Ritz y Sieg v02-c26

Capítulo 26: Los eventos alrededor de una pintura

Desde la mañana he estado ayudando a mi suegro a organizar su biblioteca. Al parecer esta habitación se la darán a su hijo mayor. Actualmente estamos guardando los libros de los estantes en cajas. La mayoría serán donados a la biblioteca de la ciudad. Mi suegra sugirió que los sirvientes se encargaran de hacerlo, pero mi suegro argumentó que lo haría él mismo porque eran sus pertenencias.

Cuando luchaba por ordenar los libros, mi suegro que estaba trabajando un poco más alejado de repente soltó una carcajada. Mientras me preguntaba que podría haber pasado, dijo que encontró algo sorprendente y me hizo un gesto para que me acercara.

—¿De qué se trata?

Cuando me acerqué, había algo parecido a un álbum grande en su mano. La cubierta era de piel suave y no tenía nada gravado en la portada.

Al abrirlo, había una pintura de un oficial gallardo y joven de cabello rojo. Usando un uniforme blanco y con una expresión afilada, solo podría describirlo como apuesto. La edad sería a finales de su adolescencia. Se encontraba sentado y en una mano sujetaba un sombrero. Era lo bastante apuesto para que alguien se enamorara de él a primera vista. Mi suegro me pregunto con una voz temblorosa si podía adivinar de quien se trataba.

—Es Sieglinde-san, ¿cierto?

—¡Correcto!

¡¡Como lo pensé!!

No, tuve el presentimiento que era Sieg a primera vista. Comparada a la primera vez que la vi, tenía el cabello más corto y sus ojos era más afilados. Cuando pregunté al respecto, me respondió que la pintura tendría más de una década.

—¿Qué piensas?

—Debe haber sido muy popular con las mujeres.

Cuando dije eso, mi suegro soltó otra carcajada.

—¿Puedes adivinar para que era la pintura, Ritzhard-kun?

—U~m.

Buena pregunta. ¡Velemos por nuestra saludable hija! ¿Habrá sido para eso? La pintura de Sieg irradiaba una sensación un poco a la defensiva y difícil de acercarse. A pesar de eso, por alguna razón me gustó. Pensé que hubiera sido lindo conocerla en aquel entonces.

Reflexioné sobre el propósito de la pintura, pero todas fueron teorías erradas.

—La respuesta es…

¿D-de qué podría tratarse? Mi suegro jugó conmigo. No fue en conmemoración por haber obtenido una medalla, tampoco por un ascenso ni por su cumpleaños. ¿Exactamente qué tipo de propósito podría tener?…

—Para entrevistas de matrimonios.

—¡¿Eh?!

Revisé nuevamente la pintura del gallardo oficial.

…No hay duda, ¡¡apuesto!!

Si una pintura como esa llegaba, apuesto a que cualquier señorita gritaría al instante: «¡Quiero casarme con él!».

Por lo visto, llamaron a Sieg para forzarla a tener una entrevista de matrimonio, pero por desgracia ninguno de los vestidos lucía bien en ella. Al final, su uniforme militar le quedaba mejor, así que no tuvieron otra opción más que hacer que la pintaran con él.

—En serio~ fue difícil. ¡Nadie quería casarse con ella luego de ver esta pintura!

En aquel entonces, Sieg no estaba interesada en casarse. Por eso tenía una expresión mal humarada, pensé.

—Tuve que inclinar la cabeza para conseguir entrevistas de matrimonio arregladas, pero Sieg estaba ocupada así que no podía venir.

—Parece que fueron tiempos difíciles…

—A pesar de eso, cuando cancelaba las entrevistas, en contraste los hombres lucían aliviados.

Sería deprimente si una mujer del ejército que parece más fuerte que tú llega a la entrevista de matrimonio. Si fuera el yo cuando era más joven, probablemente la habría rechazado.

—Uum, ya veo. Entonces, Ritzhard-kun no te hubieras interesado por Sieg.

—¡Pero la amo, lo juro!

Sin embargo, mi gusto de hace más de una década difiere enormemente al de ahora. Si fuera el yo de aquel entonces, no le habría propuesto matrimonio. Sieg tampoco estaba interesada en casarse en ese momento.

—En ese caso, los dos tuvieron un encuentro destinado conforme pasó el tiempo.

—¡Así es!

Aunque, más que destino, diría que nuestros intereses coincidieron. Bueno, eso no cambia el hecho de que ahora soy feliz. Así que podría llamarlo destino.

—¡Muy bien, Ritzhard-kun te regalaré la pintura de este apuesto soldado!

—¡¿Eh?! ¡¿De verdad?! ¡¡Viva!!

¡Qué recompensa tan asombrosa! Inesperadamente recibí un tesoro.

A pesar de eso, lo mantendré oculto de Sieg.

❄❄❄

Envolví la pintura de Sieg en una tela y la cargué en secreto. Para evitar que alguien la viera, me moví sigilosamente por los pasillos. En cada esquina, comprobaba si no había nadie.

¡¡Si la descubría Sieg, definitivamente la confiscaría!!

Se trataba de un tesoro que deseaba proteger a cualquier costo.

¡Un poco más y habré llegado a mi habitación! En el instante en que pensé eso, alguien me habló por la espalda. Sentí que mi corazón saldría volando por mi boca.

—¿Qué haces, Ritzhard-san?

—Pareces estar escabulléndote.

—Ah, cuñados…

Fui descubierto por personas peligrosas, quienes se habían acercado a mí por detrás eran mis cuñados solteros, cuyas edades eran cercanas a la de Sieg. Abracé con fuerza la pintura de Sieg para ocultarla.

—¿Acaso es una pintura de un desnudo?

—¡¿Eh?!

—Últimamente están de moda en las ciudades.

Y-ya veo. No lo sabía.

Dejando de lado mi inquietud, mis cuñados se emocionaron hablando sobre mujeres desnudas. Al parecer, pinturas obscenas de bellezas rubias eran populares en las ciudades.

—Entonces, ¿qué compraste, Ritzhard-san?

—¡¿Eh?!

—Incluso si te ves suavecito, eres un hombre de corazón.

—No…

¿Q-qué debería hacer?

¿Deberías decir que es una pintura de un desnudo e irme? Aunque, no me gustaría que mis cuñados piensen que soy vulgar. Pero, si les digo la verdad, Sieg me descubrirá.

—¿Es la última que salió al mercado?

—N-no, es de hace una década.

—Eeeh, es bastante vieja.

—Y-yo no fui quien la compró.

—¿E-es de papá?

—¡No, no, no!

A fin de proteger el honor de mi suegro, negué con la cabeza.

—¿Me pregunto que era popular hace una década?

—Es preocupante.

—¡¿?! ¡N-no! ¡Esto es para mí!

…Por culpa de mi gran boca, me siguieron acorralando.

—¿Qué compraste?

—No conozco los gustos de Ritzhard-san.

—Ah, sobre eso-

Lentamente comencé a retroceder hasta topar contra la pared con un golpe. Al encontrarme rodeado por mis cuñados que son al menos una cabeza más grande que yo, ¿debería decir que son imponentes o intimidantes?

¿Qué hago? ¿Qué debería hacer?

¿Estaría bien revelarlo aquí? La galante figura de Sieglinde en su juventud.

No. No puedo.

Solo diré: «¿Me dejarían disfrutar de esto a solas?», eso hará que se rindan.

Cuando decidí ese plan y estaba a punto de abrir la boca, un grito retumbó a lo lejos.

—¡Qué están haciendo!

—¡¿?!

Debido a esa voz, mis cuñados se sobresaltaron. Yo también me sorprendí un poco, después de todo se trataba de Sieglinde.

Ella comenzó a cuestionar qué estaban haciendo mis cuñados.

—N-nada, solo estábamos charlando con Ritzhard-san, eso es todo.

—A-así es, estábamos hablando sobre arte, ¿v-verdad?

—Ah, sí.

—¡A mí me parece que estaban acorralando a Ritzhard, ¿no creen?!

—E-estás equivocada.

—S-solo manteníamos una conversación placentera.

Cuando Sieg los fulminó con la mirada, mis cuñados salieron corriendo.

¿Qué debería decir? Sieg es fuerte.

—¿Estás bien?

—¿Eh?

—Mis hermanos te estaban molestando, ¿verdad?

—N-no, en realidad no.

—No tienes que preocuparte por mis hermanos.

Bueno, en cierto modo Sieg me salvó.

—Pero, ¿por qué te estaban acorralando de esa forma?

No… ¡¡Todavía no estoy a salvo!! ¡¡Esto es un desastre!!

Sieg notó la pintura que estaba abrazando con mucho cariño. No podía responder incluso si me preguntaba qué era.

—¿Qué estás ocultando?

—Esto…

…Esto es imposible. Me estoy poniendo aún más nervioso que cuando estaba con mis cuñados.

Su mirada afilada me atravesó. No obstante, era mucho más suave que la mirada que tenía Sieg en la pintura. ¿Puedo soportar esto de alguna forma? Pensé.

Pese a eso, no hay forma de ocultarle nada a Sieg.

A medida que gotas de sudor se formaban en mi frente, le entregué la pintura a Sieg, luego retiró la tela y miró en su interior.

—…

—…

En cuanto vio la pintura, sus mejillas se tiñeron de rojo. Me miró con unos ojos ligeramente húmedos, los cuales eran menos intimidantes que antes.

—Hablemos en mi habitación, Sieg.

—…

Si ella va a molestarse, prefiero que sea en un lugar donde otros no puedan verla. La invité a mi habitación siguiendo esa línea de pensamiento.

Sentados uno frente al otro en nuestros asientos, ella comenzó a interrogarme.

—¿Dónde encontraste esto?…

—En la biblioteca de tu papá.

—¿Papá te la dio?

—N-no… —Pensé que no debería involucrar a mi suegro en esto, así que guardé silencio—. Perdón. Tomar esto sin decírtelo, debe haber sido desagradable para ti.

—…

Confesé honestamente que esperaba disfrutar la pintura yo solo, después de todo se trataba de una obra gallarda. Sieg parecía atónita. Cuando le dije que lo sentía, ella respondió con algo sorprendente.

—¿Hay pinturas tuyas Ritz?

—¿Eh?

—¿No tienes alguna en la mansión del Marqués?

—¿Mías? Uum. Creo que alguien pintó algunas cuando era niño —respondí eso y otra declaración inesperada surgió.

—Si me dejes ver una pintura tuya, no me importaría darte esta.

—¿Eh?

—Yo también tengo curiosidad por saber cómo lucías cuando eras niño.

¡¡Si puedo tener esta pintura por algo como eso, entonces felizmente acepto!!

Más tarde cuando contacté con el abuelo, nos trajo unas cuantas pinturas. Echamos un vistazo a cada una de ellas.

—¿No crees que Ritzhard se veía como el hada de la nieve cuando era niño?

—Tienes razón, qué lindo.

Le mostró pinturas de cuando era un bebé, cuando tenía cuatro años y cuando tenía diez. Tres pinturas en total.

Solo vine tres veces a este país cuando era niño, aunque no recuerdo las primeras dos veces. Sieg miró alegremente las pinturas y eso me hizo sentir avergonzado por alguna razón. Mientras tanto, el abuelo hizo una innecesaria… quiero decir, maravillosa propuesta.

—Escoge una, te daré la que más te guste.

—Eh, ¿te parece bien?

—No hay problema, así que elige una.

Sieg ponderó seriamente cerca de una hora. Al final, se decidió por la pintura de cuando era un bebé.

—Muchísimas gracias, consuegro. Lo atesoraré.

—Me alegra que te gustara.

De esa forma, el intercambio de pinturas se terminó.

Mi pintura de cuando era un bebé ahora se encuentra colgada en la habitación.

Ajá, es vergonzoso después de todo.

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Parece que Ritz sí aprendió su lección del capítulo anterior, a Sieg nada se le escapa. Aunque debo de admitir que la escena donde Ritz es molestado y acorralado por sus cuñados, se parece bastante a la típica escena de manga shoujo donde a la protagonista la acosan en la calle mientras espera a su novio, solo para que él llegue poco después y la rescate. Bien hecho Sieg, siempre tan galante incluso cuando sigues clichés.

 

10 comentarios sobre “Ritz y Sieg v02-c26

  1. Definitivamente no hay mejor forma de definir a Ritz que con ‘esponjosito’.
    Aquí pueden dar gracias quienes acosaban a Ritz que sabían de que era capaz Sieg y sabiamente decidieron escapar, en caso contrario, lo hubieran tenido que aprender a las malas.
    Ahhh cuadro de haditas, y colgado en su habitación….

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    1. Los hermanos de Sieg han conivido prácticamente toda su vida con ella, saben que es mejor escapar a morir en vano.
      Todos tienen esa foto vergonzosa de cuando uno era bebé que nunca queremos que nadie vea pero que nuestros padres o familiares siempre tienen en el lugar más vistoso de la sala u.u

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