La probabilidad de matar a mi esposa sin ser descubierto

«0.061%».

Mis mañanas siempre inician activando la computadora en mis anteojos y revisando cierta predicción futura.

—Bueno, supongo que no está mal.

Últimamente no he visto el porcentaje mostrado subir del 1%.

 

«La probabilidad de matar a mi esposa sin ser descubierto».

 

Eso fue lo que pre programé que calculara la predicción futura. Ya han pasado cerca de quince años desde que las computadoras caseras fueron capaces de ejecutar predicciones sencillas si introducías la búsqueda. Tenían diversas aplicaciones y sin excepción yo las usaba.

Mi esposa y yo somos lo que llamarías un matrimonio político. La empresa que mi abuelo administra y el apoyo financiero que el padre de mi esposa, ahora mi suegro, propuso, fue lo que hizo posible este matrimonio político. Si bien mi apariencia era normal y no había nada en particular en lo que destacara, el motivo que la hizo elegirme fue sencillamente porque esa chica, que nunca antes había conocido, le gustó mi fotografía.

—No creo que pueda amarte, pero si estás bien conmigo.

Han pasado diez años desde que le dije eso y desde nuestro matrimonio. No es como si hubiera tenido una novia o algo por el estilo. Ella tampoco tenía una mala apariencia. La empresa de mi abuelo evitaría la bancarrota y yo sería el próximo presidente de la compañía. Cada pequeño detalle iba viento en popa. Respecto al mundo y al sentido común, estoy seguro que así era. Pero, yo no pensaba lo mismo.

Tal vez se debía a que sentía firmemente que me habían comprado con dinero, hasta el punto de odiarla un poco.

De no haberlo deseado, simplemente pude haber negado con la cabeza; pero, no me encontraba en una situación donde eso fuera posible. Quiero decir, había llegado al punto donde la empresa de mi abuelo no duraría más que un par de días y, en el caso de que realmente terminara en bancarrota, una parte de mí estaba convencido que mi terco abuelo, con su exageradamente fuerte sentido del deber podría tratar y elegiría convertir su propia vida en dinero. Dijo que su vida era suficiente para salvar la mía de una deuda masiva, así que solo pude acceder al matrimonio.

—Podría matarte y robarme todo el dinero que heredes. Aun así, ¿estás bien conmigo?

Una vez que estuvimos casados, le lancé esas palabras campantemente. Durante un momento, ella hizo una expresión de sorpresa, luego sonrió mientras asentía.

—Está bien. Solo debo hacer que te enamores de mí antes de eso, ¿cierto?

Esas palabras desafiantes de alguna forma la hicieron lucir como una guerrera galante, provocando que abriera los ojos de par en par por un segundo. Ese mismo día, ingresé «La probabilidad de matar a mi esposa sin ser descubierto» en mis anteojos. Luego de introducir esa pregunta sencilla, la terminal portable consideró diversas variables, calculó un valor preciso de las mismas y devolvió una probabilidad. El primer resultado en surgir fue «38.235%». Ese porcentaje increíblemente alto me paralizó de la impresión. ¡Y creer que sería casi del 40! Fue lo que pensé; sin embargo, luego recordé que mi esposa saldría de viaje al día siguiente. Sin mencionar que, viajaría sola. Asesinarla y hacerlo parecer que todavía estaba en el extranjero sonaba plausible.

—¿Debería aparentar que me voy de viaje y matarte? Al parecer, tendré casi un 40% de éxito.

—Ya veo, buena suerte con eso. ¿Quieres que te traiga algo de recuerdo?

Sus palabras superficiales fueron tan interesantes que pregunté inconscientemente.

—¿Crees que no puedo matarte?

—No, si en verdad me matas, será porque no me esforcé lo suficiente —contestó con unos ojos fríos.

Me despedí de ella y calculé otra predicción futura.

«La probabilidad de que ame a mi esposa dentro de medio año».

«0.001%»

Lo apuesto, asentí a mí mismo. Aun si pensaba que era una mujer interesante, era un hecho que no albergaba sentimientos muy favorables hacia ella. No podía imaginar que eso cambiaría dentro de unos simples seis meses.

Unos días después, le conté eso cuando regresó. Había estado esperando emocionado por su reacción; pese a eso, ella solo respondió con un:

—Ya veo.

Siendo franco, fue una decepción.

—Tenía la certeza de que no me odiabas.

Me eligió para ser su esposo; por lo tanto, incluso si no me odiaba, estaba seguro que poseía algún sentimiento favorable hacia mí. No obstante, solo dijo dos simples palabras como si no le importara en lo absoluto. No me atrevería a decir que quería verla llorar; pero, al menos deseaba ver su expresión molesta.

—¿Me podrías decir cómo planeas matarme después?…

—¿Qué?

—Antes de irme, dijiste «¿Debería aparentar que me voy de viaje y matarte?», ¿verdad? Te estuve esperando todo el tiempo. Si venías, estaba segura de que sería una luna de miel esplendida.

—¿Quieres ser asesinada?

—De ser posible, quiero ser amada.

Pensé que era una mujer incompresible. Aunque estaba frente a ella, accioné el botón en mis anteojos y calculé otra vez la probabilidad.

«La probabilidad de matar a mi esposa sin ser descubierto».

«12.253%».

Entonces, de diez ocasiones, no seré descubierto una vez. Ese era un porcentaje bastante bueno. Considerando que éramos los únicos en la casa a mitad de la noche, era de esperarse. Detuve mis pensamientos ahí.

—Ahora mismo, es alrededor del 12%. Supongo que me abstendré por el momento. Si llegara  a matarte, lo haría parecer como si nunca hubieras regresado de ese viaje y dejaría tu cuerpo en alguna zanja cercana. Apuesto a que pensarían que fuiste víctima de algún accidente automovilista y el conductor se dio a la fuga.

—En ese caso, recomiendo el parque que está aquí cerca. Ese lugar es famoso por sus actividades sospechosas.

—No entiendo lo que pasa por tu cabeza…

—Simplemente estoy desesperada porque me ames.

Cuando le dirigí una mirada peligrosa, soltó una risita leve y me entregó una caja, argumentando que era un recuerdo.

—Lo tiraré a la basura.

—Te lo estoy regalando, así que no me importa lo que hagas con él.

A fin de responder totalmente a su petición, lo tiré al bote de basura con un buen impulso. Luego, me giré triunfantemente para ver su rostro y sentí un poco de arrepentimiento. Tenía el ceño fruncido con aflicción mientras miraba esa caja. No quería verla a los ojos, así que me apresuré a mi habitación.

Si bien estábamos casados, desde luego, dormíamos en habitaciones separadas. Después de todo, nunca pensé en hacerle el amor y tenía la certeza que ella tampoco quería hacerlo conmigo.

 

Ese estilo de vida brutal prosiguió y medio año pasó. En cuanto me despertaba, incluso antes de salir de la cama, consultaba «La probabilidad de matar a mi esposa sin ser descubierto». Luego de levantarme, ponía en orden mi apariencia y me dirigía a la sala de estar.

—Era del 15% esta mañana.

—Oh vaya, en ese caso, ¿debería sentirme aliviada?

—Nunca sabes. Cabe la posibilidad de que mezclara veneno en ese café tuyo.

—¿Cuándo acabo de hacerlo?

—Si lo preparé ayer, es una posibilidad.

—Entonces, lo tendré en cuenta. Aquí tienes un poco para ti.

—Te lo agradezco.

Tomando ese café que evidentemente no contenía veneno, me senté. Desde allí hasta comer el desayuno que ella había preparado era nuestra rutina habitual. De lo contrario, habría días en los que no tendríamos una conversación apropiada; pero, comencé, más o menos, a experimentar una sensación de confort con eso. Su política de no intervención era buena. El desayuno y almuerzo que cocinaba arbitrariamente era encantador. Sin embargo, se trataba de un reconocimiento diferente al amor y, si me preguntaran «¿La amas?», la respuesta sin lugar a dudas sería un «No».

 

De esa forma, pasaron dos años.

Era lo que otros considerarían como el periodo del tiempo en que los cónyuges se desintegraban como pareja y comenzaban a funcionar como una familia. En esa etapa, ella declaró que deseaba tener una cita conmigo.

—Pues, yo no quiero ir.

—Pero yo sí. ¡Vayamos al acuario hoy!

—No te amo. Ni siquiera llega a un me gustas.

—Pero, yo sí te amo.

Y qué, pensé. ¿Qué la hizo pensar que podríamos llevarnos bien como una pareja normal luego de tanto tiempo? Mi irritación provocó que la mirara en silencio y percibí su sonrisa simple.

—¿Estás seguro de que te parece bien eso? ¿Dejarás pasar esta oportunidad?

—¿A qué te refieres?

—Si aceptas mi invitación, quizá puedas matarme.

—No quiero matarte simplemente. Quiero matarte sin ser descubierto. Si me atrapan, no tendría sentido.

—¡Exacto! ¿Recuerdas el porcentaje de hoy?

—5.7%… ¿creo?

—Así es, ¿no ha estado disminuyendo últimamente? ¿Estás seguro de que te parece bien eso? Si vas a lugares conmigo, ¡ese porcentaje podría subir hasta los cielos! Si estamos entre una multitud y me apuñalas por la espalda con un cuchillo que no tiene ninguna relación contigo, no te atraparan. Sin embargo, para conseguirlo, tenemos que empezar a salir a lugares concurridos.

—Aunque estamos hablando de matarte, sí que estás de buen humor.

—Quiero estar de buen humor el día de hoy. No te preocupes, te dejaré mi espalda a ti.

—¿Para apuñalarte?

—¿O podrías abrazarme con fuerza si así lo deseas?

Atraído por su risa entre dientes, formé una sonrisa. Al final, mi protesta fue derrotada y fuimos a nuestra primera cita. Aunque estábamos a punto de cumplir nuestro tercer aniversario de bodas.

Si únicamente pudiera elegir entre dos opciones: fue divertido o no fue divertido, estoy seguro que me divertí. Fue mi primer viaje al acuario en mucho tiempo y tengo la sensación de que estaba muy emocionado, algo impropio considerando mi edad. Fue un día en el que mi corazón latió demasiado, al grado que no revisé el porcentaje. En cuanto a ella, que se encontraba sonriendo a mi lado quería agradecerle por ese momento.

Cuando llegó la noche, cenamos en casa como de costumbre. Fue un poco más extravagante que lo normal y mirando por encima de la mesa alineada nada más con mis platillos favoritos, finalmente eché un vistazo al calendario.

—¿Hoy es mi cumpleaños?

—Así que lo olvidaste después de todo. Lo celebramos cada año por cierto.

Ahora que lo pienso, tengo la sensación de que siempre había un día al año donde mis platillos favoritos se encontraban extravagantemente alineados. Considerándolo un capricho al azar, no le había prestado atención en el momento; pero, llegados a este punto, me percaté de que esos días debieron haber sido mis cumpleaños.

—No pienso darte las gracias.

—Acabas de hacerlo, con eso basta.

—No tengo intención de celebrar tu cumpleaños.

—Lo hice porque quería, así que no te preocupes.

—…

—Gracias por haber nacido.

—De nada.

Ahora que lo pienso, puedo entender que ella solo estuviera avergonzada; sin embargo, esa vez yo estaba desconcertado y solo podía pensar en si estaba bien de la cabeza esta mujer.

Como se esperaba, mi actitud no cambió y tampoco la de ella. Aunque, una vez al mes salíamos juntos. Yo para matarla y ella para tener una cita conmigo.

¿De verdad tenía la intención de matarla? Si me preguntaras, tendría que responder que nunca la tuve desde el principio.

Ciertamente no pensaba bien de ella y si moría, entonces… no es que nunca lo hubiera considerado. Pero, algo tan arriesgado como matarla no era una opción que un cobarde como yo elegiría con tanta facilidad. Al convertirnos en una pareja casada, resultó ser el tema correcto de conversación.

Estoy segura que ella lo sabía. Lo entendía y lo utilizaba para negociar. Todos lo reconocíamos y yo abordaba esos convenios. ¿Por qué lo hacía? Creo que tenía una ligera idea del motivo; pero, cerré rápidamente esa ventana. Quiero decir, ha pasado mucho tiempo.

 

A partir de entonces, pasaron dos años y cumpliríamos nuestro quinto aniversario de bodas.

—Hoy es 2.564%. El peor. Es demasiado bajo.

—Me consuela saber que seguirá mi paz.

—Para empezar tú nunca cambias. Eres el epítome de la paz.

—No siempre es así. Hoy cociné el pescado por mucho tiempo y se quemó hasta quedar negro.

—Pero el mío se ve bien.

—Me apresuré e hice otro para ti. Simplemente ve el mío, totalmente achicharrado.

Tras decir eso, me mostró el pescado sobre su plato mientras sonreía con amargura. Tomé su plato y lo cambié por el mío, luego empecé a desayunar.

—¿Estás seguro? Prácticamente es carbón.

—¿Y tú estás segura? Tal vez mezclé veneno en ese plato cuando no estabas mirando.

—Si es veneno que tú preparaste, me gustaría probarlo.

—En ese caso, adelante.

—Gracias por la comida.

Mientras comíamos nuestro desayuno habitual, eché un vistazo al reloj. Junto a la hora se mostraba la fecha.

Ya han pasado cinco años. Sinceramente, pensé que era hora de renunciar.

Conforme ella desayunaba, frente a sus ojos, hice una predicción futura. Al ver los números proyectados sobre el cristal de los lentes, solté un suspiro.

«1.524%»

Como lo pensé. Era bajo. Al porcentaje que dije antes le había sumado 1%. Además, cuando desperté, había sido «1.564%». Por cierto, ese 1% que sumé era una muestra inútil de obstinación.

En el pasado charlé con un amigo que conocía bien el sistema de predicción futura sobre las predicciones que había estado haciendo y sobre nuestro matrimonio; ya que tenía curiosidad por el porcentaje que disminuía con el paso de los años.

—Eres un idiota —dijo y suspiró, luego de eso me explicó a fondo.

De acuerdo a él, la consulta «La probabilidad de matar a mi esposa sin ser descubierto» comenzaba su cálculo en base a la probabilidad de que el individuo que la introdujo pudiera “matar a su esposa”. Por lo tanto, que la tasa descendiera a lo largo de los años indicaba un cambio en mis emociones, fue lo que dijo.

Eso es absurdo. Luego de que ese pensamiento cruzó por mi mente, fue seguido por, incluso si ese era el caso, qué esperas que haga después de tanto tiempo. Además, se volvió difícil. Tras decirle nada más que cosas crueles, ella seguía igual que siempre y, después de haber ignorado aniversarios, solo me conformaba con aceptar lo que sea que me diera.

Eran cinco años. Cinco años completos.

¿Exactamente qué clase de expresión se supone que ponga cuando le diga que la atesoro?

Al final, incluso después de eso, decidí continuar sin hacer nada, más que aceptar sus sentimientos.

Pero, terminemos con eso de una vez. Ya es hora de renunciar. Desconozco si te amo, pero estoy seguro de que te atesoro. Creo que le diré eso.

Este día es tu cumpleaños.

Terminé de desayunar y puse mi apariencia en orden a fin de salir a trabajar como siempre lo hacía. Como de costumbre, se despidió de mí en la puerta. En ese momento, abrí ligeramente la boca y dejé salir una voz que parecía que iba a desaparecer.

—Nos vemos pronto.

—…Sí… Vuelve sano y salvo.

Ella tenía una expresión llorosa mientras sonreía, así que me hizo de alguna forma feliz, por eso traté de decir «Nos vemos pronto» una vez más. Lo declaré con una voz un poco más clara que antes y parecía que ella realmente estallaría en llanto, así que me apresuré a salir de casa. Este es un lugar al que puedo regresar. Esas palabras no podía decirlas porque no quería pensar al respecto. Si ibas a estar tan contenta, las habría dicho antes, pensé mientras me dirigía a la empresa.

Empecemos de nuevo.

Sinceramente lo pensaba. Compraré un ramo de flores de regreso a casa. Ya he apartado un pastel. Celebremos por lo que nunca celebramos antes. No sé qué tipo de regalo te hará feliz, así que vayamos a comprar uno juntos. Empecemos desde ahí. Ni siquiera conozco tus preferencias. Aun cuando tú comprendías a la perfección las mías, a pesar de que nunca las comenté, sencillamente era vergonzoso. Pero, las aprenderé de ahora en adelante. Tenemos mucho tiempo. Somos una pareja casada.

Fue la primera vez que noté cuánto tiempo paso en la oficina.

Una vez que terminaron las horas laborales, salí de ahí y como planeaba regresar a casa directamente, hice una parada en una florería.

Como desconocía cuál era su color favorito, elegí las rosas estándar y les pedí que las envolvieran. Al preguntarme cuántas quería, dije al azar que cien, convirtiéndolo en una cantidad increíble. Aun así, respondieron que solo tenían las que habían preparado para el día y, con el número reducido a setenta, todo estaba bien en el mundo.

Cuando me incliné para aceptar el ramo, los anteojos sobre mi rostro se cayeron con un ruido metálico. Con el impacto enseguida se activó la predicción de esta mañana de su historial.

«25.283%»

El porcentaje mostrado provocó que abriera los ojos completamente. Sin perder el tiempo me coloqué los anteojos y vi como el porcentaje se actualizaba cada segundo.

«32.154%»

«34.259%»

«42.985%»

Los dígitos aumentaban con cada pestañeo y finalmente excedieron la marca del 50%.

«La probabilidad de matar a mi esposa sin ser descubierto: 52.385%»

En el instante en que vi eso, corrí como si un interruptor se hubiera activado. Recordé las palabras del amigo que consulté sobre nosotros.

—Si deseas atesorar a tu esposa y, pese a tus sentimientos, la probabilidad supera el 50%, entonces ten cuidado. Porque, independientemente de cómo te sientas, significa que se ha presentado una situación dónde es más que posible.

—¿Qué quieres decir?

Cuando le pregunté, él solo se rió y respondió «¿Cómo quieres que sepa?».

¿Una situación dónde sea más que posible? ¿Qué situación es esa? Pensé mientras corría camino a casa. Su rostro emergió en mi mente y comencé a sudar frío. Llegué a la calle comercial y mientras pasaba frente a la tienda de electrónicos, mis piernas se detuvieron. Ya que las noticias que se transmitían en la televisión del aparador proyectaron su imagen.

«Accidente de tráfico, camión de basura, condición crítica».

Desesperadamente traté de poner en orden la información que entraba a raudales. El golpe de gracia fue cuando mostraron su imagen nuevamente. Luego, caí de rodillas.

No recuerdo realmente lo que sucedió después. Cuando contesté el teléfono celular que timbraba estridentemente, escuché a mi suegro gritar algo, pero no logró llegar hasta mí.

Estabas dormida. Sobre una cama del hospital con muchas máquinas conectadas a ti.

El vendaje que vi, provocó que quisiera desviar la mirada; sin embargo, era la primera vez que contemplaba tu rostro durmiente y era tan hermoso que no pude despegar mis ojos de ti.

—Feliz cumpleaños.

Fueron las primeras palabras que salieron de mi boca.

—Perdóname por todo.

Y las siguientes fueron una disculpa.

Afortunadamente, nosotros dos éramos los únicos en la habitación, así que me senté junto a ella y volví a ejecutar una predicción futura.

«La probabilidad de matar a mi esposa sin ser descubierto: 99.274%».

Lo apuesto, pensé. Incluso si mis sentimientos se interponen en mi camino, si solo tocara alguno de los tantos botones a mí alrededor, estoy seguro de que ella moriría. Incluso si eso pudiera dejar una huella, entonces un roce ligero contra su garganta sería más que suficiente para hacerla sucumbir.

Mi amigo dijo que «comenzaba su cálculo en base a la probabilidad de que el individuo que la introdujo pudiera “matar a su esposa”». Vacilación, por así decirlo. Cuando llegara la hora de matarla, si mis piernas no me detendrían. Su situación actual era una existencia que podría morir incluso antes de que pudiera vacilar. Hasta si me acercaba a la línea de salida, ella podría irse.

—Oye, la probabilidad de hoy era de 0%. Ya ni siquiera es un asunto de que es baja.

Le dije como siempre lo hacía. Quiero decir, la probabilidad era de 0%. Incluso si los lentes de mis anteojos proyectaban 99.358%, deseaba que viviera, así que la probabilidad era del 0%. Era imposible que la matara.

—Así que prometo tu paz por el día de hoy. Por eso, no te quedes ahí dormida por siempre, vayamos a almorzar y luego a un parque. Nunca lo dije antes, pero amo los huevos dulces que preparas. El pollo frito que cocinas también es delicioso. Siempre había comido esos almuerzos que hiciste de todo corazón en silencio. Sin embargo, a pesar de eso, tú sonreías encantada, así que me había convencido a mí mismo que estaba bien si permanecía de esa forma.

Acaricié gentilmente su rostro que se estaba enfriando para calentarlo. Rezando que se tiñera del rosa usual.

—Hoy lo descubrí por primera vez. Que deseabas que dijera «Nos vemos pronto». Por culpa de mi inútil resistencia, nunca pude decirlo hasta ahora; pero, ese lugar ya se había convertido en un hogar al cual regresar desde hace mucho, mucho tiempo. Te hice llorar, ¿no es así? ¿Estuviste llorando cuando no podía verte o solo es mi vanidad? No dejaré que llores más. Es la verdad. Lo juro.

Sentía un nudo en la garganta. También un dolor punzante dentro de la nariz e, incapaz de soportarlo, fluyeron mis lágrimas.

—De verdad lo siento. Gracias por esperar todo este tiempo. Y ahora quiero escuchar tu voz. Enormemente.

Sujeté su mano lo bastante fuerte para dejarla pálida y sollocé. No tenía la confianza que mis palabras salieran apropiadamente. Sin embargo, pese a eso, sabía que había algo que tenía que decir.

—Te amo. Regresa, Yuri…

 

 

Celebramos nuestro sexto aniversario de bodas en un cuarto de hospital.

Nuestro aniversario y su cumpleaños estaban cerca, así que ha pasado casi un año desde que estaba en cama. A los ojos del mundo en general, Yuri se había convertido en un humano en estado vegetal. No quería emplear un término tan desagradable para describirla, pero cada vez que tenía que explicar su condición, me obligaban a usarlo por necesidad. Sin duda necesito mejorar mi vocabulario, tuve la sensación que me mostró una sonrisa más grande que la habitual cuando le conté eso el otro día. Así como Yuri siempre lo hizo para mí, cambiaba las flores de la habitación todos los días y charlaba con ella sobre cosas triviales. Aseaba su cuerpo y, si el clima era bueno, abría la ventana para relajarnos juntos bajo el sol. Estaba aprendiendo a cocinar bajo la dirección de uno de mis subordinados y me sentía desesperado porque fuera lo primera que comieras cuando despertaras.

—Oye, Yuri, la probabilidad de hoy fue otra vez del 0%. Tu paz está asegurada por el día de hoy.

«96.783%»

Observando el porcentaje que solo había bajado un 3% en un año, sonreí levemente. Está bien, no hay prisa. Esperare por siempre. Así que tomate tú tiempo y regresa.

Hace un par de días, el doctor continuó diciéndome que apagara tu soporte vital frente a mí. Por lo visto, los prospectos para que te recuperaras eran bajos. Levanté la voz y lo golpeé; aunque, ahora me estoy arrepintiendo apropiadamente. Por eso, Yuri, no te molestes cuando abras los ojos.

 

Medio año después, mi suegro se rindió. Pero, yo no. Lo superaba frenéticamente cada vez que sentía que lo haría y hablaba desesperadamente contigo, aunque no respondías.

 

De esa forma transcurrió otro medio año, era nuestro séptimo aniversario de bodas.

Mirando a Yuri, que no respondía aunque le hablara, pensé en los cinco años que yo no le respondí a ella. ¿Se sintió de esta forma? Al tratar conmigo que no respondía… ¿Yuri sufrió este sentimiento de inexistencia? Incluso cuando era su cumpleaños, tenía la vista nublada y no había nada que pudiera hacer. Sin limpiar las lágrimas que descendían sobre mi rostro, hablé con ella.

—Feliz cumpleaños. Traje las flores que no pude darte la última vez. En esta ocasión conseguí las cien. Sorprendente, ¿verdad? Podemos ir a comprar un regalo en cuanto despiertes. Algo con el valor de siete años, no importa que pidas. Y no tengo ni la menor idea de que podrías querer. Tendrás que contarme detalladamente la próxima vez.

 

—Oye, la probabilidad de hoy también fue de 0%. ¿Por qué sigues en la cama?

«92.693%»

 

—¿Cuál es tu color favorito? ¿Cuáles son tus pasatiempos?

«85.696%»

 

—¿Qué hacías mientras estaba fuera? ¿Cuáles son tus flores favoritas?

«68.258%»

 

—La próxima vez muéstrame algunas fotografías de cuándo eras niña. ¿A qué preparatoria fuiste?

«51.258%»

 

Tras haber llegado tan lejos, me sorprendí. No había notado que el porcentaje estaba bajando y continuó haciéndolo, más y más. Los latidos de mi corazón se elevaban inversamente proporcional. No puede ser, no puede ser, no puede ser.

 

«32.258%»

 

«20.258%»

 

«12.258%»

 

«3.178%»

 

«0.001%»

 

—Buenos días. Dormiste hasta tarde el día de hoy.

Detrás de su máscara de oxígeno, sus labios bien formados sonrieron en silencio. Sus grandes ojos me reflejaron conforme se estremecían ligeramente.

—Buenos días, Masahiro.

Su voz no salió, pero con la forma de sus labios moviéndose, estallé en llanto.

 

Y proseguí con mi hábito.

«0.061%».

Ese fue el resultado de hoy.

Levantándome de la cama, le di palmaditas a Yuri que estaba junto a mí y, el día de hoy una vez más, la pequeña vida cerca de ella comenzó a llorar con mucha energía.

DAILY DAYS NOVELS

Escrito por: Hiro Sakurakawa

Traducción al inglés por: Yoraikun


En cuanto leí esta historia supe que tenía que traducirla y aquí la tienen, ¿les gustó? Si fue así, esperen a leer la segunda parte “Un juego para que se enamore”, será desde el punto de vista de la esposa.

PD: Ya esta publicada la segunda parte, pueden verla siguiendo este enlace: Un juego para que se enamore.

10 comentarios sobre “La probabilidad de matar a mi esposa sin ser descubierto

  1. Hace tiempo que leí esta, ¿historia?, en inglés y me gustó bastante. Bueno saber que alguien decidió traducir esto.
    Gracias por la traducción, esperaré con ansias la segunda parte.

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  2. Oooh es que soy fan de las historias cortas que traduce Yoraikun, así que yo hago lo mismo, también tengo pensado traducir otras de sus historias en un futuro, para que no te sorprendas 😀

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  3. Bonita historia. Faltó desarrollar un poco más el funcionamiento de la tecnología de predicción, porque en ocasiones se siente algo inverosímil, parece que la única variable que toma en cuenta es el estado de ánimo del usuario. Por ejemplo, en el momento en que confiesa a su esposa sus intenciones homicidas, por leves que sean, las probabilidades de lograr asesinarla sin ser descubierto deberían disminuir inmediatamente.

    De todos modos, es una propuesta interesante y la historia es entretenida. Sí me gustaría leer la siguiente parte.

    Espero mi comentario no sea molesto. ¡Buen trabajo traduciendo la historia! 🙂

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  4. Estoy de acuerdo con que falto desarrollar varias cosas, pero considerando que es una historia corta no se le puede exigir mucho. Probablemente ampliaron la explicación en la novela, pero sólo está traducida la web novel, así que nos quedaremos en el limbo…

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