Ritz y Sieg c38

Capítulo 38: Informe de Actividades ~Hermann Artonen~

«La primavera ha llegado a nuestras tierras». Eso fue lo que estaba escrito en la carta del Lord. La nieve en la ciudad se había derretido, así que pensé que el lugar a donde sería asignado también se estaría volviendo más cálido.

No obstante, el puerto al que arribé todavía tenía un poco de nieve y el viento que soplaba era de un frío mordaz. ¡Qué parte de esto es primavera! Le reclamé al Lord que aún no conocía en mi mente.

Por si acaso, abrí la carta de asignación al puesto y revisé a dónde iría.

 

Para Hermann Artonen,

Por este medio le informamos que ha sido designado como Capitán de la fortaleza de la provincia de Revontulet, Laponia. Comenzará a trabajar desde la primera fase de la primavera.

 

Cuando le pregunté a un marinero cercano dónde estábamos, me contestó que en la provincia de Revontulet. Definitivamente este era el lugar.

Me rendí y le di dinero a un mercante que viajaría a la aldea para que me llevara allí.

No muy lejos del Ártico, este lugar era famoso como un lugar de exilio para aquellos que causaban problemas dentro del ejército. Se trataba de un trabajo sencillo de patrullar y estar atento por cualquier animal salvaje que pudiera lastimar a las personas; aunque, no hay registros de la aldea, la cual se encuentra protegida por murallas gruesas y altas, de haber recibido daño por las bestias. Gracias a que hay una fortaleza en la aldea, no creo que sea necesario que una tropa se encuentre situada aquí. A pesar de eso, también hay una historia de que el rey de aquel entonces y su amante, que pertenecía a la aldea, pactaron designar tropas en la zona.

Más que eso, maldije mi propia mala suerte. Vine aquí porque me inculparon la corrupción de mi superior. Uno era un noble, mientras que el otro era un plebeyo. Saltaba a la vista quien ganaría si ambos negaban el crimen.

Tuve una vida infructífera, pensé.

Pasé muchos años trabajando sin parar, hasta perdí mi oportunidad de contraer matrimonio, además este año cumpliría cincuenta y cinco por lo que entraría en mi época de decadencia. Todo para terminar yendo a unas tierras remotas dónde el frío extremo dominaba. Sin mencionar que mi período de servicio no fue establecido y los soldados de allí eran un grupo de canallas problemáticos.

En todo caso mi vida terminaría pronto o, al menos casi me rendí.

Poco tiempo después, arribé a la aldea.

La rumoreada fortaleza era impresionante. Uno difícilmente pensaría que era para una aldea de solo unas cien personas. Escuché que esta fortaleza fue construida hace un par de siglos cuando la amante favorita del rey, quien provenía de esta aldea, se preocupó por el daño que sufría su gente por culpa de los animales salvajes. Esta instalación militar se sentía muy fuera de lugar en la aldea rodeada por bosques.

Cuando bajé de la carreta, había alguien de pie junto a las puertas de la fortaleza. Se trataba de un hombre joven cuyo blanco cabello trenzado le llegaba hasta la cintura y vestía la ropa tradicional de un brillante azul y rojo.

Poseía una atmósfera suave. Esa apariencia no encajaba con las sombrías paredes de la fortaleza. En efecto. Daba la impresión de ser un hada. Se veía fantástico, fuera de este mundo.

—Hermann Artonen-dono, ¿cierto?

—¡!

Por sus palabras, confirmé que era un ser de este mundo y, que este hombre, era el gobernante de estas tierras, el Conde Revontulet.

Jamás creí que alguien me recibiría, así que estaba muy sorprendido y agradecido de que el propio Lord viniera a darme la bienvenida. Sin embargo, era una persona amable y me dio un recorrido por las instalaciones de la fortaleza; por ejemplo, mi habitación, el comedor y los campos de entrenamiento.

Por último, visitamos la sala del personal donde los soldados se encontraban en posición de espera. El Lord lucía apenado cuando dijo que no debería esperar mucho y abrió la puerta.

—…

—…

Tenía un mal presentimiento incluso antes de que abriera las puertas, pero era mucho peor que eso.

Había dos soldados fulminándose con la mirada entre sí, a punto de explotar contra el otro. Mientras que el resto de los soldados se burlaban e incitaban a esos dos. Incluso había uno dormido con una botella en su mano.

Pésimo comportamiento laboral, aunado a que ignoraban al Lord y a mí. Inconscientemente miré al techo con incredulidad.

Sin esperar ni nada, la pelea de puños comenzó. El ambiente se exaltó. El hombre ebrio despertó. Era un pandemónium.

—¡Oigan, deténganse!

De manera imprudente, el Lord se acercó para detenerlos. No obstante, hicieron caso omiso de él.

—¡¿?!

Mientras los dos peleaban entre sí, el Lord fue golpeado en la mejilla por el codo de uno de los hombres. Debido a que el golpe contenía mucha fuerza, colapsó en el piso.

—¡¿M-Milord?!

Como el Lord que había intervenido para detener la pelea fue noqueado, los soldados que estaban luchando parecían conmocionados. Una vez que el hechizo fue roto, la pelea rápidamente se detuvo.

El Lord se incorporó enseguida, afirmando que estaba bien; pero, tenía una gran herida con sangre en sus pómulos que lucía digna de compasión.

Aun así, el Lord no estaba enojado y solo los reprendió con una advertencia. Acto seguido, procedió a presentarme y dar palabras de ánimo antes de marcharse.

Los soldados se burlaron de él como el Lord afeminado; pero, yo no podía aceptar eso.

Al día siguiente.

Los soldados ya habían comenzado el día bebiendo y diciendo bromas vulgares. Por supuesto, ellos ni siquiera notaron que yo, su jefe, vino a trabajar. Incapaz de no hacer nada, decidí estar en el mostrador de la recepción.

Más o menos lo esperaba, pero todo lo hacían aquí descuidadamente. El frasco de tinta sobre el mostrador de la recepción estaba vacía. Ni siquiera había un bolígrafo. Suspirando comencé a organizar los documentos.

Mientras trabajaba, se acercó una persona desde la aldea. Todavía era oscuro, así que me asomé y vi a una mujer bastante alta.

Se presentó a sí misma como: Sieglinde Salonen Revontulet. Sobra decir que era la esposa del Lord.

Me pidió que la llevará al salón de descanso del personal; pero, solo había soldados pobremente disciplinados adentro. No era un lugar donde una mujer debería entrar.

Sin embargo, la Condesa había visitado este lugar de vez en cuando y aparentemente la visita de hoy no era algo especial.

Debido a su insistencia, cedí y la guíe adentro.

Aunque no reaccionaron mucho a mi presencia, se opusieron enormemente a la Condesa. Mientras soltaban bromas pesadas, la Condesa les quitaba sus bebidas y los regañaba apropiadamente.

—Hey, hey, ¿qué es esto? ¡Si no es la Milady de aquí que vuelve a entrometerse como de costumbre!

—Jejeje, a lo mejor vino para vengarse.

—¿Qué has dicho?

—Eeeeh, ¿no estás aquí por eso?~ Aquí golpearon a tu esposo debilucho.

—¡¿?!

Tras escuchar eso, la expresión de la Condesa cambió a una mirada amenazadora. Sus ojos eran feroces y poseían una agudeza similar a un depredador.

—Hey, Ars, fuiste tú, ¿verdad?

—Ajá, no pensé que colapsaría solo por eso.

—Entonces, sí lo hiciste a propósito.

—¡Jaja! ¡Cómo lo creí, el Lord no le contó a su querida esposa!

—¡Por supuesto que no, resultar herido por tratar de evitar que peleáramos es vergonzoso!

La Condesa dejó de limpiar la habitación y fulminó con la mirada a los soldados. Quería decirle que regresara; pero, incluso yo podía sentir su ira, así que las palabras no salieron de mi boca.

—¿Por qué me ves así?

—¡¿Quieres pelear?!

Les grité que no pusieron una mano sobre las mujeres; pero, tal y como creí, fui ignorado.

La Condesa tampoco parecía que iba a dejar pasar por alto esa declaración.

Luego, por algún motivo, la Condesa hizo un gesto para que se acercaran, provocándolos.

—¡M-Milady!

Los soldados fueron provocados fácilmente y arremetieron contra ella. Cerré los ojos con fuerza para prevenir ser testigo del peor evento posible.

Pum. El ruido de un golpe acertando retumbó en la habitación junto con un grito. También hubo el sonido de un golpe seco de algo golpeando la pared; pero, lo más importante, el grito fue uno grave, proveniente de un hombre.

Cuando abrí los ojos con recelo, la Condesa se encontraba en una postura de batalla, dando pequeños saltitos mientras se preparaba para enfrentar a su segundo oponente.

Escuché que ese tipo de pasos servían para aumentar las habilidades físicas de uno.

Me sentí aliviado de que no fuera la Condesa la que resultó herida; pero, estaba a punto de atacar a su segundo oponente.

—Ah, b-basta.

Entretanto decía eso débilmente, dos sombras se movieron al mismo tiempo.

La Condesa movió su puño; mientras que el soldado hábilmente esquivó el golpe bajo y luego trató de alejar su puño con el codo; pero, recibió un golpe en la rodilla y colapsó.

La rodilla es uno de los puntos débiles del cuerpo humano, especialmente si es golpeado por los costados. Ella comprendía eso muy bien. El primer puñetazo era una finta para acercarse más.

Todavía furiosos, los soldados se abalanzaron contra la Condesa; no obstante, siendo los ebrios desafortunados que eran, no podían ganar.

El semblante de la Condesa luego regresó a la normalidad y continúo limpiando la habitación como si nada hubiera pasado.

En cuanto a los soldados que estaban inconscientes sobre el piso, los pateó a una esquina mientras limpiaba.

Luego de tirar todo el alcohol de la habitación por la ventana, la Condesa se fue con una expresión fría. Los soldados gimieron en la esquina, luciendo humillados.

A la mañana siguiente, la Condesa vino nuevamente. Esta vez, sin estar ebrios, los soldados tenían una condición apropiada.

Les dije a todos ellos que se detuvieran pero nadie escuchó. El día de hoy, los soldados estaban sobrios. Traté de pararlos argumentando que sería malo si algo le sucedía a la esposa del Lord; pero, uno de los soldados me sujetó.

No obstante, mi preocupación fue en vano. La Condesa volvió a ganar.

Los soldados, sintiéndose aún más enfadados, comenzaron a entrenar.

Un par de días después, la Condesa vino y peleó, pero los resultados seguían siendo los mismos. Los soldados, que solían estar ebrios y sin motivación, me preguntaron, a mí su capitán, cómo volverse más fuertes.

Podía enseñarles las teorías básicas de las artes marciales, pero ponerlas en práctica era una historia diferente. A decir verdad, no tenía una buena condición física, de modo que solo me encargaba del papeleo en el ejército.

En una ocasión, mientras entrenábamos, la Condesa vino a ver la situación. Los soldados no se agitaron de inmediato. Así que agaché la cabeza y le pedí que nos enseñara lo básico de las artes marciales.

La magnánima Condesa concedió nuestro deseo.

A partir de entonces, la Condesa venía todos los días y les enseñaba a los soldados cómo pelear. Un día, las mujeres de la aldea que la admiraban llegaron de visita y trajeron algunos bocadillos. Al parecer a los soldados no les desagradó tampoco la idea. Gracias a esos bocadillos, eventualmente ningún soldado se rebeló contra la Condesa.

Luego de un mes, un par de soldados talentosos se volvieron mejor que la condesa. De allí en adelante, esas personas les enseñaron a los otros soldados cómo pelear. Después de eso, la Condesa dejó de venir a la fortaleza.

No obstante, las mujeres siguieron llevando bocadillos y los soldados continuaron entrenando.

En un abrir y cerrar de ojos, los soldados revoltosos se convirtieron en soldados diligentes.

—Por algún motivo, ahora todos se han vuelto más diligentes.

—¿E-en serio?

—Sí. Qué extraño~.

Mientras observaba a los soldados, el Lord ladeó la cabeza. Me sentí aliviado de que la herida en su mejilla se hubiera recuperado por completo.

La Condesa me dijo que no le contara cómo es que habían mejorado los soldados, así que tenía mis labios sellados. Asimismo, el Lord se fue sin husmear mucho al respecto.

Esta tierra remota era un lugar interesante. Se trataba de un lugar distante y fantástico donde personas que lucían como hadas vivían, dónde había un Lord de buen corazón y una Milady amistosa.

Le tomé cariño a este lugar y no pude evitar sentir que el futuro deparaba cosas buenas.

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Enlace al Raw

Tuvieron suerte de que Sieg fuera una gran luchadora, de lo contrario, si le hubiera pasado algo, Ritz se hubiera encargado de «procesarlos» apropiadamente, no se metan con un hombre que puede luchar contra un venado y dominarlo.

2 comentarios sobre “Ritz y Sieg c38

  1. ¡Feliz Año Nuevo¡
    Gracias por el capítulo. Esos soldados no sabían con quien se metieron,
    Y ese Rey no estaba nada perdido,si los hombres parecen hadas… Ritz, entonces una mujer guapa de esa aldea de verdad valía una fortaleza para cuidarlos.

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