Ritz y Sieg v02-c39

Capítulo 39: Historia de un día de verano -Parte 1-

Desde que nació Arno, el abuelo visitaba la casa de Sieg cada vez que podía. Incluso traía una gran cantidad de juguetes como obsequios en cada ocasión. En verdad le agradezco que comprara principalmente animales de peluche, pero al ver la montaña de dichos peluches no pude evitar ladear la cabeza y preguntarme quién los estaría haciendo. Estaba pensando en pedirle a papá que hiciera los que usaríamos en nuestro hogar, pero luego recordé que su trabajo manual es pésimo y cambié de opinión. Mamá es más hábil que papá, pero me sentiría mal al pedírselo, así que al final será mi trabajo. Bueno, aunque es muy pronto para preocuparme en hacer peluches para Arno.

Como sea, el abuelo vino de visita.

Cuando fui a la puerta principal tras escuchar la noticia, el abuelo estaba entrando con un enorme oso de peluche entre sus brazos.

—¿Abuelo eso es?…

—No es para ti.

—Bueno, aunque eso ya lo sabía.

A lo lejos escuché que dos personas venían corriendo hacia aquí mientras gritaban algo.

—Están aquí —dijo el abuelo sonriendo, luego se agachó ahí mismo.

—¡¡Abuelo Lüneburg~!!

—Aru, espera, correr es, peligroso…

Se trataban de mis sobrinas. Aunque llegaron corriendo, Edelgard se detuvo un poco antes, mientras que Adeltraud abrazó a mi abuelo.

Me pregunto cuando se volvieron tan cercanos. Fue sorprendente saber que al abuelo le gustaban los niños. El abuelo tenía una cara tenebrosa, así que los niños de la Casa Lüneburg estaban asustados de él. A pesar de eso, Adeltraud parecía no darle importancia a su cara, pues estaba charlando con él con una sonrisa. En cambio Edelgard todavía no se acostumbraba, solo se limitaba a ver la cara del abuelo. Por el momento me acerqué a ella y dije:

—El abuelo es amable, ¿por qué no vas a jugar con él?

El abuelo le entregó el oso de peluche a Adeltraud y luego hizo una seña para que Edelgard se acercara, la cual se estaba poniendo nerviosa un poco más alejada de ellos.

Por lo general el abuelo llegaba tarde y se marchaba casi enseguida, sin embargo el día de hoy se quedaría a pasar la noche aquí.

—Parece que logré llegar antes que las niñas se fueran a dormir.

—Aunque ya es muy tarde.

El reloj marcaba más de las nueve. Como mis sobrinas escucharon que el abuelo vendría, lo estaban esperando ansiosas. Juguemos mañana, incluso hicieron una promesa tan linda. Luego de recibir el oso de peluche, las hermanas se marcharon con la ayuda de una sirvienta.

—¿Dónde está Sieglinde-san y Arno?

—Se están levantando, probablemente.

—Ya veo.

El abuelo compró una sombrilla como obsequio para Sieg, era de un azul profundo y tenía encaje negro bordado en los bordes. Del tipo que poseía un diseño bastante fascinante o maduro.

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Sombrilla fascinante

De solo imaginar a Sieg usando esta sombrilla, terminé sonriendo un poco. El abuelo también dijo:

—¿No crees que es lindo? Oh, este es para ti.

—¿Eh?

Por lo visto, él también trajo un regalo para mí. Se trataba de una caja grande y pesada que me entregó un sirviente. ¿Qué podría ser?

—¿Qué es esto, abuelo?

—Pues, ábrelo en tu habitación.

—¿?

Cuando regresé a mi habitación, Arno acababa de terminar de comer. Tenía su estómago redondito luego de tomar mucha leche. El abuelo recibió a Arno de Sieg y mostró una sonrisa como si se estuviera derritiendo.

Si las personas de la Casa Lüneburg vieran esta escena, se sorprenderían. Por alguna razón me sentí conmovido al verlo así. El abuelo fue sobrecargado con la crianza de sus hijos, así que me alegra que este así de encantado con los niños.

—¿Y eso, Ritz?

—Ah, buena pregunta.

Recordé que estaba sujetando una caja.

—Abuelo si te parece bien, puedes tomar asiento.

—Primero pondré a dormir a Arno.

—Ah, gracias.

El abuelo puso mucho esfuerzo y energía para que Arno durmiera, meciendo su cuerpo. Arno rápidamente se quedó dormido en la cuna mientras dejaba salir un tenue «mi». El abuelo siguió viendo el rostro durmiente de Arno, hasta que un sirviente trajo té, por lo que se acercó con nosotros y tomó asiento.

—¿Qué, todavía no lo abres?

—Así es.

—Ábrelo.

El regalo del abuelo se encontraba sobre la mesa y lo abrí mientras mi corazón se aceleraba por la emoción.

—…¿Eh?…

Había algo así como una cubeta de metal en la caja de madera, tenía una tapa bien cerrada y en un costado había una manivela. Se trataba de una estructura misteriosa.

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Regalo de estructura misteriosa

—¿Sabes qué es?

—Uum, ¡una cubeta de metal!

—¡Piensa más antes de responder!

No, pues, solo puedo verla como una cubeta de metal…

El abuelo le hizo la misma pregunta a Sieg.

—¿Es para hacer algo?

—Sí.

—Por favor danos una pista, abuelo.

—Es para hacer algo helado.

—¿Una máquina de hielo?

—¡Cerca!

—¿Podría ser una máquina de helados?

—Correcto.

—Eeeh, así que existía algo como eso.

Cuando abrí la tapa, en su interior había dos capas. El hielo se ponía en la capa exterior, mientras que los ingredientes en la capa interior. Luego de eso, se colocaba la tapa y se movía la manivela para hacer el helado.

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Máquina para helado

—Puedes llevártelo a la aldea y poner una tienda.

—Ah, esa es una buena idea.

Vender helado con sabor a bayas a los turistas y ganar dinero. Eso podría ser bueno.

—Eh, espera, ¿qué se necesita para hacer helados?…

—Necesitamos leche, así que los costos serían elevados.

—¡Ugh!

Mi sueño fue destrozado cuando Sieg señaló eso. No hay ganado cerca, así que la leche es un producto caro debido a los gastos de transporte. Los renos solo se pueden ordeñar a principios de primavera y necesitamos su leche para hacer queso, así que no sobra suficiente para preparar helado. Perdí las fuerzas.

—¿Nunca antes has probado el helado, Ritzhard?

—¡Ah, ahora que lo mencionas!

Luego que el abuelo lo señalara, me di cuenta que nunca había comido helado. Hay muchas tiendas de helado en las ciudades, pero por desgracia no hay ninguna en las tierras remotas. En ocasiones se instalan puestos en el puerto, pero solo los niños comen.

—¿Tú has comido, Sieg?

—Bueno, un par de veces.

Por lo visto, había una famosa heladería en la ciudad.

—Es un lugar popular para tener citas entre los jóvenes.

—¡¿?!

Terminé quejándome con Sieg y la interrogué para saber con quién fue allí.

—Nada de eso, solo fui allí con mis primas…

—¡Entonces no hay problema!

Me sentí aliviado al saber que no fue con sus colegas o algo por el estilo. Como estaba actuando de esa forma, el abuelo me lanzó un ataque.

—Aunque tu jugabas con mujeres cada vez que venías aquí.

—Eh, abuelo, esas historias…

¿Qué está diciendo ahora? ¿Por qué justo en este momento? Desde luego eso fue antes de casarme. No, bueno, sí hice un reporte con Sieg sobre estas cosas, así que debería estar bien… ¡¡O no!!

Sieg me estaba fulminando con la mirada. Aun cuando dije «Sieg es la mujer más hermosa en el mundo» con una voz temblorosa, ella solo entrecerró los ojos.

Yo estaba coqueteando sin restricciones, pero me preocupé por las relaciones de Sieg, qué hipócrita. Por el momento me disculpé seriamente y le dije que deberíamos hablar sobre eso después. Tal vez sea golpeado con la sombrilla de diseño fascinante, pero juré en mi mente que lo soportaría.

—Pues bien, ¿qué tal si descansamos?

—¡!

Me sorprendí que el abuelo se retirara tan pronto.

Qué cruel… Lanzar una bomba atómica y desaparecer.

—Muchas gracias por este regalo tan encantador, consuegro.

—Te servirá bien.

—También muchas gracias por la máquina para helado, abuelo.

—Prepara un poco mañana.

—Sí.

La agenda de mañana fue decidida. El problema yacía en lo que sucedería a continuación.

Sieg estaba dando golpecitos contra la palma de su mano con la sombrilla que consiguió del abuelo. Me dio la impresión por los movimientos que hacía que estaba comprobando su resistencia, por consiguiente se formaron gotas de sudor en mi frente.

—¿Eh, Sieglinde-san?

—¿Qué pasa?

—¿Qué debería hacer para que me perdones?

—¿Por qué preguntas?

—No, es que, pareces un poco molesta~.

Me armé de valor y pregunté, pero Sieg-san dijo que no estaba molesta.

Aunque, ¿sus acciones eran muy aterradoras? Declaré que haría cualquier cosa y luego agaché la cabeza.

—Bueno, hay algo que me gustaría hacer…

—Soy todo oídos.

—Me gustaría pasear en bote en un lago, ¿así que remarías por mí?

—¿Disculpa?

—Después de todo recibí una espléndida sombrilla.

—¡!

Me sorprendí con la repentina propuesta de cita. Además, mi corazón se aceleró con la expresión avergonzada de Sieg.

Cuando le pregunté porque estaba balanceando la sombrilla de esa forma, me dijo que lo hacía porque estaba indecisa sobre invitarme.

Me sentí aliviado que no estuviera molesta. Esta noche, una vez más, agradecí la magnanimidad de Sieg.

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Ritz no será que en el fondo quieres que Sieg te dé una paliza, lo mencionas demasiado para ser una simple precaución.

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