Un cafecito c10

Capítulo 10: Junio ~Metida de taza~

La temporada de lluvias finalmente ha llegado. Habiendo dicho eso, en Nagasaki por lo general llovía mucho de todas formas.

Mientras ponderaba eso, salí de casa bajo una lluvia ligera y me dirigí al café “Lluvia vespertina”.

Aunque en lo referente a los clientes, seguía como de costumbre.

Iida-san, el ejecutivo de banco, que encontró esta tienda por casualidad, nos visitaba una vez a la semana. Sin embargo, quizá porque no tenía buena afinidad con el Jefe, una que vez que Iida-san se marchaba, o mejor dicho, cada vez que venía, el Jefe se mostraba de mal humor.

En serio, no creo que el Jefe sea adecuado para trabajar en la industria del servicio.

Me preocupaba la actitud del Jefe y, en una ocasión, le pregunté por qué había decidido abrir un café. Su respuesta fue sencilla: pulir sus sentidos.

Por lo visto, sigue ejerciendo como un calígrafo mientras administra el café, quizá le sirve de estímulo para inspirarse.

Aun así, como la mayor parte del tiempo no hay clientes, desconozco si sea efectivo o no. Solo puedo afirmar que es un jefe maravilloso.

Si no entiendo algo mientras estoy estudiando, puedo preguntarle. Si llovía cuando ya había anochecido, me recogía en la estación si le decía con antelación que iría. Aunque jamás admite eso y se apega a su excusa de haber salido de compras. Incluso me acompañaba a la estación cuando regresaba a casa y, si perdía el último tren, me llevaba hasta mi apartamento en su automóvil. También me pagaba mil quinientos yenes por hora. Siento que estoy robando mi salario.

El día de hoy traje un obsequio para expresarle mi gratitud diaria al Jefe. Fue algo que compré en el mercado de alfarería de hace un mes. Desde entonces solo lo había envuelto con cuidado, dudando en entregárselo bajo la excusa de que había estado ocupada estudiando y trabajando a medio tiempo, pero eso cambiaría hoy.

Ya pasaban de las 5:00 p.m.

Como no había dejado de llover desde la mañana, opté por salir antes de casa. Cuando llegué a la tienda, el Jefe se molestó por no haberlo contactado antes de venir.

¿Se suponía que no tenía que venir hoy a trabajar?

—Pues bien~, ¿qué tenemos pendiente el día de hoy?

—No hay nada, vete.

—Por favor considéralo como un acto egoísta de mi parte.

Qué inusual. Aun cuando estaba lloviendo, parece que la tienda no abrirá sus puertas esta tarde. Ya estaba oscureciendo, pero el letrero de  «Abierto» no había sido puesto.

—En ese caso, si me disculpas-¡AH!

Casi olvido el regalo.

Como ya había escrito la fecha de hoy en la nota de agradecimiento, decidí entregárselo aun cuando lucía ligeramente de mal humor.

—Por favor acepte esto, Jefe.

—¿Qué es?

—Es algo que compré en el mercado de alfarería, me gustó en cuanto lo vi.

Por fortuna, el Jefe lo recibió, no había pensado en que haría si me decía que no lo necesitaba.

Desenvolvió el paquete en silencio. No creí que lo fuera abrir enseguida, así que me puse algo nerviosa. Como se esperaría del Jefe, solo mostró una reacción sutil, había fruncido ceño y mirado fijamente las tazas en la caja.

Se trataban de una taza roja y negra a juego. Si bien su tonalidad era de los colores primarios, seguía conservando características que los identificaban como un producto de Nagasaki. Tenían hermosos pétalos de flor de cerezo y hojas grabados sobre su superficie a mano. Sin duda eran muy lindas.

—Pensé que podrías usarlas cuando tomaras té con ella…

Cuando dije eso, su ceño fruncido se profundizó. ¿Fue innecesaria mi consideración?

—¿Ella?…

—Eh, perdón. Me refiero a Yohko-san, la que aparecía en la dirección de correo electrónico de antes…

—¿Yohko?… Aaah, eso es, ella, ella no es…

—¡!

Uwa~, ahora sí metí la pata.

Entonces la Yohko-san que estaba en su dirección de correo electrónico no era su novia. ¿Será un amor no correspondido? Eso es un poco triste.

Enseguida me disculpé tímidamente con el Jefe, el cual parecía un poco molesto.

—Um, no tenía malas intenciones… Perdón.

—No tienes porqué disculparte.

—No, fue un malentendido, perdón por hacerte enojar.

—No estoy enojado.

El Jefe tomó la taza negra y murmuró que era un buen artículo. Como dejó de fruncir el ceño, me sentí aliviada. Luego, me extendió la otra taza roja a mí.

—Toma, tú puedes usar esta dentro de la tienda.

—¿Eh?

—Ya te lo había dicho. No quiero usar el juego de porcelana de Nabeshima.

Había olvidado el aterrador hecho de que la mayoría de las vajillas que hay aquí eran de porcelana de Nabeshima, una de las cerámicas de mayor calidad que existen. Aunque el Jefe las usaba todos los días.

A veces, mientras comía sobre ellas, no me podía concentrar en los bocadillos y bebidas deliciosas porque me aterraba la idea de tirarlas y dañarlas.

—En ese caso, gracias por permitirme usarla.

La taza que le regalé al Jefe fue alineada sobre el estante en el área de descanso. Fue un alivio saber que su humor había mejorado.

De pronto escuchamos que tocaban la puerta del área de descanso para empleados.

—Sensei, sé que estás ahí. ¡Ya casi es hora!

La voz de una mujer provino desde el otro lado de la puerta, me sorprendí tanto que casi salté de mi asiento.

¿Acaso su “amiga” vino de visita?

Cuando eché un vistazo al rostro del Jefe tenía una expresión de frustración.

—Sensei, el avión despegará pronto… ¡Voy a entrar! —declaró y entró de inmediato. Frente a la puerta se encontraba una mujer familiar.

Se trataba de la hermosa Onee-san que había visitado antes la tienda, incluso llevaba el mismo atuendo que esa noche.

—Uh, ¿y tú eres?…

—Soy una empleada de la tienda.

—Eh… Qué sorpresa.

La hermosa Onee-san se sorprendió al verme, por lo visto no esperaba que el Jefe contratara a un ayudante.

—¿Nos hemos visto antes? Me resultas familiar.

—Sí, ya nos habíamos encontrado antes en la tienda.

—Qué increíble coincidencia. ¿Podrías darme tu nombre?

—Claro. Soy Hidaka Otome.

—¡Ajem!

El Jefe se aclaró la garganta e interrumpió la conversación. La hermosa Onee-san buscó entre su bolsa y me entregó una tarjeta de presentación.

—Me presento.

—¡!

«Editorial Miyabi.

Quinto departamento de publicación.

Nanase Yohko».

Cuando leí la tarjeta de presentación quedé petrificada.

—E-esa es —Las puntas de mis dedos temblaron mientras sujetaba la tarjeta. No lo pude evitar considerando la empresa en la que trabajaba—. ¡¿Es la editorial que publica los libros de Shinonome Yohko-sensei?!

—Sí, en efecto.

—¡LO SABÍA! So-soy una gran fan de sensei, también compré una copia de su último libro de la serie «Detective Nakajima Kaoru» que salió el mes pasado.

—Vaya, te lo agradezco.

Nanase-san trabajaba como editora y venía a Nagasaki una vez al mes por cuestiones de trabajo.

—Um, Nanase-san, ¿puedo hacerte una pregunta?

—Desde luego.

—¿Alguna vez has visto a Shinonome-sensei?

Aceptando mi pregunta maleducada, Nanase-san me mostró una profunda sonrisa. Aunque era difícil saber la respuesta solo juzgando su expresión.

—Por desgracia no.

—Entiendo.

Ya era bastante grandioso haber conocido a una editora de la Editorial que publicaba los libros de Shinonome-sensei, más suerte que esa no era posible.

—Me disculpo por haberte impuesto una pregunta como esa.

—No te preocupes por eso.

De alguna forma siento que era una persona agradable con la serenidad de un adulto. En el futuro espero convertirme en una mujer que pueda usar un traje de manera tan genial.

Eché otro vistazo a la tarjeta de presentación y me di cuenta de algo.

Por todos los cielos, el primer nombre de Nanase-san era Yohko-san.

¿Acaso el amor no correspondido del Jefe era Nanase-san?

Cuando pensé en eso, sentí una extraña emoción. ¿Por qué me siento así?

—¿Sucede algo, Hidaka-san?

—¡No, nada!

Negué rápidamente con la cabeza y recogí mi bolsa que había dejado sobre una silla. Me pareció que los estaba molestando, así que decidí irme de ahí tan pronto como fuera posible.

—Um, yo, ¡ya me voy a casa!

El Jefe dijo que ya era tarde y que me acompañaría a la estación, pero lo rechacé porque tenía visita.

—¡Ustedes dos son jóvenes, así que deberían divertirse! —Tras decir eso, salí de la tienda.

Creo que el Jefe estaba gritando algo, pero no quería permanecer más tiempo allí, así que me fui corriendo de la tienda.

De súbito sentí la lluvia caer y saqué mi sombrilla mientras descendía por la cuesta Dutch. La sombrilla la acababa de comprar hoy en el centro comercial, y me había sentido muy feliz mientras me dirigía aquí; pero, por alguna razón, ahora que estoy regresando a casa siento el corazón pesado.

Estoy segura que esta depresión se debe a la lluvia…

Estaba decidida a interpretarlo de esa forma.

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«Entonces la Yohko-san que estaba en su dirección de correo electrónico no era su novia. ¿Será un amor no correspondido? Eso es un poco triste». Aquí lo único triste es que no te des cuente que le gustas a tu Jefe (de ahí el mal humor cuando le prestas atención a ese ejecutivo) y qué a ti te gusta tu Jefe. Densidad en su máxima expresión.

PD: El título original de este capítulo era algo así como «El error de la taza» pero luego de traducir este capítulo tuve un ataque (infarto en realidad) de inspiración y lo cambie por «Metida de taza» por la «Metida de pata» que hizo la protagonista. Qué ingeniosa soy, ¿verdad? (Solo digan que sí para no dañar mis frágiles sentimientos de traductora)

2 comentarios sobre “Un cafecito c10

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