Ritz y Sieg c27

Capítulo 27: Las circunstancias de Aina

Siendo reprendido por Sieg, los ojos de Emmerich se llenaron aún más de lágrimas. Daba algo de lástima, así que decidí darle información sobre esa persona.

—Creo que sé quién es la persona que le gusta a Emmerich.

—¡¿?!

Luego de hurgar por mis recuerdos, les conté sobre la chica que tuvo un encuentro con un extranjero (Emmerich).

—Se llama Aina.

—A-Aina-chan.

—Tiene una personalidad fuerte.

—No hay problema.

—…

Emmerich se volvió positivo en cuanto empecé a contarle sobre Aina. Qué tierno.

Sin embargo, si quiere que su amor dé frutos, hay una montaña de problemas que tiene que resolver.

—¿Qué hizo que te enamoraras de Aina?

Se trataba de un tema delicado; pero, como era algo importante, tenía que saberlo. Si no escucho una respuesta satisfactoria, no pienso ayudarlo.

Además, opino que debería escucharlo antes de tomar una decisión apresurada. Pese a eso, a diferencia de su comportamiento previo, el joven Emmerich comenzó a declarar sin una pizca de vacilación.

—Ese día… aunque había muchos aldeanos, solo la podía ver a ella. El motivo fue que tenía una expresión muy triste.

Emmerich dijo que vio a Aina caminando con una expresión desesperada, así que se preocupó. Trató de hablar con ella, pero fue rechazado contundentemente.

—Aun cuando regresé a mi país, no podía borrarla de mi mente. Fue entonces cuando me di cuenta que me había enamorado de ella a primera vista.

También afirmó que deseaba ayudarla por cualquier medio.

—Emmerich, ya lo escuchaste de Sieg; pero, tal y como ella explicó, Aina no puede irse de la aldea.

—…

—Si puedes comprometerte a residir permanentemente aquí, podría ayudarte.

—…

—Bueno, no es algo que debas decidir apresuradamente, así que tomate tú tiempo.

También le conté que había otros problemas. Incluso entre los aldeanos, el odio que la familia de Aina siente por los extranjeros es fuerte. Le dije que cabía la posibilidad de que fuera rechazado incluso antes de que pudiera acercarse.

—…Menos mal.

—¿Eh?

—No es que me odie a mí personalmente.

Qué hombre tan optimista.

Sin embargo, gracias a que Emmerich es así, tengo fe de que pueda salvar a Aina.

Más o menos tengo una idea de qué tipo de problema está enfrentando; pero, ya que Aina no me lo ha contado directamente, no puedo decirlo aquí.

—Muy bien. Trataré de hablar con Aina sobre Emmerich tanto como sea posible durante tu estadía aquí.

—¡!

—Ah, pero no tengas muchas esperanzas.

—¡No digas eso! Muchísimas gracias de verdad, ¿cómo podría compensarte?

—No, no.

De esa forma, la sesión terapéutica para el joven atormentado llegó a su fin.

Mientras regresaba, vi que se golpeó la cabeza contra la puerta principal; así que me preocupé si sería capaz de regresar sano y salvo. No obstante, Sieg me dijo: «Siempre ha sido así»; declarando que estaba bien dejarlo solo.

❄❄❄

 En estos momentos, pondré en marcha mi plan para capturar a Aina.

Conforme caminaba por la aldea, vi una figura misteriosa andando sigilosamente. Moviéndose de callejón a callejón con un arco y flechas, no podía verse más sospechosa.

Tras observarla por un rato, aproveché el momento cuando no había nadie alrededor y me acerqué a la chica que tenía su espalda indefensa.

—¿Qué estás haciendo, Aina?

—¡¿Aah?!

La chica se giró con una mirada sorprendida. Cuando vio que era yo, su sorpresa se convirtió en furia.

—¡Q-qué! ¡¿Por qué siempre tienes que hablarme de la nada?! ¡¡Me asustaste!!

—Lo~ siento —Me disculpe evasivamente y fui directo al grano—. Oye, me gustaría hablar contigo sobre algo, ¿puedes venir a mi casa?

—¿Uh?

—Quisiera oír tu historia, además necesito contarte algo.

—No.

—No digas eso.

—¡De ninguna forma, la abuela dijo que no siguiera a extraños!

—…

Un extraño…

Cuando era niña, incluso la abracé mientras le enseñaba cómo manejar las riendas del reno; pero, un extraño. Onii-chan está herido.

A pesar de eso, ya que ahora no podía dar marcha atrás, decidí utilizar mi último recurso.

—Hace mucho tiempo, cuando estabas trepando árboles, rompiste el preciado árbol de Horus-san, ¿cierto, Aina?

—…¡¿Qué?!

—Además, en una ocasión tiraste la canasta llena de bayas de la señora Meyer e incluso arruinaste las agarraderas, ¿verdad?

—E-eso es…

—Ves, no somos extraños, ¿o sí?

—…

Todavía tengo más cartas bajo la manga. Ahora, ¿qué harás? Cuando estaba a punto de preguntarle eso, la campana que señalaba el mediodía sonó.

—¡¿Eh?! ¡Oh, no! ¡¿Ya es hora?!

—¿Uh?

—A-almuerzo, ¡tengo que preparar el almuerzo!

—¿C-cuándo vendrás, Aina?

—¡Ya quisieras, Lord idiota!

—…

Aun cuando dijo algo descarado, salió corriendo completamente avergonzada.

Mi estrategia para tomar ventaja de sus errores de la infancia fue un fracaso total.

 

Al día siguiente.

Proseguí con mi plan B para hablar con ella.

Esta vez, no cometeré el mismo error.

Gracias al incidente de ayer, estaba claro que respondería si la llamaba.

De nueva cuenta, detecté a Aina quien se estaba moviendo sospechosamente.

Acto seguido, alguien le habló. Se trataba de una persona que yo mismo dispuse.

—Hola, estás aquí de nuevo, ojou-san.

—¡!

Un colega bien parecido y pelirrojo bloqueó su camino.

Aina miró sorprendida mientras Sieg sonreía.

La mejor pescadora de la aldea, Sieglinde, fue desplegada para asegurar el éxito del plan.

—¿Podemos charlar un poco?… En mi casa.

—…¡¡S-sí!!

No podía aceptar del todo el resultado; pero, el plan para capturar a Aina tuvo éxito.

Debí haberle pedido ayuda a Sieg desde el principio o, al menos, eso pensé frente a la exitosa expedición de pesca.

Cuando Aina fue guiada a la Mansión del Conde, parecía sorprendida. Creo que no estaba al tanto de que Sieg era mi esposa. Pese a eso, no podía decirle que ella tenía la culpa por no interactuar mucho con los demás.

Me preguntaba si sería mejor que Aina y Sieg estuvieran a solas; pero, Aina dijo: «si quieres, ¿te puedes quedar aquí?». De modo que, gustosamente me senté con ella.

Aina tomó asiento frente a Sieg y yo junto a Aina.

—¡Por qué te sientas junto a mí!

—Porque quiero ver el rostro de mi esposa.

—¡¿Qué demonios?! ¡¡No quería escuchar eso!!

Y, en ese estado, donde no había ni una pizca de tensión, comenzamos a charlar.

Primero, sobre Emmerich.

Supuse que definitivamente se mudaría aquí. Cuando le pregunté a Sieg sobre eso, me dijo lo mismo, así que procedí a discutir sobre eso.

—Estamos aquí para hablar sobre un hombre al que le gustas.

—¡Imposible!

—No, es cierto.

Debido a cuestiones como su familia, o su personalidad entre muchos otros problemas, no había hombres valientes que quisieran casarse con Aina. En la aldea, charlas sobre matrimonio comienzan a intercambiarse cuando una mujer cumple dieciséis. Aina, incluso cuando llegó a los dieciséis años, no obtuvo ninguna noticia respecto a eso.

—¿Recuerdas al extranjero rubio y de ojos azules que habló contigo, Aina?

—¿Eh? ¿El forastero que estaba con el Lord hace un tiempo?

—Así es.

—…¿Acaso se trata de él?

—Pues, sí.

—¡No!

Lo rechazó tan rápido que casi fue refrescante. Menos mal que Emmerich no está aquí.

—Todavía no estamos hablando de matrimonio, Aina.

—¡No me agradan los forasteros!

—¿Aunque Sieglinde también es una forastera, Aina?

—¡!

Aina jadeó y se disculpó con Sieg en voz baja.

—Es la primera vez que tenemos una conversación apropiada, ¿verdad?

—…Sí.

Las dos se presentaron. Aina se había unido al Sieglindeismo; pero, al parecer nunca fue allí.

—Quería agradecerte. Por lo de ese día… Gracias. Si no fuera por Sieglinde-san que estaba pasando por allí, ese día… podría haber muerto.

—Ah… fue una coincidencia; pero, me alegra haber sido de ayuda.

Como lo pensé, la persona que Sieglinde ayudó fue Aina.

Sieg hizo la pregunta que flotaba por nuestra mente.

—Aunque, ¿qué hacías en lo profundo del bosque?

—…

Se supone que las personas que no saben utilizar pistolas no se adentran en las partes más profundas del bosque. A pesar de eso, Aina solo tenía un arco y flechas mientras deambulaba en las profundidades del bosque.

—¿Podrías decirme el motivo?

—…

—Te prometo que no le diré a nadie.

Luego de abrir y cerrar la boca repetidas veces por un rato, comenzó a contarnos. Sobre la carga que llevaba en su pequeña espalda.

—…Hace cinco años, papá murió, así que no hay hombres en la plenitud de su vida en mi casa.

Aunque no es tan joven, el abuelo de Aina es el mejor cazador de la aldea. Su abuela, famosa por ser la xenófoba más grande de la aldea, se enfermó recientemente. Su madre, de igual forma, se ha vuelto apática desde que perdió a su esposo.

Aina estaba siendo pesimista sobre el futuro.

—¡¡Si mi abuelo desaparece, estaremos en grandes problemas!! ¡¡Por eso, hasta que llegué ese día, necesitamos ahorrar más dinero!!

—…

—…

Se requiere dinero para comprar la materia prima para las artesanías tradicionales. Sin embargo, cazando se consigue dinero sin invertir demasiado.

Por lo tanto, Aina iba al bosque todos los días a cazar.

—…A pesar de eso, no he podido cazar nada hasta ahora. Mi abuelo tampoco me enseña nada.

—Entonces, eso sucedió.

—Creí que la flecha daría en el blanco si la presa era más grande. Pero, ya he reflexionado sobre mis acciones imprudentes.

—Aina…

Consideraba que era algo temerario lo que hizo; pero, no tenía derecho a condenarla.

Además, ese problema se resolvería una vez que encontrara con quien casarse.

—Aina, sobre ese extranjero, es un hombre gentil y sincero llamado Emmerich. También es bueno cazando. ¿Podrías tratar de considerarlo?

—…

—Emmerich es una de las personas en las que confío. Por favor, piensa en él de una manera positiva.

—…

—Por favor.

—Está bien. Lo mantendré en una parte de mi mente.

De esa forma, el florecimiento del amor de Emmerich está un poco más cerca.

Una vez que la charla terminó y la atmósfera tensa desapareció, Sieg le dijo a Aina con recelo.

—Por cierto.

—¿Qué pasa?

—Bueno, creo que Aina-jou ha estado sujetando el cabello de mi esposo desde hace un rato.

—¿Eh? ¡Ah, NO!

—…

—…

Mientras hablaba, Aina jugó con mi cabello. Como sabía que lo hacía inconscientemente y que estaba concentrada en la discusión, no lo señalé.

Ya que el azúcar para el café estaba en frente de Aina, me incliné por un momento y cuando iba a regresar a mi asiento, sujetó mi cabello. Tomando en cuenta que hay varios adornos en forma de cola de caballo sobre la mesa, probablemente pensó que era eso.

Tras percatarse de que estaba agarrando el cabello de alguien más, Aina soltó mi cabello trenzado como si estuviera tocando algo sucio.

En serio, eso es demasiado cruel.

La plática concluyó con este tema.

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Cómo se atreve Aina a tocar el cabello de Ritz cuándo Sieg todavía no lo ha hecho; seguramente estaba celosa de eso jajaja

2 comentarios sobre “Ritz y Sieg c27

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