Un juego para que se enamore

Advertencia: esta es la segunda parte de “La probabilidad de matar a mi esposa sin ser descubierto“, así que si no la han leído, por favor lean esa primero.


 

—Ten un bebé de una vez.

Esa era la frase favorita de mi padre.

Nací en una casa donde las mujeres solo eran vistas como herramientas para dar a luz, ya estaba en mis veinte. Justo enfrentando el momento crucial de mi vida.

En las puntas de mis dedos había cerca de cincuenta fotografías de diferentes hombres. Se trataban de los candidatos para convertirse en mi esposo que papá preparó. Aquellos que tomaron la iniciativa y se ofrecieron voluntarios porque deseaban su empresa, y aquellos que fueron recomendados para fortalecer nuestros vínculos con otras empresas. Había varios motivos, pero yo debía casarme con uno y engendrar un niño.  Esa era la razón de mi existencia en esta casa.

No creo que pueda amar a otra persona.

Me pregunto cómo es que todos creen en algo tan ambiguo como el amor. Era algo extraordinario para mí. Que no pudiera hacer algo que cualquier persona común y corriente podía, quizá se debía a que fui una persona que nunca fue amada apropiadamente.

Me detuve con las interminables preguntas sin responder que tenía desde que nací y miré las fotografías frente a mí.

 

Que lo eligiera a él fue realmente una coincidencia.

 

El mayor motivo de mi decisión fue que su fotografía estaba hasta el fondo de todas. El orden de las casi cincuenta fotografías se determinó en base al beneficio que proporcionaría cada persona a la compañía. Ya que se encontraba hasta el fondo, prácticamente él era inútil para la compañía de mi padre. Como venganza contra papá, elegí su fotografía. La persona que se mostraba en ella era un hombre sencillo que podías encontrar en cualquier lado. Un hombre cuyo único atributo real provenía de la atmósfera diligente que emitían los anteojos sobre su rostro. Aunque se trataba de una fotografía que se entregaría a una potencial pareja de matrimonio, no estaba sonriendo en lo absoluto. Lo que es más, incluso parecía que estaba fulminándome con la mirada. Furioso.

Su porte poco halagador resultó contrariamente en una impresión favorable.

Examinando el currículo en la parte trasera de la fotografía, estuve aún más segura de que me casaría con esa persona. Su historia indicaba que luego de graduarse de una universidad de segunda categoría, entró a una empresa de nivel medio que podrías encontrar en cualquier lado y cumpliría cinco años desde que empezó a trabajar ahí este año. El motivo para que un hombre como él se postulara fue para salvar la compañía de su abuelo, eso había escrito. Me sentí extraña.

—Qué idiota.

Antes de darme cuenta, ya había dicho esas palabras. Tomarse la molestia de casarse con una mujer que no amaba para salvar a alguien más. Tiene que ser increíblemente bondadoso y amable para su propio bien.

 

— No creo que pueda amarte, pero si estás bien conmigo.

Eso fue lo que dijo la primera vez que nos vimos. No puedo olvidar la expresión de mi padre cuando lo escuchó. Tenía el ceño fruncido con los hombros en alto, mientras me gritaba que me rindiera con ese hombre. Fue tan entretenido que no lo pude evitar. Solo con eso, fui feliz de haberlo elegido.

Y nos casamos.

Cuando nuestro matrimonio apenas comenzaba, me dijo esto:

—Podría matarte y robarme todo el dinero que heredes. Aun así, ¿estás bien conmigo?

Pensé que era un hombre que decía cosas interesantes. Si realmente planeaba algo así, se quedaría callado y lo haría; sin embargo, por algún motivo, buscó mi consentimiento. En el mismo instante en que lo declaró, tuve la certeza de que no me mataría; pese a eso, por alguna razón, tenía una mirada seria y sonreí sin contenerme. En ese momento, se me ocurrió un juego.

—Está bien. Solo debo hacer que te enamores de mí antes de eso, ¿cierto?

Pensé que sería interesante si de verdad se enamoraba de mí. Aunque dudaba de que también pudiera amarlo, podía actuar como si estuviera enamorada tanto como quisiera. Por otro lado, con lo abierto que mostraba su odio hacia mí, probablemente era malo mintiendo. En ese caso, para actuar como una pareja feliz, comprendí que sería necesario que se enamorara de mí.

 

«Un juego para que se enamore»

 

Cuando lo pensé de esa forma, esta vida de casados con el único propósito de engendrar a un niño comenzó a parecerme divertida. Qué extraño.

 

—¿Debería aparentar que me voy de viaje y matarte? Al parecer, tendré casi un 40% de éxito.

Un día antes de salir a un viaje al extranjero que había planeado antes de casarnos, dijo eso. No tenía idea que significaba ese 40%; pero, por lo visto estaba pensando sobre matarme otra vez y, de nueva cuenta, me lo confesó. Qué hombre tan raro. Respondí lo que sea que consideré apropiado y el día llegó a su fin. Temprano a la mañana siguiente, tomé una gran maleta y descendí de mi habitación en el segundo piso hasta la sala. Me sorprendió encontrarlo allí.

—Buenos días.

—Buenos días…

Él, quien se había convertido en mi esposo hace unas semanas, estaba ahí perfectamente arreglado. Estaba tan sorprendida que no sabía que decir. Frunció el ceño de manera peligrosa y me preguntó:

—¿No se te hace tarde?

Ante su insistencia, me dirigí hacia la entrada, luego me giré.

—¿Nos vemos luego?…

—Ajá.

El motivo para que mis palabras se convirtieran en una pregunta fue porque no podía determinar si se había despertado temprano para verme partir o no. Él simplemente asintió con la cabeza y no devolvió mi despedida; sin embargo, las palabras que escuché antes de cerrar la puerta relajaron mi expresión.

—Cuídate.

Eso fue todo. Pero, era algo importante para mí.

Desde antes de tener consciencia de mi misma, mi madre ya no estaba. Aun cuando se casó en una familia como la mía, murió luego de haberme dado a luz; por eso, mi familia solo constituía de papá. Ese hombre de trabajo que era mi padre rara vez regresaba a casa y las ocasiones en las que desayunábamos o cenábamos juntos eran tan pocas que se podían contar.

A pesar de eso, incluso cuando entré a la preparatoria, estaba bien con eso. Vivir junto con la persona que ayudaba en las tareas del hogar y, con quién me llevaba bien, no era malo; además, ella que tenía más o menos la edad de mi abuelo me mimaba bastante. Se trataba de una relación construida sobre el dinero invertido en su contrato laboral; pero, a esa edad, no sentía mucho al respecto, y dependía en la “familia” con un padre ausente que me habían dado.

En la primavera de mi primer año en la preparatoria. Ella falleció.

Papá dijo que contraría a otra persona para que ayudara con la casa, pero rechacé la idea. Después de todo, para mí, ella era parte de mi familia y tenía una posición que nunca podría ser reemplazada.

Aun así, papá me ignoró y contrató a otra. Los aparté de mí; pero, al hacerlo, papá cambió a la fuerza mi percepción de ella como “familia” a simple “ayudante” y perdí a la “familia” que tenía dentro de mí.

De esa forma, mi vida en soledad comenzó.

Era una casa lo bastante grande para que fuera doloroso. Comía sola, me preparaba sola e iba a la escuela. No había nadie que se despidiera de mí o me recibiera, y mi padre, que ocasionalmente regresaba, no sostenía una conversación en sí.

Si fuera a morir así, ¿alguien se daría cuenta de que ya no estaba aquí? Inclusive esa pregunta iba y venía. Sin tener una motivación para suicidarme, no pude hacer nada.

De esa forma, gradualmente crecí acostumbrada a estar “sola”.

«Cuídate».

Fueron las primeras palabras por mi bienestar que escuchaba en un tiempo. Además, quien las dijo fue mi esposo apático desde hace unas semanas y quien me amenazó con matarme el otro día. Desde lo más profundo de mi corazón me sentí feliz y rebosante con un sentimiento placentero. Incapaz de contenerlo, me reí en el taxi que llamé y recordé su rostro sombrío cuando se despidió de mí, no podía pensar en otra cosa que no fuera en cómo enamorarlo.

Era un viaje de unos cuantos días y, siendo totalmente sincera, la parte más divertida fue cuando elegí el obsequio que le llevaría.

 

En cuanto a mi regreso, sus primeras palabras fueron las siguientes.

—Por lo visto, la probabilidad de que te ame dentro de medio año es del 0.001%.

—Ya veo.

Lo que significa que me tomará más de medio año. Esa fue mi única impresión. Ya sabía que medio año no sería suficiente para atrapar a ese hombre; así que no me sorprendí particularmente por eso y solo lo tomé como él declarando un hecho. Al parecer, sí estaba descontento por mi actitud y expresó un poco irritado.

—Tenía la certeza de que no me odiabas.

Creo que esperaba dejarme sin habla.

Estoy segura de que le gustaría verme con una expresión amargada y llena de odio. De esa forma, el mal trago que sentía él por haber sido “comprado” se subsidiaría un poco con eso. Sin embargo, desde el principio no tenía ni la menor intención de actuar como él deseaba, además no era el tipo de hombre que se enamoraría de una mujer que hacía lo que él decía.

—¿Me podrías decir cómo planeas matarme después?…

Cuando expresé eso desafiantemente, él soltó una voz floja. Lo más probable es que nunca imaginó que llegaría a eso.

—¿Quieres ser asesinada?

—De ser posible, quiero ser amada.

Sin duda, eso eran mis verdaderos sentimientos.

Frente a mí, accionó el botón sobre su computadora personal en forma de anteojos y ejecutó una predicción futura. Los caracteres que podía ver especificaban «La probabilidad de matar a mi esposa sin ser descubierto». Ya veo, entonces eso era lo que estaba analizando, confirmé. En ese caso, de ahí provino el «40%» que declaró antes del viaje.

Luego de que terminamos un feroz enfrentamiento. Le entregué el obsequio que tardé horas en elegir. Podía saber con solo mirarlo que atesoraba esos anteojos; por eso, al final, decidí jugar a la segura y comprarle un estuche para lentes. Un estuche negro de piel. En la parte inferior yo misma grabé sus iniciales. El único en su especie en el mundo, si lo decía de esa forma, quizá así sería el caso; pero, si solo considerábamos su apariencia, se trataba de un estuche para anteojos que podías encontrar en cualquier lado.

Y lo lanzó al bote de basura con un buen impulso.

Me impactó. Fue un choque emocional más grande de lo que había anticipado. Fue una acción hecha por una persona por la que no sentía nada; por eso, no tendría que importarme, pero mordí un poco mi labio y guardé silencio. Él regresó rápido a su habitación; sin embargo, en la hora que siguió, yo continúe petrificada allí.

 

Así fue como nuestra vida de recién casados comenzó; pero, para cuando lo noté, medio año había pasado. Yo seguí con mi «Juego para que se enamore» y, por lo visto, él todavía revisaba esa probabilidad todos los días sin falta.

—Hoy es bastante bueno: 17%.

Como lo reportaba cada mañana, al comienzo dudé de sus motivos; pero, siendo sincera, ya me había acostumbrado a ello. En resumen, lo usaba como un método para iniciar una conversación, por consiguiente yo siempre lo aprovechaba como tal.

—Subió 2% con respecto al día de ayer. Felicidades. A mí también me pasó algo bueno hoy. Mira, estos perfectos tamagoyakis. Te gustan, ¿no?

—No te equivocas, pero… a veces me asustas.

—Vaya, ¿por qué?

—Eso me gustaría saber.

Mostrando una sonrisa repentina, tomó asiento y luego de preparar su desayuno, comimos juntos. Esa era la rutina habitual.

Cada mañana, en cada comida, preparaba diligentemente lo que le gustaba. No es que pensara en conquistarlo por el estómago; pero, entre una mujer que cocinaba lo que te gustaba y una que no, la primera era abrumadoramente más agradable, creo. Además, era fácil distinguir qué le gustaba y que no. Como no podía mentir, cada vez que algo le gustaba, las comisuras de su boca se elevaban y, cuando no, aparecía una arruga entre sus cejas.

—¿Está rico? Muy bien hecho, ¿verdad?

—Pues…

Por lo visto, el desayuno de hoy era de su agrado.

 

De esa forma, transcurrió un año.

Durante ese periodo, mi padre comenzó a molestarme sobre si ya tenía un hijo. Aunque dijera eso, él y yo dormíamos en habitaciones separadas, además tampoco mostraba señales de hacer algo así; por lo tanto, lo que era imposible, era imposible. Si tuviera un hijo, sería por obra del Espíritu Santo. Cuando le dije eso a mi padre, me volvió a gritar. Dio todo un discurso acalorado sobre cómo la felicidad de una mujer yacía en traer un niño al mundo; pero, actualmente, no era difícil imaginar que solo quería un sucesor, considerando su edad.

—No vuelvas a llamarme.

Con esas palabras colgué el teléfono y siendo fiel a ellas, al día siguiente irrumpió en la casa. Fue un día festivo y entró violentamente cuando ese hombre estaba en casa; así que estaba más asustada de lo que podrías imaginar. Como se me escapó por teléfono decir que había sido su idea dormir en habitaciones diferentes, mi padre exigió el significado detrás de todo eso.

—No tengo intenciones de hacer el amor con ella. No la amo y dudo que ella quiera hacerlo también conmigo. El propósito de una mujer no es ser una máquina para hacer niños. Si ese fue el motivo para que la casaras conmigo; entonces, tú fuiste quién tomó una mala decisión. Entonces, permite que me divorcie de ella enseguida y por favor cásala con alguien que ella ame de verdad.

Estas palabras provocaron que papá y yo cerráramos la boca.

Papá se fue como si estuviera huyendo del lugar y yo preparé algo de café.

—Gracias.

—No entiendo por qué me das las gracias.

—Hiciste eso pensando en mí, ¿no es así?

—Yo… solo quería el divorcio —dijo eso de mal humor y tomó un sorbo de café.

Realmente era una persona amable. Al parecer, la persona en sí no se había dado cuenta, pero esas palabras en verdad estaban defendiéndome. Abrí la boca para agradecerle nuevamente; pero, las palabras se torcieron extremadamente cuando las dije.

—Oh, ¿te parece bien eso? Si nos divorciamos, no podrás matarme y una gran suma de dinero se alejará de ti.

—…Tienes razón. No me gustaría eso.

—¿Podrías contarme sobre tu próximo plan?

—Si te cuento, entonces tomarás medidas para que no te mate, ¿no lo crees?

—Como tu esposa, estoy dispuesta a aceptar cualquier cosa de ti. Me gustaría que no me subestimarás.

—¿Incluso si esto fuera un cuchillo?

Acto seguido, colocó la taza de café contra mi pecho y sonrió solo con sus labios. Le arrebaté la taza de sus manos y bebí todo lo que había.

—Incluso si esto estuviera lleno de veneno —Cuando dije eso con una sonrisa, soltó una carcajada.

Desde que iniciamos este estilo de vida, ¿esta no era la primera vez que veía una sonrisa real en él? Pensé y solo con sus labios formando una sonrisa relajada, levantó un dedo.

—En ese caso, ¿podrías darme otro café? Sin veneno, de ser posible.

—Ni una sola vez he pensado en darte veneno, cariño.

Cuando anuncié eso y asentí, regresó a su estado habitual inexpresivo. Eso me hizo sentir un poco solitaria, así que decidí que sin lugar a dudas volvería a hacerlo reír alguna vez.

 

Solo lo comprendí en retrospectiva; pero, en ese punto ya me había enamorado. Se suponía que haría que él se enamorara, honestamente era lamentable y todas esas porquerías; pero, mi vida a partir de entonces fue invaluable para mí.

Aunque todavía no entendía el amor, lo atesoraba.

 

Luego de eso, otro año y medio transcurrió, habíamos cumplido tres años de casados. Todavía estaba jugando el «Juego para que se enamore» y había dominado sus preferencias en maquillaje y estilo de ropa. Luego de haber llegado tan lejos, ya no era más que una mujer enamorada; pero, mi pequeño orgullo no me permitió aceptar eso.

Aunque era poco a poco, podía notar que había un cambio en él. De entre todas las cosas, comenzó a ayudar con las tareas del hogar. Al inicio todas las hacía yo. No había dicho nada hasta entonces; pero, hace poco protesté que aun si permanecía en casa, para aclarar el tema, seguía teniendo un trabajo, ¿así que no era injusto? Estuvo de acuerdo con dividir las tareas del hogar demasiado fácil y, ahora, lavar la ropa y sacar la basura todos los días era su labor.

—Si era tan difícil para ti, deberías haber dicho algo antes. No quiero que mueras por exceso de trabajo. Quiero matarte sin ser descubierto.

Era un suceso reciente que comenzara a sonreír cada vez que decía como algo eso.

Estábamos convirtiéndonos en una familia. Lento, pero seguro. Fui increíblemente feliz por ese hecho y mi corazón bailó ante la idea de tener un hogar cálido por primera vez en mi vida.

Y su cumpleaños vino.

Siguiendo el plan que había diseñado con mucha antelación, hice las preparaciones necesarias desde el desayuno hasta la cena y me esforcé con mi maquillaje y conjunto de ropa. Pensé en ir a una cita con él. Por vergonzoso que fuera, sería la primera cita en mi vida. Era una hija sobreprotegida en toda la definición de la palabra y, a decir verdad, mis conocidos eran igual a cero.

Cuánto tiempo había esperado por este día.

Vencí con argumentos su agitación y lo llevé a su amado acuario. Recientemente descubrí que le gustaban los acuarios. Cuando estábamos viendo la tele juntos por casualidad, apareció un comercial de un acuario. Logré determinarlo por el brillo en sus ojos similar al de un jovencito mientras veía a los pingüinos. Tuve la certeza de que amaba los acuarios.

El resultado fue soberbio. Por lo visto le encantó y yo también me divertí. Estaba feliz. Cuando me dejé llevar y compré suficientes accesorios para cargar en ambas manos, que él tomara las bolsas en silencio de mí y las cargara todo el camino hasta llegar a casa, fue, de hecho, la parte que más disfruté; pero, ese es un secreto que llevare a la tumba conmigo.

—Gracias por haber nacido.

—De nada.

Su rostro ruborizado era encantador.

Después de eso, acordamos salir juntos una vez al mes. Empezando con un parque cercano, hasta ir tan lejos como pequeños viajes fuera de la prefectura. Cuando preparaba el almuerzo, él mostraba un rostro sombrío mientras comía en silencio; pero, no se escapó de mi vista cómo se levantaba las comisuras de sus labios cada vez que llevaba pollo frito o huevos. El siguiente mes, traté de realizar el almuerzo con esos platillos, solo para que él me mirara con una expresión algo sorprendida y dijera:

—¿Puedes leer la mente?

Fue tan extraño, tan interesante… Él todavía no sonreía mucho; pero, a pesar de eso, sentía que se había convertido en una vida de casados bastante agradable.

 

A partir de ahí, transcurrió un año y mis deseos comenzaron a surgir. Ya habían pasado cerca de cuatro años desde que nos casamos. En ese punto, sabía que ya era hora que admitiera que me gustaba y fue por eso que estos deseos comenzaron a nacer. Quería que me amara. Quería que nos convirtiéramos en una pareja normal, en una familia.

Sinceramente, me había dedicado demasiado; por eso, creí que al menos él debería haber desarrollado un poco de gusto hacia mí. Sin embargo, con su cara de póker habitual, había ocasiones que no sabía en que estaba pensando. Quería comprender sus sentimientos, así que decidí probar cierto medio.

El medio que él usaba cada mañana.

Encendí la vieja computadora portátil que había lanzado al final del armario y consulté una predicción futura. En el espacio en blanco que apareció luego de un rato, vacilé un momento sobre qué introducir y, con una expresión nerviosa, tecleé.

«La probabilidad de que mi esposo ame a su esposa»

En las casillas de esposo y esposa que aparecieron introduje nuestros nombres, fechas de nacimiento, los números de serie que nos identificaban como individuos y varias cosas más. Luego, presioné la tecla de aceptar.

«0.000%»

Esa fue la respuesta.

Esa respuesta que cayó de golpe, finalmente hizo que me diera cuenta de algo.

Que todo este tiempo había estado luchando contra los molinos de viento. Desear que me amara, la cocina y el maquillaje en el que vertí todo mi esfuerzo por estudiar, las flores que cambiaba todos los días con una sonrisa, las palabras que intercambiaba para entenderlo aunque sea solo un poco más; si lo veía todo en retrospectiva, yo siempre estuve sola. Yo misma me había emocionado y yo misma lo había hecho todo. Estoy segura que para él todo eso fue una molestia.

Desde el comienzo, para él solo fui una persona que odiar y tengo la certeza de que eso no cambió ni una sola vez.

Ahora que lo pienso, nunca escuché que dijera un «Nos vemos pronto» o «Estoy en casa» de él.

 

Mientras pensaba sobre eso, dejé que las lágrimas cayeran sobre el teclado.

Aun después de eso, proseguí con mi «Juego para que se enamore». Eso lo hice simplemente porque deseaba que yo le gustara; pero, si lo veía de esa forma, me sentía muy avergonzada, así que no podía hacer nada al respecto. Sinceramente, era irrelevante si lo encontraba una molestia. Porque todo esto era algo que solamente hice porque quería. Creyendo que algún día me vería, hablé con él una vez más con una sonrisa.

 

Y ese día llegó sin previo aviso.

Una mañana como de costumbre, a la hora usual que se marchaba a trabajar, me despedí de él como siempre lo había hecho.

—Nos vemos pronto.

Pensé que había oído mal por un momento. Sin embargo, no había nadie más aparte de él aquí y, considerando como desvió la mirada con el rostro ruborizado, comprendí que había escuchado bien. «Vuelve sano y salvo». Las palabras con las que respondí por alguna razón quedaron atrapadas en mi garganta.

—Nos vemos pronto.

De nuevo, esta vez lo dijo con una voz un poco más clara y huyó de la casa como si fuera un proyectil. Tenía el rostro húmedo. Las gotas que humedecían mi cara descendían desde mis ojos y lo noté más o menos diez segundos después.

Regresé al comedor y me encargué de la vajilla con la que había comido. Mis pisadas eran ligeras, lo bastante como para empezar a saltar en cualquier momento. En ese momento, noté que había olvidado algo sobre la mesa.

Un estuche de piel para lentes.

Nunca había visto que usara un estuche para lentes antes; pero, él era el único que necesitaba lentes en esta casa; por eso, sin duda alguna era de él. Cuando lo tomé, me pareció familiar. Luego de vivir juntos tanto tiempo, quizá lo vi en algún lado; pero, mi corazón estaba gritando que no era así. Lo volteé, miré la parte inferior y me congelé.

Tenía sus iniciales grabadas allí y lo reconocí.

Se trataba de mi obsequio. Fue el regalo del viaje que tomé sola cuando apenas iniciaba nuestro matrimonio. El estuche que había lanzado a la basura unos segundos después de que se lo di.

Apreté el objeto que lucía desgastado, pero bien cuidado, y lo moví hasta sujetarlo entre mis brazos, luego lloré otra vez.

Sinceramente, no se suponía que fuera así. Yo debía hacer que se enamorara de mí; pero, antes de darme cuenta, yo era quien se había enamorado de él y estaba molesta conmigo misma. Tras haberme enamorado así de fácil, me pregunte porque tenía que ser ese hombre. Había muchísimos más hombres con mejor apariencia y personalidad que él que estrellas en el cielo, y estoy segura que incluso yo podría haber conocido a un hombre así en mi vida.

Con una corriente de varios por qué, no estaba más cerca de responderlas; pero, había una cosa de la que estaba segura.

De entre todos los hombres que había conocido en mi vida, él había sido el único que me mostró una “familia”.

Todo ese día fue muy agradable. No tuve ningún problema al momento de comprar los ingredientes para la cena, quiero decir, no había otra que no fueran sus platillos favoritos pasando por mi cabeza; así que no podía hacer nada al respecto.

Mientras estaba preparando la comida, de súbito miré el calendario e inconscientemente solté una carcajada.

Hoy era mi cumpleaños.

Los sucesos de esta mañana debieron haber sido el regalo de cumpleaños de Dios o algo por el estilo. Si ese era el caso; entonces, ¿no estaría bien si celebraba mi cumpleaños un poco? Nadie lo había celebrado en años; así que estaba a punto de olvidarlo; a pesar de eso, solo un día estaba bien. Después de todo, hoy había sido un día maravilloso.

Me sentía sola. Sola. Realmente sola.

Si me sentía feliz, poder decir «Estoy feliz».

Si me sentía contenta, poder decir «Estoy contenta».

Si me sentía triste, poder decir «Estoy triste».

Siempre quise una “familia” con la cual podría discutir estas cosas triviales.

Cierto, compraré un pastel.

Tiene que ser del tamaño perfecto para que dos personas puedan comerlo, uno redondo, con una vela encima. Siempre quise hacerlo una vez. Podía contar las veces que había sido invitada a la fiesta de cumpleaños de una amiga con mis manos; así que recreé las escenas que había visto en mis sueños ahora mismo. Estoy segura de que él no me diría «Felicidades» ni nada por el estilo. No hay problema. Solo sentarnos juntos alrededor del pastel era más que suficiente.

—Si no mal recuerdo, se supone que apagues todas las velas de un solo soplido.

Mis labios inquietos dejaron salir eso. Con pasos ligeros, tomé mi bolsa y salí. No podía pensar en otra cosa que no fuera esta noche; quizá por eso me descuidé.

 

Tuve un accidente.

 

Cuando recuperé el conocimiento, me encontraba en medio de una oscuridad desoladora. Ah, otra vez estoy sola. De repente lo comprendí y sentí un dolor en mi pecho. Al final, quizá Dios estaba diciéndome que no me dejara llevar. Que la vida no era tan simple, que esos cambios drásticos en la vida no sucedían.

Quiero decir, la probabilidad era «0.000%», ¿no? La probabilidad de que me amara era cero. Incluso si un año hubiera pasado, dudaba que ese porcentaje hiciera un giro de ciento ochenta grados. Que él me amara era algo imposible para toda la eternidad. Por eso, él no sería mi familia. Tengo el presentimiento que él también me dijo eso.

Luego, mi mente volvió a hundirse.

 

La siguiente vez que mi consciencia surgió me encontraba en un espacio más gris que negro. No conservaba muy bien un sentido del tiempo. Si había pasado mucho tiempo o si solo habían sido un par de horas. Para mí, el hecho de que otra vez estaba sola vino primero y poco me importó el tiempo, tal vez fue así como lo percibí.

Sentí como si una luz me golpeara desde algún lugar. Aunque tenía los ojos cerrados, la sensación de algo atravesando mis retinas gradualmente cambio mi entorno de gris a blanco.

—Oye, Yuri, la probabilidad de hoy fue otra vez del 0%. Tu paz está asegurada por el día de hoy.

Escuché una voz. Su voz.

Estaba un poco apagada, pero definitivamente era su voz. Qué extraño. ¿Alguna vez me llamó por mi nombre? Pensando hasta ese punto, comprendí que esa voz era una alucinación auditiva. Las palabras y voz que deseaba escuchar fueron transmitidas arbitrariamente por mi cerebro.

—Hoy hace un buen clima. Cuando despiertes, vayamos juntos a dar un paseo.

«Oh, no puedo verlo desde aquí. Pero, eso suena bien. A mí también me gustaría dar un paseo contigo»

Respondí antes de darme cuenta. Qué tonta, mantener una conversación interna con el él de mis ilusiones era pura estupidez. Pensé, pese a eso, era divertido y respondí alegremente a sus palabras.

La próxima vez, y la vez después de esa, en cada ocasión que mi consciencia surgía, conversaba con su ilusión.

—Hoy traje algunos tamagoyakis que cociné. No saben nada buenos y terminé quemándolos, pero, ¿no te gustaría comerlos algún día conmigo?

«Desde luego. Si es algo que tú preparaste, entonces lo comería incluso si tuviera veneno. ¿No te lo había dicho?»

—La verdad es que, golpeé a tu doctor el día de hoy. No me arrepiento de haberlo hecho; aunque, sí me gustaría disculparme, si es que importa. Pero, no tengo el valor para hacerlo. Cuando despiertes, ¿me podrías acompañar? Creo que eso aumentará mi confianza.

«Eres un adulto hecho y derecho, así que puedes ir tu solo. Aunque, te acompañaré a mitad de camino»

—Las flores de hoy son gerberas. Creo que podrían gustarte. Al parecer la jardinería es la nueva moda últimamente. ¿Qué opinas, deberíamos intentarlo hacerlo juntos alguna vez?

«Suena bien. La verdad es que me gustan las cosmos. Aunque, no son muy adecuadas para la jardinería, ¿verdad? También me gustan las violas tricolor, ¿qué tal si empezamos con esas?»

 

Su ilusión a menudo empleaba la palabra “juntos” y cuando reflexioné sobre cómo eso indicaba mis propios deseos, me sentí exageradamente avergonzada. Aunque, ¿son realmente alucinaciones?

Con quien estaba intercambiando palabras era una fantasía. Eso fue lo que pensé; pero, se podría aplicar lo mismo a las palabras en sí… cuando medité eso, sentí un dolor en mi pecho.

Si estas fueran realmente sus palabras, estaría encantada. Increíblemente encantada.

 

No estoy segura de cuántas veces sentí mi consciencia surgir. El día de hoy, su voz siempre apagada sonaba más clara que de costumbre.

— Feliz cumpleaños. Traje las flores que no pude darte la última vez. En esta ocasión conseguí las cien. Sorprendente, ¿verdad? Podemos ir a comprar un regalo en cuanto despiertes. Algo con el valor de siete años, no importa que pidas. Y no tengo ni la menor idea de que podrías querer. Tendrás que contarme detalladamente la próxima vez.

Traté de responderte como siempre lo hacía; pero, qué extraño. Hoy de entre todos los días, mi voz no salió.

—Oye, la probabilidad de hoy también fue de 0%. ¿Por qué sigues en la cama?

Esas palabras quedaron atrapadas en su garganta por alguna razón. ¿Estaba llorando? Cuando lo pensé, simplemente no pude quedarme quieta.

—¿Cuál es tu color favorito? ¿Cuáles son tus pasatiempos?

¿Por qué lloras? ¿Te duele algo? ¿Estás triste?

—¿Qué hacías mientras estaba fuera? ¿Cuáles son tus flores favoritas?

Me gustan las cosmos. Ya te lo había dicho, ¿no? ¿Qué pasa? ¿No me escuchaste?

—La próxima vez muéstrame algunas fotografías de cuándo eras niña. ¿A qué preparatoria fuiste?

Te mostraré todas las que quieras y te contaré todo sobre ellas. Por eso, no llores, no quiero verte llorar.

 

Sin importar cuántas veces traté de hablar, mi voz no salía. Lo único que surgía era un ruido extraño y confuso y ninguna palabra de consuelo podía escapar de mis labios.

Si él estaba llorando, entonces era mi papel animarlo.

Después de todo, yo era su “familia”.

 

Una luz hiriente quemó mis párpados. Mi garganta dolorosamente seca solo dejó escapar un sonido extraño. Esa silueta que apenas podía discernir, estoy segura de que era él. No había forma de que me equivocara.

—Buenos días. Dormiste hasta tarde el día de hoy.

—Buenos días, Masahiro.

Una vez más no me salió la voz y, una vez más, Masahiro lloró.

 

—¿Has pensado en un buen regalo de cumpleaños? ¿Te gustaría una computadora nueva? Tu vieja computadora portátil estaba descompuesto, ¿no? ¿O preferirías una bolsa o un collar? Las mujeres tienen una imagen de que les gustan los metales preciosos; pero, ¿crees que eso va contigo?

Cierto día cercano a que me dieran de alta, Masahiro me preguntó.

—¿De verdad puedo pedir cualquier cosa?

—Sí, porque te hice esperar bastante. Aunque, por favor mantenlo dentro del límite de lo que pueda conseguir. No creo que pueda convertirme en un magnate del petróleo.

—Oh, no tengo deseos de extorsionar algo tan caro de ti.

Cuando mi boca se tornó agria, la mano que extendió Masahiro para acariciar mi cabeza fue reconfortante.

—En ese caso, dilo. Rápido. Cualquier cosa.

—Acerca tu oído por favor, Masahiro.

Ya que estaba sentada en una silla de ruedas, acercó su cabeza y, con todas mis fuerzas, lo importuné con esto.

 

—Quiero formar una familia contigo.

 

DAILY DAYS NOVELS

Escrito por: Hiro Sakurakawa

Traducción al inglés por: Yoraikun


Lamentablemente ese fue el final de esta historia, espero que les haya servido para aclarar algunas dudas de la primera parte, ahora saben que Masahiro no era un patán sin sentimientos como quiso que pensaramos desde su punto de vista.

Esta fue una historia que realmente me gustó en cuanto la leí y ahora que ustedes también han podido hacerlo, espero que la hayan disfrutado tanto como yo :3

7 comentarios sobre “Un juego para que se enamore

  1. Este tipo de historias son las que deberían tener su propia novela, aunque fuese de un único volumen.
    Las historias cortas que a veces traduce Yoraikun son muy buenas y dan un respiro a lo que suele traducir, las he leído casi todas (tomando en cuenta que lo sigo desde que traducia The Rose le Shield Hero). Mis favoritas son las dos que acabas de traducir, My Hero y The Witch and the Gourd of Stories.
    Gracias por la traducción.

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  2. Gracias por el capítulo. Que sorpresa el esposo era un kuudere. Desearía leer el volumen único, me pregunto que cosas añadirán algo como la aparición del padre del esposo, un trauma de parte del esposo y un despertar más emotivo serian interesantes.

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    1. Supongo que agregaron más interacciones entre la pareja, el padre de Yuri y espero que el abuelo de Masahiro, pero ahora que lo mencionas es extraño que no hablen de los padres de Masahiro, estarán muertos? Este es uno de los casos en los que odio no saber japonés

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