos; encontrarlos, incluso si tienes que quemar la jodida ciudad, luego agarrarlos por el cuello y apretar, y apretar, y apretar hasta que les salga espuma por la boca, y exprimir un poco más, y seguir haciéndolo hasta que los globos oculares salten! 

La cara de Plácido enrojecía de ira mientras su sobrino divagaba.

—No actúes como si yo fuera como tú, ¡maníaco homicida! ¿Sabes cuánto dinero gasto en limpiar tus desastres?

“Maníaco homicida” era una descripción apropiada para Ladd.

Su verdadera naturaleza estaba muy alejada de su aspecto y tono; vivía sólo para su propio placer.

Ladd Russo vivía para matar. Estaba más allá de los asesinos a sueldo promedio debido a que disfrutaba completamente del acto de asesinato.

Plácido sólo mantenía a Ladd en su organización, porque él era un contrataque muy eficiente para cualquier conflicto que la familia Russo enfrentara. En definitiva, a pesar de que estaba lejos de ser un trabajo oficial, Ladd era el mejor asesino de la familia Russo.

Plácido estaba convencido de que Ladd no era más que un demente homicida lunático, que vivía de acuerdo a sus caprichos.

Al menos, hasta el día de hoy.

— ¿Qué importa? Tengo algunas buenas nuevas para ti, tío.

— ¿Qué quieres, Ladd? Acabemos de una vez con esto y sal de mi vista.

Ladd se encogió de hombros dramáticamente e inmediatamente abordó el meollo de la cuestión.

—Yo estoy diciendo esto porque estás diciendo que tienes problemas de dinero, tío. La cosa es que estoy planeando un trabajito para esta noche, así que ¿Puedes prestarme algo de dinero si lo hago bien, cierto?

Por un momento, la extraña formulación de la pregunta de Ladd confundió a Plácido. Ladd esperaba la reacción de su tío, mientras continuaba explicando.

—Mira, ¿Conoces el expreso transcontinental el «Flying Pussyfoot» que sale esta noche de la Estación Unión? Es un viaje sin paradas hasta llegar a Nueva York y, estaba pensando en llevarlo a dar una vuelta y estrellarlo justo en Manhattan. —La mente de Plácido quedó en blanco—. Estoy hablando de darles un susto. Estampar el tren debería ser una amenaza bastante buena, ¿no? Y si no entregan las mercancías, cambiamos las cosas a un secuestro. Creo que la compañía de ferrocarriles probablemente pagará para cuando matemos a la mitad de los pasajeros. ¡Conseguiremos matar gente y ganar dinero! ¿No es una gran idea, tío?

— ¡Fuera de mi presencia!

Esto fue todo lo que Plácido pudo decir una vez que había logrado reunir lo que quedaba de su juicio. No tenía más tiempo que perder con Ladd. ¿Dónde estaban los guardias? ¿Dónde estaba el personal contratado?

— ¡Oigan! Alguien saque a este tipo fuera de aquí.

Cuando Plácido llamó, la puerta entreabierta lentamente terminó de abrirse por completo y un grupo de hombres y una mujer entraron en la habitación.

Todos eran desconocidos para Plácido. Suficientemente extraños, todos vestían de blanco: los hombres con trajes o suéteres blancos y la mujer con un vestido blanco. Poco lucían como un grupo de una fiesta de boda y más como un grupo reunido para una mascarada.

La ansiedad finalmente se implantó en el rostro de Plácido, y las campanas de alarma empezaron a sonar sobre su cabeza. Se aferró desesperadamente a su sentido de la autoridad para interrogar a los intrusos.

— ¿Quiénes son ustedes?

La respuesta vino de Ladd.

— ¡Tío! ¡Veo que has conocido a mis amigos más cercanos! Todos tenemos las mismas aficiones, ya sabes. Y esta de aquí es Lúa; mi novia, amante y prometida. ¡Di: hola!

—Um… Encantada de conocerlo…

Lúa, la mujer de rostro pálido, saludó a Plácido en un medio susurro.

— ¿Sabes que algunas personas en este mundo son un poco menos enérgicas? Supongo que se podría decir que eso es lo que funciona tan bien conmigo y Lúa. ¡Es como una pareja hecha en el paraíso!

— ¡Cállate! —gritó Plácido con enojo. Lúa se estremeció y Ladd se encogió de hombros con un toque aún más dramático—. ¡Solo has estado hablando tonterías desde que entraste aquí! ¡Maldita sea! ¿Dónde están todos esos guardias?

Plácido dio un puñetazo en la mesa, luego se levantó y agarró por el cuello a Ladd.

—Escucha, cabrón loco. Me importa un rábano si secuestras o matas a alguien. Pero de ninguna maldita manera te dejaré hacerlo en nombre de la familia Russo. ¡Mata a la gente todo lo que quieras y que te maten a ti, para lo que me interesa! ¡Simplemente haz todo eso como un pedazo de mierda sin nombre! —Amenazó con los ojos muy abiertos, pero Ladd no estaba en absoluto perturbado.

—Lo sé, lo sé. Es más divertido matar a la gente solo por matarlos, ¿sabes? Usar el nombre de la Familia le quita toda la diversión a esto, tío.

— ¿Sabes algo? ¡Si te gusta matar tanto a la gente, ¿por qué no te vas y te conviertes en un mercenario en América del Sur o algo así?!

—Ahora estás siendo malo con esos pobres mercenarios, tío.

— ¡Cierra tu sucia y podrida boca! ¡Puedes matar a toda la gente que gustes si estás en un campo de batalla! ¡¿No es eso lo que quieres?! ¡Satisfacerte con delirios de matar gente poderosa, para lo que me importa!

De repente, Plácido se dio cuenta de que su mano había ido cediendo. Ladd tenía un férreo control sobre su antebrazo.

Se sentía como si algo le hubiera estrujado sus músculos. Plácido sintió que la  fuerza salía de su mano y soltó el cuello de Ladd.

Ladd aprovechó la oportunidad para moverse más cerca de su tío, hasta que estuvieron cara a cara, lo suficientemente próximo para que sus respiraciones alcanzaran sus fosas nasales. Ladd entonces abrió los ojos monstruosamente y dijo claramente:

— Tío ¿No crees que, tal vez, tú seas el que no entiende nada? No sabes nada sobre mí. ¿Campos de batalla? Sabes, incluso nosotros no tenemos ningún derecho a estar hablando de los chicos que luchan ahí. ¿Ves? Un campo de batalla es donde los guerreros se reúnen. Peleadores. Son personas que están dispuestas a morir para matar a otros. Son personas que luchan hasta la muerte para defender su propia vida. Y ¿honestamente? No es divertido matar a chicos así. ¿Sabes de que te estoy hablando, tío? 

Plácido no pudo responder. Esto se debió a que en medio de su detallado discurso, Ladd había sacado un rifle de alguna parte y le apuntaba a la barbilla.

—No nos importa matar a la gente más fuerte que nosotros. Pero eso no significa que vayamos tras débiles como las mujeres y los niños. —Ladd desarrollaba sus propias filosofías, jugando con la barbilla de su tío con la punta del cañón del rifle—. ¿Sabes qué tipo de personas me gusta matar? Son los que están relajados. ¿Entiendes? Son personas que piensan que están completamente a salvo, ni siquiera consideran que podrían ser los próximos. Por ejemplo…

La mirada en los ojos de Ladd había cambiado. El brillo en sus ojos había desaparecido, dejando tras de sí una condescendencia y compasión juguetona hacia el tío a quien deseaba darle una muerte equitativa.

Espera… Aguarda. ¡Ladd! ¡Alto! ¡No!

—Eso es correcto. Por ejemplo…

Los ojos de Ladd finalmente se posaron sobre la profundidad de los ojos de Plácido, oscuros y llenos por el terror. Ladd tomó nota de ese destello, torció los labios en una sonrisa y ejerció presión en el dedo del gatillo.

—Igual que tú, tío.

— ¡No! ¡Por favor! —chilló el hombre.

Se oyó un clic.

Nada más.

El silencio en la sala de pronto se interrumpió con la risa tranquila de Ladd.

— ¡No hay manera de que te mate, tío! El arma no está aún cargada. Incluso un maníaco homicida como yo tiene un poco de respeto hacia el hombre que se encargó de él todos estos años, ¿sabes?

No había ni un atisbo de tensión en la expresión de Ladd. La voluntad de Plácido ya había sido rota; había colapsado en el suelo y respiraba pesadamente.

—Voy a salir ahora. Creo que no volveremos vernos, pero ¡cuídate, tío!

Ladd se dio la vuelta como si su negocio allí hubiera terminado.

—Por otra parte, creo que no podría volver aquí, aunque yo quisiera.

—… ¿Eh?

—Sabes que se acabó, tío. Intentaste rebelarte ante la propuesta de reorganización de Luciano, ¿verdad? Mira, yo creo que te tiene en su lista negra.

Lucky Luciano fue uno de los más conocidos mafiosos de la época, rivalizando incluso con Capone. Él estaba presionando para modernizar las operaciones de la mafia, activamente se encargaba de la limpieza de las Familias que se aferraban a los ideales conservadores. En otras palabras, aquellos que se apegaron a los valores antiguos como «justicia» y «tradición» estaban siendo exterminados.

— ¿Qué…?

— Sabes cómo Lucky Luciano se está encargando de cientos de jefes de la mafia sólo porque están pensando como ancianos, ¿no? Él es mucho más aterrador que un pequeño psicópata como yo. Nunca querría hacerlo mí enemigo. ¿No te parece, tío?

A medida que la voz de Ladd se volvía distante, Plácido temblaba de miedo y desesperación, conteniendo sus náuseas.

—No puede ser…

— ¡Trata de no terminar como Salvatore Maranzano, tío! —advirtió Ladd, mencionando el nombre de un mafioso de Nueva York que había sido asesinado en su propia casa hacía varios meses ¿Estaba siendo amable o cruel?

—Por otra parte, los guardias de aquí son bastante buenos, así que supongo que no tienes de que preocuparte demasiado. Pero ¿Sabes? Creo que la policía y la oficina del fiscal te han puesto en su lista también, gracias a lo que acaba de suceder ¿Quién sabe? Tal vez estén pensando en usarte como chivo expiatorio para recuperar Chicago de la mafia. 

No puede ser. Esto debe ser una broma de mal gusto. Pensó Plácido, pero llegó a una conclusión: no le había dicho nada sobre el incidente reciente a Ladd. Y no sólo eso, no había manera de que Ladd pudiera saber acerca de su oposición a los planes de restructuración de Luciano.

Había varias otras cosas que le fastidiaban a él también. La familia Russo había cubierto hasta ahora los homicidios de Ladd varias veces, pero siempre en los límites mismos de las cosas que estaban en su poder. Las personas que Ladd mataba eran aquellos que precisamente ellos podían limpiar después.

Además, esta situación había ocurrido en el momento mismo en que la familia Russo había perdido su poder para limpiar los desastres de él. En otras palabras, Ladd era completamente intencionado al disfrutar de sus homicidios. No había sido sobrecogido por la obsesión. Había planeado sus asesinatos con racionalidad.

Aunque no había nada tan parecido a un plan estructurado en la propuesta de secuestro de Ladd, Plácido le dio sentido a esto con la nueva conclusión a la que llegó.

No es que Ladd no fuera capaz de planear las cosas; simplemente eligió no hacerlo. Seguía sus caprichos cuando tomaba la acción, pero las ráfagas ocasionales de cálculo racional lo llevaron al éxito.

Ladd no había sido negligente en mantener una oreja hacia fuera para oír cualquier información que le rodeaba y este fue el resultado final. La familia Russo ya no podía garantizar un paraguas seguro bajo el cual podría asesinar personas. Ladd ya no tenía ningún uso para Plácido.

—Es una pena, tío. De vuelta en los viejos días, podrías haber creado un buen regreso para ahora —dijo Ladd, alejándose de Plácido—. Ni siquiera trataste de defenderte cuando te apunté mi rifle. ¿Eso no es prácticamente una calificación reprobatoria para un Don de la mafia como tú?

Los ojos de Ladd eran completamente diferentes que cuando había entrado por primera vez. Plácido lo detuvo.

—Espera. ¿Qué les hiciste a todos mis guardias?

— ¿Ellos? No te preocupes. No los maté, si eso es lo que estás preguntando. ¡Ellos son realmente geniales! Esos tipos te van a defender hasta la muerte. ¿Recuerdas? ¿Sobre qué no tengo ninguna diversión al asesinar a gente como ellos? Sólo los noquee un poco. Claro que, probablemente, se les rompieron algunos huesos antes de caer dormidos. —Ladd sonrió y añadió—. ¿No es un golpe de suerte que tu pequeño y lindo nieto todavía este en la escuela?

La cara de Plácido se enrojeció, nuevamente indignado.

— ¡Sal de aquí! ¡¿Por qué has venido a verme en primer lugar si ibas a marcharte?!

— ¡Oh, cierto! ¡Casi se me olvida!

La cara de Ladd finalmente mostraba una mirada de ansiedad. Luego hizo una pregunta a Plácido, cuyos puños temblaban de ira.

— Tío, sobre ese traje blanco tuyo ¿Crees que podrías dármelo? Como regalo de boda para mí y Lúa, ¿sabes? Aunque no puedo decir que sé cuándo nos vamos a casar.

La pregunta de Ladd era tan fuera de lugar que Plácido momentáneamente olvidó su enojo. —Entonces, ¿Por qué todos están vestidos de blanco, como si fueran a una fiesta elegante?

La respuesta simple de Ladd a la pregunta sencilla de Plácido fue suficiente para enviar escalofríos por la espina dorsal de este último.

—Si vamos a destrozar decenas de vidas en ese espacio reducido del tren, todo lo que sea blanco hará que la sangre se vea precioso, ¿no crees, tío?

***

— ¿Ves? Me queda a la perfección.

Ladd se vestía para la fiesta que se aproximaba en el interior del negro autobús de dos pisos en su posesión.

Lúa lo miró y le hizo una pregunta.

— ¿Por qué no lo mataste?

— ¿Cómo dices, cariño?

—Normalmente habrías matado a alguien como él.

Parecía que Lúa estaba hablando de Plácido.

—Supongo que tienes razón —respondió Ladd tarareando para sí mismo.

— ¿Por qué?

—Es mejor ir a una fiesta con el estómago vacío, ¿no te parece? —contestó Ladd sin vacilar.

Lúa miró al sociable, aunque maníaco homicida, y cerró los ojos.

—Estás enfermo, Ladd —murmuró Lúa en voz baja.

—Y estás enamorada de ese psicópata, ¿no?

Lúa se limitó a asentir.

Ladd ni siquiera se cercioró de que Lúa asentía con la cabeza, al anunciar la gran apertura de su fiesta a las decenas de hombres vestidos de blanco en el autobús.

— ¡Ya es hora! ¡Vamos a tratar a esos pobres pasajeros como si fueran nuestro ganado y un montón de gusanos asquerosos! ¡Vamos a machacarlos en pedazos con amor, ira, pasión y devoción! —proclamó, comenzando a reír. El autobús recorrió su camino hasta su primera y última parada, la Estación Unión de Chicago.

Prólogo V: Antes de abordar

Ladd y su banda, vestidos con su lujosos trajes blancos, descendieron por las escaleras que algún día serían inmortalizadas en la escena de un cochecito de bebé rodando escaleras abajo, en la película “The Untouchables”, de Brian De Palma.

Un hombre y una mujer veían a este extraño grupo desde atrás de un pilar dentro de la estación.

— ¡Mira, Miria! ¡Parece que toda esa gente de blanco va a subir al mismo tren que nosotros!

— ¡Blanco puro!

— ¡Tal vez van a celebrar una boda a bordo del tren!

— ¡Una boda feliz!

***

—Somos la Orquesta Sinfónica Paysage de Chicago. Verás, nuestros instrumentos son muy delicados, así que le suplico que los trate con sumo cuidado —explicó un hombre de esmoquin negro, acompañado por otro hombre y una mujer también vestidos de color negro, a un empleado de la estación.

—Nos gustaría que algunos de nuestros integrantes viajaran en el vagón de carga junto a los instrumentos.

—Señor, me temo que eso se encuentra fuera de mis manos…

El hombre de negro le mostró al empleado avergonzado una hoja de permiso.

—Ya hemos recibido un permiso de la compañía… pero, si es necesario, estamos dispuestos a someternos a una severa revisión tras llegar a Nueva York.

—Supongo que está bien, si tienen el permiso…

Después de la breve conversación, la orquesta comenzó a subir sus instrumentos al tren uno por uno. Los grandes estuches fueron abiertos y revisados, revelando: timbales, instrumentos de metal y objetos similares.

Si no hubiese estado tan cerca la hora de partida; o si la persona encargada de este trabajo hubiese sido un poco más astuta, los empleados habrían llevado una revisión más exhaustiva, conduciéndolos a notar algo.

Las almohadillas en los estuches de los instrumentos estaban repletas con municiones. Toda clase de armas se encontraban escondidas en compartimientos secretos bajo los instrumentos. Y lo más evidente de todo: la hoja de permiso que el hombre presentó obviamente era falsa.

Pero incluso si el empleado hubiera notado alguna de estas cosas, no habría importado. Los hombres de negro habían considerado cuidadosamente múltiples planes de contingencia en caso de que se presentaran desviaciones.

Siendo así que, los Lémures pasaron exitosamente de contrabando su equipo al tren bajo el disfraz de una orquesta.

***

— ¡Mira eso, Miria! ¡Una orquesta! ¡Mozart y Paul Dukas[1]!

— ¡Y Beethoven!

Isaac y Miria armaron un alboroto, emocionados, mientras observaban a los hombres de negro instalando sus instrumentos en la bodega de carga.

Contrario a su optimismo se encontraba un muchacho preocupado que, de igual forma, veía a la orquesta de negro.

— ¡¿Qué haremos?! ¡Creo que mandaran personas a custodiar el vagón de carga! —sollozó Jacuzzi, luciendo como si estuviera a punto de estallar en lágrimas en cualquier momento. El plan ya parecía un fracaso.

—Todo saldrá bien, Jacuzzi. Creo que los bienes por los que vamos están en un vagón diferente.

—Pero…

—No preocuparse. Yo. Encargarse de ellos —alardeó Donny poniendo su puño sobre el pecho. No obstante, Jacuzzi chilló audiblemente.

— ¡Oh, no! ¡Si tú les haces algo, podrían morir, Donny!

—Déjamelo. A mí. Estará bien. Probablemente.

— ¡«Probablemente» no es suficiente!

Mientras Jacuzzi se culpaba innecesariamente, algo ligero chocó contra su espalda.

Gritó ahogadamente y dio media vuelta, percibiendo a un niño cerca de diez años de edad saltando hacia atrás por el impacto.

El niño se enderezó con rapidez y miró directamente al rostro tatuado de Jacuzzi.

— ¡Lo siento, señor! No me fije por donde caminaba, y… —Se disculpó el niño con la cabeza baja.

—No hay problema. Estoy bien. Yo soy el que debería disculparse por quedarme parado en medio de la plataforma. ¿Te encuentras bien? —Jacuzzi tartamudeó antes de sonreír amablemente, a lo que el niño sonrió ampliamente.

—Me encuentro bien. ¡Gracias!

Bajó la cabeza por segunda vez y corrió hacia el andén de la Segunda Clase.

— ¡Qué niño tan lindo! ¿Lo vieron, chicos? Me recuerda a Jacuzzi cuando era pequeño.

—Me estas avergonzando, Nice.

—Aunque, todavía eres muy lindo.

—Ajaja… gracias, creo —Jacuzzi bajó la cabeza tímidamente.

—Alto ahí. Eres un adulto, Jacuzzi. Acaso «lindo». ¿No ser grosero? —comentó Donny. A Jacuzzi se le volvieron a humedecer los ojos conforme abordaba el vagón de Tercera Clase con sus amigos.

***

Mientras tanto, Ladd y sus colegas de blanco ingresaban al carro de Segunda Clase con su equipaje de mano.

—Segunda clase, ¿eh? No es la mejor ni la peor. ¡Me agrada qué no esté ni aquí ni allá! ¡Es como una oveja gris que no puede encontrar un lugar donde encajar! —Por supuesto, los vagones de la segunda clase de un tren lujoso como el Flying Pussyfoot eran bastantes decadentes en sí y por sí mismos. Sin embargo, en la mayoría de los trenes, pasarían fácilmente como vagones de primera clase—. Me pregunto ¿qué clase de sucios bastardos ricachones están ocupando los carros de la primera clase? ¡Oh! Me imagino que esa orquesta de negro tomará algunos cuartos. ¿Acaso su negro no hace un maravilloso contraste con nuestro blanco? ¿Alguien vio quién más estaba abordando?

—Vi a una mujer y a su hija entrar hace poco —dijo uno de sus amigos.

— ¿Um? ¿Una mujer y una niñita? Eso no necesariamente significa que sean madre e hija,  ¿o sí?

—Nah, estoy muy seguro de que lo son.

— ¿Oh? —La curiosidad de Ladd fue picada. Se detuvo en su lugar y aguardó a que su amigo entrará en detalles.

—Las vi en el periódico. Si no mal recuerdo eran la esposa e hija del senador Beriam.

El senador Beriam se trataba de un hombre poderoso, el cual había estado activamente involucrado en la lucha contra el alza de las tasas de inseguridad post-depresión. A menudo hablaban de él en los periódicos y la radio.

Ladd parecía estar muy satisfecho con la respuesta y torció los labios en una sonrisa.

—Oh, ¿con que la familia de un senador? Estoy seguro de que están disfrutando su vida. Estarán sentadas en sus sofás de primera clase, sin pensar siquiera en que algo podría sucederles —levantó las comisuras de su boca, sonriendo como un perro loco antes de un festín de carne—. Creo que ya hemos encontrado a nuestras primeras víctimas, chicos.

De súbito, la puerta del acoplamiento frente a ellos se abrió. Ladd y sus amigos, quienes se encontraban todavía en medio del vagón, voltearon hacia la puerta.

Ante ellos se hallaba un hombre vestido completamente de gris.

Llevaba un abrigo gris sobre su ropa gris. Inclusive su cabeza estaba cubierta por una tela gris y una gruesa bufanda tapaba la parte inferior de su rostro. La sombra emitida por la tela dificultaba ver sus ojos, no obstante, el área alrededor de ellos era las únicas partes de su piel que se encontraban expuestas al aire.

Tranquilamente cerró la puerta detrás de él con una mano enguantada y pasó a un lado de Ladd y los otros, quienes lo observaron extrañamente.

En cuanto el hombre desapareció por la otra puerta, uno de los amigos de Ladd suspiró aliviado.

— ¿Qué diablos fue eso?

—Parecía un mago sacado directamente de un espectáculo.

Los hombres de blanco empezaron a murmurar entre ellos sobre el hombre extraño, ignorando su propia vestimenta inusual.

Únicamente Ladd estaba cargado de emoción y ansiedad por el viaje venidero.

—Esto es interesante. ¡Es muy interesante, ¿no es así?! ¡Una orquesta, la familia de un senador y hasta un mago! Esto es perfecto. ¡Perfecto! La diversidad hace las cosas mucho más emocionantes. ¡Es como tener una ensalada! No hay nada malo en disfrutar todos los aderezos posibles sobre la mesa, ¿cierto?

Sin embargo, Ladd aún no se daba cuenta de algo: de que todavía no había contemplado la extensión variada de individuos en el tren y del hecho de que algunos de estos presuntos «aderezos» eran letales venenos.

***

Después de camuflarse como una orquesta, los Lémures se dividieron en tres grupos de diez, cada equipo ocupando una clase diferente. Planeaban mantener una constante comunicación entre ellos con los radios y telégrafos que ocultaron en su equipaje de mano. Los dispositivos estaban personalizados, modificaciones de los modelos más pequeños disponibles en ese momento.

Su meta era rescatar al mismísimo hombre que había construido estos aparatos: a su grandísimo líder, Huey Laforet.

No dudarían en sacrificar sus vidas, o la vida de los demás, por el bien de su objetivo.

—Goose. Hemos confirmado que la esposa e hija del senador Beriam abordaron el tren.

—Ya veo.

Tras recibir el reporte, Goose y Chane se dirigieron a las cabinas de la Primera Clase.

Goose había tomado en consideración todas las situaciones posibles, asegurándose de grabar en su mente los acoplamientos y ruedas del tren.

Mientras pasaba por el acoplamiento entre el vagón de carga y el carro de los pasajeros, divisó una muchacha al otro lado del tren. Vestía lo que parecía una camisa y pantalones de trabajo para mujer.

Un conjunto práctico. Similar al que Chane trae normalmente. Fue la primera y aburrida impresión que ella dejó en Goose.

Inesperadamente, sus ojos se encontraron.

La mujer rápidamente salió del acoplamiento como si nada hubiese pasado, desapareciendo detrás de la sombra del tren.

—Esa mujer…

La mirada en sus ojos le contó a Goose lo suficiente; no se trataba de alguien que se ganara la vida con un trabajo honesto. Quizá era una carterista o incluso una asesina. No estaba seguro, puesto que solo la vio por un momento, pero él tenía la certeza de que ella era una experimentada criminal de algún tipo.

Chane, de pie a un lado de él, debió haber pensado lo mismo. Su mirada estaba fija en el camino por el que desapareció la mujer.

Él inspeccionó atentamente el acoplamiento para confirmar que no lo habían saboteado. En última instancia, revisó que el dispositivo estuviera en perfectas condiciones.

—Solo espero que haya sido mi imaginación.

Goose también se fue como si nada hubiera pasado.

Chane prosiguió inspeccionando la zona con cautela, cuando alguien de repente se le acercó por detrás.

—El tren partirá pronto, señorita… Discúlpeme, pero ¿perdió algo?

Chane se dio la vuelta para ver un uniforme de conductor personalizado del Flying Pussyfoot. Tal como el tren era una máquina caracterizada de la compañía ferroviaria, el uniforme también estaba personalizado con un llamativo blanco. El joven que portaba este traje se encontraba mirando a Chane con una expresión preocupada.

Chane silenciosamente negó con la cabeza y desapareció rápidamente en el interior de la cabina.

— ¡Esa es una linda muñeca! ¡Ahora sí que estoy muy entusiasmado por este trabajo!

Una vez que Chane abordó el tren, el joven conductor levantó los brazos al aire y se estiró.

—Supongo que es hora de partir. ¡El tren está listo para marchar!

El joven conductor optimista, errando el blanco por completo, caminó hacia la parte trasera del tren.

No tenía ni la más mínima idea de lo que el destino había preparado para este tren.

El silbido del tren sonó por toda la estación.

Episodio Local: El hombre que no llora

Se podría decir que el desarrollo de América como nación fue de la mano con el desarrollo tecnológico de los medios de comunicación y transporte. Los pioneros, o para algunos, los invasores, quienes marcaron el camino para el crecimiento del Occidente de América, fueron los que más se beneficiaron por el impulso y la terminación de la línea ferroviaria transcontinental.

Los ferrocarriles continuaron prosperando mucho después de que terminara la era de los pioneros. Su crecimiento no tuvo obstáculos, logrando que incluso la Gran Depresión fuera prácticamente obsoleta durante su apogeo en los años treinta.

Los desempleados, cerca de los ocho millones en 1931, y los hambrientos que marcharon hacia la Casa Blanca, toda su comida y bebidas fueron transportados por tren. La época dorada de los trenes continuaría hasta el repentino auge de los automóviles y aviones que tomaría lugar décadas después. 

Todas las rutas estaban conectadas por tren. Las innumerables y permanentes vigas de acero colocadas por las esperanzas de los pioneros seguían manteniendo el sueño americano sobre sus hombros. Al menos, eso era lo que creían los que lo tenían. El Flying Pussyfoot pertenecía a una categoría curiosa, se trataba de un tren fabricado por una afortunada compañía que se las había arreglado para recuperarse de la crisis. 

Su diseño se basó en los trenes empleados por la realeza británica. El interior de los vagones de primera clase se encontraba totalmente decorado con mármol y materiales similares, mientras que los de Segunda Clase tampoco lucían desproporcionados.

La mayoría de los trenes tenían cabinas de primera, segunda y tercera clase en cada vagón, las cuales estaban estructuradas de tal forma que las cabinas de tercera clase estuvieran directamente sobre las áreas con mala amortiguación, justo encima de las ruedas.

Sin embargo, el Flying Pussyfoot, dividía a los vagones por clases. A la cabeza iba la locomotora, seguida por los tres carros de Primera Clase, un vagón comedor, tres carros de Segunda Clase, un carro de Tercera Clase, tres vagones de carga, un carro de carga excedente y, al final, el cabús.

Con la excepción del vagón comedor, el pasillo siempre se encontraba a la izquierda del carro. Los pasajeros podían ver los números de la cabina sobre cada una de las puertas y entrar a sus cuartos designados. Además, en lugar de tener vagones especiales de carga, como la mayoría de los trenes, el Flying Pussyfoot contaba con tres vagones adaptados para almacenar mercancías. Y, al igual que los otros carros, el pasillo estaba sobre la izquierda.

Optando por el diseño sobre la practicidad, era un tren por excelencia para los nuevos ricos; el vagón de Tercera Clase, el cual solo se encontraba ahí por simple formalidad, era casi para llorar.

A cada lado de los vagones había adornos que parecían estatuas incrustadas, las cuales componían la expresión barata de majestuosidad que personificaba el Flying Pussyfoot.

Lo más extraño sobre este tren era el hecho de que trabajaba independientemente de las operaciones de las compañías ferroviarias normales. Operaba bajo la condición de “rentar” espacio de las vías, como un tren de la realeza de hoy en día.

Y el 30 de diciembre de 1931, el telón se levantó para la tragedia que se llevó a cabo en este tren.

***

Habían pasado varias horas desde que partieron de la estación. El cielo, en el exterior, había comenzado a oscurecerse. 

— ¿Qué piensas, jovenzuelo? ¿Ya te acostumbraste a este trabajo? —preguntó el conductor de mediana edad que permanecía de pie a espaldas de la ventana.

— ¡Oh!… Sí, más o menos —respondió vagamente el joven conductor mientras alzaba la cabeza.

Llevaban recorrido cerca de la mitad de su largo viaje; no obstante, esta fue la primera vez que el hombre mayor le había dirigido la palabra. El joven conductor observó con calma a su colega, sorprendido por la repentina pregunta.

Ahora que lo pienso, nunca le he dado un buen vistazo a su cara antes.

El joven conductor estaba atónito ante su propio desinterés. El rostro reflejado sobre sus ojos, en cambio, lucía una sonrisa casi mecánica. Parecía como si el conductor de mediana edad estuviera forzando su sonrisa, las arrugas sobre su cara se hicieron más y más profundas.

—Ya veo… Es bueno oírlo. Verás, en ocasiones cuando diviso el mundo exterior desde aquí, volviéndose cada vez más lejano, me encuentro a mí mismo sintiéndome solo… y temeroso.

— ¡Jaja! Creo que entiendo a lo que te refieres.

—Toda clase de miedos acechan dentro de la ansiedad. Y más cuando te encuentras en medio de un túnel completamente obscuro.

— ¡Sí! ¡Exactamente es eso! ¡Todos los demás siguen contándome historias de fantasmas; a veces me da miedo cuando me quedo solo por las noches! —Coincidió el joven conductor y protestó con su propia opinión—. ¡No es muy agradable!, ¿sabes? Atormentar a un novato con historias tenebrosas sobre hombres con manos de garfio o hechos de abejas, o con rumores sobre timbres que tocan desde cabinas desiertas…

Para alguien que se suponía no era afecto a historias de terror, los ojos del joven conductor brillaban con gran emoción. Era fácil adivinar que en algunas ocasiones en verdad había estado aterrorizado.  

—Y esa otra historia; la que trata sobre el Rail Tracer.

El conductor de mediana edad había trabajado en las vías por muchos años; sin embargo, esta era la primera vez que escuchaba acerca de ello.

— ¡Oh! ¿No has oído hablar sobre el Rail Tracer?

El conductor mayor no estaba interesado; pero ya casi era la hora designada. No pasaba nada si escuchaba a su compañero. Sonrió astutamente con tristeza, siguiéndole la corriente al joven conductor.

—Es una historia bastante sencilla. Dicen que existe un monstruo que da caza a los trenes en la oscuridad de la noche.

— ¿Un monstruo?

—Así es. Se vuelve uno con las sombras, cambiando en toda clase de formas mientras sigilosamente se aproxima al tren. A veces se ve como un lobo, o neblina, o incluso un tren igualito como en el que te encuentras. En otras ocasiones es un gigante sin ojos o con miles de ellos… Como sea, toma toda clase de formas conforme sigue las vías. 

—Y, ¿qué pasa si te atrapa?

—La cuestión es que al principio nadie se percata de su llegada. No obstante, las personas sí notan que algo extraño está sucediendo.

— ¿Cómo es eso?

—La gente comienza a esfumarse; una por una, empezando desde la parte trasera del tren. Y, al final, todos desaparecen, como si el tren nunca hubiera existido en primer lugar.

En ese momento, el conductor de mediana edad, expresó una pregunta razonable.

—Entonces, ¿Cómo es que la historia fue transmitida?

A pesar de que se confrontó con un tipo de pregunta que usualmente era considerada tabú en las leyendas urbanas como esta, el joven conductor no fue tomado por sorpresa en lo absoluto.

—Por supuesto, es porque algunos trenes lograron sobrevivir.

— ¿Cómo?

— No me presiones. Aún no termina la historia —Sonrió con gran placer y fue al grano—. Verás, dicen que solo con mencionar su nombre lo invocas, al Rail Tracer, me refiero. 

El conductor de mediana edad estaba un poco decepcionado…

Así que no es más que una leyenda urbana. Seguramente puedo adivinar lo que va a decir a continuación.  

El joven conductor prosiguió exactamente como su compañero esperaba.

—Pero, sabes, ¡hay una forma para evitar que aparezca!

—Espera, ya es hora.

Era tiempo de su reporte de rutina, por lo que el conductor de mediana edad giró la palanca de comunicación y encendió la lámpara que indicaba que no había peligro.

Una luz brillante se filtró en el compartimiento del conductor por ambos lados de las paredes exteriores. La luz trasera que se encontraba en el último vagón del tren era usada como señal para que las personas que fueran transitando al lado de las vías se percataran de que el tren iba pasando.

Sin embargo, el Flying Pussyfoot, también contaba con una gran lámpara debajo de las luces traseras normales. El reglamento de operación de este tren dictaba que el vagón del conductor debía mantener un contacto regular con la locomotora. Esto, con el motivo de asegurarse de que los ingenieros en la locomotora supieran inmediatamente si alguna vez los vagones subsecuentes llegaran a desprenderse.  

Se trataba de un sistema anticuado e innecesario, pero era parte del paquete ostentoso del Flying Pussyfoot. Los conductores no se quejaban por este sistema y prendían fielmente las lámparas en los momentos designados.

Sin embargo, para el conductor de mediana edad, esta señal poseía un segundo propósito.  El joven conductor esperó a que su compañero apagara la luz de las lámparas y se dispuso animadamente a continuar con su relato.

—Dónde me quede… ¡Oh, cierto! Existe una forma para evitar que aparezca…

—Espera. ¿Por qué no guardas la sorpresa para después? Conozco una historia muy parecida, que tal si me escuchas primero. 

El joven conductor asintió gratamente.

—Intercambiando tácticas de supervivencia, ¿eh? Suena interesante.

El conductor de mediana edad observó a su alegre compañero con una mezcla de lástima y condescendencia, e inició su historia; la historia sobre su propia identidad.

—Es bastante sencilla, un cuento común y corriente. Es la historia sobre los Lémures; fantasmas que le temían tanto a la muerte que se volvieron espectros vivientes.

— ¿Eh? ¡Oh!

—Verás, los fantasmas tenían un gran líder. El líder intentó traerlos a todos de nuevo a la vida tiñendo sus miedos con su propio color. ¡No obstante, a los malditos federales les atemorizaba esta resurrección! ¡Y esos tontos insolentes decidieron enterrar al líder de los fantasmas!

El joven conductor no entendía muy bien sobre lo que su compañero estaba hablando; pero podía notar que la voz del hombre estaba llena de odio. El joven conductor sintió un escalofrío recorriendo su espalda.

—Um, ¿señor?

—Así que por eso los otros fantasmas idearon un plan. Tomarían más de cien personas como rehenes, incluyendo a la familia de un senador, y demandarían la liberación de su líder. Los federales nunca aceptarían nuestras condiciones si la toma de rehenes fuera revelada al público. Por tal motivo, las negociaciones se llevaran a cabo en secreto. No les daremos tiempo de hacer una decisión racional. ¡Solo tienen hasta que este tren llegue a Nueva York!

—Un senador… ¿te refieres al senador Beriam? ¿Estás hablando de este tren? ¿Qué está sucediendo aquí, señor? ¡Por favor, explíquese! 

El joven conductor finalmente se percató de la peligrosa posición en la que estaba y dio un paso lejos de su compañero.

— ¿Explicar? Eso es exactamente lo que estoy haciendo. Si te soy sincero, nunca pensé que ser un conductor pudiera ser tan conveniente. Pero, de cualquier forma, ¡este tren ahora es el cuartel ambulante de los Lémures!  Y con los rehenes como escudos, vamos a desaparecer en algún lugar cerca de las vías. Después de todo, ni siquiera la policía puede monitorear cada centímetro de las líneas ferroviarias. 

— ¿Y qué pasa con el líder? —preguntó razonablemente el joven conductor, vacilando, mientras daba otro paso hacia atrás. Pero su retirada lo llevó directamente a la pared; el compartimiento del conductor no era muy amplio.

—Nuestro líder, el maestro Huey, será interrogado por el Departamento de Justicia en Nueva York el día de mañana ¡Es por eso que elegimos este tren para ser su sacrificio!

El tren arribaría a Nueva York al día siguiente durante el mediodía. Si las negociaciones tenían éxito, probablemente transportarían a su líder en el tren y escaparían junto con los rehenes.  

Ahora el joven conductor sabía lo que su compañero estaba planeando. Vio al hombre de mediana edad a los ojos y articuló una pregunta obvia.

—Entonces… ¿por qué me estás diciendo todo esto?

La respuesta era bastante fácil de adivinar.

—El maestro Huey es un hombre misericordioso. Simplemente estoy siguiendo su ejemplo. Eres un hombre afortunado, ya que vas a morir sabiendo el motivo por el que te asesine. 

En ese momento el conductor de mediana edad sacó una pistola.

—Ahora, sobre cómo escapar a este desastre… La cosa es que no hay escapatoria ¡No existe una forma de salvarse!

Apuntando el arma hacia la cabeza del joven conductor, el hombre de mediana edad terminó su historia y jaló el gatillo.

Un disparo.

Las vías transportaron el penetrante ruido conforme hacía eco por la cabina.

Trasladándose hasta la interminable y oscura noche.

Y el monstruo se despertó.

Su nombre:

“El Rail Tracer”

***

Poco antes.

El sol se puso sobre el viaje en tren, aun sin incidentes, mientras toda clase de pasajeros participaban en la cena dentro del vagón comedor. 

El diseño del vagón comedor también se había basado en los trenes de la realeza. Los colores claros de la estructura de la madera y los extravagantes adornos dorados se fusionaban para crear una atmosfera estilizada.

Cualquier pasajero, sin importar su clase, se le permitía el uso del vagón comedor. Incluso aquellos en Tercera Clase podían comer como reyes, lo cual era una de las razones por la que este tren era tan popular.

Cerca de la mitad del vagón comedor estaba ocupado por mesas, mientras que la otra mitad exhibía una cocina y una hilera de asientos al lado de una barra de bebidas. Varios cocineros se movían diligentemente por la estrecha cocina, empleando el pequeño espacio que tenían para maximizar la eficiencia creando sabores y esencias exquisitas. Encima de las mesas del comedor había de todo, desde cocina francesa hasta comida china, inclusive había jambalaya[1]; presentando su sello característico entre los comensales.

Sin embargo, había un cierto grupo de hombres que no se encontraban para nada concentrados en la comida como el resto de los clientes.

—Te lo dije, no lo podemos discutir en este momento, Jacuzzi. Los otros pasajeros podrían estar escuchando.

— ¿Lo entiendes, Jacuzzi? Deberías.

Jacuzzi estaba sentado al lado de la barra de bebidas, siendo reprendido por dos hombres. Ambos se encontraban al otro lado de la misma; uno de ellos estaba vestido como un cocinero y el otro como un barman.

El cocinero era de Asia Oriental y el barman de Irlanda. Los dos eran amigos de Jacuzzi y trabajadores de confianza a bordo del tren, gracias a ellos fue posible elaborar el plan para robar el tren.

—No, es que, um… Ya sé, ya sé. Fang, Jon, tienen razón. Pero, si no puedo discutirlo con ustedes durante la hora de la cena, cuándo voy a poder hacerlo…

 El hombre asiático era Fang y el irlandés Jon. Un dúo compuesto por un chino-americano y un inmigrante irlandés era bastante inusual por esta época, pero ambos habían sido expulsados de sus respectivas comunidades después de causar ciertos problemas.

Jacuzzi aceptaba a personas como ellos en su pandilla sin prejuicios, eventualmente se convirtió en el pilar central de la banda de delincuentes. Personalmente nunca quiso ser el líder; sin embargo, los otros integrantes, como Fang y Jon, nunca se opusieron a su liderazgo. Por supuesto, eso no significaba que le daban a Jacuzzi su eterno respeto.

—No lo podemos evitar, ¿sabes? Aún tenemos clientes que atender. Además están esas personas de allí que no ordenan más que comida china. El jefe de cocina me mataría si salgo ahora —suspiró Fang.

—Y yo soy el único barman aquí. No puedo irme mientras haya personas en la barra. Lo siento, Jacuzzi —Jon suspiró a su vez.

—Ohh… ¿la compañía ferroviaria está ignorando la Prohibición?

—Normalmente lo hace. Pero, el día de hoy es completamente libre de alcohol. Hoy están siendo muy estrictos con las reglas en el vagón comedor. 

—En ese caso, ¿no hay motivo para que estés aquí? 

Jon negó con la cabeza.

—Ese par de allá, todo este tiempo, no ha ordenado otra cosa que no sea té verde con miel. Y como solo piden bebidas libres de alcohol… Creo que lo mejor es que te rindas.

—Sí, son esos de allí. Los que han estado sentados ahí desde que partimos ordenando comida china.

Fang hizo una mueca hacia el final de la barra.

Jacuzzi dio media vuelta y divisó a una extraña pareja.

El hombre era, en términos sencillos, un pistolero sacado directamente del viejo Oeste. Vestía un abrigo descocido y un chaleco, había varias fundas de pistolas sobre sus caderas y pecho. Claro está, no tenía ni una sola pistola. El lazo que llevaba sobre su hombro dificultaba la tarea de averiguar si trataba de ser un pistolero o un vaquero. En relación a eso, por una inexplicable razón, también portaba tres placas de sheriff abrochadas a la solapa del abrigo.

La mujer venía arreglada a juego con su compañero; lucía como una bailarina de un bar del siglo pasado. Su cabello era largo y lacio, llevaba un vestido de estilo español color rojo. También usaba un sombrero de ala ancha de un rojo vivo.

Su apariencia era apropiada para el lugar, pero temporalmente equivocada. La pareja estaba creando su propio mundo en los asientos al final de la barra.

—Podrías pedirles que se retiren, Jacuzzi.

—P-pero tengo miedo… ¿qué tal si son malas personas?

—Lo dice el chico con el tatuaje en el rostro —dijo Jon abiertamente.

—Pero…

Jacuzzi puso una cara como si estuviera a punto de llorar, cuando Nice se unió a la conversación. 

—Estarás bien, Jacuzzi. ¿Por qué no te acercas y hablas con ellos? Apuesto a que será muy interesante.

—Nice… ¿en serio lo crees?

—Por la forma en que están vestidos, ¡Puede que hasta sean estrellas de cine!

Jacuzzi observó a la pareja una vez más.

—Quizá tengas razón.

— ¿Ves? ¿No sería genial ser amigos de un par de celebridades?

Jacuzzi cayó por sus palabras y comenzó lentamente a recorrer su camino hasta la pareja.

—No estás siendo un poco estricta con él, Nice —susurró Jon mientras veía alejarse a Jacuzzi.

El tono de Nice, cuando habló con Jon, fue totalmente diferente al que empleó cuando estaba conversando con Jacuzzi hace unos momentos.

—No lo creo, Jon. Sólo quiero que Jacuzzi sea más sociable.

—Tan formal como siempre… no has cambiado en nada, Nice.

—Supongo que no va muy bien con mi imagen, ¿verdad? —Nice inclinó tímidamente la cabeza, señalando el parche decorado con hilos dorados de su ojo.

—Pues, no necesariamente.

—Si te soy sincero, en verdad no hace juego con tu apariencia. Sin embargo, eso es una virtud, ¿sabes? En realidad, estoy más o menos intrigado por el hecho de que no hablas con Jacuzzi de la misma forma que lo haces con el resto de nosotros.

—Jacuzzi insiste en que hable con él de manera informal. Es así de testarudo de vez en cuando —Nice se rió y observó a Jacuzzi, que se había acercado a la pareja de la esquina.

Jon y Fang siguieron su ejemplo, reiterando pausadamente lo que Nice acababa de expresar.

—Testarudo, eh…

De pronto, se percataron de que Jacuzzi estaba mirando en su dirección con lágrimas en los ojos, intentando decir algo.

—Tal vez quiso decir que en realidad lo malcría demasiado.

Jacuzzi se sentó junto a la pareja, saludándolos con torpeza y tartamudeando.

—Eh, um… eh… ya comieron; d-digo… ¿Buenas noches…? Pues… Perdónporfavordisculpenme.

Jacuzzi estaba divagando, confundido por las palabras. El hombre, finalmente, pareció haberlo notado, puso abajo los cubiertos y lo miró directamente.

Clavó la mirada sobre el rostro de Jacuzzi mientras masticaba. Habló tan pronto como tragó la comida.

—¿Qué hacemos, Miria? ¡Este extraño de aquí de repente comenzó a disculparse!

—En ese caso, ¡creo que ganamos! —gritó la mujer detrás de él con una alegre voz.

—Una victoria, ¿no? ¡Genial! En realidad no entiendo lo que sucedió aquí, pero esa fue una magnifica batalla. ¡Gracias!

Sin previo aviso, el hombre sujetó la mano de Jacuzzi con un firme apretón.

Esta persona sí que es rara. Pensó Jacuzzi. Con ojos llorosos miró a Nice y Jon en busca de ayuda, pero Nice únicamente lo saludó con indiferencia. Mientras que Jon y Fang regresaron a trabajar cuando escucharon que los llamaba a gritos una voz furiosa que provenía de la cocina: «Ustedes dos dejen de haraganear».

—Eh… um…

—Como sea, ¡es un grandioso tatuaje el que tienes ahí! ¡Nunca he visto a nadie con uno en la cara!

— ¡Shock cultural!

— ¿De pura casualidad eres una estrella de cine?

— ¡Sorprendente!

Fue todo lo contrario a lo que Jacuzzi había esperado. La ansiedad rápidamente empezó a deteriorar sus sentidos.

—No, no soy una estrella de cine ni nada por el estilo. Yo simplemente tráfico a-alcoh-, ¡digo! ¡No! No, estaba bromeando… Solo soy un delincuente, um… ¡En realidad soy una persona común y corriente! ¡Perdón! ¡Perdón!

Le brotaron las lágrimas a Jacuzzi conforme se disculpaba sin ningún motivo.

—Oye, Miria. Se está disculpando otra vez.

— ¡Son dos victorias, una tras otra!

—Ya veo… ¡así que nos dejaste ganar dos veces! ¡En verdad eres una gran persona!

—… ¿eh?

— ¡Un buen chico!

—Ya, ya, para esas lágrimas. Si vemos llorar a un buen hombre, nos dan ganas de llorar también.

— ¡Terminaremos llorando contigo!

Jacuzzi alzó la vista. La pareja frente a él, también lo veía con los ojos llorosos. Sujetó el pañuelo que le dieron y notó que las cosas sucedieron de un modo un tanto extrañas.

 —Tranquilo, tranquilo. Seca tus lágrimas y come con nosotros comida china.

— ¡Es todo lo que puedas comer!

—¡No, no lo es! —gritó Fang desde la cocina. Jacuzzi estaba algo perplejo, cuando, repentinamente, entró comida en su boca.

— ¡Mph…!

Jacuzzi se tragó el bocado sin darse cuenta.

El sabor del pollo ahumado se esparció por su boca. Pensándolo bien, esta era la primera vez que Jacuzzi probaba la comida de Fang.

—Deliciosa…

Cuando Jacuzzi recuperó el juicio, sus lágrimas ya habían cesado.

—Fue entonces que confié en mi instinto y dije: «¡Maldita sea!».

— ¡Wow! ¡Eres grandioso, Isaac!

Pronto, Jacuzzi se encontraba riendo, para sorpresa de Nice.

— ¡Sorprendente! ¡Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escuché reír así de fuerte a Jacuzzi!

Los asientos en la barra del vagón comedor prácticamente se habían convertido en un salón de fiestas miniatura. 

Nice se unió a ellos en algún momento, animando la conversación.

La noche se acentuaba, pero el vagón comedor permanecía tan lleno como de costumbre. Pese a que la orquesta de negro y los hombres de blanco aún no ponían un pie sobre el carro.

—Ahora que lo pienso, Isaac. Desde hace un rato no has ordenado otra cosa que no sea carne —apuntó Jacuzzi en un tono sorpresivamente sereno.

Era la primera vez que Nice veía a Jacuzzi hablando con un desconocido tan cómodamente. Lo cual significaba que Jacuzzi ya estaba muy encariñado con este estrafalario dúo. Su falta de miedo se debía a su confianza en ellos.

No puedo creer que lograran que Jacuzzi confiara en ellos tan fácilmente. ¿Quiénes son estas personas?

Nice estaba algo celosa, pero sobre todo, estaba muy encariñada con la pareja.

— ¿Oh? No te preocupes, Jacuzzi. Esto es carne de vaca.

— ¡Vacas cien por ciento americanas!

— ¿A qué te refieres?

—Las vacas comen pasto, ¿verdad? Por lo tanto, si comes carne de vaca, ¡quiere decir que estas consumiendo proteínas y vegetales!

— ¡Wow! ¡Eres muy listo, Isaac!

— ¿Así funciona…? 

Jacuzzi ladeó la cabeza. Isaac y Miria ignoraron su confusión y se perdieron en su pequeño mundo.

— ¡Cierto, cierto! Es por eso que al comer algo que comió otra cosa implica que comes lo que sea que haya sido comido en el pasado. Y no solo se aplica a la comida; ¡también funciona con las cosas que le pertenecen a otras personas! Por ejemplo, ¡si fueras a tomar una bolsa, la cual sucede que está llena de dinero, ambas, la bolsa y el dinero, son tuyas!

— ¡Jaja! ¡Somos ricos!

— ¡Sí! En el oriente tienen un dicho; um… «El que lo encuentra…»

— ¡«Se lo queda»!

— «El que lo encuentra se lo queda», eh… Ya veo.

— ¡Bien por ti, Jacuzzi! Aprendiste algo nuevo el día de hoy.

Jacuzzi, divertido, guardó este conocimiento oriental falso en su cerebro y tomó un bocado de su comida.

De pronto, algo chocó directamente contra su espalda.

— ¿¡Eh!?

Jacuzzi fue forzado a tragar un trozo de carne sin masticar y se apresuró a beber grandes sorbos de agua.

En ese momento, una voz familiar lo llamó por detrás.

— ¡Oh! Otra vez no… ¡Lo lamento, señor!

Jacuzzi dio la vuelta en medio de un ataque de tos y divisó al niño con el que había tropezado sobre el andén antes de abordar. Sin embargo, una cosa era diferente; ahora el niño estaba acompañado por una niña de su misma edad.

—No hay problema. Estoy bien. Y tú, ¿no te lastimaste?

El niño asintió con la cabeza y le mostró una sonrisa como lo hizo anteriormente; sin embargo, la niña se escondió detrás de él, mirando nerviosamente el tatuaje de Jacuzzi y el parche de Nice.

—Jajaja, me alegro que estés bien. ¿Es tu hermana?

Su garganta aún le dolía, pero Jacuzzi forzó una sonrisa. El niño se percató de ello y se disculpó nuevamente, luego respondió:

—No, ella no es mi hermana. Estamos en el mismo camarote, ¡así que nos hicimos amigos!

La niña asintió en silencio. Con los ojos todavía fijos sobre el tatuaje de Jacuzzi. Al parecer su aspecto era algo tenebroso para los niños pequeños. 

De repente, una mujer dio un paso por detrás de ellos.

—Lo siento mucho. A veces mi hija puede ser muy difícil de controlar. Espero que acepten mis disculpas.

La mujer tenía alrededor de treinta años, vestía ropas costosas pero placenteras. No había ningún indicio de condescendencia o duda en su tono de voz; ella simplemente expresó sus pensamientos con serenidad.

—Basta, Mary. Es grosero mirar a las personas de esa forma —regañó a su hija.

—Eh… eso fue muy franco, señora.

Jacuzzi no podía molestarse o llorar ante el tono amable de la mujer, se limitó a sonreír con aires de disculpa.

—De verdad lo siento. Debería haber tenido más cuidado…

— ¡No, de ningún modo! ¡Yo soy el que debería disculparse!

— ¿Por qué? —preguntaron Jon y Fang al mismo tiempo, pero Jacuzzi los ignoró y regresó a modo bebé llorón.

— ¡Miria! Ambos se están disculpando el uno al otro. ¿Qué hacemos?

— ¡Tenemos que hacer de réferi!

— ¡Ya veo! ¡Conque tenemos el poder sobre esta batalla!

— ¡Es una gran responsabilidad!

Mientras Isaac y Miria sacaban sus propias conclusiones, Nice decidió interceder para darle una mano a Jacuzzi, cambiando de tema.

— ¿Están de vacaciones familiares?

—Sí, mi hija y yo estamos de camino a ver a mi esposo. Venimos a cenar junto con el niño de nuestro camarote, pero al parecer no hay espacio para nosotros por el momento — contestó la mujer, sin mostrarse intimidada o precavida por la apariencia de Nice.

—Entonces, ¿este niño está por su cuenta? —preguntó Nice con curiosidad.

—Así es. Se llama… ¡Válgame Dios! ¿Dónde están mis modales? Ni siquiera le he preguntado.

—Me llamo Czeslaw Meyer —dijo el niño con timidez. Era un nombre difícil de pronunciar. El niño rápidamente cerró la boca, luego, tras un momento de silencio, continúo—. Pueden decirme Czes. Voy a Nueva York para ver a mi familia.

La mujer y su hija le siguieron, presentándose ellas mismas.

—Soy Natalie Beriam y ella es mi hija… Anda, preséntate, Mary.

La niña tímidamente dio un paso al frente ante la insistencia de su madre.

—Mi nombre es Mary Beriam.

Ella continúo mirando de vez en cuando a Jacuzzi y Nice, un poco intimidada. Sin embargo, no sintió curiosidad por el pistolero pasado de moda que se encontraba en la barra.

Jacuzzi, Isaac y los demás siguieron su ejemplo y se presentaron. La fiesta se hizo más grande que antes en el comedor.

—Czes ya se había tropezado con Jacuzzi hace poco —dijo Nice mientras despeinaba el cabello de Czes. Su único ojo estaba lleno de alegría.

—Lo siento mucho por eso.

—No hay problema. No fue tu culpa ni nada.

Conforme hablaba con Czes, Jacuzzi se encontró más cómodo. Claro está, en sí era una tontería que no estuviera tranquilo cuando hablaba con un niño.

Inesperadamente, Isaac y Miria levantaron la voz.

— ¡Es verdad! ¡Después de todo, el Rail Tracer te engulliría enseguida si fueras un niño malo!

— ¡Así no más!

— ¡Eso es lo que solía decir mi padre para asustarme cuando era más joven!

— ¡Espeluznante!

— ¿Eh? ¿Q-qué es un Rail Tracer? 

Jacuzzi instintivamente se percató de que debía de ser algo horripilante y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas otra vez.

— ¿No sabes, Jacuzzi? El Rail Tracer es…

En pocos minutos, Isaac comenzó a relatar la historia que ya se había oído anteriormente.

—…Y es por eso que al contar esta historia sobre el tren… terminas invocando al monstruo… ¡Al Rail Tracer!—tras el suspenso creado por el pistolero, Miria chilló en un tono obviamente falso.

Jacuzzi fue el único que se perdió en un grito silencioso. Todos los demás parecían haber tomado la historia como una leyenda urbana común y corriente.

— ¡Esto es terrible! ¡Vamos a desaparecer! ¿¡Qué vamos a hacer!? —Se alarmó Jacuzzi, tomando la historia demasiado en serio.

—No te preocupes, Jacuzzi. ¡En realidad existe una forma de evitar que el Rail Tracer se aparezca! —dijo Isaac, intentando tranquilizar a Jacuzzi.

— ¡Solo una forma!

El rostro de Jacuzzi se iluminó.

— ¿En serio? Entonces, ¡dímela! ¡Por favor, apresúrate!

— ¡Está bien! Escucha. La única forma de sobrevivir es… tienes que… eh… pues…

La radiante esperanza de Jacuzzi comenzó a nublarse por la duda.

—La única forma de sobrevivir… era… ¿Cuál era, Miria?

—No sé, es la primera vez que la escuchó.

Nice y los otros se preguntaron por qué Miria estuvo entusiasmadamente de acuerdo con Isaac a pesar de su ignorancia.

Por supuesto, Jacuzzi no tenía la paz mental para preocuparse por cosas como esas.

— ¡Oh, no! ¡Esto es malo! ¡Es terrible! ¡Rápido! ¡Tienes que recordar o todos vamos a morir, vamos a desaparecer! —gritó Jacuzzi rechinando los dientes.

—He oído esa historia antes —dijo Jon tranquilamente.

— ¿En serio? ¡¿C-cómo lo detenemos?!

—Pues, también se me olvidó.

— ¡Ack! ¡¿Cómo pudiste, Jon?!

—Cálmate, Jacuzzi. Me contó la historia el joven conductor. ¿Por qué no vas a preguntarle?

Jacuzzi se levantó de su asiento y salió corriendo tan pronto Jon finalizó. Miró hacia atrás cuando estuvo a mitad del vagón comedor, forzó una sonrisa y dijo gritando a Isaac y los demás:

— ¡No te preocupes, Isaac! ¡Regresaré tan pronto le pregunte al joven conductor! ¡Déjenmelo a mí! 

Las intenciones de Jacuzzi pudieron haber sido honorables, pero sus ojos llorosos no engañaban a nadie. Claro está que los únicos que habían creído en la historia del Rail Tracer fueron Isaac, Miria y Mary.

Jacuzzi caminó entre las mesas y corrió hacia el fondo del vagón.

—Lo siento por eso. Jacuzzi no es una mala persona… Él solo es un poco asustadizo, eso es todo —dijo Nice, levantándose de su asiento y persiguiendo a Jacuzzi.

—Lo sé. Puedo decir que el señor Jacuzzi es una persona muy amable —contestó la señora Beriam con una sonrisa. Ella se percató de que Jacuzzi de verdad le temía al Rail Tracer, pero no culpó a Isaac por el malentendido. 

Isaac y los demás también lo comprendieron.

—Dime, Miria. Jacuzzi realmente es un gran chico, ¿verdad?

— ¡Es una persona muy amable!

— ¡Tenemos que dejarlo ganar la próxima vez, eso es seguro!

— ¡Claro que sí!

— ¡De tal forma que cuando lo vuelva a ver, me disculparé con él como si no hubiera un mañana! …¡Dos veces!

—Entonces, ¡yo me disculparé una vez!

Isaac se rió.

— ¡Ya veo! ¡Así Jacuzzi ganará tres veces!

— ¡Es el campeón!

***

— ¡Whoa! ¿Jacuzzi llevas prisa?

Jacuzzi se encontró con Donny y los otros afuera del vagón comedor, justo cuando iban a entrar. Detrás de la gigantesca constitución de Donny estaban los dos miembros que Nice había seleccionado para traer a esta misión.

— ¡Es terrible! ¡El tren va a desaparecer! ¡Así que voy a ver al conductor!

— ¿Eh?

Jacuzzi sin dar explicaciones desapareció en el fondo del tren.

Poco después entró Nice.

— ¡Justo a tiempo! Donny y Jack, síganme. ¡Nick, encárgate del vagón comedor!

Donny y el hombre que se llamaba Jack acompañaron a Nice, a pesar de su confusión.

Mientras tanto, el hombre, cuyo nombre era Nick, estaba completamente perdido.

—Entonces… ¿qué dijo Nice que hiciera con el vagón comedor?

Lo que Nice quiso decir en realidad fue «Mantén vigilada la situación en el vagón comedor», pero Nick era un ladrón experimentado; por consiguiente, sacó una conclusión totalmente diferente.

—Entonces, a lo que se refería es que tengo que mantener el vagón comedor en silencio mientras ellos hacen el trabajo… Suena bastante bien. No podemos dejar que nadie nos descubra y detenga el tren a lo largo del camino.

Entretanto Nick permanecía de pie fuera del vagón comedor reflexionando, un hombre de traje blanco pasó delante de él y entró por la puerta. Entre más tiempo Nick estuviera ahí sin hacer nada, más personas podrían llegar al vagón comedor. Simplemente se preocupó por el número de personas que tendría que vigilar, sacó su cuchillo favorito y con cuidado dio un paso hacia el vagón comedor.

***

— ¡Muy bien! ¡Muy bien! ¡Pronto arrancará! ¡Nuestro pequeño espectáculo está a punto de comenzar! ¡Y sus vidas empezarán a terminar pronto! —Ladd rodó por la cabina de la segunda clase, abrazando un cojín—. ¡Oh! ¿¡Así que ya es hora!? ¡Estoy tan emocionado que no lo soporto! ¡Estoy tan feliz que no creo poder dormir esta noche!

Lúa lo observó sin emoción, mientras que los otros hombres se rieron de Ladd rodando en la pequeña cabina.

—Si estás tan emocionado, ¿por qué no vas tú mismo? —preguntó Lúa en un murmullo.

— ¡Pero, no puedo! ¡Perdí el sorteo! ¡Maldito seas Vicky, cabrón con suerte! ¡Estoy tan celoso que podría morir!

El primer curso de acción de la banda de Ladd era someter a los pasajeros del vagón comedor. Hicieron un sorteo para decidir quién sería el afortunado ganador, y como resultado, el hombre que de nombre Vicky salió para llevar a cabo el primer movimiento.

— ¡Oh, no existe un Dios en este mundo cruel! ¡Vicky ya debe haberlos matado a todos! — Se quejó Ladd, parándose de manos pese a su vestimenta formal.

—Si estás tan preocupado, ¿por qué no vas a echar un vistazo? —murmuró Lúa nuevamente.

— ¡Eso es! —Ladd volvió a ponerse de pie, dio la vuelta y comenzó a cachetear el rostro de Lúa—. ¡Tienes razón, Lúa! ¡Simplemente puedo ir a echar un vistazo! Soy un idiota. ¡No hay ningún motivo por el que solo tenga que sentarme y esperar aquí! ¡Pensé que tenía que cerrar el pico y dar un paso atrás, porque perdí el sorteo! ¡Muy bien! ¡Enseguida regreso, amorcito! —dijo Ladd con una voz lúgubre y salió corriendo al pasillo. 

Justamente, en ese momento se tropezó con alguien.

—Hey, mira por donde caminas, tú…

Ladd se detuvo a mitad de su queja.

— ¡En verdad lo lamento, señor! ¡Lo siento mucho! ¡Pero el tren está en graves problemas! ¡Tengo que ir rápidamente al compartimiento del conductor…! ¡Yo… lo siento mucho!

El muchacho corrió directamente al fondo del vagón.

—Ese chico de ahora…

No había forma de confundir el tatuaje sobre su rostro. Él era el idiota del cartel de “se busca” que su tío le había dado unos días antes.

— ¿Um? ¿Me pregunto qué está sucediendo aquí? ¡Oye, Lúa! —Ladd asomó la cabeza por la puerta del camarote e hizo una simple petición a su novia—. Llévate a alguien y revisa el compartimiento del conductor por mí, ¿Podrías? Y si te encuentras con un chico que tiene un tatuaje sobre su cara, asegúrate de atraparlo, ¿escuchaste?

Lúa asintió en silencio y caminó hacia la parte trasera del tren junto con uno de los amigos de Ladd.

— ¿Um…? Las cosas se están volviendo interesantes. Espero que se pongan mucho más o… ¡espera! ¡Podría hacerlas más emocionantes!

Ladd sonrió abiertamente y se encarriló hacia el vagón comedor, armado nada más que con sus dos manos. En el camino un cuatro-ojos, una mujer con un parche en el ojo y un gigante de dos metros de alto pasaron a un lado de él; iban corriendo de prisa, con la ansiedad escrita sobre sus rostros, y en un instante adelantaron a Lúa.

— ¡El suspenso está matándome! Me pregunto de qué problema estaba hablando el chico tatuado. Esto no es bueno, me estoy emocionando… ¡Será mejor que vaya pronto o me lo voy a perder!

Ladd tarareó una melodía familiar conforme se acercaba lentamente al vagón comedor, el cual, sin duda alguna, ahora se encontraba doblegado por el caos.

***

—Los preparativos están completos, Goose. Los Beriam se encuentran ahora mismo en el vagón comedor.

Goose estaba en un camarote de la primera clase, escuchando los informes de sus subordinados. Actualmente, tenían tres miembros localizados en cada área de la segunda clase, la tercera clase y el vagón de carga. Todos los demás se encontraban reunidos ahí.

—Todo está listo. Bien. Den comienzo a la misión en equipos de tres. Yo estaré aquí, en espera, así que no olviden mantener contacto frecuente. Cualquiera que pierda su comunicación regular será considerado muerto —ordenó Goose mecánicamente. Parecía como si su rostro usara la mínima cantidad de músculos necesarios para hablar.

—Es hora. El conductor ya debe haber comenzado su misión. Ahora el tren continuará moviéndose, sin importar lo que suceda en los carros posteriores. Spike, envía un mensaje a los de segunda y tercera clase. Nuestra prioridad es tomar el control sobre todos los pasajeros y vagones. Finalizaremos la misión cuando asumamos el mando de la locomotora. Debemos terminar con todo antes de que los trenes sean cambiados.

Las locomotoras de vapor estaban prohibidas cerca de la estación de Pennsylvania. Por ese motivo el Flying Pussyfoot tenía que cambiarlo por una locomotora eléctrica justo afuera de la estación. El lugar del intercambio era donde recogerían a Huey Laforet y donde la mitad de los rehenes perderían sus vidas. Necesitaban mantener a la otra mitad con vida a fin de garantizarse una fuga segura.

—Caballeros, ahora damos comienzo a la operación para rescatar al maestro Huey Laforet.

La orquesta vestida de negro golpeó el suelo con el talón a la orden. El sonido de las pisadas se convirtió en una retorcida obra de arte, haciendo eco tajantemente a través de la cabina de la primera clase.

—Este es un ritual; un ritual para traer al maestro Huey de regreso entre nosotros. No olviden que este tren es el altar y sus pasajeros el sacrificio —Goose permaneció sin mostrar ninguna expresión hasta el final, anunciando la prosperidad de los Lémures—. El pandemónium está sobre nosotros. Términos como Justicia o Maldad ya no son relevantes. Nosotros somos los que tenemos el poder. Una vez que rescatemos al maestro Huey, este poder por fin se convertirá en justicia; es por eso que estamos luchando. ¡Ahora bien, vayan al frente! ¡Devoraremos a los pasajeros, al tren y a la nación entera!

Los hombres de negro se transformaron en una sombra colectiva, dispersándose hacia cada uno de los vagones del tren.

Las sombras avanzaban hacia el frente, armadas con ametralladoras. Tres de ellos se dirigieron a un vagón en particular.

Una luz especialmente brillante se filtraba por un vagón rebosante con las voces de los pasajeros. Las sombras corrieron, intentando bañar el resplandor con sangre. Su objetivo: el vagón comedor, donde se encontraba la señora Beriam. La puerta ahora estaba justo frente a ellos.

***

Vicky estaba emocionado.

Llenaría el vagón comedor con gritos.

Nunca espero que el honor de dar inicio a la conmoción fuera para él.

Ataviado en ropas blancas, Vicky con tranquilidad y agradecimiento aceptó el golpe de buena suerte que había tenido.

Quizá debería matar a alguien como un premio para sí mismo y hacer alarde de lo que vendría. La pareja con los disfraces del viejo Oeste o los niños a su lado, o quizás a la hermosa mujer sentada junto a ellos; entonces, recordó que Ladd tenía cierta predilección por la madre y la hija. Pero ¿tal vez no le molestaría a Ladd si solo tomara a la niña? Sería rápido y vil; Vicky estaba seguro de que a Ladd no le importaría.

Recorrió con la mirada el vagón comedor, perdido en sus dementes fantasías. Varias personas, extrañados por su traje blanco, lo observaron; sin embargo, fue tratado como una persona normal en comparación con Isaac y Miria. En seguida regresaron a su comida como si nada hubiera pasado.

Hablando de personas extravagantes, Vicky recordó al mago que habían visto hace poco; su ausencia probablemente significaba que se encontraba en una de las cabinas de la Tercera Clase. No obstante, había una persona por la que Vicky estaba preocupado. Se trataba de la mujer en ropas de trabajo sentada cerca de la ventana.

No es una novata.

No poseía ningún aire de debilidad en su expresión. Cuando la vio por un momento, la mirada de cautela en sus ojos visiblemente se intensificó. De hecho, la mujer estaba observando con gran atención a todos en el carro, no solo a él. En el momento en que sus ojos se encontraron, Vicky sintió que su mirada lo perforaba.

¿Quién es esta chica? Está siendo realmente cautelosa sobre algo…

Aunque Vicky estaba preocupado al principio, se hizo a la idea de que la preocupación de la mujer no tenía nada que ver con ellos.

Claro está, pronto estaría involucrada en el caos, ya sea que le gustara o no. Perdiendo el interés, Vicky se dirigió hacia el centro del vagón comedor.

Empecemos con esto.

En silencio, extrajo una pistola del bolsillo del pecho.

***

—Bien. Comencemos.

Los hombres de negro abrieron la puerta con las armas preparadas.

***

— ¡Hagámoslo!

Nick sacó un cuchillo de su bolsillo y abrió la puerta hacia el vagón comedor.

***

Tres juegos de voces sonaron estridentemente por el vagón comedor. No había margen para un error de interpretación.

— ¡Todos al suelo, ahora! —gritaron los hombres de negro que irrumpieron por la puerta del frente, armados con ametralladoras.

— ¡Las manos arriba, ahora mismo! —bramó el hombre de blanco, que permaneció de pie en medio del vagón comedor. En su mano derecha sujetaba una pistola color bronce. 

— ¡Que nadie se mueva! —vociferó un hombre harapiento, que había entrado por la puerta trasera. Sostenía un simple cuchillo para fruta.

— ¿Qué se supone que hagamos…? —preguntó uno de los pasajeros cubierto en sudor.

Sorprendentemente los primeros en reaccionar fueron Isaac y Miria.

Hicieron que los niños a su lado se acostaran en el suelo, entonces se agacharon rápidamente con las manos arriba y se quedaron quietos.

***

Conforme Ladd caminaba a través de los pasillos, escuchó disparos que provenían del vagón comedor.

— ¡Empezaron sin mí! ¡Oigo disparos, esto es genial! ¡No puedo esperar!

Ladd estaba tan emocionado que comenzó a saltar hacia el vagón comedor. Inesperadamente, se detuvo en seco.

Escuchó una serie de cortos tiros individuales seguido por una autentica lluvia de disparos.

— ¿Um? ¿Metralletas?

La expresión de Ladd se endureció por un momento; pero, al poco rato sonrió y comenzó a saltar nuevamente. Parecía incluso más emocionado que antes, sus movimientos prácticamente supuraban con anticipación.

— ¡Eso suena mucho mejor!

Cuando arribó al carro que se encontraba antes del vagón comedor, un muchacho vestido con ropas harapientas salió corriendo. Volviendo la mirada hacia atrás varias veces, antes de pasar corriendo justo frente a Ladd sin ni siquiera mirarlo.

— ¿¡Qué demonios acaba de pasar ahí, Nice!? ¡Nunca mencionaste que las cosas podrían terminar así! —gritó el hombre, desapareciendo por el corredor.

— ¿Hay peligro? Peligro… ¡Es peligroso! ¿Qué está sucediendo en el vagón comedor?

¿Podré matar gente? ¡¿Hay personas muriendo?! ¡¿Cuál será?! ¡Oye, me estoy emocionando!

¡Sí, sí, sí, sí, sí!

Ladd estaba tan embelesado que corrió hacia adelante sin pensarlo siquiera.

Entre más cerca estaba del vagón comedor, más fuerte se volvían los sonidos del llanto y los gritos. ¿Lo que le aguardaba detrás de esa puerta era el cielo o el infierno? 

Abrió con fuerza la puerta corrediza. La mayoría de las personas en el vagón comedor naturalmente centraron su atención en él. Algunos lo miraron con desesperación, otros con esperanza y algunos con ojos llenos de pesimismo.

Al centro del vagón comedor se encontraba Vicky, acostado boca abajo en el suelo. Su traje blanco teñido de rojo con su propia sangre.

Al otro lado del vagón estaban tres hombres sosteniendo ametralladoras. Por su atuendo eran los miembros de la orquesta.

Parecía que uno de ellos había sido herido por un disparo de Vicky; estaba en cuclillas sobre el suelo mientras sujetaba su hombro. Los otros dos estaban agitando sus armas alrededor, asustando a los estridentes pasajeros para que no intentaran escapar.

El trío se fijó en el hombre de blanco que acababa de entrar al vagón.

La puerta condujo a Ladd al infierno.

Pero, por algún motivo, sonrió abiertamente.

—Creo que no tengo opción —Ladd caminó a grandes pasos hacia el interior del carro—. Me tomará un segundo y lo transformaré en el cielo —murmuró, levantando los brazos al aire—. ¡Espera un minuto! ¡Cómo puedes ver, estoy completamente desarmado! ¡No soy tu enemigo!

Por supuesto, los hombres de negro no bajaron la guardia. Juzgando por su vestimenta, el recién llegado era amigo del cadáver que permanecía en medio del vagón.

Precisamente por eso, Ladd tenía una oportunidad.

Uno de los hombres de negro se le acercó, con el arma apuntándolo.

— ¿Quiénes son… quiénes son ustedes?

—No voy a negar que soy un sujeto sospechoso, pero no somos tus enemigos.

Otro de los hombres de negro se aproximó a Ladd. Probablemente estaba planeando contenerlo mientras su otro compañero lo mantenía a punta de pistola.

El último de los hombres de negro era el que se encontraba herido al otro lado del vagón comedor. Sujetaba con fuerza su hombro conforme vigilaba atentamente a los pasajeros, sostenía su arma con una mano.

En el momento en que los dos hombres de negro se alinearon frente a él, Ladd alzó la voz para quejarse.

— ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? ¡No soy tu enemigo!

En el momento en que terminó la oración, la metralleta del hombre de negro fue pateada hacia arriba, el cañón apuntó al techo.

—¿Qué?…

La patada de Ladd había tomado al primer hombre de negro completamente por sorpresa, ni siquiera le había dado tiempo de jalar el gatillo. Después, Ladd agarró con facilidad el cañón de la ametralladora y la empujó por detrás del hombro del hombre de negro que tenía delante de él; justo frente al segundo hombre de negro, que permanecía de pie detrás de su ansioso aliado.

Desde luego, el hombre de negro se resistió; pero al arma fue impuesta sobre él a pesar de sus esfuerzos. El delgado cañón presionaba su hombro con fuerza.

Con su mano libre, Ladd se afianzó de la parte trasera del arma, empleando el hombro del hombre de negro como punto de apoyo para atraerlo hacia él en un instante.

— ¿¡Qué rayos!?

El dedo del hombre de negro fue separado del gatillo. El lugar pronto fue ocupado por el dedo de Ladd, que había estado sujetando la parte trasera del arma hasta hace unos momentos.

Hubo un ruido ensordecedor conforme la pistola, que estaba de cabeza, comenzó a eyectar plomo.

Las balas impactaron sobre el segundo hombre de negro. Su garganta, pulmones, corazón y toda la parte superior de su cuerpo se tornó oscura por el manantial de sangre, su cuerpo colapsó formando un bulto sobre el suelo. Al mismo tiempo, el volumen de los gritos en el vagón comedor se incrementó exponencialmente. 

— ¡Cabrón!

El hombre de negro herido levantó su arma, pero su aliado se encontraba de pie entre él y Ladd. Es más, Ladd sujetaba a su compañero por la garganta. Los pies del hombre se levantaron poco a poco del suelo. Su cuello estaba siendo oprimido por la clase de fuerza que lógicamente no esperarías de alguien con la constitución de Ladd, su cara empezó a tornarse roja.

El hombre de negro pataleaba en un intento por liberarse; debido a su desconocimiento en técnicas que le ayudarían en espacios tan reducidos. Trató de picar los ojos de Ladd con su mano libre, pero Ladd se percató de ello rápidamente y lo contrarrestó con sus dientes.

Ladd escupió los trozos de carne y sangre, y le dijo al hombre de negro herido en la esquina:

— ¿Qué piensas hacer ahora? ¿Correr? ¿Disparar con tu compañerito de por medio? ¿Suicidarte? ¿O quieres platicar un rato? ¿Qué tal un tecito? ¿O una cena? ¿Cómo va la economía? Supongo que nada bien, ¿eh? ¿Y luego qué? ¿Reformas? ¿Quieres postularte? ¿Qué tal una guerra? ¿Matar y que te maten? ¿Estás asustado? ¿Nervioso? ¿O molesto? —preguntó Ladd sin ningún motivo y se rió. 

De repente se detuvo, apuntando con el arma por detrás del hombre que usaba como escudo humano.

— ¡Por lo menos intenta y responde una!

En lugar de contestar, el hombre de negro le dio la espalda a Ladd y a su colega, y abandonó el vagón comedor. Ladd no lo persiguió; en cambio, arrojó su escudo humano al suelo.

— ¡Bien, esto se está poniendo divertido!

El único hombre de negro se aclaró la garganta y tosió, después, observó a Ladd.

—Fuiste un idiota al permitir que mi amigo se escapara. ¡No sé quién carajos son, pero no se saldrán con la suya al ponerse en nuestra contra!

— ¿Sabes? Los mafiosos que asesiné siempre decían lo mismo. Claro, nada de eso importa.

Ladd lanzó la metralleta al suelo sin cuidado. Los pasajeros que se encontraban sentados cerca gritaron ahogadamente.

— ¡No seas engreído! 

El hombre de negro se puso de pie, sacó un cuchillo oculto en su botín y cortó horizontalmente. Esperaba matar al hombre de blanco con este ataque, pero las cosas no eran tan fáciles.

— ¿Qué…?

La cabeza de Ladd ya no se encontraba donde la había visto antes de atacar.

Para cuando notó el cabello de Ladd justo por debajo de su campo de visión, ya era demasiado tarde. Un potente impacto lo golpeó en los intestinos.

— ¡Ni siquiera consigues un premio de consolación!

El dolor sordo se dispersó a través de su estómago, las náuseas asaltaron sus sentidos.

Ladd rió disimuladamente, después de asestarle un gancho al hígado al hombre de negro. En cambio, éste estaba sudando a mares y gimiendo.

—Cabrón… ese fue un… movimiento… de box.

En el momento en que estaba a punto de caer al suelo, un puño ligeramente flexionado lo propulso hacia arriba nuevamente.

— ¡Gah!

— ¿Um? Nada de qué preocuparse. ¡No soy tan fuerte como Pete Herman[1]!

Al tiempo en que el hombre de negro comenzó a caer hacia atrás, Ladd lo sujetó por el cuello de la camisa, forzándolo a levantarse.

— ¡No soy Jack Jonson[2] y no tengo la fuerza o la habilidad de Jack Dempsey[3]!

Un gancho derecho. El anormal ruido de huesos rompiéndose se escuchó por todo el vagón comedor.

— ¡Tal vez “Jack” es un buen nombre para los boxeadores, ¿no crees?! ¿¡Eh!?

Varios puñetazos ligeros se abrieron paso en una sola dirección. 

— ¡Acabo de mencionar a Herman y a Dempsey, pero ¿por lo menos sabes de quienes estoy hablando?! ¡Cualquiera que se considere a sí mismo un americano debería saberlo, ¿no?!

Golpe.

— ¡Te reto a que me digas que no! ¡Te mataré!

Golpe.

— ¡No! ¡Te vas! ¡A librar! ¡Con! ¡Eso! ¡E! ¡Incluso! ¡Si! ¡Lo haces! ¡Aún! ¡Así! ¡Te! ¡Mataré! —

Entre palabra y palabra, Ladd le propinaba un fuerte golpe al hombre de negro

Terminó su ráfaga de puñetazos con un gancho a la cara, tumbando a su oponente hacia atrás. Si bien el hombre de negro debía de haberse caído desde hace tiempo, Ladd a propósito lo había estado golpeando para que se mantuviera de pie.

La cabeza del hombre de negro se inclinó y chocó contra la pared. Justo detrás de él estaba la puerta. Los constantes golpes lo condujeron todo el camino hacia el final del carro.

— ¡Uff! Por fin logré que soltaras el cuchillo. ¡Eso no fue muy amable de tu parte, arrojándome un arma de esa forma! ¡Estaba tan asustado que termine dejándote como puré! 

El hombre de negro soltó el cuchillo cuando Ladd lo golpeó la primera vez, pero Ladd dramatizó sus gestos y se hizo el inocente.

—Ugh…

— ¿Oh? ¿Sigues consciente? Supongo que necesito algo de práctica. ¡Qué susto! Ahora, ¿qué? ¡Oye! ¡Hazte responsable!

 Ladd sujetó el cuello del hombre de negro con sus manos y lo empujó contra la pared.

—Sabía que no me dispararías en cuanto me vieras. Querías saber lo que nosotros, los hombres de traje blanco, estábamos planeando, ¿cierto? Es por eso que te acercaste e intentaste capturarme, ¿verdad? —Ladd abrazó al hombre de negro con todas sus fuerzas—. ¡Gracias! ¡Te amo, compadre! ¡Actuaste exactamente como esperaba que lo hicieras!

Rozó sus mejillas contra el rostro del hombre de negro y le agradeció con los ojos llenos de lágrimas.

— ¡Ustedes son tan fabulosos!, ¿lo sabías? ¡Por eso te dije que no era tu enemigo! ¡Me importa un bledo si son aliados o enemigos o todas esas cosas, siempre y cuando exista amor! ¿No lo ves? ¡Estamos del mismo lado! ¡En serio los amo! Pero, ¡solo váyanse y mueran!

A continuación, estrelló al hombre de negro contra la pared.

El hombre de negro sangró abundantemente por la boca y la nariz, sus ojos se pusieron en blanco, pero seguía consciente.

—Tú… estúpido… cabrón… poniéndote en… nuestra, ugh…

Un puño lo golpeó en la boca. Podía sentir algo bajo su piel, probablemente sus dientes, rompiéndose. 

—Continúas amenazándome con esta cosa de “nosotros”. ¡Deja de estar jodiendo, mierda! ¡Voy a matarte!

—Ustedes, los salvajes… creen… poder detener… al maestro Huey…

Un puño embistió contra su ojo derecho, después contra el izquierdo. Sus ojos, los cuales ya se encontraban desorbitados desde antes de los puñetazos, nunca volverían a ver la luz del día. Desde luego, no tendría la oportunidad de confirmar el estado de sus ojos a menos que saliera de ésta con vida.

De repente Ladd mostró una expresión muy tranquila, luego le murmuró algo al oído del hombre de negro.

—No sé quiénes sean ustedes o este tipo Huey, y no les daría ni el trasero de una rata para descubrirlo.

Conforme la consciencia del hombre de negro se desvanecía, Ladd acentúo sus palabras con un golpe en el estómago. 

—Pero hay una cosa que sí sé. Primero, la orquesta de negro es nuestro enemigo. Segundo, tienen un montón de temibles armas pequeñas.

Los puños de Ladd rítmicamente lo embistieron uno tras otro. La fuerza impresa en sus golpes iba en aumento con su tono de voz. El objetivo de sus puñetazos lentamente se elevó, yendo del estómago hacia el pecho y de éste, a la cara.

— ¡Y por último! Apuesto a que todos ustedes están pensando: «¡Mientras estemos armados hasta los dientes, nadie podrá vencernos! ¡Somos imparables e invencibles!» ¡Creen que todos estarán a salvo!

La consciencia y la vida del hombre de negro desaparecieron mientras sentía como la voz del hombre de blanco resonaba por todo el vagón comedor. 

Los puños de Ladd, ya sea que supiera que su víctima estaba muerta o no, no se detuvieron.

— ¿¡Bien!? ¿¡No es divertido!? ¡Asesinar personas! ¡Sacarles las entrañas! — Y, gritando a todo pulmón, añadió—, ¡Y aplastar hasta machacarlas y que exploten como malditas salchichas!

Los puños de Ladd eran los que provocaban los sonidos de estar triturando algo. Sus puñetazos, se volvieron incluso más fuertes, haciendo pedazos el rostro del hombre de negro.

El semblante de Ladd, conforme se bañaba a sí mismo con la sangre, brillaba como la de un hombre que acababa de cumplir con alguna faena gigantesca. Sin embargo, para una persona normal, sólo era la risa perturbada de un loco homicida. Y ambos eran verdad.

Ladd se dio la vuelta con una sonrisa refrescante. El vagón por completo centró su atención en él. Estaba seguro que todos ellos habrían escapado a esta hora, pero un vistazo rápido a la entrada opuesta le afirmó porque se quedaron. 

Sus amigos, los hombre de blanco, permanecían de pie en la puerta, armados con pistolas y observando a los pasajeros.

— ¿Ladd? ¿Qué está sucediendo aquí?

—Venimos corriendo porque escuchamos metralletas. Así que, ¿cuál es el alboroto?

No había ni una pizca de seriedad en las voces de los hombres. Ladd saludó a sus amigos y caminó confiadamente hacia el centro del vagón comedor. Cuando pasó cerca de la barra, se percató de una mujer que estaba en cuclillas en el suelo con los brazos envueltos sobre un par de niños de modo protector.

—Entonces, ¿tú eres la señora Beriam? —preguntó Ladd.

La mujer miró a Ladd de manera desafiante y asintió lentamente.

La cara de Ladd se transformó en una abominación de sonrisa desordenada.

—Es bueno oírlo, pero la cosa es que, nuestro horario se ha estropeado un poco. Nos encargaremos primero de la orquesta. Luego, será su turno. Nos vemos.

Ladd se reunió con sus amigos, sin olvidarse de recoger las armas dejadas por Vicky y los hombres de negro.

—Vamos.

—Pero, ¿qué hay con ellos? —preguntó uno de sus amigos, haciendo una mueca en dirección a los pasajeros.

—Déjenlos. Tenemos cosas más interesantes de que hablar. Nos vemos en el camarote.  

—Si tú lo dices, Ladd. Pero, ¿cómo está tu mano? ¿Vas a estar bien?

La sangre goteó de la mano de Ladd al suelo. Los pasajeros pensaron que era la del hombre de negro, pero la piel sobre los nudillos de Ladd estaba hecha pedazos. Era natural, considerando la cantidad de puñetazos que realizó sin tener el más básico vendaje. Prácticamente era un milagro que solo resultara con heridas tan insignificantes.

— ¿Um? No hay problema. Un par de huesos dislocados, pero nada roto. Por ahora sigo en buena forma. Siento que puedo hacer polvo por lo menos a cinco más de ellos con las manos vacías.

—Sólo asegúrate de vendarlas, ¿está bien?

Ladd y sus amigos salieron en silencio del vagón comedor como si nada hubiera pasado, ni siquiera limpiaron la sangre que seguía cayendo de las manos de Ladd.

El silencio reinó sobre el vagón comedor. Hasta los sonidos de sollozos y gritos se detuvieron, solo se rompió la afonía por un par de voces despreocupadas.

— ¿Cuánto tiempo crees que debamos permanecer así, Miria? ¡Todos esos disparos que he estado escuchando arriba de nosotros me están asustando!

— ¡Es un espectáculo del terror!

—Y sabes, ya me cansé de intentar no moverme.

—Sinceramente, ¡es muy cansado!

***

Al principio, los pasajeros restantes estuvieron silenciosos. Sin embargo, a medida que empezaron a tener una idea de la situación, poco a poco comenzaron a murmurar entre ellos. Nadie había abandonado todavía el vagón comedor, ya que no sabían si los hombres de negro o los de blanco estarían vigilando afuera de las puertas.

Su ansiedad aumentó y comenzaron a dirigir sus miedos al cocinero y al barman, que eran empleados de la compañía ferroviaria.

— ¿Qué está sucediendo aquí? 

— ¿Se supone qué es una especie de broma enfermiza?

— ¡¿Dónde está el conductor?!

— ¡Escapemos!

— ¡Detengan el tren!

Fang y Jon incapaces de rebatir a los pasajeros, se encerraron en la cocina. Sabían que, como inmigrantes, les haría más daño que bien intentar defenderse o replicar.

No obstante, había una persona que persistía tercamente en hacer demandas irracionales.

— ¿Quién está a cargo del vagón comedor? ¿¡Cómo se atreven ese simio amarillo y ese sucio irlandés a esconderse en la cocina!?

Uno de los hombres, por lo visto de todas las cosas por las que protestar, comenzó a enviar sus ataques verbales a Jon y a Fang. Se trataba de un hombre gordo y bigotón, que era demasiado vulgar como para ser llamado de forma aduladora “grande” o “regordete”.

— ¡Pagué una buena cantidad de dinero para viajar en este tren! ¡¿Cuál es el significado de todo esto?! ¡Exijo un reembolso! —gritó el hombre al desdichado cocinero, golpeando la barra con el puño.

De pronto, algo fue situado encima de su puño. Se trataba de un fajo con billetes de cien dólares.

— ¿Qué…?

— ¿Eso es lo suficientemente bueno para ti?, tú… ¡mala persona!

— ¡Eres de lo peor!

El hombre bigotudo vio a su alrededor. El vaquero y la bailarina lo estaban perforando con la mirada.

— ¿Quiénes son, bichos raros?

— ¡Si quieres un reembolso, te daré un reembolso! ¡Así que ya ni te consideres un cliente! ¿No, Miria?

— ¡Ahora eres igual de apropiado como alguien que viaja gratis!

Isaac y Miria se quejaron con el hombre bigotudo a todo pulmón. Jon y Fang, algo sorprendidos por su despliegue, asomaron las cabezas fuera de la cocina.

—Con quién creen que están hablando escorias —Prosiguió reclamando el hombre bigotón mientras se acercaba para tomar el fajo de billetes.

— ¡Cállese! ¡Usted es el que está hablando sobre “simios” y “sucios” en el vagón comedor, donde todos tratan de disfrutar su comida! ¡Apuesto a que intentaba conseguir una comida gratis de ellos!

— ¡De lo peor! 

— ¡Estás cegado por el dinero!

— ¡Y si estás ciego, ve con el doctor!

La pareja insistió con una terquedad que rivalizaba a la del hombre bigotón, arrojándole otro fajo de billetes a la cara.

— ¡Solo vete a otro lado! Si no lo haces, mis cien… no, ¡mis miles de millones de pistolas van a dispararte al mismo tiempo!

— ¡Te dejaremos como panal!

De súbito, una voz salió desde un rincón de la cocina, el cual era un punto ciego para los pasajeros sentados en el exterior. Era una voz grave y autoritaria, que recordaba a un oso gigante.

— ¡Jon! ¡Fang! ¿Oyeron eso? ¡El cerdo ese ya no es más un pasajero ni un cliente! ¡Sáquenlo de aquí!

La presunción del hombre bigotón se evaporó en cuanto escuchó la bestial voz de la cocina.

—Muy bien, jefe.

—Qué lata….

A pesar de sus lamentos, Jon asistió a Fang levantando al hombre bigotón por los brazos y rápidamente desaparecieron por la puerta trasera del vagón.

Después, la bestial voz se transformó en la de un verdadero caballero y realizó un anunció al vagón comedor.

— ¡Humildemente me disculpo por el terrible inconveniente que aconteció sobre este vagón! La oficina central no solo retribuirá el costo del boleto, sino que les pagará el doble. Comprendo que tal vez no sea suficiente una disculpa, pero… 

Entonces, la voz reveló el punto más importante.

—Dado que hemos perdido contacto con el compartimiento del conductor, les sugiero que se hagan cargo de su propia seguridad hasta que el tren arribe a Nueva York ¡Eso es todo!

La última declaración del jefe de cocina fue extrañamente irresponsable, pero nadie se atrevió a quejarse. El silencio regresó al vagón comedor.

— ¡Sucios inmigrantes! ¡Suéltenme! ¡Llenaran de mugre toda mi ropa! —gritó el hombre bigotón, conforme lo sacaban a la fuerza hacia el corredor.

No obstante, antes de dejar al hombre, Jon se puso en cuclillas y lo miró furioso. En algún punto había obtenido un picahielos, el cual ahora estaba sosteniendo en su mano derecha.

Bastó esa simple mirada para silenciar al hombre intransigente. Jon había vivido en la zona con la peor reputación de la sociedad de Chicago; por lo que no era tan fácil de intimidar.

—Escúchame bien, cerdo bigotudo. La mitad de estos rieles fueron hechos por nosotros, los irlandeses, trabajando como esclavos; prácticamente fuimos esclavos ¿Sabías eso?

—Y la otra mitad por nosotros, los chinos.

—En otras palabras, la mitad de todo lo que circula sobre estas vías pertenece a nosotros, los irlandeses.

Incluye a los chinos y eso la hace toda nuestra.

La lógica de Jon sonaba menos cuerda que la del hombre bigotón. Después de todo, él no fue quien instaló las vías, fueron los campesinos los que hicieron el trabajo que lo puso a él de patitas en la calle en primer lugar, permitiendo que se uniera la pandilla de Jacuzzi.

—Así que escucha, canalla. Mientras estés aquí, tu vida está en nuestras manos.

El dúo abofeteó al hombre bigotudo y regresó al vagón comedor. El hombre bigotón se puso nervioso y patéticamente trató de suplicarle a Jon.

— ¡Espera! ¡Detente! ¡Los hombres de blanco vendrán por este camino! ¡Por favor! ¡Permítanme regresar adentro!

—No creo que vayas a estar tan mal. A fin de cuentas, ninguno de ellos son sucios simios. Pero si intentas volver adentro, morirás.

La puerta se cerró sin compasión.

Cuando Jon y Fang regresaron, el vagón comedor había recuperado el semblante de tranquilidad. Los tres cadáveres ya no estaban, probablemente fueron trasladados a alguna parte por los otros cocineros. En estos momentos todos trabajaban arduamente para limpiar las manchas de sangre de los suelos y paredes.

Conforme  regresaban a la barra, los ojos de Jon se encontraron con los de Isaac y Miria.

—Gracias —dijo en un murmullo, pero la pareja pareció no haberlo escuchado.

— ¡Oh! ¡Bienvenidos! En todo caso, ¡el jefe de cocina es muy, muy fuerte!

 — ¡Una leyenda entre leyendas!

Isaac y Miria comenzaron a exagerar su imagen del jefe de cocina.

El jefe de cocina del Flying Pussyfoot priorizaba su cocina sobre todo lo demás y se negaba a dejar su sitio mientras cocinaba. Había un rumor de que en una ocasión permaneció en la estufa y cuidó de su comida incluso cuando una explosión de gas ocurría justo a un lado de él. Desde luego, el tiroteo que tomó lugar hace poco no fue suficiente para distraerlo de su estofado. 

—Como sea, ¡Ese hombre de ahorita fue realmente horrible! ¿¡Cómo puede culpar a las personas simplemente así!?

— ¡Fue horrendo!

— ¡Este lugar no está para nada sucio y no veo a ningún simio por ningún lado! ¿Cómo puede ser tan ofensivo?

—¡No debería insultar a nuestra inteligencia de esa forma! 

A Jon se le ocurrió, que quizá esta pareja no los estaba defendiendo, sino que sencillamente ¿no entendieron la jerga que usó el hombre bigotudo?

Jon comenzó a sudar y decidió olvidarse de haber considerado esa posibilidad.

***

— ¿Quiénes son estos hombres de blanco? —preguntó Goose mientras contraía la cara.

Había escuchado antes que un grupo de hombres en trajes blancos se encontraban en las cabinas de segunda clase, pero jamás pensó que sus hombres, armados con ametralladoras, podrían perder. Todo lo que sabía de ellos era el hecho de que su fuerza debía ser reconocida.  —Haz venir a cualquiera que no se encuentre ocupado.

A la orden de Goose, varios hombres abandonaron la cabina, mientras que uno encendía el telégrafo con el fin de contactar a los vagones posteriores.

—Maldición. Primero Nader y ahora esto; ¿acaso es una prueba?

—No creo que esta misión vaya a ser tan sencilla, Goose —dijo Spike.

Goose lanzó un vistazo a la esquina de la cabina, donde Chane se encontraba sentada en silencio con los brazos cruzados, y dijo:

—Tienes razón. Al fin y al cabo, no podemos alcanzar la misma talla que el maestro Huey con métodos ordinarios.

Goose le dio la espalda a Chane y sonrió.

***

—Entonces, Ladd, ¿quiénes son estos chicos de la orquesta? —preguntó uno de los hombres de blanco a Ladd.

—Un festín. Eso es todo lo que sé y es todo lo que importa. ¿Verdad? —respondió Ladd con el rostro rebosante de emoción. Sus amigos se confundieron por la declaración—. Como sea, solo maten a cualquiera que esté con la orquesta.

Murmullos de entusiasmo se extendieron entre el grupo de amigos. Ahora que Vicky estaba muerto, solo quedaban diez de ellos. La cabina de segunda clase, la cual era bastante grande haciéndole justicia, se encontraba hasta el tope.

En términos numéricos, claramente los superaban. Pero la diferencia no les importaba.

— ¡Muy bien! ¡Entonces cada uno puede tomar dos o tres! ¡Y todos son bastardos que en serio creen tener la ventaja! 

La ola de emoción pronto dio lugar a la ovación, cargando la cabina con vitalidad traviesa.

—Pero, esto no es una broma. Aparte de los que están en el vagón comedor, los únicos en la segunda clase somos nosotros y esos de traje negro.

En el interior de la cabina contigua a la de Ladd, yacían tres cuerpos. Los amigos de Ladd se habían encargado de ellos mientras él se encontraba en el vagón comedor. 

Los tres hombres de negro eran Lémures, que venían a tomar el control de los carros de segunda clase. Todos fueron asesinados de diferentes formas, el único lazo en común era el hecho de que ninguno de ellos había muerto instantáneamente. 

—De todas formas, es peligroso que todos estemos juntos. Separémonos. Yo iré a contarle a Lúa el plan entero.

Ladd abrió de golpe la puerta, armado únicamente con un rifle.

— ¡En algún momento nos veremos nuevamente aquí! ¡Regresen cuando se sientan satisfechos!

Nadie discrepó. Los hombres de blanco se dispersaron a través del tren, planeando destruir las sombras oscuras y extinguirlas del tren.

***

Ninguno de los dos, Goose o Ladd, se habían percatado de que un monstruo, más fuerte que todos ellos, iba a bordo del tren. 

Y quien lo sabía era el hombre más miedoso sobre el tren.

— ¿Qué… es esto…?

El rostro de Jacuzzi estaba blanco como una sábana. Se encontraba de pie como arraigado al suelo, incapaz de hacer algo más que parpadear.

Había corrido hasta el compartimiento del conductor, respirando con dificultad. Y ahí, le dio la bienvenida una horrenda escena.

— ¡No! ¡No! ¡No puede ser! ¿Están…muertos? ¿Eh? ¡Por favor, despierten! ¡Por favor que todo sea una broma terrible! ¡Se lo suplico, señor conductor! ¡Tiene que despertar!

El último vagón fue teñido de carmesí con la sangre. 

Ante Jacuzzi yacía el cuerpo mutilado de un conductor.

Y había un segundo cuerpo al lado del primero.

Uno de los conductores fue simplemente asesinado; mientras que el otro había sido terriblemente mutilado. Su cuello estaba torcido en un ángulo antinatural, y su cara y brazo derecho habían desaparecido.

Tal vez fueron aplastados o se los arrancaron de un mordisco; sin importar la causa, el desorden dejado atrás le confirmó a Jacuzzi que no era el trabajo de un arma con filo. Si tuviera que serlo, la única opción posible sería una sierra.

La luz incandescente desprendía un brillo espeluznante sobre la grotesca escena. Jacuzzi observó el charco de sangre en la esquina de la cabina.

—Está aquí. Llegué demasiado tarde. ¡Ya nos alcanzó…! —murmuró Jacuzzi para sí mismo. No se le había quebrado la voz; ¿acaso la desesperación lo estaba destruyendo o era la derrota?

La sangre nauseabunda y sin impurezas resplandeció en la luz, asemejando la apariencia del vino.

Entonces, Jacuzzi mencionó el nombre del monstruo en voz baja:

—El Rail Tracer.

***

De regreso en el vagón comedor, la señora Beriam hablaba con su hija.

—Escucha bien, Mary. Tienes que ir a esconderte en algún lado junto con Czeslaw. Permanece oculta hasta mañana por la mañana y tu padre nos salvará. Todo estará bien.

El vagón comedor se encontraba sorprendentemente quieto. Todos los pasajeros permanecían en sus asientos, con una gama de expresiones sobre sus rostros, desde la desesperación hasta la esperanza. Con excepción de un sollozo ocasional, el vagón estaba casi silencioso.

Desde luego, nadie estaba de humor para ordenar algo de comer.

—Ahora, Czes. Debes cuidar de Mary.

— ¡Sí, señora!

El niño asintió enérgicamente y salió del vagón comedor con la niña tomada de las manos. Abrió la puerta y cuidadosamente miró alrededor. 

— ¿No se va a esconder? —preguntó Jon por detrás de la barra.

No, es mejor de esta forma. No sé por qué, pero parece que ambos bandos están tras de mí… Y si fuera a ocultarme, les causaría problemas a todos los que se encuentran a bordo — sonrió con suavidad la señora Beriam.

—Ya veo. En ese caso, supongo que el lugar más seguro para usted es aquí. E incluso personas como ellos no matarían a un par de niños.

Claro está, no puedo decir lo mismo del boxeador de blanco. Pensó Jon, pero no lo mencionó en voz alta. Estaba seguro de que la señora Beriam también comprendía esto, por lo cual, con mucho mayor razón, tenía que hacer que los niños se ocultaran en alguna parte.

De repente, Isaac y Miria alzaron la voz.

— ¡Muy bien, nos vamos!

— ¡Vamos en camino!

Se bajaron al mismo tiempo del banquillo de la barra.

— ¿A dónde van? —preguntó Fang.

— ¡Vamos a buscar a Jacuzzi, por supuesto! —respondió Isaac sin perder el ritmo.

— ¡Y a Nice!

— ¡Es peligroso allá fuera! —Fang intentó detenerlos, pero ellos ni se inmutaron.

— ¡Justamente por eso vamos a buscarlos!

— ¡Los rescataremos!

— ¡No sé qué está sucediendo con esos hombres de negro, ni con los de blanco, o con el hombre del cuchillo, pero los mantendré a raya con mis pistolas y saldré huyendo!

— ¡Sorprendente!

Isaac tocó la funda vacía de la pistola y silbó dramáticamente. 

—Ya veo…

Jon también admitió la derrota. Y no solo eso, el hecho de que era conocido del hombre con el cuchillo le dificultaba intentar detener a la pareja.

De todas formas, ¿en qué demonios estaba pensando Nick?

Mientras Jon inclinaba la cabeza, Isaac y Miria salieron por la puerta trasera.

Al mismo tiempo, la puerta del frente se abrió. Los pasajeros gritaron simultáneamente, dejándose caer al suelo.

Por detrás de la puerta pasaron los hombres de negro, armados con ametralladoras.

—Buenas noches. Asumo que usted es la señora Beriam —preguntó el líder de los hombres de negro a la señora Beriam. Los otros hombres de negro vigilaban a los pasajeros, alzando las pistolas—. Mi nombre es Goose. Espero que pueda comprender que tenemos algunos asuntos pendientes con los cuales necesitamos la cooperación de su esposo. Por favor, venga por aquí.

 La señora Beriam miró con dureza al hombre llamado Goose.

—Prométame que no herirá a los demás pasajeros.

— ¡Ja! Me temo que no se encuentra en posición de negociar. Dado que, la verdad es que el destino de los pasajeros depende exclusivamente de la decisión que tomen su esposo y el gobierno.

Goose comenzó a llevar afuera a la señora Beriam a punta de pistola, entonces, notó que alguien faltaba.

— ¿Dónde está su hija? —preguntó  con un leve indicio de estar frunciendo el ceño. La señora Beriam apartó la mirada y se mordió el labio. Cerraba con fuerza los puños—. ¿Dónde está? 

La señora Beriam levantó la cabeza. Había lágrimas en sus ojos, sus labios y palmas sangraban.

— ¡Los hombres de traje blanco…ellos se llevaron a mi hija!

¡Oh! Así que eso fue lo que planeo. Pensó Jon, maravillado por las técnicas de actuación de la señora Beriam. Se había transformado por completo de la imagen solemne que emitía antes. —Los hombres de blanco, ¿dice? ¿Quiénes son ellos? 

La forma en la que Goose dijo «hombres de blanco» fue bastante desafiante, no obstante, enseguida encubrió su descontento.

—No estoy segura. También estaban tras de mí, pero, primero se llevaron a mi hija… ¡Oh!… ¡Oh, Mary…!

—Tiene mis condolencias —expresó Goose, sin estremecerse por la extraordinaria actuación de la señora Beriam mientras llamaba a sus subordinados—. A pesar de eso, temo que tendrá que acompañarnos.

La señora Beriam dejó el vagón comedor, dominada a punta de pistola por los hombres de Goose.

—Bien. Formen equipos de dos y tomen turnos para vigilar el vagón —ordenó Goose.

Dio la vuelta para marcharse, cuando escuchó el sonido del viento soplando a través del vagón. Siguió el sonido hasta una ventana abierta junto a una de las mesas. No tenía nada de raro, pero algo sobre ello molestaba la intuición de Goose. Con una pistola apuntó al hombre sentado cerca de la ventana.

—Tú. ¿Quién abrió la ventana?

— ¡Aah! —sorprendido por la repentina amenaza, el hombre emitió un sonido similar al de Jacuzzi y gritó—. ¡No! ¡No fui yo! ¡Fue la mujer con ropas de trabajo! 

— ¿Una mujer con ropa de trabajo?

— ¡Sí! ¡Cuando el tiroteo comenzó, abrió la ventana de súbito y trepó hacia afuera! ¡En serio! ¡Te estoy diciendo la verdad, por favor, no me dispares!

Goose no le hizo más preguntas al hombre y miró por fuera de la ventana. Justo arriba de él podía ver parte de la ornamentación sobre las paredes exteriores, a un brazo de distancia de la ventana. Ahí había una fila de superficies disparejas a lo largo de la pared, por lo que era posible escalar hacia el techo con algo de esfuerzo.

Una mujer con ropa de trabajo.

Goose la había visto antes, cerca del andén de carga. ¿Quién podría ser?

La añadió a una lista mental de elementos peligrosos y salió del vagón comedor sin armar un alboroto.

***

Al mismo tiempo en un casino clandestino de Nueva York.

— ¡Vamos, Firo! ¿No podrías hacer que las ruletas fueran más sencillas de ganar? 

—Lo siento, pero no deberías decir eso en el territorio de otra Familia, Berga.

Dos hombres se encontraban conversando en el lujoso y bullicioso casino. Uno de ellos era un robusto gigante, mientras el otro se trataba de un muchacho.

El gigante, de nombre Berga, era uno de los jefes de una pequeña Familia de la Mafia de Nueva York, los Gandor. Él y sus dos hermanos eran los líderes, a la vez que los jefes de la organización.

El muchacho, llamado Firo, era el ejecutivo más joven de la Familia Martillo, una organización de los llamados Camorra. De igual forma, tenía una amistad con Isaac y Miria.

Quepa mencionar, que Firo era el gerente de ese casino clandestino y, normalmente, sería impensable para Berga, jefe de otra organización, estar allí. Sin embargo, Firo y los hermanos Gandor habían crecido como una familia en el mismo bloque de apartamentos. Por supuesto, negocios seguían siendo negocios y las lealtades personales tenían que ser respetadas.

—Además, ¿por lo menos tienes el tiempo de estar paseándote por aquí? Escuché que ustedes casi están en guerra total con los Runorata —Firo mencionó el nombre de una Familia que recientemente había comenzado a expandirse en Nueva York.

—Como si no lo supieras ya. Estoy aquí porque alguien podría atacar en nuestro territorio. Y sé a ciencia cierta que los Runorata no tocaran a la Familia Martillo.

—No nos involucres, Berga. Solo vete a casa —dijo Firo, levantó la mano derecha de improviso y dio una señal.

Al momento siguiente, un grupo de hombres rodearon a un sujeto que había tenido una gran racha ganadora en la mesa de póker de la esquina. Uno de ellos le subió la manga al sujeto.

Varias cartas revolotearon hasta el suelo desde su manga.

El sujeto pronto fue llevado a la fuerza hacia una habitación pequeña, con la palabra angustia escrita sobre toda su cara.

—Tengo que llegar a casa temprano. Mañana recogeré a alguien en la estación de Pennsylvania, así que en verdad quiero descansar un poco, ¿sabes? Vete antes de que los Runorata averigüen que estás aquí, Berga.

Berga inclinó la cabeza.

— ¿Qué? ¿Tú también?

— ¿Eh?

—Mañana nosotros también iremos a la estación de Pennsylvania. Pensé que el deber de recogedor era nuestro trabajo.

— ¿De quién estás hablando?

— ¿De quién estás hablando tú? ¡Dijiste que ibas mañana! —Berga empezaba a enfadarse.

—Tranquilízate, Berga. Mañana recogeré a Isaac y Miria. Los conociste en mi fiesta de promoción el año pasado, ¿recuerdas? —dijo Firo.

— ¿Eh? Oh. ¡Oh! ¿Qué, esos idiotas?

—Habla por ti mismo… de cualquier caso, no pongas esa cara de miedo. ¿A quién vas a recoger tú? Dame un nombre.

Berga sonrió.

—Claire.

Los ojos de Firo se abrieron de par en par.

— ¿Claire? ¿Claire vendrá?

—El único e incomparable.

—Ya veo… Eso es bueno. Así que Claire les echará una mano… En ese caso, los Runorata serán historia —reflexionó Firo, motivado a predecir la derrota de los Runorata ante la mera mención de ese nombre.

—Desde luego, no podemos asegurar que vayamos a ganar.

— ¿A qué te refieres con que no puedes asegurar? ¿Quién no conoce el nombre de “Vino”? Si pierden con ese asesino a sueldo de su lado, no merecen llamarse competentes —susurró Firo. No era de sentido común pronunciar en voz alta el nombre de un asesino activo.

—Si hay una cosa con la que puedes contar de Claire, es su habilidad. ¡Ni siquiera un genio podría aparecer de la nada y matar a alguien cuando quisiera!

—Cálmate, cabeza de alcornoque. Pero aun así, Claire está en la cima cuando se trata sobre el juicio en las peleas y habilidades atléticas. Te hace preguntarte cómo es que brazos tan delgados pueden levantar tanto peso.

Parecía que el nombre de “Claire” era equivalente al concepto de “poder absoluto” entre estos dos. 

—Hey, no me digas, ¿Claire viene en el Flying Pussyfoot? —preguntó Firo de repente.

— ¡Sí! ¡Ese es! ¿Qué, entonces vienen en el mismo tren?

Inesperadamente Firo se quedó callado. Se detuvo por un momento, luego, levantó la cabeza.

—De hecho, Maiza dijo que también iría mañana —afirmó de forma indecisa, mencionando a su superior.

— ¿Eh? ¿Maiza recogerá a esos idiotas personalmente?

—No, a ellos no. En realidad, tiene a otro amigo en ese tren que vendrá a verlo —Firo dudó, entonces, masculló en voz baja—. Un viejo amigo suyo. Uno de los alquimistas que se  volvió inmortal hace doscientos años.

***

Ladd se dirigió al compartimiento del conductor para encontrarse con Lúa. Tenía que pasar por el vagón de tercera clase y los carros de carga si quería llegar allí y estaba seguro que los hombres de negro tendrían sometida la tercera clase.

Se divertía fantaseando con la forma en que mataría a los hombres de negro, cuando notó a alguien holgazaneando cerca del acoplamiento.

Ladd apuntó su rifle a la figura y dijo:

— ¡Alto ahí! No te muevas, amigo. ¿Te asustaste? ¿Qué haces perdiendo el tiempo por aquí?

Entonces, se dio cuenta que la silueta no era de los hombres de negro, sino del “mago” gris que vio cuando abordó el tren.

El mago se giró para observar a Ladd y habló sin una pizca de miedo, a pesar de la pistola frente a él.

— ¿No eres aliado de los hombres de negro?

Sin duda alguna, era la voz de un hombre.

—No —respondió Ladd, sin bajar el rifle. ¿Este hombre era amigo o enemigo?

—Subí al techo para tomar algo de aire fresco y cuando baje, habían tomado mi camarote.

Por la voz, Ladd sospechaba que el hombre tenía entre cuarenta y cincuenta años. No era joven, pero tampoco sonaba muy viejo.

El acoplamiento en este tren no tenía paredes o techos, solo un barandal para prevenir que se cayeran. Había unas escaleras de metal sobre la pared, cerca de las puertas del acoplamiento, por lo que cualquiera podía trepar al techo si así lo deseaba. 

El mago miró el cielo estrellado con una expresión de melancolía. Al ver su semblante, Ladd bajó el rifle.

—Oye. Señor Mago. Todos los camarotes de la segunda clase están libres. Usa la que más te guste.

En ese momento el mago rió por detrás del trozo de tela que cubría su boca.

—Gracias, mi buen hombre. ¿Mago, dices? Maravilloso. Claro, supongo que no dista mucho de mi verdadera profesión —dijo, conforme pasaba de largo con una bolsa negra en la mano.

— ¿Um? ¿Qué hay en la bolsa?

— ¿Te gustaría echarle un vistazo? No creo que te interese mucho —El mago dio la vuelta y la abrió.

En el interior había toda clase de botellas de medicina, extraños aparatos y libros escritos en un idioma que Ladd nunca había visto antes.

—Tienes razón. Prosigue… ¡Oh, cierto! Si uno de los chicos vestidos igual que yo intenta detenerte, diles que Ladd te dio permiso. Te dejaran pasar.

El mago asintió, cerró la bolsa y entró a uno de los camarotes de la segunda clase. Ladd lo observó irse.

— ¡Agh, maldita sea! ¡¿Qué pasa con esa mirada?! ¡Es como si no le importara cuando muriera! ¡Como si ya estuviera muerto! No puedo lidiar con tipos como esos —se quejó, luego, se acordó de Lúa y continúo caminando hacia el compartimiento del conductor.

—Por supuesto, si fuera una mujer, sería exactamente mi tipo.

Recordó los ojos de Lúa, apagados como los de un pez muerto, y miró el cielo desde el acoplamiento.

—El techo, ¿eh? Esto será divertido. 

***

En un camarote de primera clase.

Cuando Goose y los demás regresaron a su cabina con la señora Beriam a rastras, encontraron a Spike frente al telégrafo, algo intranquilo. Goose se tragó la urgencia de preguntarle de inmediato, preocupado de que la señora Beriam notara que estaban teniendo problemas. Fue sólo después de que la escoltaran a otro camarote que habló con Spike.

— ¿Qué está sucediendo?

—Pues, no hay nada malo con el telégrafo, pero perdimos contacto con los hombres del vagón de carga.

Tres hombres habían sido asignados para cuidar el equipo restante en el vagón de carga.

Goose envió una orden a ese vagón, pero, sin importar cuánto esperaran, no hubo respuesta.

—Tal vez los cabrones de blanco los tienen —sugirió Spike, mientras se rascaba la cabeza.

—No tenemos tiempo para suposiciones, Spike. Lo qué necesitamos es una imagen clara de la situación.

Goose envió a un nuevo grupo de tres a que investigaran el vagón de carga.

De un momento a otro, se percató de que Chane ya no se encontraba en su esquina de la cabina.

—Spike ¿A dónde fue Chane?

—Oh, creo que se fue a cazar algunos hombres de blanco. La vi recoger un par de armas de salida.

Chane, la fanática, aunque era un miembro de los Lémures, solo seguía las órdenes de Huey y de nadie más. Únicamente había dado su silenciosa cooperación en esta misión por el bien de la libertad de Huey. Inclusive, puede que considerara a Goose y a los otros simples peones para lograr su objetivo.

Él observó su alrededor, asegurándose de que Chane no se encontrara cerca para escucharlos, y le reveló la verdad a Spike.

—Tenemos que lograr que haga tanto de nuestro trabajo como sea posible. Al fin y al cabo, no vivirá hasta mañana por la tarde.

***

Una pareja caminaba por el vagón de la segunda clase. Las luces estaban encendidas, pero se encontraban incómodos por la abrumadora oscuridad del mundo exterior.

—Está tan oscuro aquí que me estoy poniendo nervioso —advirtió débilmente Isaac.

— ¡Está frío! ¡Y tenebroso! —concordó Miria en silencio pero con energía.

— ¿Qué? ¡Todo está bien! ¡No tengo frío, ni estoy asustado! ¡Así que no te preocupes y sígueme, Miria! —alardeó Isaac, haciendo un cambio radical de actitud.

— ¡Wow! ¡Eres tan confiable, Isaac!

Nadie reaccionó a su conversación. Solo el silencio envolvía el corredor.

—Está muy tranquilo. Como si nadie estuviera cerca. ¿Me pregunto a dónde fueron todos los hombres de blanco de la segunda clase?

— ¡Solo hay un camino hasta el final del tren!

—Quizá el Rail Tracer ya se los llevó.

Miria dejó escapar un ahogado chillido en respuesta.

— ¡Será mejor darnos prisa…podré estar armado, pero ni siquiera un boxeador profesional puede vencer al Rail Tracer!

— ¡Es un monstruo invencible! ¡Como Frankenstein o el Conde Drácula!

—Miria, Frankenstein es el nombre del científico, no del monstruo.

— ¿En serio? Entonces, ¿cómo se llama el monstruo?

—Eh… Creo que era… ¿Mary Shelley? Si no mal recuerdo su nombre completo era Mary Wollstonecraft Godwin Shelley[1].

— ¡Eres tan listo, Isaac! Pero, ¿“Mary” no es un nombre de niña? 

— ¡Hay muchos hombres allá fuera con nombres femeninos! Además, ¡no hay forma de saber qué tipo de nombre tendría un monstruo! —declaró Isaac triunfalmente. 

Su afirmación fue respondida por el sonido de los disparos de una ametralladora.

— ¿Eso vino de la tercera clase?

— ¡No, debe haber sido más lejos! ¡Supongo que del vagón de carga! 

***

De súbito, la voz de un hombre salió de la radio en la cabina de Goose.

«¡-da! Aquí-» un molesto ruido de interferencia «vagón de carga» otro molesto ruido de interferencia «¡Aquí el vagón de carga! ¡Por favor, que alguien responda!»

Había tanta estática que Spike se apresuró a contestar. Usualmente se comunicaban por telégrafo, por lo que al recibir una transmisión de radio solo podía significar que se trataba de una seria emergencia.

—Aquí Spike. ¿Cuál es la situación?

«¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Envíen refuerzos de inmediato! ¡Los otros dos están muertos! ¡Bueno, simplemente desaparecieron así que no lo puedo asegurar, pero se han ido! ¡Se esfumaron!» — ¿¡Qué!? ¿¡Contra quién te enfrentas!? ¿¡Son los hombres de blanco!?

«¿Hombres de blanco? ¡No! ¡No lo es! ¡Esta cosa no puede ser humana! ¡No pude verlo bien, pero…esta cosa es un monstruo! No puedes vencer…a esta…cosa…»

— ¡Hey! ¿¡Qué está sucediendo!? ¡Respóndeme! 

La voz de la radio se escuchaba más y más distante. Daba la apariencia de que su aliado se enfrentaba a su adversario de espaldas a la radio.

«No…aléjate…no, no, no, no, no… ¡NO!»

El sonido de los disparos de la ametralladora fue transmitido por la radio. Salían de las bocinas como una mezcla desordenada de ruidos, rasgando la atmosfera del camarote de la Primera Clase.

Spike inconscientemente colocó las manos sobre sus orejas, pero, para entonces, los disparos habían cesado.

En ese momento, escucharon algo siendo arrojado al suelo, seguido de un quedo gemido que se desvaneció en segundos.

La quietud en ambos extremos de la radio agobiaba a los hombres de negro.

De vez en cuando, el silencio era roto por algo que se asemejaba a pasos sobre un charco.

Spike y los otros tenían la certeza de que no se trataba de un estanque de agua; sino de la sangre derramada del hombre con el que el mismo Spike había estado hablando.

Algo estaba caminando sobre el charco; la cosa que acababa de asesinar a uno de ellos. El ser al otro lado de la radio, quien daba a conocer su poderosa presencia solamente por medio del sonido, se convirtió en un miedo muy real en las mentes de los terroristas.

—Que alguien traiga de vuelta a los hombres que acaban de partir hacia el vagón de carga —dijo Goose con seriedad, contrarrestando el silencio.

Había alguien más aparte de los hombres de blanco interponiéndose en su camino. Goose golpeó la pared con el ceño fruncido.

No obstante, algo le molestaba; algo acerca de la posible identidad del “monstruo”  en el otro extremo de la radio. Desde luego, no tenía pruebas que lo respaldaran.

Esa mujer en ropa de trabajo que desapareció del vagón comedor… 

***

Mary Beriam se encontraba en el interior de un armario para artículos de limpieza del cuarto de aseo en la segunda clase, quieta como un ratón.

—Iré a revisar los otros vagones, así que escóndete aquí hasta que regrese, Mary. Tienes que permanecer aquí, ¿está bien? No te preocupes, regresaré pronto —dijo Czes mientras se marchaba. Mary sentía que su corazón iba a estallarle del terror.

Después de un momento, escuchó una voz desde el corredor; una animada y alegre voz que no encajaba con la situación en cuestión. Se trataba de Isaac. Tras haberse cerciorado de la identidad de la voz, Mary se preguntó si debía salir del armario de limpieza.

Cuando, de buenas a primeras, escuchó disparos de ametralladora a lo lejos. Estaba demasiada asustada como para moverse. Tenía tanto miedo que ni siquiera podía gritar por ayuda.

La voz de Isaac pronto se desvaneció.

***

— ¿Por todos los cielos qué sucedió aquí?

— ¡Whoa! Jacuzzi ¿Qué está…pasando?

El compartimiento del conductor se había convertido en una auténtica carnicería. Un par de voces familiares hablaron con el anonadado Jacuzzi.

Cuando reconoció a sus amigos, los ojos de Jacuzzi mostraron alivio.

—Todos están bien… Me alegro tanto de que estén a salvo… Tenía mucho miedo… Menos mal.

—Donny y yo, en todo caso.

— ¿Eh? Entonces, ¿qué hay de Nick y Jack?

Nice agachó la cabeza con preocupación.

—Fueron capturados. ¿Te acuerdas de la orquesta de negro? Posiblemente también sean ladrones de trenes.

— ¿Qué? — tartamudeó atónito.

—Jack atrapado… Las personas de blanco atrapadas… También Nick atrapado.

—Um… ¿eh?

Nice explicó la situación: inicialmente, Jack entró a la bodega de carga, diciendo que ataría a los vigilantes.

La orquesta estaba usando el primero de los tres vagones de carga, lo que daba a entender que el botín tras el que iba la pandilla de Jacuzzi, se encontraba en el segundo o tercer vagón.

Nice y Donny esperaron a Jack en el segundo vagón de carga, pero Jack no regresó.

Salieron para ver qué había sucedido, y observaron cómo Jack abandonaba la bodega de carga atado. Los hombres de negro aparecieron detrás de él, provistos de ametralladoras.

—Jack y los hombres venían en nuestra dirección, de modo que nos ocultamos en un rincón. Lo lanzaron dentro de la bodega del segundo vagón de carga.

—Dos hombres. Con ametralladoras. Entraron al pasillo. Un hombre y una mujer de blanco vinieron… y fueron capturados. Nick llegó al final y lo atraparon. Fin.

— ¡No lo termines así! ¡Entonces, ¿qué pasó?! ¿Nick y Jack se encuentran bien?

—Tranquilízate. En estos momentos, uno de los tres hombres está vigilando a todos los rehenes. Eso significa que siguen con vida, así que deberían estar bien.

Al principio, Nice y Donny se preocuparon de que Jacuzzi también hubiera sido capturado. Permanecieron en el mismo lugar por un rato para ver que podían hacer, luego, determinaron que el hombre de negro no tenía intenciones de moverse de su puesto. Entonces, decidieron revisar el compartimiento del conductor.

—Y así fue como llegamos aquí para encontrarte con este desastre. ¿Qué sucedió aquí, Jacuzzi? No te preocupes. Sabemos que tú no lo hiciste.

—Gracias, Nice… Pero, ¡Esto es terrible! ¡El Rail Tracer! ¡El Rail Tracer está aquí! ¡Tenemos que escapar de aquí o también nos atrapará! ¡Rápido! Tenemos que salvar a Nick y Jack y hacer una ruta de…

De repente, se escucharon los disparos de una ametralladora a lo lejos.

— ¿Disparos?

El único ojo de Nice se dilató por debajo de sus anteojos.

— ¿Qué está pasando? ¿Qué fue ese tiroteo? ¿¡A qué le estaban disparando!? ¿Quién murió? ¿¡Eh!?

¿Qué podrían significar estos disparos? Toda clase de posibilidades se hicieron presentes ante la imaginación de Jacuzzi, obligándolo a deducir todo tipo de conclusiones.

—… Aaah… Niiice… Donny…

Su cerebro lo apremiaba a que escapara; que dejara este tren tan pronto como fuera posible. Pero, su corazón lo dirigía a una conclusión completamente diferente.

Jacuzzi podía imaginar los rostros de Jon y Fang. Recordó a Isaac, Miria, Czes, la familia Beriam y las caras de las personas que había visto al pasar por el carro comedor. Superponiéndose a estas imágenes, contempló frente a él los cuerpos inertes de los conductores sobre el suelo.

Antes de darse cuenta, Jacuzzi se tragó la idea de escapar y tomó una decisión diferente.

—Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para librar al tren de esos hombres de negro y del Rail Tracer…— con la voz temblando, ordenó—… ¿Eh? ¿Qué estoy diciendo? No, no, deberíamos estar huyendo, pero… pero…

Eran un grupo de delincuentes incurables. Vendían licor ilegalmente y mataban personas; lo cual no se excusaba por el hecho de que los hombres que asesinaban pertenecían a la mafia.

Ya eran criminales irredimibles y todo esto había sido culpa suya.

Sin embargo, Jacuzzi siempre había actuado con las mejores intenciones. Pensaba que la Prohibición, oponiéndose al licor, estaba mal; y no le gustaba que la mafia se aprovechara del sistema para amasar fortunas y cometer homicidios a diestra y siniestra. Fue por eso que decidió fabricar personalmente licores deliciosos y accesibles para vender a las personas.

Antes de que se diera cuenta, estaba rodeado por un grupo de delincuentes que lo llamaban su líder.

Cuando sus amigos fueron asesinados, respondió ferozmente contra la Familia Russo. Y la otra noche, aunque no pretendía hacerlo, terminó vengando la muerte de sus amigos.

Jacuzzi abordó este tren con el propósito de robar cierta carga del Flying Pussyfoot. Este cargamento, que Nice también quería, era seguro para vender siempre y cuando el interior fuera desechado. Y no solo eso, era peligroso permitir que el cargamento llegara a Nueva York.

Si alcanzara su destino, la carga posiblemente causaría la muerte de muchas personas. Jacuzzi no podía quedarse de brazos cruzados y dejar que esto sucediera. Sabía que estaba siendo un irremediable hipócrita, pero temía que al aceptarlo se convertiría en un ser humano despreciable.

Y ahora planeaba arrastrar a sus amigos en un acto de hipocresía aún mayor.

Quería salvar a los pasajeros. Era una idea tonta e infantil para el líder de un grupo, que debería tener el bienestar de sus subordinados sobre todo lo demás.

No obstante, sabía muy bien que Nice y Donny lo respaldarían con una sonrisa. La idea de abusar de su confianza le producía náuseas, pero Jacuzzi no titubeó.

Ya era un criminal que había violado la ley y matado personas. ¿Qué más tendría que perder por unos cuantos actos más de hipocresía?

Terminó de poner excusas. Jacuzzi sabía mejor que nadie que ninguna persona aceptaría pretextos tan débiles, fue por eso que la excusa fue dirigida directamente hacia él mismo. Comprendía que era una idea egoísta, pero no le importó.

Al final, seguía siendo un criminal.

Tras un momento de silencio, dio a conocer su decisión. ¿Cuánto valor necesitó para expresar con palabras algo que un llamado “Guerrero de la Justicia” sería capaz de anunciar en un abrir y cerrar de ojos? Las lágrimas corrían por su rostro, pero no había ni un atisbo de miedo en los ojos de Jacuzzi.

—Los derrotaremos nosotros mismos. Tanto a los hombres de negro como al Rail Tracer.

La renuencia desapareció de la expresión de Jacuzzi. Su mirada penetrante se convirtió en la combinación perfecta para el tatuaje sobre su cara.

Esperó la aprobación de Nice y Donny, luego, abandonó la cabina cubierta de sangre.

El tatuaje demoniaco que le cubría el rostro se encontraba bañado con lágrimas cálidas. 

***

Mary continuaba inmóvil en el armario de limpieza.

Había pasado un tiempo, pero todavía no había señales de que Czes regresara.

Quizá lo atraparon.

Su miedo aumentó en la completa oscuridad conforme sus lágrimas recorrían sus mejillas.

De pronto, escuchó el sonido de pisadas acercándose desde el pasillo. ¿Podría ser Czes o Isaac?

Mary intentó colocar la oreja contra la pared para oír más de cerca; pero, accidentalmente derribó un trapeador en el proceso.

El pequeño pero distintivo sonido retumbó por el armario.

El sonido fue tan claro que Mary creyó que su corazón le explotaría.

Por el amor de Dios, no dejes que esa persona lo escuché.

Su deseo, en cambio, no fue escuchado. Los pasos se detuvieron.

De pronto, escuchó la puerta del baño abrirse. La persona probablemente no sabía el lugar exacto del que había provenido el ruido. Esto descartaba la posibilidad de que se tratara de Czes.

Desde el fondo de su corazón surgió el miedo. Las lágrimas se desbordaron de sus ojos y, Mary no quería hacer otra cosa más que gritar y salir corriendo.

No obstante, enterró tales pensamientos y desesperadamente se esforzó por mantenerse quieta. Recordó el rostro de su madre y espero a que el tiempo pasara.

Pero, eventualmente el tiempo le trajo un destino cruel.

Los pasos enfrente del baño poco a poco se acercaron en su dirección, deteniéndose justo frente al armario.

No había ninguna forma de cerrar la puerta del armario. La mera acción de girar la perilla despojaría a Mary de su escudo.

Estoy bien. Estoy bien. Además, podría ser el señor Isaac. O quizá el señor Jacuzzi. O incluso mamá… tal vez es mamá. Tiene que serlo, mamá está aquí para recogerme. Por favor, mamá… mamá…

En la mente de Mary, la persona al otro lado de la puerta no podía ser otra que su propia madre. La desesperación dio lugar a la esperanza, y ya no podía imaginar otra situación.

La puerta lentamente se abrió.

Mary quería llamar a gritos a su madre y lanzarse fuera del armario de limpieza, pero no pudo hacerlo.

La mano que apareció entre la puerta y el marco le pertenecía a un hombre. Al seguir la mano enorme, Mary observó una manga blanca como la nieve.

Las fantasías edificadas por Mary comenzaron a derrumbarse. El ruido de la destrucción cedió a la de sus gritos; pero, en ese momento, su boca fue cubierta por la mano de un hombre de blanco.

— ¡Te encontré!

El hombre con los ojos ojerosos sonrió maniáticamente mientras tiraba de la puerta para abrirla.

— ¡Ahora, no grites! ¡Me siento un poco mal por Ladd, pero creo que me quedaré con esta niña!

Mary se resistió con todas sus fuerzas, pero el hombre de blanco era más fuerte que la mayoría de los otros adultos. No obstante, Mary desesperadamente intentó liberarse. 

— ¡Deja de forcejear! ¡Te echaré por la ventana antes de que Ladd me atrape! —El hombre trató de sacarla del armario de limpieza—. ¡No soy como Ladd! ¡A mí solo me gusta matar a personas que son más débiles que yo!

La risa del hombre de repente se detuvo. Se quedó inmóvil por un momento y Mary sintió que su agarre se debilitaba. Ella aprovechó la oportunidad para empujarlo hacia delante; el hombre cayó al suelo sin oponer resistencia.

Una mancha roja se esparció por el pasillo mientras el cuerpo del hombre yacía con los brazos extendidos frente a Mary. Lentamente alzó la vista, ignorando lo que acababa de suceder.

Ahí, de pie, se encontraba una mujer. Mary gritó ahogadamente.

La mujer llevaba un vestido negro. Sostenía un cuchillo, de cuya hoja goteaba sangre.

Pero, eso no fue a lo que Mary le temía. Había alcanzado a divisar un brillo inexplicable y aterrador en los ojos de la mujer.

Mary terminó mirando directamente a los ojos, profundos y puros de Chane, la mujer del vestido negro.

Desafortunadamente, Mary pronunció un nombre completamente diferente. En su estado actual, no podía ver la apariencia de Chane como la de alguien más que la de cierto monstruo. —El… El Rail Tracer…

***

—Está bien.  Primero, nos encargaremos de los guardias. Yo haré de cebo y los atraeré hacia afuera, entonces, ustedes dos saltaran sobre él tan pronto salga por la puerta.

—Sí. Déjalo. A nosotros.

Se encontraban en el pasillo por fuera de la bodega de carga donde Jack y Nick estaban siendo recluidos. Jacuzzi llamó a la puerta.

Si lo que Nice y Donny vieron era cierto, solo debería haber un hombre custodiando la bodega. Jacuzzi se alejó dos pasos de la puerta y esperó apoyado en la ventana.

Pero, sin importar cuánto esperara, no hubo respuesta. Tal vez, ¿necesitaban una especie de código? Jacuzzi se acercó a la puerta y llamó nuevamente. Seguía sin haber réplica.

Entonces, Jacuzzi respiró profundamente y sujetó la perilla. La puerta se abrió, rechinando, con bastante facilidad.

La bodega de carga estaba levemente iluminada. Había dos perfiles en la esquina. Uno de ellos estaba en cuclillas como si estuviera herido, mientras que el otro observaba en dirección a la puerta, atado con cuerdas.

— ¿Eh? ¿Eres tú, Jacuzzi?

— ¿Nick? Me alegro tanto de que estés bien —La alegría de Jacuzzi pronto se convirtió en preocupación. Cuando se dio cuenta de que Jack, agachado a un lado de Nick, lucía un rostro ensangrentado—. ¡Jack!

—No te preocupes. No va a matarlo —Nick agachó la cabeza furioso.

— ¿¡Cómo quieres que no me preocupe!? ¿Qué les paso, chicos?

—Eso es lo que me gustaría saber. Dejando a un lado los hombres de negro, ¿qué le pasa a ese lunático de traje blanco?

Nick explicó lo que sucedió después de que fuera capturado por los hombres de negro.

Cuando lo metieron a la fuerza en la bodega de carga, se percató de que varias personas habían sido traídas aquí antes que él.

— ¡Jack!

— ¿Oh, también te atraparon, Nick?

Uno de los tres detenidos era su amigo Jack. Los otros dos eran un hombre y una mujer, ambos vestidos de blanco.

Las personas de blanco no quisieron decir nada, a pesar de lo mucho que intentó hablar con ellos. Nick renunció y trató de conversar con Jack, pero se reprimió cuando notó que el guardia, armado con una ametralladora, mantenía una estrecha vigilancia sobre ellos.

Después de un tiempo, el guardia abrió la puerta y salió. Probablemente fue a cambiar de turno con uno de sus aliados.

Pasó un buen rato y nadie entró. Mientras tanto, Nick y Jack, se esforzaban para desatarse, la puerta se abrió de golpe.

En la confusión levantaron la vista y observaron a un hombre vestido de blanco. O mejor dicho, llevaba puesto un traje blanco con manchas rojas por todas partes.

— ¡Gracias! ¡Jódete! ¡La estrella está aquí! —Gritó el hombre descaradamente e hizo una extraña pose conforme entraba a la habitación, culminando con una pirueta— ¿Um? ¿Qué pasa? ¿Qué es esto? ¡No hay guardias, ni nada! ¡Qué aburrido! ¡Como sea, estoy tan feliz de que estés bien, Lúa!

— ¿No te preocupaste por mí para nada? —habló por primera vez el hombre de blanco atado. En tanto, la mujer murmuró un «Gracias» casi inaudible. 

Nick y Jack sonrieron el uno al otro, aliviados por este golpe de buena suerte. Sin embargo, el hombre de blanco solo desató a su compañero y a la mujer, después intentó marcharse.

— ¡Oye! ¿No vas a soltarnos también, amigo? 

El hombre se giró en la dirección de Nick y Jack con una mirada de confusión.

— ¿Um? ¿Por qué debería hacerlo? ¿Qué gano yo si los desato? ¿Piensan hacer algo por mí? ¡Si fueran mujeres, les pediría un beso! ¡Pero son un par de chicos! ¿Por qué simplemente no se mueren? ¡Tal vez si mueren, a cambio, un par de mujeres nacerán en este mundo! Así que solo muéranse, ¿está bien? Porque ese es su destino ¡Y si intentan meterse con el destino, morirán!

El hombre dio vueltas sobre su propio eje y los apuntó con el dedo sin compasión. Jack, con la cara roja de ira, fue provocado y levantó la voz.

— ¡Cierra el pico, hijo de puta! ¡Desátanos, ahora!

El hombre emocionado ni siquiera intentó replicar y caminó tambaleándose hacia la salida con sus amigos.

— ¡Detente ahí, pedazo de mierda! ¡No he terminado de hablar contigo!

—Ya es suficiente, Jack, intentemos soltarnos por nuestra cuenta.

Fue en ese preciso instante, en el momento en que Nick pronunció el nombre de Jack, que una cara se asomó a través de la puerta de la bodega de carga. Se trataba del hombre extraño que acababa de salir hace poco.

— ¿Um? ¿Qué sucede? ¿Acaso escuché el nombre de “Jack”?

Lo saltó y rápidamente desamarró a Jack.

— ¿Qué tramas? —preguntó Nick, pero el hombre solo observaba a Jack.

—Con que te llamas Jack, ¿eh? ¡Qué interesante! ¡Por fin ha llegado la hora de ver si todos los Jack son buenos boxeando o no! ¡Comencemos!

Justo cuando el hombre anunció verbalmente el inicio de la contienda, le lanzó un fuerte puñetazo a la cara de Jack.

—Después de eso la cosa se puso fea. Continuó golpeando a Jack todo el tiempo… hasta que oímos disparos provenientes del vagón de enfrente y finalmente se detuvo.  

Cuando escuchó los balazos, el hombre de traje blanco con manchas transformó su rostro en una sonrisa y salió corriendo en dirección a los disparos.

—Jack pudo haber muerto si no se hubiese detenido —masculló Nick. Jacuzzi comprobó el rostro de Jack una vez más.

Respiraba con dificultad y su cara estaba tan hinchada que era imposible decir de qué color eran sus ojos.

Jacuzzi estrechó los ojos y apretó los puños. Nick se alejó un paso de él y le susurró a Nice y Donny:

—Oigan. ¿No me digan que Jacuzzi se está poniendo serio?

Nice asintió y dijo en voz baja:

—Sí. No lo había visto así desde que la Familia Russo mató a ocho de nuestros compañeros.  

—Ese fue un altercado bastante fuerte.

—Derribó a más de dieciocho simpatizantes de los Russo en un día. Y lloró durante todo el transcurso.

Fue por eso que el rostro de Jacuzzi se hizo conocido y lo que provocó que se esparcieran los carteles de «Se busca» entre la Familia Russo. Únicamente regresó a su antiguo yo cobarde después de los funerales de sus amigos asesinados. 

Ya que fueron incapaces de encontrar tumbas apropiadas para ellos, cavaron en un lote vacío del cementerio. Era un mejor final, al menos, que tener que enterrarlos bajo el entablado como lo hacían las personas en los barrios pobres. Varios días después, trajeron a un sacerdote que conocían para que sostuviera un funeral sencillo para sus amigos. Hasta entonces, Jacuzzi recobró su miedo y se disculpó con sus amigos por medio de una reverencia.

—No luce tan molesto como antes; pero, ¿sucedió algo?

—Pues… Luego te lo explicó.

Jacuzzi ya había salido, así que no tenían tiempo para charlar. Nick apoyaba a Jack sobre sus hombros, sin importarle que su ropa se estuviera empapando de sangre.

—Espera. Yo lo haré. Cargaré a Jack.

Donny cargó a Jack en su lugar y los delincuentes abandonaron la bodega de carga.

En ese momento, Jacuzzi notó que el ancho de la bodega de carga era demasiado angosto para coincidir con la longitud del vagón. También se dio cuenta de que el color de la pared trasera era ligeramente diferente a la del piso y el techo.

Ahora estaba seguro de que su objetivo se ocultaba dentro de estas paredes.

— ¿Qué sucede, Jacuzzi?

—No es nada, Nice. Vamos.

Jacuzzi no dio a conocer su descubrimiento; a final de cuentas, todavía estaban a tiempo, y ahora mismo tenían otro trabajo que hacer.

Sin embargo, comprendía que, dependiendo de las circunstancias, a la larga tendría que regresar por el cargamento secreto; una enorme cantidad de un nuevo modelo de explosivos y las bombas refinadas para ellos.

***

— ¿Qué tal esto? ¿Qué piensas? ¿No es encantador? Excitante, ¿no? ¿Oh, qué demonios? ¡Maldita sea! ¡Pude haber entrado normalmente en lugar de por el techo!

Ladd estaba bailando en el pasillo frente a la puerta del primero de los tres vagones de carga.

— ¿Qué sucedió…?

Los ojos negros de Lúa se apagaron aún más. Miraba directamente el interior de la bodega de carga, por detrás de la puerta abierta.

De pronto, escucharon un grito desde el final del corredor.

— ¡Ahí! ¡Los veo!

Nice y Jacuzzi trataron de evitar que Nick gritara, pero fue demasiado tarde. Ambos se pusieron en guardia, pero los hombres de blanco simplemente miraban en su dirección, nada más.

— ¿Qué pasó con los hombres de negro?

 Jacuzzi y los demás caminaron con cautela hacia los hombres de blanco. Tenía pensado preguntarles la razón por la que atacaron a Jack y dependiendo de la respuesta, incluso recurriría a la violencia.

Pero las palabras de Ladd detuvieron sus planes.

— ¡Vaya! ¿Así que el pequeño Jack estaba con ustedes? ¿Sigue con vida ese perdedor que intentó luchar contra una ametralladora usando una toalla, Jacuzzi Splot? —preguntó Ladd tan pronto como divisó a Jacuzzi.

— ¿¡Eh!?

Jacuzzi estaba sorprendido. ¿Cómo sabía su nombre este hombre?

— ¿Um? ¿Dónde están mis modales? Soy Ladd Russo. Y eso debería decirte exactamente cómo es que conozco tu nombre. ¡Y si con eso no te das una idea, eres un completo idiota, pero supongo que eso también es muy divertido a su manera!

— ¡Russo…!

Jacuzzi y los otros se tensaron. No sabían de qué forma este hombre estaba relacionado con el Don, Plácido, pero no había ninguna duda sobre su asociación con el enemigo.

— ¿Qué, me reconociste? Qué lástima. Esperaba divertirme un poco. Ah, bien. Entonces, ¿por qué estás en este tren, en cualquier caso? ¿Qué te hace creer que eres lo suficientemente bueno para este lugar? Vamos a adueñarnos de la maldita cosa, ¿sabes? ¡Asesinaremos casi a la mitad de los pasajeros; o tal vez a todos ellos! ¡Si no quieres que te matemos, solo salta y muere! ¡No te metas en nuestro camino! —replicó Ladd moviendo las manos como si espantara a un perro.

Un claro sonido de un chapoteo se escuchó fuerte y claro, interrumpiendo a Jacuzzi antes de que pudiese hablar.

—¿Um?…

El sonido se produjo justo cuando Ladd ahuyentó a Jacuzzi.

Las ondas propagándose bajo los pies de Ladd explicaban todo lo relacionado con el sonido. 

Un charco de un líquido rojo se filtraba desde el interior de la bodega de carga. Era la misma escena que la del compartimiento del conductor.

— ¿Te da curiosidad esta habitación? ¿Por qué no le das un vistazo? Si es que tienes las agallas para hacerlo, de todas formas —Ladd rió con disimulo, tratando de provocarlo. Pero la pandilla de Jacuzzi permaneció quieta—. Precavidos, ¿no? Dicen que ser cauteloso y cobarde son dos cosas diferentes; pero ¿no ser cauteloso significa que eres un cobarde también? ¿Cuál eres tú? 

Ladd soltó una carcajada. Jacuzzi le devolvió la mirada con frialdad.

—No tenemos tiempo para enfrentarlos en este momento. Pero me aseguraré de que pagues por esto más tarde.

—Bastante atrevido, ¿no te parece, pequeño llorón? Eres una persona completamente diferente a la de antes. ¿El conductor te molestó antes de venir aquí?

—Ambos conductores están muertos. No fue obra tuya, ¿verdad? —preguntó Jacuzzi.

Ladd y los demás claramente reaccionaron.

— ¿Están muertos? ¿Ambos?

—Así es.

— ¿Los dos? ¿No había nadie más ahí?

—¿Eh?

Jacuzzi frunció el ceño. ¿Por qué Ladd estaba siendo tan específico sobre este punto?

—Vamos… iremos al compartimiento del conductor —dijo Ladd a sus dos amigos y caminó en dirección de Jacuzzi.

Jacuzzi y los otros se tensaron. Nick sacó su cuchillo y Nice extrajo una pequeña bomba junto a un encendedor Zippo. Sin embargo, Ladd metió las manos en sus bolsillos y pasó justo a un lado de ellos con el desinterés marcado en los ojos.

—Tienes suerte. No tengo tiempo para ti ahora mismo.

La emoción de Ladd se había desvanecido. El tono de su voz sonaba casi inquieto.

En el momento en que la banda de Ladd salió por completo, Nick tomó la palabra:

—Oye, Jacuzzi. ¿Los dejaremos ir así como si nada?

—Sí. Está bien. Tenemos otros asuntos que atender primero.

Jacuzzi tenía problemas en creer que Ladd realmente cumpliera su amenaza de asesinar a todos los pasajeros y decidió priorizar la derrota de los hombres de negro y del Rail Tracer.

La sangrienta bodega de carga frente a ellos, de igual forma, preocupaba a Jacuzzi.

No obstante, en cuanto entró por la puerta, Ladd les gritó desde el otro extremo del vagón, a punto de salir del acoplamiento.

— ¡Y solo para que lo sepan, no fuimos los responsables de ese desastre!

Jacuzzi, sin decir una palabra, dio media vuelta y caminó sobre la alfombra manchado de sangre. Contemplando la escena.

Al principio, Nick pensó que un barril de vino se había derramado en la bodega de carga.

Jacuzzi y los demás, entre tanto, habían visto una escena muy similar en el compartimiento del conductor. Por lo que no tuvieron problemas en reconocer el acto.

 La habitación estaba empapada de sangre. La luz incandescente reflejada en la piscina carmesí emitía un destello espectral, provocando que la sangre sobre el suelo luciera algo embriagadora. Pero la embriaguez de inmediato se transformó en terror al apreciar el objeto en medio de la habitación.

La cosa que yacía en el centro de la habitación vestía un esmoquin negro.

Ya no era más un ser humano, sino un objeto; algo más que las inmensas cantidades de sangre fue suficiente para decírselo. 

Al cadáver del hombre de negro le faltaba toda la parte baja del cuerpo.

 La incisión de ninguna forma podría llamarse limpia. De hecho, más bien parecía que el hombre literalmente había sido partido en dos. Nick permaneció en silencio por un momento, luego pegó carrera hacia la ventana del pasillo.

Escucharon la ventana abrirse y el ruido de un profundo vómito. Jacuzzi y Donny contemplaron el cuerpo, mientras que Nice, con su único ojo, evaluaba el área detenidamente. El cargamento de la orquesta estaba amontonado en grandes pilas en ambos lados de la habitación y varios de los contenedores se encontraban abiertos. Una extraña maquina fue colocada encima de las cajas, pero era imposible saber para qué se utilizaba.

Sin embargo, en el instante en que Nice alzó la vista, su ojo se detuvo en seco. —Jacuzzi…

Al llamado de Nice, Jacuzzi vio alrededor. Los ojos de Nice estaban fijos en el techo.

A su vez, Jacuzzi levantó la mirada y retrocedió.

Sobre el techo había una mancha de sangre que no era nada comparado con la atrocidad en el suelo. Sin embargo, el problema era el hecho que tal cantidad de sangre llegará al techo en primer lugar.

Sería imposible para un cadáver expulsar ese tipo de sangre desde el suelo.

Lágrimas se deslizaban por el rostro de Jacuzzi, pero ya no le temía al Rail Tracer. Aun así, se encontró a sí mismo con los nervios de punta ante la visión de las cosas que este monstruo era capaz de hacer.

El techo manchado de sangre no era la única curiosidad sobre esta habitación.

Había una enorme puerta corrediza al otro lado de la habitación, que se usaba para subir el cargamento al tren directamente de la plataforma, y actualmente se encontraba medio abierta.

El paisaje fuera de la puerta estaba sumergido en la oscuridad, dando la sensación de que hubiera un gran hueco en la pared.

Ahora mismo, el tren atravesaba un bosque y la tenue luz de la luna concedía un resplandor espeluznante a los árboles que pasaban, otorgándoles la apariencia de manos que se acercaban hacia el hueco.

Aún más extraño, eran las huellas en el suelo.

 No todo el piso estaba cubierto por la sangre. Había partes del suelo que conservaban su color original, sobre las cuales había un conjunto de huellas rojas.

En un principio, Jacuzzi creyó que Ladd y los otros pudieron haber deambulado por la habitación; no obstante, pronto descartó la idea.

Las huellas claramente conducían a una dirección.

Tras caminar por toda la habitación, el dueño de las huellas salió de esta habitación, sin ninguna preocupación, a través de la puerta que transportaba al tenebroso mundo exterior.

Nick finalmente recobró algo de tranquilidad, después de devolver el contenido de su estómago.

Sin embargo, cuando estaba a punto de regresar con sus amigos, notó algo con el rabillo del ojo. Avistó algo rojo más allá de la puerta que llevaba al acoplamiento en la parte delantera del vagón.

—Hey, ¿chicos? Vengan aquí un momento.

Jacuzzi y los demás podían saber por el tono inquieto de Nick y su semblante pálido que algo andaba mal.

Con cuidado salieron hacia el pasillo y encontraron a Nick bañado en sudor.

—Creo que hay algo por allá, cerca del acoplamiento más adelante. 

Jacuzzi y compañía de repente cayeron presas de una sensación escalofriante. Se sintieron como si algo los observara desde el mismísimo acoplamiento que Nick había apuntado.

—Miraremos a la cuenta de tres… ¡Uno, dos, tres!   

Todos a excepción de Jack, que estaba en el hombro de Donny, observaron hacia el acoplamiento y lo vieron fugazmente; la aparición de una criatura roja moviéndose desde el acoplamiento hacia un costado del tren.

La cosa se había desplazado fuera de su vista. Fue demasiado rápido como para que la pandilla de Jacuzzi distinguiera su forma, pero ahora estaban seguros de que “algo” rojo deambulaba por el tren.

Jacuzzi y los otros salieron con cautela hacia el acoplamiento, pero no pudieron ver nada.

Todavía no lo veían, incluso en el vagón justo antes del carro de la Tercera Clase. 

—A lo mejor trepó al techo.

La pandilla de Jacuzzi intercambió miradas entre ellos y asintieron, luego, escalaron al techo del vagón.

—No puedes subir aquí con Jack, así que ve por el corredor, Donny. Ten cuidado con los hombres de negro, ¿está bien?

—Bien. Déjalo. A mí.

Donny confirmó, después, se dirigió hacia el pasillo.

—Espéranos en el siguiente acoplamiento, ¿sí, Donny? —dijo Jacuzzi desde el techo, mientras comenzaba a moverse hacia delante contra los fuertes vientos.

***

— ¿Qué pudieron ser esos disparos?

Isaac y Miria caminaban con cautela por los corredores.

Solamente existía un vagón de Tercera Clase en este tren. Y una gran silueta permanecía de pie delante del dúo, que había abierto la puerta para entrar al vagón.

Se trataba de un hombre gigante de piel morena con un muchacho cubierto de sangre sobre sus hombros.

Donny avanzó a pasos agigantados el corredor del vagón de la Tercera Clase. Las cosas habían ido bien hasta ahora, pero no podía bajar la guardia.

Sin embargo, en el instante en que llegó a la puerta del acoplamiento, la puerta se abrió.

Ante él aparecieron un hombre disfrazado de un pistolero y una mujer vestida como una bailarina.

El vestido de la mujer era de un rojo vivo, como si hubiera sido teñido con sangre.

Un silencio incómodo envolvió al hombre y al dúo a medida que se miraban entre sí.

—…Con permiso.

Isaac lentamente cerró la puerta.

— ¿¡Qué fue eso!? ¿¡Podría ser el Rail Tracer!?

— ¡Ah! ¡Vamos a desaparecer!

—Oh. Un vestido rojo. Esa mujer… ¿El Rail Tracer?

Tres personas, separadas por una simple puerta, rompieron en sudor frío. El silencio los envolvió en el instante en que escucharon las voces del otro. Únicamente el ruido del tren en movimiento y del viento llegó al traqueteo de la puerta.

Finalmente, Isaac respiró profundamente y habló con indecisión:

—Um… ¿Hola?

— ¡Por favor, responde!

—Eh.

Escucharon una voz muy profunda contestar la petición de Miria. Debe haber provenido del gigante que acababan de toparse.

—Um… ¡El Rail—! Yo, eh, digo, eres, por casualidad, ¿el Rail Tracer?

— ¡Un monstruo! …Quiero decir, ¿eres un monstruo?

—Ah… ¿No eres tú…el Rail Tracer?

Silencio.

—Hey, Miria, ¿eres el Rail Tracer?

 — ¡Nop! ¡Probablemente, no!

— ¡Pues bien! ¡Confió en ti, Miria! ¡Oiga, le pregunté y no creo que lo sea!

— ¡Hurra! ¡Isaac cree en mí!

—Oh. Me alegro.

Oyeron un suspiro de alivio desde el otro lado de la puerta.

—Um, entonces, ¿tú no eres el Rail Tracer?

— ¿No lo eres?

—Eh. No.

— ¿Y por qué traes a ese hombre en tus hombros?

— ¿Vas a comértelo?

—No. Este chico… Mi amigo. Herido. Lo cargo… ayudarlo.

Por fin, Isaac y Miria abrieron la puerta, su tono dio un giro de ciento ochenta grados.

— ¡Así que no eras un monstruo después de todo! ¡Casi termino rindiéndote homenaje! ¡Lo siento!

— ¡No eras un monstruo!

— ¡Eres un buen hombre que está pensando en su amigo!

—Eh… Ustedes… ¿Quiénes?

Donny, al fin, parecía haber bajado la guardia de igual forma, hablando con Isaac y Miria en un tono avergonzado.

— ¿Miria y yo? Um. Puede que luzcamos como Miria y un pistolero común y corriente; pero, en realidad, ¡somos Isaac y Miria!

— ¡Sorprendente, Isaac!

— ¿Um…? —Donny estaba confundido—. ¿Qué…hacen?

—Estamos buscando a nuestros amigos.

— ¡Verás, tenemos que encontrar a nuestros amigos antes de que sean engullidos por el Rail Tracer!

Donny estaba ahora convencido de que estos dos no eran sus enemigos. También se dio cuenta de que la historia del Rail Tracer era más popular de lo que había pensado en un principio.

Por supuesto, él no tenía forma de saber que este par era la causa de todo el fiasco del Rail Tracer. Y no solo eso, tampoco sabía que el amigo que buscaban resultaba ser su líder.

—Entiendo. Ustedes. Buenas personas.

Una sombra abatió el rostro de Isaac.

—Una buena persona, ¿eh? Temo que ese es un gran malentendido. Pero espero que un día seamos capaces de ganarnos ese título apropiadamente. 

— ¡Es por eso que intentamos hacer cosas buenas! ¡Incluso si el resto del mundo no nos acepta, seguiremos haciendo cosas buenas hasta que estemos satisfechos! ¡Hicimos cosas malas antes, pero las compensaremos!

— ¿Um?

Donny se encontró, inexplicablemente, avergonzado por la sonrisa de Miria, la cual contrastaba rigurosamente la expresión de Isaac. No entendía de lo que estaban hablando, pero Donny sabía con certeza que eran buenas personas.

—Espero… encuentren. Amigo. Pronto.

— ¡Gracias! ¡Yo espero que ese amigo tuyo sobre los hombros se recupere pronto!

— ¡Un tazón de la sopa de pollo de la abuela resolvería el problema!

Con eso, el dúo zarpó hacia los vagones posteriores.

—Eh. Hombres de blanco. ¡Peligrosos! Aléjense —gritó Donny tras de ellos. La pareja lo saludó y le agradeció.

Donny les devolvió el saludo y se despidió de ellos, luego, salió hacia el acoplamiento y esperó en silencio a Jacuzzi y compañía.

***

Mientras tanto, en una cabina a solo una puerta de distancia del pasillo donde Donny se encontró con Isaac y Miria…

—Hey. ¿Escuchaste algo? —preguntó un hombre de blanco, amigo de Ladd.

El juego del asesinato ya había culminado en esta cabina de la Tercera Clase.

Cinco personas se encontraban en la habitación, de los cuales, tres de ellos estaban en el suelo. Una de rodillas frente a los hombres caídos y la última permanecía de pie cerca de la puerta.

El hombre arrodillado bajó la vista hacia las tres siluetas inertes y comenzó a reírse histéricamente. 

Aquellos que continuaban moviéndose eran los vestidos de color blanco.

—Hey, ¿me estás escuchando?

Uno de los de blanco comenzó a reír histéricamente.

—Oye, tú y el jefe, Ladd, puede que gocen matar personas, pero yo estoy en esto por el dinero. Necesito mi paga, de modo que, hazme el favor de intentar estar alerta…

Los dos habían eliminado a los hombres de negro y ahora se encontraban tomando un descanso en la cabina. O quizás seguían aturdidos por la emoción del homicidio.

El hombre cerca de la puerta, cansado de las interminables carcajadas de su compañero, colocó la oreja en la puerta.

Vagamente podía oír la alegre voz de una mujer y un par de voces masculinas.

— ¡Oye, ya cállate! —gritó, sin mirar al otro hombre.

La risa se detuvo de repente.

Por fin.

El hombre de blanco no le dio mucha importancia al silencio, concentrándose por completo en las voces fuera de la puerta.

Las voces del hombre y la mujer se volvieron más distantes. Lo más probable es que se dirigieran a los vagones posteriores.

—Oye. Vamos.

Situó su mano sobre la perilla, pero no escuchó ninguna respuesta.

— ¿¡Hey…!?

Dio la vuelta y se quedó callado.

Su compañero ya no se encontraba ahí.

El camarote de la Tercera Clase no era para nada pequeño, pero sí que era un espacio muy austero. Por lo que no había ningún lugar para que alguien se escondiera en alguna parte.

— ¡Oye! ¿Dónde diablos estás?

Miró alrededor por su aliado; pero, no recibió ninguna respuesta.

Sin embargo, una cosa lo molestaba; la ventana abierta de par en par. Tenía la certeza que, hasta hace unos momentos, había estado cerrada.

La ventana, innecesariamente grande, tenía el tamaño suficiente para que un hombre adulto pudiera entrar y salir a través de ella con facilidad.

— ¿Eh?… ¿se habrá caído del tren?

El hombre de blanco se acercó, indeciso, hacia la ventana.

Pero, en el momento en que levantó la pierna para brincar uno de los cuerpos, “eso” apareció en la ventana.

Una silueta de un rojo profundo se abalanzó directamente de la oscuridad y entró al camarote.

Pasado un tiempo, ninguna figura permanecía en esa cabina.

Los hombres de blanco y los hombres de negro, por igual, fueron borrados totalmente. 

***

—Perdón por llegar tarde, Donny. Fue más difícil caminar sobre el techo de lo que pensé. Incluso casi terminamos a gatas.

Jacuzzi y compañía descendieron hacia el acoplamiento. 

—Jacuzzi. ¿Bien? —preguntó Donny.

—Sí. El techo estaba completamente despejado. No Rail Tracer, ni nada. Fue un poco tenebroso, ya que veíamos a la luz de la luna, pero no observamos ninguna sombra roja por ningún lado.

***

— ¡Oh, no!

— ¡Ah! ¡Qué pasa, Isaac!

Miria se aferró nerviosa a Isaac, asustada por su repentino arranque.

— ¡Esto es terrible! ¡Olvidamos algo de suma importancia!

— ¿Qué podría ser?

Isaac, de manera angustiada, abrió la boca con la máxima seriedad.

—Olvidamos comprarle un regalo a Ennis…

Silencio. Miria agachó la cabeza lo suficiente para tomar aire, luego alzó la vista.

— ¡No importa qué! ¡Sencillamente no podemos visitar a Ennis con las manos vacías! ¡No! ¡Eso no está bien! ¡No podemos!

Conforme las lágrimas brotaban de los ojos de Miria, Isaac al instante intentó animarla.

—No llores, Miria. Tengo un plan.

— ¿De qué se trata, Isaac?

— ¡Podemos comprarle un regalo en Nueva York! A fin de cuentas, dicen que todos aman los obsequios de Nueva York.

La alegría regresó al rostro de Miria.

— ¡Es perfecto! ¡Eres tan listo, Isaac!

— ¡Por supuesto, por supuesto!

Entretanto el dúo reía, llegaron a la puerta del segundo de los vagones de carga.

Al principio, habían entrado en pánico cuando se encontraron con los cadáveres y la sangre en el primero de los vagones de carga, pero, al percatarse de que no se trataba de Jacuzzi, de súbito recuperaron la serenidad.

Isaac dibujó un crucifijo sobre su pecho y cantó abalanzas con sus manos sobre el corazón.

Miria, en cambio, les llevó el luto a los fallecidos por medio de una ceremonia de una secta diferente.

Permanecieron calmados y apacibles, incluso en la presencia de un cuerpo brutalmente mutilado, como si estuvieran muy acostumbrados a este tipo de escenas. No obstante, deseaban de todo corazón que descansaran en paz.

Después, Isaac y Miria salieron de la habitación como si nada.

Y se perdieron en ese diálogo irrelevante de camino al próximo vagón.

Se encontraban en la entrada hacia el segundo vagón de carga. Isaac lentamente abrió la puerta y, vio que el pasillo estaba vacío. 

Suspiró aliviado y se preparó para dar un paso al frente, cuando un solo disparo retumbó por todo el vagón.

— ¡Ah!

El dúo se acurrucó del susto y rápidamente cerraron la puerta del acoplamiento.

— ¿Qué fue eso?

— ¡Tengo miedo!

Cuando observaron el interior del siguiente vagón usando la ventana de la puerta, divisaron unas cuantas personas saliendo por la puerta de la bodega de carga. Había tres de ellos en total; todos vestidos de blanco, pero uno de ellos tenía su traje cubierto de manchas rojas. En su mano llevaba un rifle despidiendo humo.

Isaac, ansiosamente, intentó ver lo que estaba sucediendo; entonces, se percató de que el trío estaba caminando directamente hacia él y Miria.

— ¡Esto es malo, Miria! ¡Tenemos que escondernos!

— ¡Como el servicio secreto!

Regresaron corriendo al primer vagón de carga, se agacharon a un lado de la puerta y contuvieron la respiración.

Claro está, a pesar de que aguantaron la respiración, continuaron charlando. 

—Escucha, Miria… Creo que estos sujetos deben ser las “personas peligrosas” de las que nos habló el grandote.

Miria ahogó un grito, que Isaac no tardó en apaciguar.

—Está bien, Miria. ¡No son rivales para mis miles de millones de pistolas!

— ¿De verdad?

— ¡Por supuesto! ¿Alguna vez te he abandonado, Miria?

— ¡Nop! ¡Nunca! ¡Después todo, sigo viva!

 — ¿Ves? ¡Así que déjamelo todo a mí!

— ¡Muy bien!

Por fin, Isaac y Miria dejaron de charlar y enfocaron su atención en lo que sucedía afuera.

Pronto escucharon una puerta abrirse. Presumiblemente era la del segundo vagón de carga. A menos de dos metros de la puerta en la que Isaac y Miria se estaban escondiendo. El sonido de las pisadas, acompañado de voces, se estaban acercando.

— ¿Por qué tuviste que matarlo, Ladd? Ese era un trato bastante bueno.

—Cierto, era una oferta muy linda. Pero, ¿viste la mirada en sus ojos? ¡Actuando como si no hubiera forma de que lo asesinaran! ¡En serio pensaba que no lo mataría! Me consideró poca cosa, ¡a mí! ¡Ladd Russo! Bueno, si te soy sincero, solo lo hice porque era fastidioso y desagradable.

—Pero, aun así…

— ¿Viste esa fastidiosa mirada en su rostro? ¡Incluso cuando le volé la cabeza se comportó como si nada! …Maldición, qué molesto. 

Los sonidos se detuvieron en la puerta, pero la puerta en sí no se abrió.

Entonces, Isaac y Miria oyeron a las voces haciéndose más distante; dirigiéndose al frente.

—¿Huh?

Tras un corto periodo de tiempo, Isaac echó un vistazo afuera valiéndose de la ventana de la puerta, pero el acoplamiento estaba vacío.

—No hay nadie allí…

— ¡Desaparición en la habitación cerrada! 

Abrieron la puerta y descubrieron que, efectivamente, no había nadie ahí. Únicamente el viento frío de invierno les hacía compañía.

El aire enfrió sus cabezas e Isaac recordó que uno de los nombres que acababa de escuchar les era familiar.

« ¡Me consideró poco a cosa, a mí! ¡Ladd Russo! »

« ¡Ladd Russo! »

« ¡Ladd Russo! »

— ¿Russo?

Estaba seguro de que habían escuchado el nombre con anterioridad.

Isaac y Miria eran ladrones. Esa misma mañana, habían robado una gran cantidad de dinero al transportista de la mafia.

—Miria… sobre el dinero que robamos hoy. ¿Me podrías recordar de qué familia lo hurtamos?

—¡Fue de la Familia Russo!

El mal presentimiento de Isaac se volvió realidad.

Y su cerebro llegó a una conclusión completamente inesperada.

—Ya veo… De modo que, por sorprendente que parezca, ¡deduzco que los hombres de blanco deben estar persiguiéndonos!

— ¡Ah! ¿Rastreadores? —Miria tembló dramáticamente. Isaac la abrazó con fuerza y asintió.

—No te preocupes, Miria. Saldremos de aquí a salvo. ¡Escaparemos de las garras de los hombres de blanco y del Rail Tracer!

— ¡Entonces será mejor que nos demos prisa en localizar a Jacuzzi y al conductor!

— ¡Sí, sí! ¡Pronto lo haremos! A fin de cuentas, no debería haber nadie más por delante de nosotros…

Isaac reflexionó.

En el camino frente a ellos, lógicamente, no debería haber nadie.

Así que, ¿quién recibió la bala que Ladd disparó hace poco?

— ¡Ah! ¡Jacuzzi! ¡Por amor a Dios, despierta! ¡Tus heridas no son tan graves! ¡Tienes que vivir!

— ¡No hay nada malo con tus heridas!

El dúo comenzó a decir dudosa información mientras corrían por los pasillos hasta la puerta de la bodega de carga.

Sin embargo, una sorpresa los esperaba.

— ¿Eh? No hay nadie aquí.

— ¡Está vacío!

No había nadie en la bodega de carga; ni personas, ni heridos, ni siquiera cuerpos.

—Qué raro. Juraría que los escuché hablar sobre haber disparado y asesinado a alguien aquí.

¡Dijeron que recibieron una oferta de alguien, pero la rechazaron y lo mataron!

Isaac y Miria expresaron sus inquietudes en voz alta, conforme inspeccionaban cuidadosamente la habitación, pero no pudieron encontrar ni una gota de sangre.

Su preocupación creció como una bola nieve a medida que continuaban con su investigación.

Había algo en este tren, vestido ni de blanco ni de negro.

Mientras sus pensamientos se volvían realidad, apresuraron el paso en la búsqueda por Jacuzzi.

***

Entretanto, Jacuzzi iba en la dirección opuesta a donde Isaac y Miria se dirigían. Había estado caminando hacia el frente del tren y ahora estaba casi atrás del vagón comedor.

Se detuvieron poco antes de salir del vagón de segunda clase. Nice fue hacia el acoplamiento para evaluar la situación.

Habían descubierto el cadáver de uno de los hombres de blanco en el camino, pero no permanecieron mucho tiempo en el lugar.

El cuerpo había sido apuñalado con un objeto afilado, por lo que determinaron que era obra de los hombres de negro.

Ambos, los hombres de negro y la banda de Ladd, eran amenazas significativas en este punto; no obstante, el más terrorífico de todos era el Rail Tracer; el monstruo que acechaba desde algún lugar del tren.

— ¿Cómo está el vagón comedor?

—Nada bien. Tienen dos hombres haciendo guardia, y ambos cargan ametralladoras. Parece que van en serio con esto —reportó de regreso Nice. Jacuzzi estaba desconcertado.

— ¿Todos los de antes siguen en el vagón de comedor?

—Pues… —Nice titubeó por un instante, luego habló sin entusiasmo—. No estoy al tanto de las personas en las mesas, pero no queda nadie en los asientos de la barra.

— ¿Qué? ¿A qué te refieres?

Nice les comentó que Isaac, Miria, Czes y la familia Beriam; todos ellos, habían desaparecido de los taburetes de la barra. Quizá se trasladaron a un lugar que no era visible desde su ángulo, pero tenía la certeza de que ya no se encontraban en la barra.

—Tal vez se los llevaron a otro lado…

—¿Conocidos tuyos? ¿A lo mejor solo están sentados debajo de las mesas o algo así? — cuestionó Nick a Jacuzzi que tenía los ojos ensombrecidos.

—Admito que mi vista no es tan buena, pero dejando de lado a las Beriam, nunca perdería a Isaac y Miria —replicó Nice, en su tono formal frente a Nick, empujando hacia arriba sus lentes—. Nunca confundiría el disfraz de Isaac o el vestido rojo brillante de Miria.

Nick lucía confundido. Donny asintió.

—Oh. Qué raro.

Inesperadamente, Jacuzzi y los demás escucharon un leve gemido. Se tensaron por un momento, pero entonces se percataron de que provenía cerca del hombro de Donny.

— ¡Jack!

La sangre de su rostro se había secado. Lentamente abrió la boca para hablar, provocando que trozos de sangre cayeran de su cara.

—Donny… idiota… nos… encontramos… con esos dos…

Al parecer había recobrado la conciencia y la vista de alguna forma, ya que Jack recordaba el pequeño fiasco entre Donny e Isaac.

— ¿Qué quieres decir? ¿Los viste, Donny?

—Eh.

Donny se concentró y le echó un vistazo a sus memorias, llamando, por fin, a una recolección vivida del encuentro de hace poco.

—Eh. ¡Sí, sí! Dos personas. Ustedes estaban en el techo. Conocí a un pistolero. Y a una mujer con vestido rojo. Pensé que era el Rail Tracer.

— ¡Ah! ¡Tuvieron que ser Isaac y Miria! Entonces, ¿por dónde se fueron?

—Eh. Buscar amigos. Salvarlos del Rail Tracer… Ver al conductor.

Jacuzzi pudo sentir como su rostro palideció. Están deambulando por este tren tenebroso… ¿para salvarme? Era inaudito. Se jactó de que salvaría a todos, que enfrentaría a los hombres de negro y a los monstruos; pero, al final, Jacuzzi terminó exponiendo al peligro a sus amigos. 

Y el hecho de que se dirigieran al compartimiento del conductor justo cuando iba por el techo significaba que se encontrarían directamente con Ladd y su banda.

—Eh. No te preocupes, Jacuzzi. Les advertí sobre. Hombres de blanco. Cálmate. Pienso.

—¡No podemos solo pensar que estarán bien! ¿Qué hago…? ¡Tenemos que regresar y rescatarlos!

Jacuzzi decidió atravesar nuevamente el tren plagado de peligros, y le ordenó a su equipo.

—Nice, tú y Nick trepen por el techo y vean cómo están las cosas al otro lado del vagón comedor. No tomen más de lo que puedan manejar, ¿entendido? Donny, tú vienes conmigo; pero primero tenemos que hacer algo respecto a Jack…

—No se preocupen por mí… Solo échenme en una de las cabinas… Es más fácil para mí de esa forma.

Le dolió a Jacuzzi, pero no tenía otra opción más que aceptar la sugerencia de Jack.

—Muy bien. En ese caso, me iré, Nice. Voy a regresar, así que no te excedas, ¿está bien?

Jacuzzi besó suavemente a Nice en los labios y corrió hacia los vagones traseros con Donny siguiéndolo. 

Nick decidió gastarle una pequeña broma a Nice.

—Uff, está bastante caliente por aquí, ¿eh?

—Ese fue nuestro primer beso…

— ¿¡Qué!?

Nice pretendió no haber notado la confusión de Nick, dio un paso hacia el acoplamiento y trepó al techo. Nick la siguió. 

— ¿¡Es la primera vez que te besa!? Han sido pareja por diez años y ¿Ni siquiera se habían besado? ¡De Jacuzzi es comprensible, pero tú estás prácticamente loca por él, jefa!

A pesar de que la llamó “jefa”, Nick trataba a Jacuzzi como un igual. Nice lo ignoró y caminó sobre el techo.

La presión del aire le dificultaba respirar. El tren había dejado el bosque de antes y ahora se encontraba en una amplia llanura iluminada a la luz de la luna, cuyo terreno la reflejaba débilmente. La escena en conjunto desprendía una extraña atmosfera.  

No había obstáculos en su camino; sin embargo, no podían tropezarse o hacer ruido cuando entraran a una curva, a menos que quisieran alertar a los residentes del vagón.

Por lo que Nice y Nick optaron por gatear cuidadosamente a través del techo del vagón comedor.

***

Una niña, cuyas manos habían sido atadas a su espalda, fue empujada al interior de la cabina más al frente de la primera clase, donde la señora Beriam se encontraba cautiva.

— ¡Mary! —gritó la señora Beriam.

—No hay necesidad de preocuparse, señora. Hemos logrado rescatar a su hija de esos repugnantes hombres de blanco —sonrió Goose como si le estuvieran agradeciendo.

La señora Beriam lo observó con una mirada lo suficientemente afilada como para matarlo. Goose pareció no afectarle, y comenzó a relatarle sobre sus próximos planes.

—Si una bengala asciende sobre el puente que pasaremos mañana, los pasajeros de este tren vivirán. Por el momento.

— ¿Eh?

—Estoy hablando de las negociaciones. Es imposible realizarlas desde aquí, sobre el tren; por lo que, actualmente, mi subordinado está pactando con su esposo —Goose colocó las manos detrás de su espalda y contempló a las Beriam como si las estuviera juzgando—. En caso de que su esposo se niegue a consentir con nuestros términos, lo forzaremos a entender nuestra determinación arrojando el cadáver de su hija sobre las vías.  

— ¡Por favor, no!

—Háganos el favor de no pensar siquiera en pedirnos que la asesinemos a usted en su lugar. Le estamos diciendo esto ahora para que no tengamos que molestarnos en hacer que lo acepte después. Y su hija también será asesinada si divisamos a la policía durante el trayecto. Para su información, le dispararemos, así que prepárense…

Al finalizar su parte, Goose abandonó la cabina. La señora Beriam no trató de replicar cuando él partió; comprendía por su actitud que la resistencia era inútil, y sabía que un movimiento equivocado de su parte pondría en peligro a los demás pasajeros.

Contemplando esto, Chane apartó la vista en silencio.

Observó hacia el espacio vacío con los ojos llenos de preocupación; o desprecio.

***

Jacuzzi y Donny dejaron a Jack en una cabina cercana de la segunda clase y se fueron en dirección a los vagones traseros.

Una vez solo, Jack alzó la vista hacia el techo y suspiró, su rostro aún le dolía. Les dijo a sus amigos que se encontraba bien; pero, en realidad, sentía como si su cara fuera a romperse en cualquier momento. Sus párpados estaban tan hinchados que le lastimaban los ojos.

¿Voy a morir simplemente así?

Su vida no apareció delante de sus ojos; no obstante, su mente empezó a revivir algunas de sus memorias.

Recordó su infancia; cuando enterró los cuerpos de sus padres, muertos por desnutrición, bajo el entablado. Las personas en los barrios pobres, que no podían permitirse tumbas apropiadas, siempre hacían eso. Los cimientos de los viejos apartamentos en los distritos de inmigrantes probablemente estaban llenos con cientos de miles de cuerpos.

Él y su compañero delincuente, Nick, que vivía cerca, frecuentemente se molestaban entre ellos mismos.

Se siente un poco estúpido que diga esto, pero estábamos bastante mal en ese entonces. No es normal querer golpear a los niños de esa forma. Me pregunto, ¿qué haría si pudiera regresar en el tiempo y ver a mi antiguo yo? ¿Le daría una paliza hasta matarlo? ¿O solo lo abrazaría y lloraría como un idiota?

Ha pasado medio año desde que conocimos a Jacuzzi en Chicago. Solía pensar que solo era un estúpido bebé llorón. Decía algo de producir licor y reunir amigos, así que pensé que quizá podría convertirme en su líder y transfórmalos en mi propia mafia. Fui un idiota.

Jack todavía no se daba cuenta de que una sombra gris se levantó de la cama del segundo piso de la litera que se encontraba en la esquina de la cabina.

Él dijo esto y aquello, pero al final, fue el más listo de todos y nunca hizo oídos sordos con ninguno de nosotros, unos cabrones despreciables. Un chico demasiado amable, ese Jacuzzi.

Todo el tiempo está llorando, pero cuando llega el momento siempre antepone a los demás antes que a sí mismo. Llevará una vida bastante dura, por como lucen las cosas. Se lo garantizo. E idiotas como nosotros, que se aferran a estar al lado de ese chico, posiblemente estén involucrados de por vida en estas cosas.

¿En verdad moriré aquí? Malditos sean, Jon y Fang. Tenían que traer esta estúpida misión. Lo entendería si fuera oro, o dinero en efectivo; sin embargo, ¿por qué se interesarían por algo tan loco? …Supongo que Nice, la friki de las bombas, fue quién lo deseó en primer lugar. Y Jacuzzi le siguió la corriente sobre hurtar esas bombas nuevas para que no hirieran a ninguno de esos completos extraños de Nueva York. Todos en esta maldita y diminuta pandilla son incurables. Y eso también aplica para mí. ¡Mierda! 

De repente las memorias que había estado llamando fueron interrumpidas.

La línea de visión de Jack se redujo a la mitad debido a sus párpados inflamados y su estrecho panorama del techo fue cubierto por una gran masa grisácea. 

La masa tenía la forma de una persona vestida estrafalariamente, quien se encontraba totalmente cubierto en ropas grises, con la excepción de una pequeña parte de su rostro.

Por más extraño que suene, Jack no estaba asustado en lo absoluto. Hizo lo mejor que pudo para mover su mandíbula adolorida y hablar con el hombre.

—Oh… La parca, ¿eh? ¿Eres la Muerte? Solo espera un momento, ¿de acuerdo? Aún estoy bien. Puedo seguir. Puedo continuar… Solo necesito descansar un rato, luego, le echaré una mano a Jacuzzi. Esos dos son un equipo de idiotas bebés llorones, así que no pueden hacer nada sin mí. No me lleves, ¿me escuchaste?

Jack sonrió.

El hombre, cuya cara pálida estaba llena de sangre, luciendo casi como un cadáver, había sonreído.

Al ver esto, el hombre al que llamó la parca también sonrió.

—Ya veo. De modo que deseas vivir, ¿jovenzuelo? —El hombre de gris abrió la bolsa junto a él—. No es nada extraño que un hombre que está en la flor de la vida quiera vivir. Sinceramente, estoy muy celoso.

Había alguien viéndolos en silencio.

“Eso” los observó desde afuera de la ventana. Su silueta, iluminada a la luz de la luna, era roja; una figura portentosa revestida de carmesí.

La criatura se asemejaba al vino tinto, contenido en una botella con forma humana.

***

Nice y Nick cruzaron con cuidado el techo del vagón comedor hasta llegar al próximo carro.

A pesar de que fácilmente hubieran podido saltar la distancia entre los vagones, optaron por bajar al acoplamiento y trepar de nuevo hacia el siguiente vagón por miedo a crear una conmoción.

El humo, proveniente de la locomotora, comenzó a bloquear la luz de la luna y pronto fueron cubiertos por la oscuridad.

Nice colocó una mano sobre el techo y al desprenderla sus dedos quedaron cubiertos de hollín. No obstante, continúo adentrándose en la oscuridad.

Al cabo de un tiempo. Fueron capaces de vislumbrar una muy tenue luz, proveniente del próximo acoplamiento, presumiblemente de la ventana en la puerta del vagón.

Sin embargo, Nice repentinamente se detuvo.

No. Eso no es.

La abrumó un sentimiento de terror. Su mente le gritaba « ¡Algo está mal! ¡Hay algo peligroso aquí!».

Empujó sus lentes hacia arriba y se concentró en su ojo izquierdo con el objetivo de encontrar la fuente de su ansiedad. —Jefa…

Nick, con sus ojos en buen estado, fue el primero en ubicar la fuente de ese aire de peligro.

El viento sopló hacia un lado, llevándose momentáneamente el humo sobre los vagones con él.

Finalmente lo vieron.

A través del suave brillo de la luz, al final del próximo vagón, permanecía de pie una mujer.

Una máquina para matar con vestido negro sujetaba un cuchillo y lucía como si pudiera absorber toda la oscuridad dentro de ella misma.

La silueta de Chane, de pie en el humo, se fusionaba perfectamente con la oscuridad; otorgándole una sensación de belleza etérea. 

—Esto es malo…

El sudor recorrió el rostro de Nice, pero las gotas fueron enjuagadas al instante por el viento.

En teoría, podría sacar una bomba de su bolsillo; pero, probablemente sería asesinada por el cuchillo de Chane antes de poder encender la mecha. Nice sabía, por la silenciosa figura de ella, que no era una principiante en lo relacionado a combate.

Si Nice no la hubiera visto con la orquesta anteriormente, confundiría a Chane por el Rail Tracer. Destilaba esa gran sensación de poder simplemente estando de pie en el techo.

Nice casi deseó depositar sus esperanzas en la posibilidad de que Chane fuera golpeada por algo mientras permanecía ahí de pie y se cayera del tren.  

Desafortunadamente no había más que planas llanuras a su alrededor. Ni un solo árbol o túnel se cruzaba en su camino.

Ojalá solo mostrara una debilidad en alguna parte. Pensó Nice. Luego observó a Chane y se percató de que no la estaba viendo a ella.

Detrás de mí… ¿está mirando a Nick?

No… Ella está viendo más atrás.

Siendo cuidadosa de no levantar la parte superior de su cuerpo, Nice miró vacilante hacia atrás.

Al momento siguiente, su ojo se abrió de par en par por la sorpresa.

El traje blanco reflejó la luz de la luna, provocando que su portador resaltara grandiosamente.

Y la mano, que sobresalía de la manga del traje blanco, sujetaba un rifle.

Ladd Russo, el hombre de blanco, empezó a gritar lo suficientemente alto para sobreponerse al tren mismo.

— ¡Hola! ¡¿No te da frío estar ahí parada en un vestido como ese?! 

Ladd intentaba provocar a la mujer de negro a lo lejos, sin darle siquiera un vistazo a Nice y Nick.

— El hecho de que estás arreglada como una concertista significa que estás aquí para tocarme una canción, ¿cierto? ¿Una romántica, refrescante y triste cancioncita para este pobre viejo? ¡Gracias! ¡Muchas gracias!

A pesar de que hubiera tenido sentido que él atacara en medio de su discurso; el rifle de Ladd, incluso mientras éste bailaba de alegría, no dejaba de apuntar al pecho de Chane.

— ¡Justo cuando pensé que el primer movimiento se había terminado y que las cosas se pondrían aburridas, recorriste todo el camino hacia el techo por mí! ¿Cómo se supone que exprese esta clase de felicidad? ¡Viniste hasta aquí a interpretarme una canción de gritos lacrimosos e hilarantes! ¿Esto es amor? ¡Entonces, ¿es amor?! ¡Lamentablemente para ti, ya estoy comprometido, pero aceptaré tu amor, jovencita! ¡Y eso significa, que tendré que matarte!

Ladd se detuvo en seco y colocó presión sobre el dedo del gatillo.

— ¡Te amo! ¡Ahora, muere!

Con un retorcido susurro de amor, lentamente jaló del gatillo.

Hubo un disparo.

Seguido de un ruido metálico.

Ladd, cubierto en humo, soltó un muy poco digno « ¿Eh?».

La imagen del momento se grabó en el ojo de Nice. Un segundo antes del disparo, Chane giró para esquivar el tiro y la bala chocó en su cuchillo de pura casualidad. Todo esto era impensable, pero lo que conmocionó a Nice fue la secuela.

Chane ni soltó el cuchillo, ni se tambaleó.

La fuerza del impacto de la bala contra el cuchillo debió ser enorme. El ángulo y la velocidad de la bala eran factores variables, pero Chane solo modificó la forma en que sujetaba el cuchillo como si nada.

— ¿En serio? ¿Hablas en serio? ¿Bloqueaste mi tiro? ¿¡Tú bloqueaste mi tiro, querida!?

Ladd parecía estar bajo la impresión de que Chane conscientemente había desviado su disparo y comenzó a deambular de un lado a otro, sus ojos brillaban como los de un niño que fue a ver una película sonora por primera vez. 

— ¿¡Qué demonios es esto, cariño!? ¿¡Cómo sucedió!? ¡Ni siquiera Tarzán puede hacerlo! ¡Pensé que solo eras una niña! Pero, ¿no me digas que en realidad eres Popeye el marino?

Ladd empezó a golpear el piso con los pies, comparando halagadoramente a Chane con un personaje de una tira cómica. 

Chane, que hasta ahora no había mostrado ninguna emoción de cualquier tipo, se movió muy ligeramente.

Al mismo tiempo, Ladd levantó un pie al aire.

Un instante después, Chane lanzó un cuchillo de su mano. Un destello de luz hizo su camino directamente hacia la garganta de Ladd.

— ¡Ah! —gritó Ladd mientras bajaba el pie con todas sus fuerzas.

El fulgor plateado desapareció en el arco de su patada como si hubiera sido absorbido por su pie. 

La expresión fría de Chane finalmente cambió. Arrugó la frente levemente y parecía tener los labios fruncidos. Por supuesto, era imposible saberlo con seguridad, ya que estaban siendo iluminados únicamente por la luz de la luna.

Ladd tomó con emoción el cuchillo debajo de su pie y rió como siempre lo hacía.

— ¡Ahora estamos iguales, perra estúpida! ¿Qué piensas? ¡Pateé tu cuchillo hacia abajo, así como si nada! ¿Estás molesta? ¿Te gustaría morirte? ¡Aunque te mataré de todas formas, incluso si no lo querías!

—Él estaba planeando hacer eso… qué monstruoso.

Nick podía sentir gotas de sudor frío recorriendo su espalda. Él también luchaba con cuchillos; pero, sinceramente, no fue capaz de darle un buen vistazo a la forma en que Chane arrojó su cuchillo. Y este demente, llamado Ladd, lo plantó en el piso con una simple patada.

A diferencia de Chane, que había bloqueado la bala por accidente, la acción de Ladd fue completamente deliberada.

Ladd balanceó el cuchillo alrededor en éxtasis; no obstante, Chane recuperó la serenidad y se llevó una mano a la espalda.

La carcajada de Ladd se apagó. Las manos de Chane fueron hacia delante nuevamente, esta vez sostenía un par de cuchillos más grandes.

— ¡Tienes que estar bromeando! ¿¡Cierto, cariño!? ¡Dime que es un chiste!

De repente, Ladd se dio la vuelta, cargando el rifle a su lado, y huyó tan rápido como pudo.

Corrió rítmicamente sobre los temblorosos techos y brincó por encima de los acoplamientos sin dudarlo por un momento. Lucía como si realmente disfrutara de su fuga hacia la parte trasera del tren.

Chane lo persiguió, impulsándose a sí misma desde el techo.

Al parecer sus nuevos cuchillos no eran para arrojarlos, puesto que no se los lanzó a Ladd. Salió disparada hacia adelante, con las pesadas hojas en sus manos oprimiendo sus brazos.

Chane pasó de largo a Nice y Nick, quienes se encontraban acostados sobre sus estómagos en el techo, y fue directamente por Ladd. Eventualmente, ambas figuras desaparecieron por completo en la oscuridad de la noche y del humo.

Sin embargo, Nice y Nick no se movieron. Habían sido paralizados por una sensación de inminente ruina conforme Chane se acercaba a ellos. Nice apretó con fuerza su puño, percatándose de que el sudor de sus palmas había dejado inservible a su bomba.

¿Qué clase de personas eran esos dos? Y, si ese par eran humanos; entonces, ¿qué rayos podría ser el Rail Tracer?

Nice apretó los puños y recordó cierto rostro tatuado.

Luego, ella alzó la vista, en preparación para seguir adelante.

Solo para encontrarse de frente con el largo cañón de un rifle de francotirador y el rostro de un hombre de apariencia ruin.

—Parece que ustedes dos han estado aquí por un rato —Un hombre de negro, Spike, se asomó desde el acoplamiento con solo la mitad superior de su cuerpo sobre el techo—. ¿Por qué no bajan con las manos arribas? Apuesto a que han tenido un viaje bastante cansado.

***

— ¿Qué podría haber pasado aquí, Miria?

— ¡Es un misterio!

— ¿Crees que fue obra de un monstruo?

—¡Como en una casa del terror!

Isaac, al descubrir los dos cuerpos ensangrentados, inspeccionaba con calma el compartimiento del conductor.

Miria respondía las preguntas de Isaac como de costumbre; sin embargo, permanecía espalda con espalda de él, sin mirar siquiera en dirección de los cadáveres. 

—Me pregunto adonde pudo haber ido Jacuzzi.

— ¿Qué hacemos? ¿Y si ya se lo comieron?

Sorprendentemente para ella, el tono de Miria se volvió serio. Isaac, determinado a mantenerla animada, contestó con una voz tan alegre como le fue posible.

— ¡No piensas de esa forma, Miria! ¡No hay de qué preocuparse! ¡El hecho de que su cuerpo no se encuentre aquí significa que se lo comió completito! ¡Sigue vivo en el estómago del monstruo!

— ¡Pero ni siquiera sabemos dónde está el monstruo!

— ¡No te preocupes! ¡El Rail Tracer siempre va por el tren entero! ¡Es decir que, mientras estemos en el tren, tarde o temprano nos lo encontraremos!

—Sí… Espero que Jacuzzi esté a salvo hasta entonces.

—No te mortifiques, Miria. ¡Jacuzzi es un buen chico! ¡No hay forma de que alguien mucho más amable que nosotros, muera antes que tú y yo!

—Tienes razón. …¡Jacuzzi! —gritó Miria de pronto.

—Él no regresará solo porque gritemos su nombre, Miria —dijo Isaac fríamente, negando con la cabeza. 

— ¡No, no, Isaac! ¡Mira! ¡Es Jacuzzi! ¡Jacuzzi viene hacia acá!

Cuando Isaac se dio la vuelta, vio al gigante con el que se tropezaron anteriormente acompañado por el muchacho tatuado.

—E-estoy tan feliz… de que ambos estén bien…

Jacuzzi había perdido su sonrisa después de ver los cuerpos en el compartimiento del conductor; pero, irónicamente, la encontró nuevamente en el mismo lugar.

Llevaba tanta prisa en llegar aquí que le faltaba el aliento y había lágrimas deslizándose sobre su rostro.

— ¡Jacuzzi! ¡Me alegro tanto de qué estés bien!

— ¡Lograste salir de su estómago!

Las palabras de Miria confundieron a Jacuzzi; no obstante, él dejó salir un suspiro de alivio.

— ¡Oh, cierto! ¿Jacuzzi? Lo sentimos.

— ¡Perdón!

— ¡Realmente lo sentimos!

Las repentinas disculpas de Isaac y Miria, lo confundieron aún más.

— ¿Eh? ¡Ah, no! Yo soy el que lo siente. Terminé por preocuparlos a los dos —Jacuzzi hizo una reverencia con la cabeza.

Isaac y Miria se miraron entre ellos.

—Oye, Miria. ¿Cuál es el puntaje ahora?

— ¡Tres a tres! ¡Estamos empatados!

—Pues bien, entonces solo tenemos que disculparnos una vez más.

— ¡Pero, pero, Jacuzzi es una buena persona, así que tal vez se vuelva a disculpar con nosotros!

—Es verdad. En ese caso, ¡nos disculparemos muchas veces más!

En el momento en que finalizaron su conversación, Isaac y Miria comenzaron a disculparse sin ningún motivo con Jacuzzi como si no hubiera un mañana.

—Lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos, lo sentimos…

— ¡Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón!

— ¿Eh? Ah, um. Ah. ¡Lo siento mucho! ¡En realidad no entiendo; pero, lo siento mucho! ¡Me, me disculpare, así que porfavordejendedisculparse! ¡Lo siento! ¡Lo siento!

La confusión de Jacuzzi llegó a su límite cuando agachó la cabeza para disculparse una y otra vez.

—Ah… Qué. ¿Hacen?

El intercambio de disculpas continúo en la espeluznante cabina del conductor hasta que Donny, por fin, se las arregló para traerlos a todos de regreso a la realidad.

Por ahora, salgamos de aquí y vayamos a uno de las bodegas de carga. Les explicaré todo allá —dijo Jacuzzi y abandonaron la cabina.

Un extraño ruido se escuchó en el camarote de los cadáveres.

La puerta al final del compartimiento del conductor, la que conducía al exterior, comenzó a abrirse siguiendo el ritmo del tembloroso tren.

Cuando cesó el ruido y la puerta se desplegó por completo…

“Eso” emergió desde la oscuridad, la silueta carmesí de sangre.

***

— ¿Un monstruo rojo? No me hagas reír —dijo Goose en el interior de una cabina de primera clase asombrado.

— ¡Te estoy diciendo que es verdad! ¡Realmente hay un monstruo sobre el tren! —gritó Nick, tratando de abalanzarse sobre Goose. Claro está que, el hecho de que sus manos y pies estuvieran atadas, además de que se encontraba sobre el suelo, le dificultaba un poco la tarea.  —Um. En ese caso, permíteme preguntarte otra cosa.

Goose se giró hacia Nice, quien estaba atada al igual que Nick, y la cuestionó sobre su conexión con los hombres de blanco.

—Dices que no tienes ninguna relación con los hombres de blanco. Entonces, ¿cuál es tu propósito en este tren?

—Vamos de camino a visitar algunos amigos en Nueva York.

— ¿Sigues tratando de salir airosa de esto? Si lo que dices es verdad, entonces, ¿por qué tu amigo de aquí amenazó el vagón comedor?

— ¿Amenazaste el vagón comedor?

Nice estaba confundida; sin embargo, notó que Nick palideció de repente.

— ¿Es en verdad este hombre?

—Sí, Goose. Solamente lo vi de lejos, pero no hay error, son sus ropas y voz —respondió un hombre en un rincón de la cabina. Su hombro estaba herido; debía ser el sobreviviente del trio que atacó la primera vez el vagón comedor.

—De modo que, ¿te importaría explicarte?

Nice sabía que el subordinado de Goose estaba diciendo la verdad y comprendía porque Nick había hecho tal cosa desde el momento en que observó su rostro.

Además, tenía parcialmente la culpa por este predicamento, ya que fue ella quien dio la vaga orden de encargarse del vagón comedor. De tal forma que, desesperadamente intentó encontrar una forma de engañar a Goose.

—Este chico de aquí es un adicto a la marihuana. Debe haber estado alucinando cuando amenazó el vagón comedor.

—En ese caso, podemos asumir que el monstruo rojo que vio también era una alucinación. Así que ya no hay utilidad para esta escoria de la sociedad, ¿o sí?

Goose estaba sonriendo; sin embargo, sus ojos dejaban en claro que no confiaba en nadie.

Nice sabía, gracias a su mentira, que este hombre no sería tan fácil de engañar. Determinando que cualquier otra maquinación empeoraría su situación, optó por decirle la verdad.

—Um… Entonces, no son más que un montón de ladrones de trenes. No sé cuántos de tus amigos estén a bordo de este tren; pero, para tu conocimiento, cualquier persona que se resista será asesinada sin piedad.

Goose abandonó la habitación con una mirada de completo desinterés.

Sin embargo, Nice no le había contado toda la verdad a Goose. Convenientemente olvidó mencionar a Jacuzzi y al contenido del cargamento que perseguían. Goose creyó que simplemente iban tras todo el cargamento del lujoso tren y no indagó más.

En realidad, la pandilla de Jacuzzi estaba tras un tipo de cargamento en específico: los objetos escondidos en el compartimiento secreto de la bodega de carga. Si Goose se enteraba de ello, sin duda alguna intentaría usarlo para su propio beneficio. Nice no tenía forma de conocer el objetivo de los hombres de negro; no obstante, si se adueñaban del cargamento, se volverían casi imparables. Tenía que evitar semejante situación a cualquier precio.

Nice soltó un suspiro de alivio y le susurró a Nick.

—Lo lamento, Nick. Debí haber sido más específica con mi orden…

—No te preocupes, jefa —Nick forzó una sonrisa, tratando de animar a su amiga—. Además, nadie sería lo suficientemente estúpido como para creer que no eres una de nosotros, considerando como te ves.

—Esa no es una gran consolación, ¿verdad?

Nice recordó su apariencia y comenzó a pensar en una forma de huir de esa situación, pese al brote de su desprecio hacia sí misma.

De repente, la puerta se abrió nuevamente. Goose entró con una expresión de preocupación.

Ustedes dos me dijeron antes que vieron un cadáver en la bodega de carga cuando regresaban del compartimiento del conductor, ¿no es así? —Nice y Nick asintieron—. ¿Qué hay del compartimiento del conductor? ¿Vieron algo extraño ahí?

Algo le inquietaba a Goose. Se suponía que uno de sus integrantes estaría en el compartimiento del conductor con el objetivo de matar al conductor acompañante. Entonces, ¿por qué no se encargaron de esta mujer cuando fue ahí?

Esto le recordó a Nice que aún no le había dicho a Goose sobre lo que presenció en el compartimiento del conductor.

—Sí, fue en ese lugar donde empezamos a creer en la existencia del Rail Tracer.

—Dime la verdad y hazlo rápido.

—Encontramos dos cuerpos en un mar de sangre. Ambos eran conductores; a uno le habían disparado y el otro parecía que estaba a medio comer. Eso fue todo lo que vimos.

La nueva información que recibió, permitió que Goose se cuestionara sobre algo más. El compartimiento del conductor estaba programado para mandar una señal de «Despejado» hacia la locomotora no hace mucho, pero el tren seguía en movimiento. Como pudo pasar, ¿cuándo aún  no habían tomado la locomotora?

Goose asomó la cabeza por fuera de la ventana y miró en dirección de la locomotora.

Hasta el frente del tren se encontraba la locomotora, desprendía una ligera luz y el humo proveniente de la parte delantera no mostraba signos de aminorar.

— ¿Qué está sucediendo aquí?

Goose rápidamente salió de la cabina y envió cinco hombres a revisar el compartimiento del conductor.

Si la mujer estaba diciendo la verdad, ¿quién asesinó a su compañero en el compartimiento del conductor? Entonces, recordó la carnicería en la bodega de carga que escuchó por radio. La descripción de Nick de la escena regresó a su mente.

« ¡Uno de tus hombres estaba en la bodega de carga y le faltaba toda la parte baja de su cuerpo! ¡Es un monstruo! ¡El monstruo rojo; el Rail Tracer está en el tren!»

Goose intentó ignorar la idea lo mejor que pudo, pero su corazón lentamente cedió al miedo por el Rail Tracer.

El terror poco a poco, pero con seguridad, lo corroía; moviéndose igual que el tren mismo.

***

— ¡Ya veo! ¡En estos momentos el tren es como el Romance de los Tres Reinos[1]!

— ¡El mayor triangulo de amor en el Oriente!

Jacuzzi y compañía se encontraban actualmente repasando la situación en la bodega de carga al final del tren e Isaac, repentinamente, realizó esta declaración justo cuando estaban aclarando sus respectivas situaciones.

— ¿El Romance…? —Jacuzzi inclinó su cabeza, confundido por el nombre totalmente desconocido.

— ¡Sí! ¡Verás el Romance de los Tres Reinos es un famoso cuento histórico! ¡La historia de los tres grandes samuráis que dividieron el reino y lucharon entre ellos! Eh, veamos. Sus nombres eran Cao Cao[2], Liu Bei[3] y Yuan Shao11

— ¡A menudo son comparados con la serpiente, el caracol y la rana!

Isaac y Miria crearon suspenso conforme proseguían lanzando información dudosa acerca del Oriente.

—Este tren es como una gran bandeja donde los hombres de negro, los hombres de blanco y el Rail Tracer están tras el cuello del otro, ¿verdad? ¡Jacuzzi! ¡Tienes que alterar el status quo! ¡Mejorar la situación, la bandeja y todo!

— ¡Así que tomarás el control total del tren! ¡Serás un lord! ¡Un rey! ¡Un emperador! ¡Un dictador!

— ¿E-eh?

El repentino giro de los acontecimientos provocó que Jacuzzi abriera los ojos como platos. Desde luego, planeaba vencer a los hombres de negro y al Rail Tracer; pero nunca se imaginó que tal acto se podría interpretar como someter el tren.

—Pero… ¿en serio creen que lo puedo hacer?

— ¡Por supuesto! Hasta en el Romance de los Tres Reinos, ¡al final un gran hombre unió el Oriente!

— ¡El campeón!

— ¡Jacuzzi! ¡Es por eso que tienes que convertirte en Yoshitsune12!

¡De Minamoto[4]

— ¿Yo-yoshitsune?

— ¡Así es! ¡Él fue un gran hombre que viajó desde Japón a China, derrotó a los tres reinos y fundó un país llamado “Gengis Kan[5]”!

— ¡Era sorprendente!

El relato de Isaac de la historia del este de Asia era extremadamente anacrónico e inexacto; no obstante, su energética voz se volvió un rayo de esperanza para Jacuzzi.

— ¿En verdad crees que pueda ser tan genial? —preguntó en voz baja.

Isaac, en silencio, miró a Jacuzzi a los ojos y asintió.

— ¡Claro! ¡Tú eres el campeón defensor, quién nos derrotó incontables veces!

—Isaac es una persona asombrosa, ¿sabes? ¡Y ya que venciste a Isaac, eres una persona realmente sorprendente, Jacuzzi! 

A pesar de la energía sin compromiso dirigida hacia él, Jacuzzi negó con la cabeza.

¿Me pregunto por qué? Siento que puedo contarles todo lo que no les digo a los demás.

Jacuzzi asintió y comenzó a justificarse con Isaac y Miria; a confesar la clase de persona que realmente era.

—Quiero salvar a los pasajeros y deshacerme de los hombres de negro. Sin embargo, honestamente, no soy tan buena persona. Violé la ley y contrabandeé licor, ayer incluso asesiné cinco personas.

Donny, que había estado callado todo el tiempo, finalmente habló para interrumpir a Jacuzzi.

—Eh. No, no. Nosotros los matamos. Jacuzzi no. Y. Ellos asesinaron amigos, también.

— ¿Cuál es la diferencia? Si no hubiera traficado alcohol, nuestros amigos y los tipos de la mafia, todos vivirían.

Al escuchar esto, Isaac sujetó a Jacuzzi por el cuello y lo acercó a su rostro, con los ojos bien abiertos.

Inicialmente, Jacuzzi se estremeció, creyendo que Isaac iba a golpearlo por ser un idiota; no obstante, ahí, en el rostro de Isaac había una sonrisa confiada.

—¡No te preocupes por cosas como esa! ¡Si todos a tu alrededor dicen que eres un buen chico, significa que te convertirás en un gran chico! ¡En otras palabras, la única cosa que decide si eres un buen chico o un mal chico es la emoción del momento! ¡Es lo que determina todo!

— ¡La emoción del momento!

La mente de Jacuzzi se maravilló ante la ilógica línea de pensamiento que habían alcanzado Isaac y Miria, pero su corazón ya había sido arrastrado en su ánimo.

— ¡Por eso! ¡Debes tener confianza, ya que pensamos que eres un gran chico! ¡No te preocupes si alguien dice lo contrario! ¡Solo tienes que dispersarlos con esta ola!

— ¡Permanece de pie con la cabeza en alto y cree en ti mismo! Pero, ¿verás? ¡Si quieres comenzar esta ola, tienes que asegurarte de que al menos una persona a tu alrededor piense que eres una buena persona! ¡Por ese motivo eres un buen chico, Jacuzzi! ¡Haremos esas olas para ti!

Contemplando al optimista dúo; Jacuzzi se percató de que sus dedos, manos, brazos y cuerpo estaban temblando. ¿Tenía miedo? ¿O algo menos siniestro?

—Gracias —dijo Jacuzzi. Quizá quería decirles algo más, pero eso fue todo lo que pudo manejar por el momento.

Usualmente, Jacuzzi diría algo como «Lo siento»; sin embargo, sintió que estaría insultando tanto a su persona como a la pareja al decir tal cosa.

—Pero, si ustedes creen que soy una persona tan grandiosa, ¿quiénes son ustedes dos?

Isaac y Miria, de alguna forma, fueron tomados por sorpresa con la pregunta.

—No estamos seguros nosotros mismos. Pero, ¿sabes lo qué nos dijo el hombre que nos contó sobre el Romance de los Tres Reinos?

—Él dijo: « ¡Ustedes dos tienen que convertirse en el viento del sudeste!».

— ¿El viento del sudeste…? Pero, eso no es una persona.

— ¿Verdad? Pero, creo que es un viento que reúne un montón de cosas, como felicidad o desesperación, ¡y las sopla hacia alguien de un tirón!

— ¡Es por eso que vamos a enviar muchísima más felicidad junto con el tren!

Isaac asintió.

— ¡Esa es una idea maravillosa, Miria! En ese caso, ¿deberíamos mandar a volar al Rail Tracer y a la Familia Russo?

¡Más rápido que este tren, por los siglos de los siglos!

Isaac y Miria se levantaron, se prepararon para salir y sonrieron.

— ¡Esperen! ¿A dónde van? —Jacuzzi rápidamente trató de detenerlos. Isaac y Miria respondieron con una mirada confiada sobre sus rostros.

— ¿A dónde más?, a buscar al Rail Tracer.

— ¡Le pediremos que se vaya a casa! ¡Si no quiere, lo obligaremos! ¡Y si eso no funciona, huiremos y nos esconderemos! ¡Después de todo, tendrá que irse a casa cuando salga el sol, entretanto nos seguirá buscando!

—Alto. Monstruo fuerte. Los matará. No lo hagan.

Hasta Donny lucía preocupado por su curso de acción; sin embargo, el dúo estaba determinado.

— ¡Si el Rail Tracer nos encuentra, lo combatiré con mis cien pistolas! 

— ¡Eres tan genial, Isaac!

Isaac golpeó directamente las fundas que llevaba en todo su cuerpo. No había ni una sola arma de fuego en su posesión.

—Pero ni siquiera tienes una pistola, y mucho menos cien —apuntó Jacuzzi, con los ojos bien abiertos.

—Um —Isaac asintió—. Tienes razón. Honestamente, nunca espere que las cosas resultaran de esta forma —Lo reconoció.

No obstante, prosiguió caminando hacia la puerta. Isaac alzó la vista, su rostro estaba totalmente serio.

—Todo estará bien. Un famoso y antiguo pistolero una vez me dijo esto —Miró directamente a los ojos de Jacuzzi y asintió—. ¿Sabes en dónde guarda un verdadero hombre sus pistolas? En su corazón.

— ¡Sorprendente, Isaac!

— ¡Ningún pistolero famoso diría algo como eso!

— ¿En verdad? Entonces, ¡me convertiré en ese pistolero famoso!

—¡Sorprendente, Isaac! ¡Igual que Billy The Kid[1]!

El dúo abrió la puerta de la bodega de carga en silencio, ignorando por completo al confundido Jacuzzi.

— ¡No te preocupes por nosotros! ¡Si sucediera algo, saldremos corriendo toda prisa! Jacuzzi, tienes que rescatar a la señora Beriam mientras distraemos al Rail Tracer!

— ¡Estaremos bien! Correr y esconderse es nuestra especialidad, ¿sabes?

Las sonrisas confiadas de Isaac y Miria hicieron que Jacuzzi sintiera que todo en verdad iría bien. También se percató de que nada evitaría que se marcharan.

Por lo que optó por despedirlos con una sonrisa.

—Por favor, prométanme que no morirán.

—Muy bien. ¡Te lo prometemos! ¡Y si rompemos nuestra promesa, nos cortaremos los dedos o nos abriremos los estómagos!

—Tú también tienes que volver con vida. ¿Está bien, Jacuzzi? ¿Donny?

Con esto, Isaac y Miria salieron y se dirigieron al compartimiento del conductor en búsqueda del Rail Tracer.

Jacuzzi los observó marcharse mientras decidía terminar con lo que había comenzado.

— ¿Alguna vez habías visto alguien tan testarudo, Donny? No sé quiénes sean, pero ellos parecen más malvados que personas como nosotros —dijo Jacuzzi en voz baja a Donny, mirando hacia el frente.

— ¿Eh?

—Sí. Este tren está lleno de tipos malos y de sabandijas. Incluyéndonos.

Jacuzzi se detuvo y, una vez más, vio hacia atrás, en dirección de Isaac y Miria.

—Esos dos son chicos malos, mucho peores que yo; no obstante, comprendo que son docenas de veces más amables que alguien como yo.

—Eh. Jacuzzi. ¿Solitario?

Jacuzzi no respondió. Continuó caminando.

Vamos. Nos encargaremos de nuestros propios asuntos. Nos transformaremos en los chicos malos más grandes de todo el tren. ¿No, Donny?

Contemplándolo asentir confiadamente, Donny se dio cuenta de que nunca había visto a Jacuzzi de esta forma antes.

—Jacuzzi parece. Divertirse.

***

Mary se enterró a sí misma en los brazos de su madre, temblando como si se hubiera quedado sin lágrimas.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que fue capturada? La mujer tenebrosa había dejado el camarote hace un momento, pero un guardia armado con una pistola aún las vigilaba.

Se preguntó que le había pasado a Czes. ¿Estaba a salvo? Tal vez, había regresado al armario de limpieza solo para encontrarla desaparecida y se estaba preocupando por ella. Quizá ya había sido capturado y asesinado.

Aterrada por su propia imaginación, Mary se recostó sobre su madre.

Sus ojos se llenaron con lágrimas nuevamente.

***

El quinteto de Lémures pasó a través del vagón comedor y de los carros de segunda clase, y actualmente corría en medio del carro de la tercera clase. Se dirigían hacia el compartimiento del conductor.

—Tengan cuidado. Al parecer Chane y uno de los hombres de blanco se dirigieron hacia la parte trasera de igual forma —dijo el líder del equipo, justo cuando escucharon una ventana rompiéndose. 

— ¿¡Qué demo…!?

— ¡Vino de la cabina!

Se oyó como si proviniera de una de las cabinas de la tercera clase.

— ¿Dónde está el equipo de la tercera clase?

—Perdimos contacto con ellos, al igual que con los de segunda clase.

Los hombres de negro respiraron profundamente. Dos de ellos buscarían en el vagón, mientras que los otros tres proseguirían para revisar el compartimiento del conductor.

Una vez que el equipo de tres salió, los dos restantes se acercaron silenciosamente a la puerta de la cabina.

Pasaron un tiempo en silencio, y conforme uno de ellos daba una señal muda, los dos hombres patearon simultáneamente la puerta.

—No hay nada aquí.

El camarote se encontraba vacío. Únicamente el sonido del viento soplando a través de la ventana rota ocupaba el espacio.

Uno de los hombres se aproximó cautelosamente a la ventana, quitó algunos de los residuos del marco con la parte trasera de la pistola y sacó la cabeza por la ventana para obtener una mejor vista.

Miró hacia abajo un rato, luego se apresuró a ver alrededor.

— ¿Qué sucede?

—Ven aquí un momento… Mira eso.

El segundo hombre acompañó a su colega en la ventana y observó hacia afuera, por debajo del marco.

—Ugh…

Lo qué contemplaron bajo la luz de la lámpara y del pálido brillo de la luna fue un cuerpo humano retorcido grotescamente. El cuerpo lucía como si estuviera atrapado entre los ornamentos de metal en la base del carro. Era imposible verlo por completo desde su posición en la ventana. No obstante, los hombres de negro tenían la certeza de que ese cuerpo era un cadáver. Le faltaba el brazo derecho y ambas piernas. Quizá habían sido desgarradas o incluso devoradas. El brazo derecho desapareció totalmente desde el hombro hacia abajo y el corte era muy desordenado.

Presumiblemente fue asegurado al tren en un lugar que no podía verse desde su ángulo, excepto por la ropa o su brazo izquierdo.

Los hombres de negro estaban bastante acostumbrados a presenciar cadáveres; pero eso no fue lo qué los impactó. La conmoción provenía del hecho de que el cadáver era el de un niño. Nadie esperaría ver tal cosa; no se encontraban en una tierra devastada por la guerra, sino en un tren de los Estados Unidos.

Chane y Goose quizá ni se inmutarían ante la escena, e incluso Ladd terminaría por reírse. Y si Jacuzzi viera esto, comenzaría a llorar como un loco.

El cadáver del niño tenía un nombre muy difícil de pronunciar: Czeslaw Meyer.

***

—Espero que Czes esté bien —dijo Mary para sí misma, finalmente había dejado de llorar.

—Claro que lo está. Estoy segura de que Czes, el señor Isaac, la señorita Miria, el señor Jacuzzi y la señorita Nice, todos están bien. De modo que no te preocupes. Mamá se asegurará de que no tengas pesadillas, así que vete a dormir, Mary —La tranquilizó la señora Beriam.

La señora Beriam gentilmente acarició el cabello de su hija.

Un pequeño repiqueteo grave comenzó a oírse

El ruido provenía de la ventana.  Era el sonido de algo duro golpeando el cristal.

El solitario guardia abrió la ventana con pistola en mano.

— ¿Eh?

Miró hacia afuera por todos lados, pero no había nada ahí.

Entonces, se inclinó fuera de la ventana, sentándose sobre el marco para conseguir una mejor vista al techo; en ese momento, su vista del cielo nocturno fue cubierta repentinamente por la oscuridad.

— ¡Ah!

Un par de resistentes botas de trabajo aterrizaron justo sobre su cabeza.

El dueño de las botas se sostuvo del marco de la ventana y pateó el rostro del hombre.

— ¡Espera! ¡Ah!

 El cuerpo del hombre fue arrastrado a la ventana, cayendo finalmente del tren. Rodó sobre la grava de las vías y pronto fue absorbido por la noche.

La familia Beriam, sorprendida por el repentino acontecimiento, observaba a la persona que entró a través de la ventana.

Se trataba de una mujer joven vistiendo ropa de trabajo.

La señora Beriam vagamente recordaba haberla visto sentada cerca de la ventana detrás suya en el vagón comedor. Mientras buscaba por más memorias sobre ella, la muchacha habló.

— ¿Se encuentran bien? —preguntó estoicamente. Tenía alrededor de veinte años. Su ya descuidada indumentaria estaba cubierta de manchas negras, logrando que luciera incluso más sucia de lo que estaba en el vagón comedor.

—Si no están heridas, salgamos de aquí.

***

Nueva York, por la mañana. En algún lugar de la Pequeña Italia.

—Oh, no… Desperté demasiado temprano.

Cuando Firo vio el reloj, aún eran las 5:00 am. El exterior estaba totalmente oscuro. Tal vez las cosas serían diferentes en el verano, pero en esta época del año, todavía se podía ver el estrellado cielo nocturno.

—Oh, bueno…

Soñoliento, se frotó los ojos y se encaminó al baño.

— ¿Qué sucede, Firo? Te levantaste pronto —dijo una joven detrás de él. Se trataba de Ennis, la compañera de casa de Firo.

—Lo siento, Ennis. ¿Te desperté?

—No, ya estaba despierta.

—Es un alivio. Bueno, supongo que estoy emocionado por lo de hoy.

— ¡Estoy esperando ver a Isaac y Miria otra vez! —dijo Ennis con alegría. Firo sonrió.

—Yo también. Y sabes, Claire vendrá en el mismo tren.

— ¿La persona de la que me hablaste la noche pasada? ¿Qué clase de persona es? — preguntó Ennis con curiosidad.

Firo lo pensó un momento e identificó unos cuantos adjetivos.

—Eh… Creo que de personalidad sensata, lo descubrirás hoy. En cualquier caso, es realmente veloz y también fuerte. Simplemente te demuestra que no puedes juzgar a un libro por su portada.

— ¿Es atleta?

— ¿Atleta? Pues, Claire solía estar en un circo, ¿sabes? Supongo que un mejor término sería… acróbata —Firo recordó a su viejo amigo y sonrió—. Tal vez el tren está siendo invitado a un pequeño espectáculo acrobático en estos momentos.

***

La mujer en ropas de trabajo trepó al techo como un acróbata. 

—Voy a bajar una soga, atenla alrededor de ustedes y sosténgala con fuerza.

La señora Beriam hizo lo que se le pidió, atando primero la soga alrededor de su hija. Cuando comenzó a preguntarse de dónde la mujer había sacado la soga, Mary ya estaba siendo arrastrada hacia el techo. 

La señora Beriam se subió la falda hasta la mitad y la amarró fuertemente, luego ató la soga que descendió nuevamente alrededor de ella.

—Ugh…

El tren alcanzó una curva de las vías y se golpeó ligeramente contra el mismo. No obstante, no perdió el paso y escaló el costado del tren con todas sus energías.

Tras un momento, la familia Beriam estuvo reunida otra vez. Afuera se encontraba totalmente oscuro y el humo no ayudaba a la visibilidad; pero, la madre y la hija se abrazaron la una a la otra con fuerza.

—Es demasiado pronto para celebrar —dijo la mujer y comenzó a guiar a madre e hija por el techo—. Tengan cuidado. ¡Es mejor correr que intentar caminar con cuidado!

— ¡Sí!

Corrieron hasta el final del vagón y saltaron al siguiente. Mary casi pierde el equilibrio, pero la mujer en ropas de trabajo la sujetó del brazo y la ayudó a ponerse de pie. 

Quizá era algo bueno que su visión estuviese tan nublada. Puede que se asustaran demasiado como para levantarse si observaran que tan alto del suelo se encontraban y que tan rápido se movía el tren.

Sin embargo, al cabo de unos minutos oyeron el ruido de disparos mezclados con los del tren.

— ¡Diríjanse al vagón comedor! ¡Una vez que lleguen ahí es seguro bajar! —gritó la mujer en ropas de trabajo con suavidad. Luego, se detuvo.

Mary y la señora Beriam dieron media vuelta. El pantalón de la mujer se encontraba ligeramente rasgado a la altura del muslo y una mancha roja comenzaba a expandirse alrededor del orificio. La señora Beriam inconscientemente trató de regresar por ella, pero la mujer se percató de ello.

— ¡Está bien! ¡Sigan adelante sin mí!

Sus ojos se encontraron. Eso fue más que suficiente para que la mujer en ropas de trabajo transmitiera su mensaje.

La señora Beriam asintió con la cabeza agradeciéndole, sujetó la mano de su hija y corrió. Mary al principio intentó volver por la mujer; no obstante, pronto cedió al fuerte agarre de su madre y la siguió.

La mujer en ropas de trabajo las observó irse. Permaneció en el mismo lugar y giró sobre sus tobillos. Ella también quería escapar, pero su herida era más profunda de lo que esperaba. Sabía que si intentaba huir ahora, se convertiría en presa fácil, por lo que decidió volverse un escudo para las Beriam contra el francotirador. 

Un hombre de apariencia demoníaca había ascendido parcialmente sobre el techo del carro. Frente a él se encontraba un rifle de francotirador.

— ¡Hola! ¿Te importaría quitarte de en medio? No puedo darle a la pierna de la niña contigo parada ahí —Spike sonrió con frialdad.

—Que alguien trepe al techo y baje a esa mujer. Spike, no pierdas vista de ella.

—Afirmativo, señor. De todas formas, parece que acampar en el acoplamiento con el maldito frío valió la pena después de todo. Alcé la vista exactamente en el momento en que saltaban, así que la ropa interior de esa mujer estaba justo encima de mí…

Probablemente ya era demasiado tarde para capturar a las Beriam sobre el techo. Spike bromeó, a pesar de la mirada alterada sobre el rostro de Goose.

—Cuida tu vocabulario.

—Ups. Perdón por eso. Pero, sabes, supongo que la vida en verdad tiene su ración de sorpresas.

Goose ignoró a Spike y le hizo otra pregunta.

—Entonces, ¿ese matón de traje blanco realmente estuvo a la altura de Chane?

—Posiblemente.

—Ya veo… —Goose se detuvo por un momento—. Puede que ahora tengamos que elaborar un escenario de escape en nuestros planes. Sin embargo, hay una fase del plan que tiene que ser completada antes de eso —Bajó la voz y le dio a Spike una orden—. Cuando tengas la oportunidad aniquila a Chane.

***

¡Ayuda! ¡Ayúdenme! 

¿Cómo terminaron las cosas de esta forma?

Pensé que estaría bien porque éramos cinco de nosotros los que iríamos juntos… ¡Nunca me imaginé que de verdad existiera un monstruo!

Nos dividimos en dos equipos en el vagón de la tercera clase. Iba con el grupo que continúo hacia el compartimiento del conductor. Ya tenía un mal presentimiento desde entonces.

Cuando vi el cadáver de nuestro compañero en la bodega de carga, estaba tan asustado que pensé que me volvería loco.

Y justo después de eso… ese monstruo de blanco, que se encontraba en esa habitación… ¡le cortó el cuello al otro sujeto!

Mi otro compañero de equipo fue capturado. Probablemente ya esté muerto ahora mismo.

Solo yo hui. ¿Y qué? Nunca estuve de acuerdo con este plan en primer lugar.

El maestro Huey nunca toma rehenes y jamás asesinaría a una niña para usarla como advertencia. Supongo que Chane también comprendía esto; sin embargo, les siguió la corriente porque deseaba rescatar al maestro Huey.

Y sé la verdad; hay una gran diferencia entre Chane y Goose. Chane venera todo sobre el maestro Huey; mientras que, todo lo que quiere Goose es la famosa “bendición” del maestro Huey. Desde luego, lo mismo va para el resto de nosotros. Incluyéndome.  

Nader y los sujetos que fueron asesinados ayer, únicamente nos traicionaron debido a que no conocían la habilidad física del maestro Huey. Más o menos entiendo por qué hicieron lo que hicieron.

No obstante, me rindo. Dejando de lado al maestro Huey, no puedo ir tan lejos como Goose.

Cómo pudo pensar deshacerse de Chane, ¿solo porque se interpone en su camino? Ella es la más leal de todos nosotros.

¡Maldición, maldición, maldición! Voy a salir corriendo. Abriré la puerta al compartimiento del conductor y, entonces, saltaré tan pronto como vea un gran río o algo.

Si me quedo aquí, me asesinarán.

¡Oh! Este es el último vagón de carga. Después de esto se encuentra el compartimiento del conductor. 

Sin embargo, en el momento en que el hombre de negro pasó a través de la puerta, se dio cuenta de que ya estaba medio abierta.

Para cuando reconoció la enorme mano morena saliendo de la puerta, era demasiado tarde. Su rostro ya estaba cubierta por ella.

¡No! ¡No! ¡Todavía no quiero morir! 

Lo arrastró hacia la bodega de carga. Era el fin. Sería asesinado por el gigante frente a él. Posiblemente este era ese monstruo; el Rail Tracer.

¡No quiero morir! ¡No quiero morir! ¡Te lo ruego, por favor no me mates!

No te preocupes. No te mataremos —dijo el joven a un lado del gigante. El tatuaje sobre su rostro lo hacía lucir como un demonio, pero el hombre de negro solo pudo visualizarlo como un ángel salvador—. Sin embargo, hay algunas cosas que quiero saber. ¿Podrías responder unas cuantas preguntas?

***

La mujer en ropas de trabajo yacía sobre el piso de una cabina de la primera clase que los Lémures usaban como cuartel general, acompañada de Nice y Nick. Alrededor de ellos permanecían cinco o seis hombres de negro y en medio de todos se encontraba Goose.

—Estoy encantado de verla otra vez, señorita —dijo Goose con los ojos llenos de rabia, a pesar de sus cordiales palabras—. Escuchamos de la existencia de un asesino a sueldo llamado “Vino”, que es reconocido por sus homicidios extremadamente escabrosos. Las descripciones de los cadáveres aquí presentes lo advierten; pero, pensar… que ese legendario asesino sería una mujer.

Goose suspiró y levantó la barbilla de la mujer. No obstante, su rostro cubierto de hollín permaneció inexpresivo. Manteniéndose callada.

—Asombroso. Nuestros planes se están desmoronando a causa tuya y de los hombres de blanco. ¿Cuántos de nuestros hombres fuiste responsable de asesinar? ¿Por qué entrar en acción cuando no tienes nada que ganar con esto, Vino? ¿O quizá debería llamarte… el Rail Tracer?

La repentina mención del nombre del monstruo provocó que Nice y Nick regresaran a la realidad. Sin embargo, lo único que hizo la mujer en ropas de trabajo fue reírse silenciosamente. Su voz se volvió más y más fuerte, hasta que dio lugar a una carcajada a más no poder.

— ¿Qué es tan divertido?

— ¿Cómo esperas que no lo sea? —Logró expresar entre risas—. Ya pensaba que era extraño, no entendía a donde querías llegar con todo esto. Estás equivocado. Lo has entendido totalmente mal. ¡Has cometido un grandísimo error!

— ¿Qué? —Goose alzó una ceja.

—Oye. Apuesto a que me confundiste con él, ¿cierto? ¡Con el Monstruo Rojo! ¡Qué mal por ti, pero ese no era yo! ¡Te aseguro que ese monstruo está por ahí en estos momentos devorando a todos tus hombres de negro y a los de blanco! ¡No, en este punto, creo que todos seremos asesinados! ¡Al igual que ese pobre niño que mataron!

Goose estaba a punto de hablar, pero fue interrumpido por la puerta que se abrió de súbito.

— ¡Goose! ¡Tenemos un problema! 

— ¿Qué sucede?

—P-pues… ¡nuestros hombres en el vagón comedor han desaparecido!

— ¿Qué? Explícate —Goose dejó la cabina junto a su subordinado.

Rezagados en el camarote se encontraban los tres rehenes atados. Tal vez los Lémures se estaban quedando sin personal, o puede que simplemente se les haya olvidado; pero dejaron a sus prisioneros sin nadie que los vigilara.

En el momento en que confirmó esto, la soga alrededor de las muñecas de la mujer en ropas de trabajo cayó al suelo.

— ¿Eh?

Nice y Nick contemplaron con profunda admiración como la mujer empleaba sus propias uñas para cortar las sogas alrededor de sus tobillos.

La vista de Nice era lo suficientemente buena para observar que las uñas de la mujer habían sido esculpidas de una forma extraña. Eran largas y afiladas como cuchillos y algunas de ellas se encontraban dentadas como la hoja de una sierra.

Como si esperara escapar de ser amarrada con sogas. 

—Permítanme desatarlos. Tienen que salir de aquí —dijo ella, liberando a Nice y Nick.

— ¡Gracias! —dijo Nice, luego recordó algo mientras se incorporaba—. Um… mencionaste que viste a un niño… siendo asesinado…

La mujer en ropas de trabajo se detuvo incómoda, después, le contó a Nice la verdad.

—El niño que se encontraba en la barra contigo y tus amigos… era él.

Nice medio anticipaba esa respuesta; no obstante, se impresionó profundamente de todos modos.

Le dolía la idea de tener que darle la noticia a Jacuzzi.

Por supuesto, eso sería solo si podían huir del tren con vida.

***

Varios minutos antes, un incidente había tomado lugar en el vagón comedor.

—Hora de cambiar turnos.

Un par de hombres de negro se acercaron a sus compañeros, que permanecían en guardia.

—Gracias.

Los hombres que habían estado en servicio hasta entonces le entregaron las armas a sus compañeros y se fueron hacia el vagón de la primera clase.

Caminaron fuera del vagón comedor y sobre el acoplamiento, estaban a punto de abrir la puerta del vagón de la primera clase cuando de repente oyeron lo que asumieron eran los gritos de los pasajeros en el vagón comedor.

— ¿¡Qué!?

Los dos hombres supieron al instante que algo había sucedido en el vagón comedor, puesto que todas las luces se apagaron.

Rápidamente regresaron y abrieron de golpe la puerta del vagón comedor. La luz de la luna iluminaba débilmente el interior; no obstante, era difícil ver algo en la oscuridad. Todo lo que podían observar era que dos ventanas, la más próxima al frente y la otra más cercana a la parte trasera, se encontraban completamente abiertas.

— ¿¡Qué está sucediendo aquí!?

Sin embargo, no recibieron respuesta de los aliados que deberían estar ahí.

Conforme los hombres de negro permanecían con las guardias en alto y el sudor frío bajaba por sus espaldas, las luces incandescentes del vagón comedor parpadearon, regresando por fin a la vida.

Los focos no tenían nada malo. Por lo que debió ser un apagón temporal en el vagón comedor.

Eso no era un problema, pero el par de hombres de negro se inquietaron por otra cosa.  

Sus dos reemplazos se habían desvanecido en el aire.

Podían sentirse traspirando a mares. El viento que entraba desde las ventanas abiertas enfriaba sus cuerpos cubiertos de sudor al instante.

— ¿¡Qué demonios!? ¿¡Qué diantres está sucediendo aquí, maldita sea!?

Sujetó el cuello del pasajero sentado más cerca a las puertas.

La respuesta fue simple y al grano. El temblor del hombre dejaba en claro que estaba diciendo la verdad.

— ¡Un monstruo rojo! ¡Un monstruo rojo! ¡Entró volando por la ventana y! ¡Se los llevó!

— ¿¡Un monstruo!? ¿¡Cómo lucía!?

— ¡Estaba demasiado oscuro! ¡No lo sé! ¡Todo lo que pude ver fue q-que era totalmente rojo! —El hombre parecía estar demasiado impactado para hablar adecuadamente.

El hombre de negro salió de mala gana al acoplamiento, reportándose con su compañero que lo esperaba.

—Oye. Le notificaré a Goose. Tienes una pistola, ¿no? Por el momento, solo vigila el vagón comedor.

— ¿Solamente con una pistola?

—No te preocupes por eso. No pueden hacer nada —Dio medio vuelta y miró por la ventana. Los pasajeros no parecían armados— No debe ser ningún pro…

Sin embargo, en el momento en que se giró para ver a su amigo, el hombre se enfrentó con un gran inconveniente.

No había nadie ahí.

Su mente no pudo seguir el ritmo. ¿Qué había pasado? Todo lo que sabía era, que en el instante en que dio media vuelta, vio algo por el rabillo del ojo.

Se trataba de una sombra roja, iluminada por el cielo, el cual había empezado a volverse más brillante.

Un latido. Finalmente comprendió.

Se percató de que los pasajeros eran lo último de sus preocupaciones; una mera pistola no serviría de nada contra el monstruo rojo.

Antes de que se diera cuenta, ya estaba corriendo hacia el carro de la primera clase a toda velocidad.

Había huido.

***

El vagón comedor estaba envuelto en un silencio incómodo. 

Los hombres de negro no regresaron después de su fiasco anterior. Ahora era posible dejar el carro con facilidad.

No obstante, ¿cómo escaparían de este lugar? Nadie sabía que sucedió con los hombres de blanco luego de eso, y no tenían idea de cuándo o dónde atacaría el monstruo rojo la próxima vez. De suerte que, lo mejor, era permanecer donde hubiera muchas personas.

Además, nadie de los que abandonaron el vagón hasta el momento: el estrafalario pistolero, la bailarina y los niños, habían regresado. La idea paralizó a los demás pasajeros, adhiriéndolos a sus asientos.

Varios minutos pasaron, cuando el silencio fue quebrantado por el ruido de la puerta abriéndose.

Provenía de la dirección opuesta a los carros de la primera clase. ¿Eran los cinco hombres de negro nuevamente o alguien más?

La respuesta fue la última. También resultaba ser el peor escenario posible de la última categoría.

— ¡Bien! ¡Qué nadie se mueva!

— ¡Incluso si pestañean, les dispararemos! 

Los dos hombres armados con pistolas gritaron tan pronto como aparecieron por la puerta.

Ninguno de los pasajeros los reconoció; pero, saltaba a la vista que los hombres eran peligrosos. Gracias a que, aún antes de las pistolas, vieron los trajes blancos que estaban vistiendo.

— ¿Quién iba a decir que los hombres de negro simplemente se irían y nos los dejarían a nosotros? Qué suerte tenemos, ¿eh? 

—Fue una buena idea escondernos cerca del vagón comedor todo este tiempo.

— ¡Todos! ¡Entreguen sus pertenencias!

— ¿Crees que deberíamos tomar rehenes?

—Seguro, ¿por qué no? El secuestro falló y nunca tuvimos una oportunidad para empezar. Solo quiero conseguir el dinero y salir de aquí.

—Tienes razón. Y Ladd se fue a alguna parte, también.

Los hombres de blanco hablaron en voz alta conforme caminaban hacia adelante.

Algo similar al ruido de un hacha cortando un árbol retumbó por el vagón comedor.

—Ugh…

— ¡Ah! …¿Eh?

Los hombres de blanco cayeron al suelo con los ojos en blanco.

Los pasajeros observaron el espacio detrás de los hombres de blanco Ahí se encontraba un gigante, cuya cabeza llegaba hasta el techo. Su puño fuertemente cerrado estaba detenido donde, hasta hace unos momentos, se encontraban las cabezas de los hombres de blanco.

¿Acaso este hombre era un monstruo o un salvador?

Los pasajeros miraron con ansiedad al gigante.

Sin embargo, el primero en hablar no fue el gigante, sino el joven que apareció por detrás de él. El tatuaje sobre su rostro dejaba en claro que no se trataba de un hombre con un modo de vida honesta. Sonriendo como un niño mientras apuntaba con su Tommy Gun.

Varios pasajeros se dieron cuenta de que era el mismísimo hombre que había estado llorando en la barra antes de que el incidente iniciara.

Jon y Fang, con los ojos totalmente abiertos, observaron la situación.

Las siguientes palabras de Jacuzzi  lanzaron a los pasajeros de regreso a la desesperación.

— ¡Este vagón ahora está bajo nuestro control! ¡Por favor sigan nuestras órdenes si no quieren morir!

***

Mientras tanto, Spike se encontraba en posición de espera en el techo. Se encorvó y observó a través de la mira de un rifle de francotirador extrañamente largo. Tenía como objetivo un par de siluetas en la parte superior de de los vagones de carga. Era una distancia bastante considerable desde ahí.

No obstante, en estos momentos, eso ya no era un problema. El cielo había comenzado a volverse más claro y las dos siluetas no podrían ser más fáciles de diferenciar.

Uno de ellos portaba un vestido negro. Mientras que el otro estaba totalmente cubierto de rojo.

Al principio, Spike pensó que Chane seguiría enfrentándose con el hombre de blanco, pero debe haber encontrado un adversario diferente en las últimas horas.

No creía que podía resistir tanto tiempo. Spike se maravilló ante la sorprendente vitalidad de Chane; sin embargo, la sombra roja que contendía era asombrosa por sí misma.

Por alguna razón, ninguna de las siluetas se movía. Parecía que se miraban el uno al otro. De cualquier caso, el hecho de que Chane no se moviera, representaba una oportunidad única en la vida.

— ¿Con que ese es el infame monstruo? Desde aquí no luce muy diferente a  un humano común y corriente.

Desde las sacudidas del tren, Spike determinó el ángulo de la curva que iba a recorrer. Calculó la trayectoria de la bala y rápidamente jaló el gatillo.

—Aquí va. ¡Bang!

Hubo un disparo. Una de las siluetas cayó.

Fue aquella con el vestido negro; Chane. A pesar de estar encima de un tren en movimiento, la bala de Spike encontró su blanco.

—Lástima, cariño. Pero solo te meterás en nuestro camino cuando forcemos la bendición del maestro Huey fuera de él.

Spike silbó, luego apuntó a la sombra roja.

— ¡Apresúrate y acaba con ella, señor Monstruo!

Spike observaba al monstruo desde lejos; pero no se encontraba particularmente asustado. A la luz del día resultaba obvio que no se trataba de una bestia o algún tipo de dragón. Spike era un escéptico en su máxima expresión, tenía la certeza de que el monstruo rojo se trataba de un ser humano.

Y no había nada de que temer cuando se enfrentaba a una persona.

Le dispararía en el torso antes de que llegara aquí, y una vez que su objetivo dejara de caminar, terminaría las cosas con un tiro en la cabeza. Era sencillo.

Confiaba en que, siempre y cuando no estropeara el momento, sus habilidades le garantizaban cierta victoria.

Sin embargo, la silueta roja no se movió. Sintió como si sus ojos estuvieran observando directamente a Spike.

—Oye, oye. ¿Qué rayos? Date prisa y asesina a Chane…

Sus palabras se desvanecieron conforme su corazón comenzó a latir ferozmente.

La silueta roja se estaba moviendo. Corría a lo largo del techo a un ritmo inimaginable, justo hacia Spike.

— ¿¡Qué demonios!? ¡Esto es una locura! ¡Es demasiado rápido!

Aun cuando las palabras de Spike eran de pánico, sus ojos y el dedo del gatillo estaban mortalmente calmados. La silueta roja se trasladó en línea recta, sin moverse hacia los lados. Asemejándose a una bala roja volando sobre los techos.

Spike apuntó y apretó el gatillo.

—Muere.

No obstante, en el momento en que jaló el gatillo, la silueta roja giró por primera vez y evadió la bala.

— ¿¡Qué!? ¿¡Qué demonios fue eso!?

Nuevamente apuntó y disparó.

Sin embargo, la silueta esquivó la trayectoria de la bala otra vez justo cuando Spike accionó el gatillo.

Disparó dos, tres veces y el mismo evento se repitió.

— ¿¡Acaso ese cabrón puede ver mi dedo!? —preguntó Spike conmocionado y jaló el gatillo una vez más. Pero no hubo más que un silencioso clic.

Se había quedado sin municiones. Por fin, Spike comenzó a preguntarse si realmente se enfrentaba a un ser humano, y experimentó verdadero miedo.

— ¡Maldita sea! ¿¡Qué tal esto!?

Hizo a un lado su arma y sacó su pistola de contingencia.

Se trataba de un arma grande y robusta, completamente diferente al de francotirador, una ametralladora Lewis, creada por los americanos y usado por los británicos.

— ¡Un monstruo rojo como tú debería convertirse en pulpa roja! —gritó Spike, mientras la ametralladora escupía balas a una velocidad de quinientas revoluciones por minuto.

Hasta el monstruo rojo fue forzado a detenerse. Rodó por el techo, luego cayó por el borde. Eso pasó casi llegando al centro del vagón comedor, a dos carros de distancia de la ubicación de Spike.

Spike trató de silbar, pero falló a causa del castañeteo de sus dientes. 

El monstruo podría intentar trepar al techo nuevamente. Permaneció vigilante, entretanto apuntaba con cuidado al techo próximo del que había caído el monstruo.

Sin embargo, no vio señales del regreso del monstruo.

Dejó salir un suspiro de alivio, y sintió como su corazón recobraba poco a poco su ritmo usual. Alzó la mirada hacia el techo del vagón de carga, y vio a Chane todavía sentada en el mismo lugar dónde le había disparado antes. Parece que se las había arreglado para no morir.

—Qué perra tan fastidiosa. A veces los perros mejor entrenados son los peores.

Spike trató de ajustar la mira con la intención de suministrar el tiro de gracia; pero, como era de esperarse no existía tal cosa en una ametralladora Lewis.

—Maldición. Realmente estoy fuera de forma hoy —dijo, conforme sujetaba el rifle de francotirador—. Cierto, tengo que recargar.

No pudo encontrar su recargador. Posiblemente lo había dejado olvidado en el acoplamiento.

Spike descendió y encontró lo que estaba buscando.

—Mierda, en serio…

Pero, en el instante en que alcanzó la caja sobre la plataforma del acoplamiento, un brazo rojo oscuro lo tocó desde abajo del tren y agarró su mano derecha.

Una poderosa fuerza arrastró a Spike hacia abajo. Ni siquiera alcanzó a gritar cuando fue atraído bajo el acoplamiento.

Un minuto antes de que golpeara el suelo, Spike llegó a una conclusión.

Con razón nunca nos encontramos con este sujeto en el tren.

Spike vio un espacio sorprendentemente amplio debajo de los vagones,  lleno de toda clase de maquinarias. Contempló a la silueta roja escalando diestramente las ornamentaciones de metal.

Ese cabrón… no se ha estado desplazando sobre o a través del tren… ¡él se ha estado moviendo por abajo!

Al poco rato, hubo un impacto en su cabeza, seguido por una eterna oscuridad.

***

Los Lémures, que al inicio fueron cerca de los treinta, ahora habían disminuido a seis, los cuales se reunieron en la cabina de Goose. No obtuvieron contacto de los cinco hombres que fueron al compartimiento del conductor. Por lo que, posiblemente fueron asesinados por el Rail Tracer o por los hombres de blanco; o quizá Chane los haya matado en represalia. 

Ya había pasado un tiempo desde la última vez que escucharon los disparos de Spike. Goose fue a verificar por sí mismo, pero Spike no se veía por ningún lado.

Ahora Goose estaba seguro de dos cosas: que Spike ya había muerto, y que la única oportunidad de ganar este juego no era sometiendo al tren, sino escapando con vida.

Al pensar de esta forma, Goose recordó la razón por la que no era un soldado.  Ningún soldado real, al fin  y al cabo, compararía situaciones como esta con un juego.

Tal vez las cosas habían llegado a este punto porque no era un militar; debido a que aún tenía algunos rasgos de ingenuidad en él.

No había forma de saber cuántos hombres de blanco todavía se encontraban con vida. Todo lo que podía ver era el hecho de que las oportunidades se sumaban contra ellos.

—No tenemos elección. Abortaremos la misión y emprenderemos la retirada.

Desconectaremos los vagones de carga y los detendremos.

Reflexionando sobre lo que iba a decir a continuación, Goose se encontró realmente convencido de que era un terrorista, no un soldado. Sin sentir remordimiento alguno sobre la orden que estaba a punto de dar.

—No podemos permitir que nuestros rostros sean reconocidos. Proseguiremos con el plan original y eliminaremos a todos los pasajeros.

De repente, la puerta crujió, abriéndose ligeramente.

Mientras todos enfocaban su atención sobre la puerta, algo entró rodando.

Se trataba de un pequeño cilindro que giraba muy inocentemente, salvo por el sonido de chispas y por la insignificante cantidad de humo que estaba emitiendo.

Goose reconoció el propósito del objeto y rápidamente lo tomó.

Golpeó la ventana hasta agrietarla con la parte trasera de su arma, sin ni siquiera tomarse la molestia de perder el tiempo abriéndola, y lanzó el objeto por la ventana con todas sus fuerzas.

Minutos después, el tren se meció por el poderoso impacto.

La bomba no fue tan fuerte como la dinamita, pero bastaba para inutilizar a cada hombre que se encontrara en esta cabina.

— ¡Están en los pasillos! ¡Acaben con los enemigos! —ordenó Goose, mientras los hombres se apresuraban en salir de la cabina.

Rodando por lo corredores se encontraba otra bomba, siseando conforme se consumía la mecha.

— ¡Cierren la puerta!

Rápidamente sellaron la puerta y se cubrieron. Justo a tiempo, la puerta salió volando del marco.

Goose se mordió el labio, contemplando los escombros con una mirada de absoluto desdén.

—Había olvidado que esos rehenes eran muy difíciles de manejar por métodos convencionales. 

Entonces, Goose se rió, auto-reprochándose, y colocó su mano sobre la repisa de la ventana, la cual había sido totalmente destruida por la fuerza de la explosión.

—Me encargaré de ellos. El resto pueden ir a preparar nuestros instrumentos en el cuarto trasero.

***

El ruido de la explosión recorrió todo el camino hasta el vagón comedor.

— ¿Eh?

Jacuzzi se detuvo de súbito y giró en dirección del sonido. Luego, se volteó hacia Fang y Jon que se encontraban a un lado de él.

—Perdón, pero ¿podrían encargarse del resto?

—Oye, ¿a dónde vas?

—Ese ruido de hace un momento… ¿Crees que haya sido Nice?

El sonido de la explosión condujo automáticamente a que Fang asumiera que era obra de la chica con lentes y de un ojo. De modo que, era claro lo que Jacuzzi haría a continuación.

—Sí. Estoy bastante seguro de que era ella. Iré y la ayudaré.

— ¿Estás loco? Donny ya se ha ido a la bodega de carga. Si quieres, nosotros podríamos…

—No pueden hacer eso. Ustedes dos tienen que cuidar el vagón comedor. Iremos de acuerdo al plan que les comenté antes. Y honestamente, pienso que aquí serías un mejor líder que yo, Jon.

—Buen punto. Sueles estorbar en momentos como estos.

—Eres horrible, Jon…

La respuesta de Jacuzzi fue tan inusualmente tranquila que Jon se desconcertó.

—Ahora que lo pienso, ya no estás llorando. ¿No estás asustado?

—Lo estoy —contestó Jacuzzi de inmediato—. Tengo tanto, tanto miedo que siento que mis piernas comenzaran a temblar en cualquier momento. Posiblemente, justo ahora, haya un montón de hombres de negro en la primera clase, y todos ellos probablemente estén armados.

—Entonces, no vayas. Acabarás llorando y corriendo por tu vida —Jon trató de persuadir a Jacuzzi; no obstante, este solo sonrió avergonzadamente.

—Te prometo que regresaré a salvo. Y si Nice muriera, no podría volver a verla otra vez. De modo que, tengo que ir con ella mientras todavía se encuentre con vida.

Jacuzzi se colgó una ametralladora sobre el hombro y caminó hacia la puerta que conducía al acoplamiento.

—Además, decidí que no lloraría. Estoy listo para enfrentar cualquier cosa, sin importar lo dolorosa que sea.

Al escuchar esto, Jon y Fang desistieron sobre detener a Jacuzzi. Mientras contemplaban como se marchaba, Fang dijo sarcásticamente:

— ¿No le preocupa Nick en lo absoluto?

—Tal vez sea porque Nick no tiene mucho acto de presencia.

***

— ¿Se encuentra bien, jefa? —gritó el hombre sin acto de presencia.

Nice asintió alegremente.

—No te preocupes, Nick. ¡Me la estoy pasando de maravilla! ¡No todos los días puedo usar tantas bombas a la vez! —Su único ojo ya se encontraba perdido en su propio mundo de euforia. 

— ¿A qué te refieres con «No te preocupes»? —preguntó Nick nerviosamente conforme se sentaba sobre el suelo.

Sabía que ella estaba un poco loca por los explosivos, pero Nick nunca se imaginó que llegaría tan lejos.

Era gracias a la presencia relajante de Jacuzzi que Nick nunca había conocido este lado de Nice. Esto iba más allá del nivel de un simple interés; ella era, en toda la extensión de la palabra, una adicta a las bombas. Estaba estupefacto por el hecho de que calibrara la cantidad de explosivos que empleaba solo momentos antes de su detonación a fin de no dañar la estructura del tren o detener su movimiento. No le quedó más opción que dejárselo a ella; Nice realizaba los ajustes con nada más que estimación visual.

A pesar de que hizo estallar los cadáveres de los mafiosos la noche pasada, Nice no había tenido la oportunidad de explotar a seres humanos vivos… excepto, claro está, ella misma.

—Continuemos, jefa. ¡Tenemos que reunirnos con los demás!

—Oh, qué lástima. Pero, creo que tienes razón.

Nice extrajo otra bomba oculta bajo su ropa, quitó algo de la pólvora del interior, y prendió fuego a la mecha.

En el momento en que la mecha comenzó a sacar chispas y humo, Nice abrió la puerta y lo lanzó al pasillo.

Hubo una explosión. El impacto sacudió sus cuerpos.

Y en el momento justo, Nick colocó su mano sobre la repisa de la ventana. Subiría primero al techo y jalaría a Nice, puesto que la mujer en ropas de trabajo se fue por la ventana tan pronto como terminó de desatarlos.

Nick alzó la vista fuera de la ventana para sostenerse de la decoración.

— ¡Ugh!

Sin embargo, rápidamente fue empujado de regreso a la cabina por un par de botas que entraron a través de la ventana.

—Qué…

Nick había sido pateado por alguien desde el techo. Era un milagro que no se hubiera caído del tren.

— ¡Tú eres…!

Ante ellos, apareció un hombre con un par de astutos ojos negros. 

Habiendo entrado fácilmente de un salto al camarote, Goose, armado con una pistola en cada mano, apuntó a Nice y a Nick.

—Jaque-mate, malandrines —Lentamente se acercó a ellos—. Y pensar que tenías dinamita escondida bajo tu ropa… Supongo que fue un error tratarte como un caballero.

Los labios de Goose estaban retorcidos en una sonrisa; no obstante, sus ojos observaban a Nice con una mirada que podría matar.

—Si entregaras el resto de tus explosivos…

Nice silenciosamente le regresó la mirada, pero el brazo sujetando la pistola que apuntaba a Nick se tensó. Por lo que, inmediatamente cambió de actitud.

— ¡Espera…! Te las entregaré.

Nice bajo la cabeza furiosa y sacó el resto de las bombas que tenía, colocándolas en el suelo. Había cerca de una docena de explosivos acomodados delante de ella.

—Creo que fue una buena idea no haberte disparado precipitadamente. Con tantas bombas, podría haber terminado detonándolas por accidente.

Goose golpeó a Nice con la pistola en la mano.

— ¡Ugh!

— ¡Bastardo! —bramó Nick y sacó su cuchillo.    

¡Bang!

Al sonido del disparo, el brazo que había levantado Nick salpicó sangre.

—Silencio, pedazo de mierda.

Despiadadamente, Goose colocó la pistola sobre la cabeza de Nick. 

Sin embargo, justo cuando se preparaba a tirar del gatillo, la puerta se abrió estruendosamente. La cabeza de Goose, junto con la pistola, dio medio vuelta.

Frente a la puerta se encontraba un hombre sosteniendo una ametralladora. El tatuaje sobre su rostro le hacía parecer especialmente perverso.

Cuando se percató de que el dedo del hombre estaba sobre el gatillo, Goose corrió de lado y jaló el disparador de sus propias armas.

Las dos balas pasaron rozando el brazo y el costado del joven tatuado. Pero, al mismo tiempo, su ametralladora comenzó a escupir una lluvia de balas.

— ¡Aaaaah! —gritó Goose conforme se desplazaba más al fondo. Entretanto el gruñido de las balas se acercaba más y más a sus pies, se deslizó detrás de la lujosa cama, un presente único en la primera clase.

Nick aprovechó la oportunidad para hacer que Nice se pusiera de pie y escaparon hacia el pasillo, detrás de Jacuzzi.

Jacuzzi continúo disparando por encima de la cama mientras retrocedía. Luego, abandonó el camarote y cerró la puerta tan fuerte como la había abierto.

Goose salió a rastras por detrás de la cama, sonriendo maniáticamente. Lucía como si disfrutara de la serie de obstáculos que se presentaban en su camino. No obstante, la chispa de odio en sus ojos se había vuelto más brillante que nunca.

—Interesante. Así que esta es una prueba… ¡Una prueba para convertirme en uno igual que Huey! ¡En ese caso, con mayor razón debo sobrevivir! ¡No puedo huir ahora! ¡Devoraré a todos los que se crucen en mi camino, igual que a Chane!

***

Una vez que Jacuzzi y los demás se fueron, los hombres de negro salieron al pasillo. Al principio creyeron que el tiroteo era obra de Goose; sin embargo, recordaron que no tenía una metralleta.

De repente, él se acercó a ellos desde el frente del pasillo. En sus ojos se observaba el deseo de matar; inhumanos, en un sentido diferente a los de Chane.

— ¿Han preparado el equipo?

— ¡Sí, señor! —respondieron los hombres rígidamente, nerviosos por la expresión de Goose, quién pasó delante de ellos y se colocó debajo del equipo.

Y con el pesado objeto sobre su espalda, salió a perseguir a la pandilla de Jacuzzi con una mirada que estaba entre la rabia y la diversión. 

***

Mientras tanto, Jacuzzi le daba sus órdenes a Nice y Nick en el acoplamiento entre la primera clase y el vagón comedor. 

A su lado podían ver un gran cuerpo de agua entre los barras de hierro del puente. El tren, actualmente, cruzaba un gran río. Faltaba poco para que saliera el sol y la superficie del agua se iluminaba por el resplandeciente cielo. Varios botes pequeños se encontraban flotando sobre el río.

La vista le recordó a Nice que este era el punto de reunión que había discutido con el resto de la pandilla.

Como dato curioso, había olvidado que en un principio abordaron el tren para robar su cargamento.

Sí; el plan era lanzar la mercancía al río. Jacuzzi nunca abandonó el objetivo y, sin embargo, al mismo tiempo había ido a rescatar a Nice y a Nick. Fue disparatadamente imprudente comparado a su actitud usual. A pesar de que Nice se sorprendió un poco, las acciones de Jacuzzi le aseguraron que estaba capacitado para ser su líder.

La mayoría de las organizaciones no habrían puesto a alguien como él a cargo; no obstante, de alguna forma, los actos de Jacuzzi encajaban perfectamente con las clases de personas que conformaban su pandilla.

El imperfecto e irremediablemente inseguro líder de los delincuentes tembló mientras daba las órdenes.

— ¡Donny está descargando la mercancía de la bodega de carga! ¡Le pedí que dejara una caja, así que toma esa, Nice! —gritó Jacuzzi, luego sujetó la escalera que daba hacia el techo—. Yo lo distraeré. Ustedes atraviesen directamente por el vagón comedor ¡Pueden dejar a cualquiera que pase después a Fang!

Jacuzzi asintió con una mirada de determinación. No había tiempo para cuestionarlo; todo lo que podían hacer por ahora era fiarse de su confianza.

Nice empujó hacia arriba sus lentes y levantó el parche que cubría su ojo derecho.

Ella habilidosamente sacó un objeto del interior de la cuenca de su ojo derecho y la colocó en la mano de Jacuzzi.

Se trataba de una esfera negra del tamaño de un ojo aproximadamente. Una mecha larga estaba enrollada a su alrededor.

—Es la última bomba que tengo. ¡No es muy fuerte, pero llévatela por si acaso!

Jacuzzi asintió firmemente.

—Gracias, Nice. ¡Pensaré que ella eres tú y la haré estallar con amor!

—Eso es bastante escalofriante, ¿sabes? —Nice sonrió y Jacuzzi comenzó a subir.

— ¡Jefa! ¡Están aquí! —gritó Nick, que había estado observando por la ventana de la puerta de la Primera Clase. Nice asintió y abrió la puerta hacia el vagón comedor y, los dos empezaron a correr. 

***

Cuando Goose abrió la puerta, el joven tatuado recién había trepado al techo.

— ¡Me encargaré de este! ¡Ustedes vayan por el vagón!

Aunque su expresión era de lo más espantosa, Goose aún poseía algo de cordura. Siguió a Jacuzzi por la escalera tan pronto como profirió la orden. 

Jacuzzi permaneció en medio del techo y esperó a que Goose y sus hombres subieran.

No sabía cuántos vendrían, pero la estrecha escalera los obligaría a trepar uno por uno.

Jacuzzi casi deseó que no subieran al techo. Incluso en estos momentos, era doloroso matar personas. Había visto muchos cadáveres, e incluso había presenciado a sus amigos matar a los mafiosos que intentaron atacarlo. A fin de cuentas, todo eso fue a causa suya. La conversación con Isaac había disminuido su culpa de alguna forma, pero la idea del asesinato aún le dolía.

No obstante, tenía que hacerlo.

Tragó saliva y esperó, intentando mantener el equilibrio a pesar de los movimientos del tren.

Finalmente, algo se alzó sobre el borde del techo.

Sin embargo, conforme Jacuzzi colocaba el dedo en el gatillo, notó algo extraño. El objeto era demasiado delgado y largo para ser la cabeza de un ser humano; parecía una especie de tubo.

Y justo cuando la idea le vino a la mente, el tubo giró hacia él. Estaba inclinado hacia arriba en un ligero ángulo, balanceándose sobre la orilla del techo; pero se encontraba, sin lugar a dudas, apuntando en su dirección.

Tenía un mal presentimiento sobre esto.

El fatídico pensamiento se volvió realidad cuando una poderosa llamarada de fuego salió volando del tubo.

— ¿¡Eh!?

Jacuzzi fue tomado completamente por sorpresa cuando unas llamas al rojo vivo se encendieron sobre su rostro.

Gracias al ángulo de la boquilla, la ráfaga de fuego pasó directamente sobre la cabeza de Jacuzzi; pero, la ola de calor que lo asaltó fue casi la suficiente para quemar su rostro.

— ¡A-aaah!

Jacuzzi cayó sobre su trasero y rápidamente se movió hacia atrás.

Ciertamente el fuego lo asustó; pero lo que lo sorprendió aún más fue el rango que cubría. El tubo estaba ubicado al final del vagón; sin embargo, la terrorífica ráfaga de fuego abarcó todo el camino hasta el final del carro. Y eso, tomando en cuenta el ángulo de la ráfaga. Si la boquilla hubiera estado colocada en paralelo con el suelo, las llamas bien podrían haber tapizado la longitud del vagón.

Jacuzzi necesitaba conseguir algo de distancia entre él y la boquilla. A toda prisa se puso de pie y corrió por su vida, tratando desesperadamente de estar fuera del alcance.

Cuando echó un vistazo hacia atrás, Jacuzzi observó al dueño del tubo subiendo. El hombre volvió a calibrar la boquilla, sin ni siquiera molestarse en perseguir a Jacuzzi.

En el momento en que Jacuzzi saltó sobre el siguiente acoplamiento, fue atacado por otra ráfaga de fuego.

Jacuzzi aterrizó tambaleándose justo cuando el fuego pasó a un lado de él. Guardaba cierta distancia de las llamas; pero la ola de calor que las acompañaba era inconcebible. Jacuzzi se preocupó de que sus ropas ardieran en llamas, pero sintió que su rostro se quemaría primero.

Fue capaz de evadir el impacto directo gracias a que el tren se movía a lo largo de un tramo con curvas de las vías, pero un ajuste rápido de la boquilla significaría su fin.

Tal y como lo esperaba, el ángulo de la ráfaga de fuego comenzó a cambiar. Jacuzzi corrió tan rápido como pudo para estar fuera del alcance.

Podía percibir el filo de las llamas pisándoles los talones. Se sentía como si hubiera sido lanzado a un incinerador. Incluso si no fuera atrapado por el fuego, el calor por sí solo era lo suficiente para matar a un hombre.

Cuando consiguió la bastante distancia para que el calor no se sintiera tan intenso, Jacuzzi miró hacia atrás.

—Por favor, que lo golpee…

Entonces, apuntó la metralleta al hombre con el lanzallamas y jaló el gatillo. Se trataba de una distancia desesperada para un novato inexperto como él; sin embargo, Jacuzzi no tenía otra opción más que plantarle cara.

Clic, clic, clic, clic, clic, clic.

— ¿Eh?

No obstante, la situación ya estaba más allá de la desesperación.

Novato o no, ninguno resolvería el problema de una ametralladora sin municiones.

El muchacho apuntó la metralleta en dirección de Goose, pero rápidamente la tiró a un lado. Al parecer se había quedado sin balas.

—Un estúpido final para un problemático vándalo. Quemaré tus huesos hasta reducirlos a polvo —Goose sonrió con malicia y caminó lentamente hacia la parte trasera del tren.

Estaba cargando un lanzallamas alemán de 1918. Se trataba de una antigüedad adquirida por medios ilegales, la cual había sido modificada para adaptarse a los patrones modernos. Goose nunca se imaginó que terminaría usándolo en un lugar como este. Originariamente era el arma del maestro Huey, pero acertaron en llevarlo solo por si acaso.

Maldición. Hubiera traído un traje protector. A este ritmo, acabaré rostizándome hasta la muerte.

La cabeza de Goose comenzó a despejarse mientras perseguía al muchacho por el techo.

¿Dónde rayos están los otros? Supongo que tendré que encargarme de este granuja yo solo.

***

Los hombres de Goose corrieron a través del vagón comedor hasta la puerta del siguiente acoplamiento. Los pasajeros temblaron como conejos asustados al observarlos. Sin embargo, los hombres de negro ni siquiera los voltearon a ver, conforme se dirigían a la puerta.

La puerta corrediza se estremeció, pero no se movió. Lo intentaron repetidas veces, por lo que, después de un tiempo, todos los hombres de negro se encontraban reunidos al final del vagón.

—Oye, date prisa y ábrela.

—Espera un momento. La puerta no está funcionando…

Clic.

El ruido paralizó instantáneamente a los hombres de negro. Evocándoles el sonido de una pistola siendo cargada.  

Clic.

La segunda vez, sonó como una ametralladora apuntando.

Un ruido cedió al otro y, en medio de la creciente ola de horripilantes clics los hombres comenzaron a entender lo que estaba sucediendo.

Si hubieran disparado con sus ametralladoras la primera vez que escucharon el clic, habrían emergido victoriosos.

No obstante, habían estado trabajando bajo el supuesto de que los pasajeros no opondrían resistencia y bajaron su guardia. Otra razón para su error fue su falta de experiencia en comparación con Goose o Spike.

Sería inútil intentar oponerse en este punto. Los hombres de negro simplemente levantaron la cabeza lentamente.

—Apreciaríamos si tiraran sus armas antes de darse la vuelta —Jon les advirtió severamente.

—Todos los que están aquí son novatos, ¿sabes? Solamente les enseñamos como presionar el gatillo. Dense la vuelta con sus pistolas y alguien les disparará. Se los garantizo.   

Los hombres de negro colocaron sus armas sobre el suelo admitiendo su derrota. Eran hombres sin experiencia y en términos de lealtad ni siquiera eran la mitad de fanáticos de lo que era Chane.

Cuando finalmente se dieron la vuelta, se encontraron contemplando el vagón comedor, no muy diferente a como lo habían dejado.

Sin embargo, la única diferencia significativa era el hecho de que todos los pasajeros tenían armas apuntando en su dirección con los ojos llenos de terror.

Jon y Fang hablaron con las voces rebosantes de un tono burlón.

— ¿Cómo se siente que recuperen el tren que secuestraron? Y encima, los rehenes usando sus propias armas.

— ¿No deberían ser responsables y vigilar a los rehenes hasta el final?

Cuando Jacuzzi capturó a uno de los hombres de negro, fue capaz de conseguir algo de información de él y descubrió que los Lémures planeaban convertir el tren en una fortaleza ambulante.

En otras palabras, los hombres de negro tenían que haber traído a bordo una gran cantidad de armamento. La suposición de Jacuzzi resultó ser correcta; la bodega de carga estaba repleta con un verdadero tesoro de armas de fuego y municiones de sobra.

Después de someter el vagón comedor, le pidió a Jon y Fang que lo ayudaran. Cabe mencionar que solo ellos dos estaban en posesión de armas cargadas.

En cualquier caso, la jugada de Jacuzzi valió la pena.

Conforme Jon amarraba a los hombres de negro con trozos de manteles rotos, sintió una pequeña preocupación.

 Dicen que pasar tiempo con los rehenes crea una especie de lazo entre el rehén y el captor, pero ese Jacuzzi… Incluso terminó por dominar ese lazo.

Una vez que acabó de atarlos, se giró hacia Fang.

— ¿Cómo dijeron que llamaban a esto en el Oriente?

—Oh, ¿te refieres a lo que el pistolero en la barra mencionó? Sabes, ni siquiera yo lo había escuchado antes.

Se detuvieron por un momento para recordar lo que Isaac había dicho.

—Veamos… era «El que lo encuentra…».

—«Se lo queda».

***

Jacuzzi por fin estaba acorralado.

Se encontraba frente al último acoplamiento. ¿Debería bajar o cruzar hasta el último vagón?

Era obvio que Goose lo seguiría, así que optó por descender. Jacuzzi esperaría a que Goose llegara al penúltimo vagón, para después regresar sobre el mismo; no obstante, un plan como ese era absurdo ante el lanzallamas, que se alzaba sobre un rango mayor que la longitud del carro. Goose podría incinerarlo hasta reducirlo a cenizas incluso sino cruzaba al otro lado.

Y no puedo permitir que lo haga. Nice y los demás todavía se encuentran en la bodega de carga…

Si quemarse hasta morir era todo lo que quedaba, haría todo lo que estuviera en su poder para proteger a los otros.

Jacuzzi respiró profundamente y se giró sobre sí mismo para encarar a Goose.

—De modo que por fin ese tonto se da por vencido —Goose sonrió, con los ojos todavía llenos de sangre, acortando lentamente la distancia entre él y Jacuzzi.

Primero calcinaría a ese rufián hasta tostarlo. Luego chamuscaría a la mujer con el parche en el ojo. Los quemaría a todos: a la mujer en ropas de trabajo, a los hombres de blanco e incluso a los rehenes.

Excepto que su abastecimiento de combustible le preocupaba. A pesar de que el lanzallamas estaba modificado para almacenar una mayor cantidad de combustible, cada ráfaga de fuego no duraría más de diez segundos a todo poder. Aunque tenía algo de combustible extra preparado, era mejor prevenir que lamentar.

Goose apretó ligeramente la válvula. Esto disminuiría a la mitad su alcance, pero le ahorraría algo de combustible a la larga.

El hombre se acercaba poco a poco. Cruzó hacia el primer vagón de carga.

Jacuzzi pronto estaría dentro del rango de las llamas. Ahora era una apuesta de todo o nada. Jacuzzi sujetó la bomba que Nice le había dado.

Debe haber algo de combustible inflamable en esa cosa rara que lleva en su espalda. Si pudiera prenderla…

En ese momento, Jacuzzi se percató de la estupidez de su idea.

¡No tengo nada para prenderla!

Era el fin. ¿De qué servía una bomba cuando no había fuego para encenderla?

Técnicamente, había fuego; su enemigo se lo estaba dando en exceso. A este ritmo, Jacuzzi o moriría calcinado o la bomba estallaría y le volaría el brazo. Por supuesto, al final, ambos terminarían sucediendo.

En este punto, hasta consideró saltar del tren. Con suerte, sobreviviría a la caída. 

Sin embargo, eso garantizaba las muertes de Nice y de los otros pasajeros.

Jacuzzi incluso pensó en correr directamente hacia su oponente.

Oh, desearía que alguien viniera y luchara contra él; no me importa si son los hombres de blanco o hasta el Rail Tracer. Solo espero que se maten el uno al otro mientras están en ello…

Jacuzzi firmemente se tragó la urgencia de confiar en los demás y decidió, finalmente, enfrentar a su enemigo.

Fue en ese preciso momento en que sus salvadores arribaron.

Alguien a quien nunca llamó, apareció de la nada desde el lado izquierdo para rescatarlo.

Un grito terrorífico salió de algún lugar por debajo del tren; cerca de donde Goose se encontraba de pie.

— ¿¡Qué demo…!? 

Goose, tontamente, acabó por acercarse a la fuente del sonido con el fin de averiguar de qué se trataba. 

Quizá fue la arrogancia de creer que tenía el arma definitiva, o quizá tenía la certeza de su propia victoria. O tal vez solo era el tipo de hombre que no descansaría hasta haber resuelto cada misterio que se cruzaba en su camino.

Puede que hubiera sido capaz de evitar la catástrofe que cayó sobre él si tan solo no se hubiera acercado al origen del sonido.

En el preciso instante en que Goose cuidadosamente bajó la vista hacia el suelo, con la boquilla preparada…

Ellos llegaron desde abajo.

En el momento en que Goose miró hacia abajo, los gritos se volvieron más fuertes y cercanos.

De súbito, una gran masa apareció detrás de Goose.

La masa se sujetaba a una soga gruesa que sobresalía por un costado del tren, y volaba en el aire como un péndulo. Parecía un yo-yo gigantesco.

Jacuzzi, que observaba a corta distancia, se dio cuenta de lo que la masa al final de la soga era.

Se trataba de un pistolero, que sostenía algo entre el brazo, y de una mujer con un vestido rojo, que se sujetaba a sus piernas.

— ¿¡Isaac!? —Los ojos de Jacuzzi se abrieron ante la repentina intrusión—. ¿¡Qué están haciendo ahí!?

Una ráfaga de viento llegó para encontrarse con Jacuzzi.

Era el viento del sudeste que le traía la victoria.

El grito desapareció del otro lado del tren en un pestañeo. El gigantesco yo-yo humano cruzó por encima del tren en un arco muy parecido al movimiento del sol de invierno.

Goose se encontraba justo en medio del círculo del arco. Cuando Isaac y Miria cayeron al otro lado del tren, la soga se enredó alrededor de la pierna de Goose.

— ¿¡Qué!?

Un poderoso impacto se precipitó sobre el tendón de Aquiles de Goose. Giró rápidamente y se desplomó sobre el techo, tropezando con la cuerda de un gigantesco yo-yo.

Aterrizó de lleno sobre su espalda. El cilindro sobre su espalda se oprimió dolorosamente en su torso.

De repente Goose fue abatido por el miedo de que el impacto pudiera haber roto el cilindro. Sin embargo, no sintió que el aire se estuviera escapando, ni olió el olor a gas de hidrogeno. Parecía que todo estaba bien.

— ¿¡Qué demonios fue eso!?

Goose lentamente se puso de pie y comenzó a caminar hacia el joven tatuado nuevamente. La masa al final de la soga lo molestaba; pero, primero tenía que calcinar a este hombre. Era difícil correr con un peso de 30 kilos sobre su espalda, pero se las arregló para saltar sobre el siguiente acoplamiento con un solo impulso. 

Goose finalmente había llegado al último vagón, donde el joven tatuado aguardaba.

 — ¿Listo para morir, chico del tatuaje? ¿Qué tal si al menos me dices tu nombre antes de que te convierta en cenizas?

—No.

La conversación dio inicio en cuanto Goose llegó a la mitad del vagón.

— ¿Oh? ¿Y eso por qué?

—Porque pienso tirarte del tren y si sobrevives… Tratarás de vengarte. Así que no te diré mi nombre. No quiero que averigües mi dirección y cosas por el estilo.

Jacuzzi intentó sonar tan frío como pudo, pero al observar los ojos enrojecidos de Goose provocó que su respuesta se desviara un poco.

Goose estuvo a punto soltarse a reír debido a la torpe explicación de Jacuzzi. No esperaba algo tan poco realista en un momento como este.

¿En verdad este era el hombre que les disparó con su ametralladora?

—En ese caso, que desafortunado. ¿Estás preparado para morir?

—Prefiero no morir si puedo evitarlo.

—Trataré de recordar eso cuando te queme hasta dejarte como carbón —dijo Goose, inspeccionando detenidamente el rostro de Jacuzzi.

Que mirada tan repugnante. Parece que estuviera a punto de llorar en cualquier momento; sin embargo, hay algo parecido a determinación en sus ojos. Pero, una vez que lo incinere hasta la muerte, todo habrá terminado.

Goose sonrió y accionó el gatillo del lanzallamas con todas sus fuerzas.

Acabará tostándose a sí mismo si intenta acercarse a mí. Solo inténtalo, chico.

Sin embargo…

— ¿¡Qué!?

La boquilla produjo flamas, pero el fuego no era tan poderoso como lo fue anteriormente. De uno a dos metros fue lo máximo que alcanzó.

— ¡No puede ser!

¿Acaso había cerrado demasiado la válvula? Goose rápidamente estiró el brazo hacia atrás, pero la válvula se había encorvado en un extraño ángulo y no se movía. La fuerza del impacto previo había dejado un problema permanente.

— ¡Maldita sea!

Se giró y apuntó la boquilla al frente, pero Jacuzzi ya había acortado la distancia entre ellos, saltó hacia adelante y evitó la boquilla.

Jacuzzi no poseía ni grandiosa fuerza física ni habilidades extraordinarias. Su curso de acción tras haber brincado hacia Goose era extremadamente sencillo; se colocó justo debajo de la barbilla del otro hombre y saltó con todas sus fuerzas.

Conforme Jacuzzi se impulsaba hacia arriba, su frente aplastó despiadadamente la nariz de Goose. Cuando Goose saltó para atrás a causa de la conmoción, tanto física como mental, Jacuzzi le propinó otro cabezazo. Los dientes incisivos de Goose se rompieron y la sangre salpicó el rostro de Jacuzzi. Sin embargo, Jacuzzi no se detendría. Sujetó la boquilla del lanzallamas mientras continuaba golpeando su frente contra la cara de su oponente: dos, tres veces. 

La sensación del impacto sobre su frente disminuía en cada ocasión. Al principio, Jacuzzi pensó que tal vez se habría fracturado su propio cráneo, pero al parecer era la nariz de Goose la que había sido rota.

¡Muy bien!

Confiado en el daño que estaba ocasionando, Jacuzzi se inclinó hacia atrás una vez más en preparación del siguiente golpe. Pero, fue interrumpido por una serie de ruidos inconfundibles.

Bang. Bang. Bang.

— ¿Eh?

Sintió un dolor intenso en un costado y en su pierna. Era como si hubiera sido apuñalado en el estómago con la punta de un paraguas.

Jacuzzi bajó la vista y observó la mano izquierda de Goose, cerrada en un puño. Un extraño dispositivo se encontraba fijo en el dorso de su mano. 

—Es un mecanismo de disparo manual. Por supuesto, todo es obra del cabrón de Huey — Algo así como una pequeña pistola se encontraba al final del dispositivo del puño de Goose y, humo blanco salía del cañón—. ¿No es conveniente? Dispara una bala cada vez que cierro el puño y lo golpeó contra alguien.

Goose, sangrando profundamente de la boca y la nariz, sonrió y explicó el mecanismo de la arma. Normalmente solo era capaz de disparar una vez, pero el diseño personalizado de Huey hacía posible que el arma tuviera tres disparos.

Uno de ellos atravesó el costado de Jacuzzi, mientras que los otros dos se alojaron en su muslo.

— ¡Hmph! ¡Parece que la balanza ha cambia…!

Jacuzzi le dio un cabezazo a Goose de nuevo en la boca.

 — ¡Pequeño bastardo!

Goose metió los dedos de su mano izquierda en la herida de Jacuzzi. Sin embargo, a pesar del increíble dolor, Jacuzzi no se detuvo.

— ¡Ríndete, maldita sea! ¡Grita! ¡Sufre y lloriquea!

Sin embargo, Jacuzzi no podía hacer tal cosa.

Él ya estaba preparado para esta clase de dolor, desde el momento en que decidió derrotarlos. Por esa razón, nunca lloraría. Jamás.

***

Hace un momento.

—Sobre Jacuzzi, ¿sabes? —Le susurró Nice a Nick conforme caminaban por los pasillos de la bodega de carga—. Normalmente es un bebé llorón, pero una vez que ha tomado una decisión sobre algo en particular, jamás llorará.

—Eh. ¿En serio? —Preguntó Nick incrédulamente. Nice sonrió.

—Sí. Hacerse ese tatuaje debe haber sido terriblemente doloroso, sin embargo, no lloró ni una sola vez.

—Entonces, ¿qué pasa con el mar de lágrimas el resto del tiempo?

—También le pregunté sobre eso y me dijo «Es normal que las personas lloren».

Nice recordó la antigua cara del Jacuzzi de catorce años, con un toque infantil aún latente en él. No había pasado mucho tiempo de haberse hecho el tatuaje y estaba sonriendo.

«Pero los momentos en los que más quiera llorar, probablemente sean cuando tenga que dar lo mejor de mí. Es por eso que voy a llorar cada vez que lo desee. No pararé de llorar y cuando tenga ganas de hacerlo de verdad, ya habré derramado todas las lágrimas que debería. Así que, cuando tenga que tomar una decisión, mis lágrimas ya se habrán secado».

 Era una solución infantil para alguien de catorce años, pero Jacuzzi mantuvo su promesa por cinco años. Nice lo amaba por eso.

De repente, escucharon tres disparos sucesivos.

— ¡Jefa! ¡Eso fue…!

El sonido provino del último vagón en el tren. Antes de darse cuenta, Nice ya estaba corriendo con varias bombas de la caja remanente del botín colgando alrededor de la cintura.

***

— ¡Muere!

Goose pateó a Jacuzzi, rompiendo su postura. Jacuzzi perdió el equilibrio y cayó sobre su trasero.

—Tu suerte finalmente se ha acabado. ¿Tus últimas palabras? —preguntó Goose escupiendo una mezcla de saliva y sangre. Ajustó la boquilla del lanzallamas y la presionó hacia Jacuzzi.

El dolor y la ira impidieron que Goose pensara con claridad. Si hubiera estado en sus cabales, habría quemado las piernas de Jacuzzi para evitar que se moviera por completo. Así como el incidente de Nader mostró, Goose no era la clase de hombre que permitiría a sus enemigos una muerte rápida, incluso cuando pensaba claramente.  Sufría de un complejo de inferioridad por haber fallado en convertirse en soldado; esta tendencia suya era, posiblemente, lo que lo diferenciaba de los verdaderos profesionales.

Por un momento, Jacuzzi se preparó para morir. Entonces, recordó la bomba de Nice, la cual se encontraba escondida en su bolsillo.

A esta distancia, quizá era posible atrapar a Goose en la explosión. Luego, el cilindro sobre su espalda también estallaría, engulléndolo en llamas letales.

Desde luego, esto mataría a Jacuzzi también.

Solo le quedaba una opción. Incluso si fuera a escapar saltando del tren, moriría ya sea por la fuerza del impacto o por la pérdida de sangre. Y si iba a morir de todos modos, tenía que hacer todo lo que estuviera a su alcance para llevarse a Goose con él. 

Jacuzzi se mentalizó y tocó el interior de su bolsillo.

Goose notó su movimiento y, anticipando que sacaría un arma, ejerció presión sobre el dedo del gatillo.

De repente, se detuvo.

Jacuzzi observó a Goose en confusión. Los ojos de Goose se encontraban fijos en algún punto detrás de él, al borde del último vagón.

Jacuzzi no sabía que estaba sucediendo; pero esta era su gran oportunidad. Ignoró el dolor e intentó ponerse de pie, sin embargo, él también se congeló.

— ¿Qué…?

Algo se estaba moviendo por debajo de los pies de Jacuzzi.

Una masa roja emergió desde debajo de sus pies. Se trataba de una masa redonda y húmeda que se asemejaba a carne molida. Se trasladaba de los pies de Jacuzzi hacia Goose.

Jacuzzi dio un paso atrás, aterrorizado. En cambio, Goose todavía miraba algún punto detrás de él. Entonces, otra masa roja pasó por la izquierda de Jacuzzi.

Por fin, Jacuzzi se dio media vuelta y se quedó sin habla ante la escena.

Había docenas de masas rojas de aspecto similar y, por la forma en que se deslizaban y rodaban hacia delante casi lucían como un ejército de hormigas rojas marchando. Cuando un trozo chocaba con otro, ambas se convertían en una masa más grande y proseguían con su camino.

Finalmente, Jacuzzi entendió. Al fin se mostraba, y en el peor momento posible, también.

Pronunció el nombre del monstruo lentamente:

—El Rail Tracer… 

— ¿¡Qué demonios es esto!? ¿¡Alguna especie de monstruo!?

Goose tenía una idea de lo que esta masa podría ser. Se trataba del monstruo carmesí del que los rehenes hablaban sin parar; la criatura que había matado muchos de sus hombres.

— ¡Muere! ¡Muere, maldita sea! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Arde!

Goose se olvidó de Jacuzzi por un momento mientras prendía fuego a los pedazos de carne que se acercaban a sus pies. Las poderosas olas de calor forzaron a que Jacuzzi se retirara rápidamente.

La masa roja se quemaba; pero, por extraño que parezca, no emitía humo. La superficie chamuscada se agrietaba y la masa por debajo recuperaba su carnoso color.

La masa de carne continuaba desplazándose al frente, sin inmutarse. Goose soltó un alarido de vulgaridades conforme mecía de un lado al otro la boquilla del lanzallamas.

El combustible que la boquilla rociaba por todas partes prendía fuego justo frente a Jacuzzi. El techo de los vagones parecía hecho de metal, por lo que el tren no ardería en llamas.

La comprensión del hecho trajo de vuelta a la realidad a Jacuzzi.

— ¡Una fuente de fuego!

— ¡Maldición! ¡Aléjense de mí! ¡ARDAN!

Goose movía como loco el lanzallamas de un lado a otro. Ya se habría quedado sin combustible hace tiempo sino se hubiera visto forzado a regular la válvula.

— ¿¡Arde, arde, arde, arde…!?

Se sintió como si algo hubiera volado por encima de su cabeza hasta aterrizar sobre el techo. Se giró sin pensarlo y contempló una esfera de metal del tamaño de un ojo rodando sobre el techo.

Las chispas sobre la mecha fueron rápidamente jaladas al interior de la esfera.

Hubo un repentino rugido, una explosión, y le siguió un impacto.

— ¡AGHH!

La fuerza del estallido lanzó a Goose hacia la parte trasera del vagón. No fue una explosión muy poderosa, pero el peso del lanzallamas le dificultó detenerse, especialmente dado que se encontraban encima de un tren en movimiento.

Y en medio del camino de Goose estaba el joven del tatuaje.

— ¡Idiota! ¡No puedes hacer nada desarmado!

Al perder el agarre de la boquilla, Goose extrajo un cuchillo del bolsillo, pese a la fuerza detrás de su desplazamiento, y lo alzó para atacar a Jacuzzi.

Jacuzzi recordó las palabras del más grande pistolero del mundo; del hombre que le dio valor, y gritó con todas sus fuerzas.

— ¡Tengo una pistola en mi corazón! 

El cuchillo de Goose perforó profundamente su brazo. Pero, Jacuzzi no trató de oponer resistencia, en lugar de eso se arrojó al suelo. 

— ¿¡Qué!

Mientras Goose perdía el equilibrio cayendo hacia el frente, Jacuzzi lo pateó en el estómago y lo aventó hacia el aire, levantando los treinta kilos adicionales del lanzallamas con pura fuerza de voluntad.

Su pierna fue superada por el dolor y la sangre salía a chorros de su herida en el muslo; sin embargo, Jacuzzi no bajó su pie. Este único instante pareció durar una eternidad.

Y pronto, la figura de Goose dio media vuelta en medio del aire conforme era lanzado detrás de Jacuzzi.

El mayor golpe de mala suerte para Goose fue el hecho de que ese era el lugar donde el techo del vagón finalizaba.

Mientras su cuerpo percibía la sensación de estar cayendo, un poderoso impacto que ponía al anterior en ridículo asaltó su espalda.

Su cuerpo enseguida fue engullido por una brillante luz roja.

Jacuzzi yacía acostado sobre el techo del tren mientras la ola de calor pasaba sobre él. Cuando alzó la cabeza, pudo ver como las llamas se cernían sobre la tenue luz del paisaje.

¿Se acabó? Los ruidos de la explosión y del tren sonaron muy vacíos. Pero, una voz inconfundible traspasó a través de ellos.

— ¡Jacuzzi! ¡Jacuzzi!

La voz de Nice lo apremió a levantarse. Su costado y muslo comenzaron a dolerle nuevamente. 

—Oh, Nice… Estoy tan feliz de que estés bien.

— ¡Estoy bien! ¡Primeramente, tenemos que detener el sangrado!

—Eh, eso alrededor de tu cadera… Oh, así que esas son las bombas. ¿No son sorprendentes, Nice? Encontramos algunos tesoros asombrosos, ¿no es así?—Jacuzzi trató de forzarse a sonreír y Nice lo abrazó con fuerza.

Sin embargo, él se apartó suavemente.

— ¿Jacuzzi?

— ¿Sabes, Nice?—Jacuzzi sonrió un poco triste mientras hablaba con ella—. Sabes, creo que, quizá he llorado demasiado.

 — ¿Huh?

—Así que, digamos que todas las lágrimas que derramé de más, fueron lágrimas que lloré por ti.

Nice se dio cuenta de que Jacuzzi estaba mirando a alguien más al frente del tren.

En estos momentos el tren se movía hacia el sol naciente.

Y ese “alguien” permanecía en medio de la luz del sol. El resplandor impidió que Nice lo viera claramente; pero, había una cosa que podía decir con seguridad.

La silueta estaba cubierta por completo de rojo. 

Permanecía de espaldas al sol y tenía un par de ojos en la cara, igual que cualquier otro humano. Los ojos del monstruo eran como tenebrosas y expresivas piedras preciosas que superaban hasta las sombras; pero, al mismo tiempo, evocaban a un abismo profundo que conducía a una especie de purgatorio.   

Un anti-color entre los límites de la vida y la muerte; un destello que lucía como si todo lo que se reflejara en esos ojos lo atrajera a su interior.

Al observar esto, Jacuzzi no estuvo seguro de que la silueta roja se tratara del Rail Tracer. La masa roja de hace poco debe haberse coagulado formando una figura humano, pensó.

Conforme miraba a la silueta, Jacuzzi le susurró en voz baja a Nice:

—No importa lo que suceda en la vida, no importa que tan dolorosas las cosas puedan resultar, nunca vayas a llorar, Nice. Porque yo ya he llorado por ti. No soporto verte llorar.

Entonces, salió corriendo antes de que Nice pudiera detenerlo. Ella, de inmediato, se percató de que había tomado dos de las nuevas granadas que estaba cargando.

— ¡Jacuzzi!

Sin embargo, era demasiado tarde. Para cuando logró ir tras de él, Jacuzzi ya había chocado con la silueta roja.

Luego, él y la silueta rodaron hasta salir por el costado del tren. 

Nice pronunció desesperadamente el nombre de Jacuzzi a pleno pulmón. Y tan pronto como su alarido terminó, un destello carmesí estalló cerca de la parte trasera del tren.

Una aterradora explosión meció los vagones. La sacudida, inconcebiblemente poderosa para un par de simples granadas, fue suficiente para hacer volar los anteojos de Nice. Mientras caían impotentemente sobre el techo, Nice se derrumbó sobre sus rodillas.

El ruido de la explosión se pudo escuchar por todo el tren; no obstante, el silencio regresó enseguida como si nada hubiera pasado.

***

Nice recordó su pasado.

Había sido espantosamente herida por sus propias explosiones. Había perdido su ojo derecho y su cuerpo estaba repleto con cicatrices. Su ojo izquierdo fue gravemente herido por las esquirlas, dejándola con poco alcance visual.

A duras penas podía distinguir las caras de las personas. Temiendo que nunca sería capaz de reconocer a nadie nunca más, Nice se encerró en su habitación y se pasaba los días llorando.

Pero, un día, Jacuzzi se coló en su casa para hablar con ella, tenía un tatuaje sobre el rostro que incluso el único ojo de Nice pudiera ver.

— ¡Mira, Nice! ¡Ahora podrás diferenciar mi cara de entre todas las demás! ¡Así que, mientras estemos juntos, vas a estar bien! —dijo Jacuzzi sonriendo.

Al escuchar su voz, Nice comenzó a derramar lágrimas de alegría en esta ocasión. Jacuzzi preocupado de que la hubiera hecho llorar, terminó estallando en lágrimas él solo.

El recuerdo solo le trajo lágrimas a Nice.

Su visión era borrosa debido a que había perdido sus lentes, y ahora las lágrimas estaban bloqueando su vista aún más. Ella no podría distinguir a nadie ahora. De las personas que quedaban, quizá reconocería a Donny gracias a su tamaño. Nice sentía que tenía que mantener su mente ocupada con semejantes pensamientos triviales, o de lo contrario acabaría llorando mucho más. Recordó lo que Jacuzzi le dijo antes de marcharse e hizo lo mejor que pudo por dejar de llorar; pero no sirvió de nada.

Sin embargo, no lloró en voz alta. Desesperadamente encerró sus sollozos en la garganta, sintiendo que se sofocaría hasta la muerte.

De repente, alguien apareció frente a ella.

¿Era Nick? O ¿uno de los hombres de blanco? O quizá, ¿un superviviente de los hombres de negro? Nice alzó la vista, resignada a su destino.

La mitad del rostro de la figura estaba envuelta en una forma oscura.

—Eres horrible, Nice. Te dije que no llorarás —La tenue forma del tatuaje sobre su rostro se deformó—. Si tú lloras, Nice, acabaré queriendo llorar también. Así que, por favor, Nice. No llores.

Nice se dio por vencida en reprimir su llanto conforme lo abrazaba con fuerza, gritando su nombre.

Pronto, Nick y los demás llegaron al techo. Para entonces, Nice había dejado de llorar y Jacuzzi sonreía alegremente.

—Dime, Jacuzzi. ¿Cómo derrotaste al monstruo rojo? ¿No te habías caído del tren? ¿Cómo es que sigues con vida?

—Eh… Lo explicaré después. En realidad ni yo mismo lo entiendo, ¿sabes? Es sólo… que el monstruo rojo era…

En ese momento, Jacuzzi divisó a Nick y a Donny, saludándolos con una sonrisa.

— ¡Chicos! Estoy tan feliz de que estén aquí —Su voz temblaba—. Perdón, pero… ¿Donny me podrías llevar a la cabina número tres de la segunda clase? Escuché que hay un doctor ahí —anunció Jacuzzi de repente, pero, su cara pronto se convirtió en un lío—. Mi costado, mi brazo y mi pierna me duelen mucho… También, están sangrando, y creo que voy a terminar llorando… eh…

Entonces, Jacuzzi vio su propia sangre, gritó y se desmayó.

Había regresado a su estado habitual. Nice y los demás rápidamente lo trasladaron, sabiendo que el incidente sobre el tren finalmente había acabado.

El sol de la mañana se elevó lentamente sobre el cielo, iluminando las interminables vías, bendiciendo su viaje a Nueva York.

Terminal

31 de Diciembre de 1931, 14:00 hrs. Estación de Pennsylvania, Nueva York.

Los tres jefes de la Familia Gandor se encontraban sentados uno al lado del otro en la zona de espera.

El Flying Pussyfoot debía de haber arribado hacía ya dos horas. Berga Gandor, el segundo de los hermanos, habló: 

—Está retrasado.

—Tranquilícese, Berga. Es normal para los trenes transcontinentales estar retrasados por un par de horas.

—…

Luck, el más joven, apaciguó a su hermano, mientras que Keith, el mayor, se mantuvo en silencio.

Justo a un lado de ellos se encontraba otro grupo esperando por sus amigos, Isaac y Miria, y a un amigo alquimista. Este grupo consistía, específicamente, de Firo Prochainezo, un ejecutivo de la Familia Martillo, su compañera de casa, Ennis, y Maiza Avaro, el contador de la Familia Martillo. Asimismo Maiza era otro alquimista inmortal con más de dos siglos de antigüedad.

Firo le echó un vistazo a los Gandor y les dijo en voz baja, asegurándose de que nadie los estuviera escuchando.

— ¿Está bien que todos ustedes estén aquí sentados? ¿No están luchando contra los Runorata en estos momentos?

—Podemos salir porque somos quienes somos, Firo.

—Cierto.

Firo comprendió de inmediato. Un incidente el año pasado los había transformado a todos ellos, así como a Isaac y Miria, en inmortales iguales a Maiza. Desde luego, ni siquiera el Buró de Investigación sabía sobre esto todavía.

—Entonces, ¿Cómo es su amigo el alquimista, Maiza? —preguntó Luck.

— ¿Cómo lo digo? Él es algo retraído, pero siempre trata de cargar con todo él solo — respondió un hombre con anteojos de aspecto amable.

— ¿Del tipo que no duraría mucho si fuera una persona normal? —inquirió Luck. Berga continúo en lugar de su hermano, describiendo a la persona que ellos estaban esperando.

—Claire es similar, pero en una forma completamente diferente. Existe algo como ser demasiado obstinado, ¿sabes? Sin embargo, supongo que ser alegre lo compensa.

Ennis decidió unirse a la conversación, indagando sobre el extraño.

—Por lo que están diciendo, me imagino que la señorita Claire debe ser una persona extrovertida y de carácter fuerte.

Firo y Luck se intercambiaron miradas.

— ¿Firo? Parece que olvidaste decirle algo importante a la dama.

—Ahora que lo menciones, lo hice, ¿no? Pues, le describí un poco la personalidad de Claire, pero…

— ¿Eh?

Ennis escuchó confundida, justo cuando la llegada del Flying Pussyfoot fue anunciada por toda la estación.

—Vamos, Ennis. Creo que es mejor para ti que conozcas a Claire en persona.

Se dirigieron a la plataforma para ver a sus viejos amigos, acercándose al tren que todavía tenía que sacudirse el aire de emoción que acompañaba a un largo viaje.

— ¿Eh? Algo no está bien aquí.

El tren delante de ellos no era el Flying Pussyfoot. Se trataba de un tren común y corriente, totalmente diferente al famoso expreso de lujo.

—Al parecer tuvieron algún problema en medio del camino, así que terminaron por cambiar todos los vagones —observó Maiza. Todos esperaron a que las puertas se abrieran.

—Ahora que lo pienso, ¿Escuchaste que arrestaron a ese sujeto, a Huey Laforet, Maiza? — preguntó Firo. Maiza asintió con una ligera sombra sobre sus ojos. Keith lo observó silenciosamente.

—Supongo que lo mejor será decirles a todos —Sonrió Maiza con resignación—. El auto proclamado revolucionario y recientemente arrestado, Huey Laforet…

Los ojos de todos estaban sobre Maiza.

—Él es uno de nosotros, un inmortal.

Entonces, las puertas se abrieron y los pasajeros se esparcieron fuera de ellas. Por alguna razón, todos portaban caras de gran alivio o de cansancio extremo.

Una vez que el flujo de pasajeros comenzó a disminuir, una mujer vistiendo ropas de trabajo salió del tren. La atmosfera que la rodeaba llevó a Ennis a preguntarse si ella era la “Claire” de la que todos hablaban tanto.

No obstante, la mujer pasó de largo a Keith y los demás. Tenía la pierna izquierda herida, puesto que había vendajes a su alrededor y caminaba cojeando un poco.

Después de la mujer, apareció un hombre vestido como mago. Nada en su apariencia decía lo contrario. Los Gandor observaron al extraño hombre, convencidos de que se trataba del alquimista que Maiza estaba esperando; pero, incluso Firo y compañía murmuraron: «Qué raro atuendo».

Un hombre que lucía como el asistente del mago lo siguió enseguida fuera del tren, cargando su equipaje. El llanto de un joven imprudente, que emergió más tarde, empezó a resonar por toda la estación.

***

A pesar de que estaba llorando debido al dolor en su pierna, la mente de Jacuzzi se precipitaba sobre las preguntas que aún tenía.

¿A dónde había ido Ladd Russo?

¿Por qué Isaac y Miria se convirtieron en un péndulo volador?

¿Qué le sucedió a Czes? Le preguntó a Nice, pero ella solo desvió la mirada y le dijo que no sabía.

Y hablando de Nice, ¿por qué el tren continúo en marcha, aun con todas las explosiones que hubo?

Y sobre todas las demás, ¿qué era ese monstruo rojo; no, la persona en ropas rojas?

¿Qué sucedió en los lugares del tren en los que no había estado presente? Aunque comprendía que con solo pensar al respecto no arrojaría una respuesta, Jacuzzi no podía evitarlo. Quería encontrarse con Isaac y Miria, pero su pierna no le permitía ir a buscarlos.

Decidió acudir a preguntarles a los agentes de información local. Jacuzzi había escuchado que Nueva York era el hogar de una compañía que poseía cada pieza de información posible.

Todo eso está bien, pero, ¡en verdad me duele la pierna! Será mejor que me la traten antes de cualquier otra cosa…

Por el momento, Jacuzzi optó por hacer a un lado sus dudas y prosiguió con su lloriqueo.

***

— ¡Ah! ¡Ouch! ¡Ouch! ¡Por favor, Nice, más despacio! ¡Me estás matando! —gritó un hombre fuertemente vendado. La mitad de su rostro estaba cubierto por un enorme tatuaje. Lo acompañaba una mujer, que llevaba lentes y un parche en el ojo, un  hombre con todo su rostro vendado, otro con poco acto de presencia y un gigante de piel morena de dos metros de altura.

— ¿Crees que tal vez sean del circo?

Firo y los demás contemplaron al curioso grupo alejarse mientras seguían esperando a sus amigos.

La multitud de pasajeros pronto se transformó en unos cuantos y la plataforma fue envuelta por una atmosfera solitaria.

Sin embargo, continuaron aguardando, creyendo que sus amigos desembarcarían en cualquier momento.

Y conforme los trabajadores de la estación empezaron a cerrar las puertas de cada vagón, los últimos pasajeros salieron.

FIN

DAILY DAYS NOVELS

Palabras Finales del Autor

Primeramente, un gran gracias a todos los que leyeron este libro, a pesar de que no tenía nada que ver con la historia principal.

Esta historia tiene el título de “Baccano!” en ella; sin embargo, los personajes del volumen anterior… no despedazan las páginas en un nuevo incidente (con la excepción de una pareja). El universo en el que se desarrolla es el mismo, pero la intención era mantener cada incidente por separado. La mayoría de los personajes también fueron cambiados. No obstante, todavía son los Estados Unidos de América durante el mismo periodo de tiempo; por lo tanto asuman que los personajes del último volumen siguen por allí, viviendo en algún lado fuera de escena.

Me siento tremendamente preocupado que si escribo una enorme, arrolladora y épica serie será cancelada justo a la mitad o si preparo toneladas y toneladas de conjeturas, la historia no llegará a ningún lado, o si me quedo sin ideas durante el clímax, lanzaré un «¡Descubre el resto en el siguiente volumen!» y luego nunca lo publicaré. Me gustaría llegar a ser lo suficientemente bueno para escribir una serie larga como esa algún día, pero…

En parte, a consecuencia de esa idea, para la serie de Baccano!, había planeado conservar cada volumen tan independiente como fuera posible; pero, como pudieron apreciar con el «Continuará» al final, dividimos un volumen de buenas a primeras.

Aunque dice «Continuará», el siguiente volumen “Episodio Expreso” no comienza justo al final de este. En realidad, será una historia escrita sobre el mismo incidente que se desarrollará en la misma trama de tiempo que el volumen “Episodio Local”; pero, que se contará desde diferentes perspectivas.

Este volumen compite con el anterior en lo que respecta al número de personajes y, al igual que antes, sería genial si piensas en tu personaje favorito como el protagonista… O así es cómo debería haber sido, sin embargo, como probablemente se dieron cuenta, hay unos cuantos personajes que simplemente desaparecieron en medio de la historia. Escribiré sobre las acciones y destinos de dichos personajes en el Episodio Expreso, así que estaría tremendamente emocionado si leen ese volumen también.

Este se convirtió en un atípico volumen divido, pero me esforzaré por crear historias que cumplan con sus expectativas, así que por favor estén al tanto de mí en el futuro.

En las películas, obras de teatro, novelas, manga y demás: los trenes realizan frecuentes apariciones como un set arquetípico en la mayoría de los géneros. Elegí un tren transcontinental para la ambientación esta vez porque, entre otras cosas, me gustar ver historias como esas.

En todo tipo de relatos, los trenes aparecen más que como simples sets. En ocasiones son un punto de apoyo, a veces son importantes palabras claves y de vez en cuando se convierten en el personaje principal y añaden color a la historia. Amo esa clase de ambiente, pero… Incluso en estos momentos, luego de que he terminado de escribirla, no estoy seguro de cómo utilice el tren en esta historia. A medida que estructuraba la trama, imaginé a un tren moviéndose a gran velocidad sobre una intricada telaraña de rieles; sin embargo, en todo el trayecto hasta el final, conforme escribía, tenía miedo de que la historia sufriera de un descarrilamiento.

Pues… Es la primera vez que me han publicado en medio año y no estoy muy seguro de que escribir aquí.

Logré graduarme sin problemas y, salvo por escribir libros, estoy viviendo una vida terriblemente relajada.

Tuve un inicio tardío debido a mi tesis de graduación, me auto-motivaré para reponer el tiempo perdido: planeo retarme a mí mismo y ver qué tanto puedo escribir en un año a partir de la publicación de este libro. Por supuesto, en este primer año de mi nueva vida, quiero dar absolutamente todo de mí para pulir mis habilidades de escritura y de creación de historias, a fin de que nunca llegue el día en que mi editor sonría y diga: «Eres aburrido. Ya no escribas». Ese es mi objetivo actual, en todo caso. Espero que sean pacientes y me soporten.

*Al igual que la vez pasada, noten que todo a partir de este punto son agradecimientos.

A mi editor en jefe Suzuki y a las buenas personas del departamento de Ventas y Relaciones Públicas, quienes realmente me ayudaron o, mejor dicho, a quiénes no les causé nada más que problemas; gracias nuevamente por esta publicación.

A Mine, quien no es mi supervisor de edición, pero me contó sobre cierta cosa que colocó presión sobre mí e hizo que progresara, y a todos del departamento editorial de Dengeki Bunko.

A los correctores, que percibieron los errores tipográficos y descartaron caracteres en mi inexperta redacción, así como lo hicieron con el libro anterior.

A mi familia, amigos y conocidos, en especial a todos en la ciudad S, quienes me ayudaron de diversas formas.

A Katsumi Enami, quien capturó la individualidad de todos estos personajes diferentes y agregó una vistosa vivacidad a la historia, aun cuando estaba muy ocupado.

A esos lectores que adquirieron este libro otra vez o a quienes compraron uno de mis libros por primera vez.

Muchas gracias. Quiero perseverar con este sentimiento de gratitud sin dejar que se extinga y consagrarme todos los días a producir mejores resultados la próxima vez y en el futuro. Espero que nos veamos nuevamente en ese momento.

Hasta la próxima…

Mayo 2003,
En mi casa, jugando los últimos cinco minutos de
Dead Or Alive (dirigido por Takashi Miike) en la repetición.
Ryohgo Narita

DAILY DAYS NOVELS

Autor: Ryohgo Narita
Ilustraciones: Enami Katsumi
Traducción al Inglés: Baka-Tsuki
Traducción al Español: Lanove (Kurono Bryan, Clixea)
Corrección: Ev Vero
Edición de texto: Marck
Edición de imágenes: Marck

DAILY DAYS NOVELS

<< Volumen 01 | Indice | Volumen 03 >>

[1] N. de la T. La versión inglesa utiliza el término “Uncle Pennybags” que vendría siendo una especie de apodo para las personas ricas y que normalmente visten como el monito que sale en el juego de Monopoly. Sin embargo, ya que casi nadie conoce dicho término decidí sustituirlo por Catrín, que fue lo más parecido que encontré en español.

[2] N. de la T. Paul Dukas: compositor francés cuya pieza más reconocida es “El aprendiz de brujo”, canción utilizada por Disney en la película Fantasía cuando Mickey hechiza a unas escobas y las pone a limpiar. Supongo que los otros compositores no necesitan una introducción.

[3] N. de la T. Jambalaya: plato tradicional de la gastronomía cajún (etnia descendiente de los desplazados franco-canadienses, se ubicaron en su mayoría en el Estado de Luisiana), cuyo principal ingrediente es el arroz, acompañado con pollo, jamón crudo, langostino y mucha pimienta.

[4] N. de la T. Pete Herman: fue uno de los grandes campeones mundiales de todos los tiempos de peso gallo. Era ítalo-americano y luchó desde 1912 hasta 1922. Se retiró con un record de 69 victorias (19 por KO), 11 derrotas, 8 empates y 61 no presentados de sus 149 combates.

[5] N. de la T. Jack Johnson: fue el primer afroamericano de peso pesado que ganó el campeonato mundial de boxeo. Luchó desde 1902 hasta 1915, obteniendo un total de  104 combates de los cuales fueron 73 victorias (40 por KO), 13 derrotas, 9 empates y 9 no presentados.

[6] N. de la T. Jack Dempsey: fue campeón mundial de peso pesado de 1919 hasta 1926, gracias a su estilo agresivo y excepcional fuerza en los puños es uno de los boxeadores más populares de la historia. Luchó un total de 83 combates, obteniendo 65 victorias (51 por KO), 6 derrotas, 11 empates y 1 no presentado.

[7] N. de la T. Mary Wollstonecraft Godwin Shelley no es el nombre del monstruo de la novela de Frankenstein (como se habrán podido imaginar), pero sí el de su autora. En realidad, la criatura originariamente no tiene nombre. 

[8] N. de la T. Romance de los Tres Reinos: novela histórica china escrita por Luo Guanzhong en el siglo XIV, la cual narra los turbulentos acontecimientos a finales de la Dinastía Han y la era de los Tres Reinos a partir del año 169 d.C. hasta la unificación de toda China en el 280 d.C.

[9] N. de la T. Cao Cao: fue el último primer ministro de la dinastía Han y quien estableció los cimientos de lo que llegaría a ser el reino de Wei. 

[10] N. de la T. Liu Bei: fue un poderoso jefe militar y emperador del reino de Shu. 11 N. de la T. Yuan Shao: fue gobernante del reino de Wu.

[11] N. de la T. Billy “The Kid”: su verdadero nombre era William H. Bonney y fue un vaquero estadounidense que acabó convirtiéndose en una forajido, creando una leyenda como uno de los pistoleros más famosos del condado Lincoln en el estado de Nuevo México.