Ritz y Sieg c19

Capítulo 19: Un regalo especial y preparaciones para el invitado

Conforme seguíamos trabajando, la taza de madera (Kuksa) de Sieg comenzó a tomar forma.

—Está un poco torcida.

—No, para un principiante está bien.

La impecable taza semi-circular se completa con una capa de cera; aunque su primer producto se ladeaba ligeramente sobre la mesa, le dije que se podía usar aun si se llenaba con alguna bebida; no obstante, Sieg solo hizo una expresión triste.

—Ya que la hiciste tú, ¿qué tal si se la regalamos a tus padres? También les daré la que yo hice.

—¿Te parece bien? ¿No es una fuente importante de ingresos?

—Sieg, se dice que esto atrae a la felicidad. Por eso quiero que tus padres la tengan.

—…

—Lo podemos enviar con una carta.

Le di unas palmaditas a Sieg, quien lucía todavía preocupada, y fui a mi habitación por papel y una pluma fuente.

Cuando regresé a la sala, Sieg estaba comparando la kuksa que usábamos y la que ella acababa de hacer.

—Atrae la felicidad, eh.

—Ajá. Ah, la que tú estás usando la tallé luego de que decidiéramos nuestro matrimonio.

—¡¡!!

—La fabriqué con un nudo de abedul de granos muy finos que había guardado para-

—Conque así fue. No lo sabía.

—Está muy bien hecha, ¿cierto?

—Sí, gracias… Eeh, no estoy muy segura de que debería decir.

—¿Por qué?

—Porque también comprendo lo difícil que es elaborar una kuksa.

Ah, tal vez no debería haberle dicho eso.

Me arrepentí de inmediato, maldita lengua suelta mía.

Al final, no sabía cómo responder, así que mi rostro continúo pálido.

Quizá se trató de un lamentable intento por cubrir mi expresión miserable; aun así, le dije lo que siempre había estado pensando.

—Quiero hacer todo lo posible para que seas feliz, así que un pequeño trabajo como este no es nada.

—…

Sieg hizo esa expresión rara: la preocupada. No era mi intención que se pusiera así, pensé.

No me agradan las atmósferas deprimentes, así que sugerí algo a fin de cambiarla.

—Vamos a escribirle una carta a tus padres, Sieg.

—Ah, tienes razón.

Envolvimos nuestros kuksa con una tela suave y colocamos las cartas en ellos.

❄❄❄

Poco a poco el momento en que había una luz leve se extendió. Las noches polares casi llegaban a su fin. Al mismo tiempo, la fecha para que el colega de Sieg viniera de visita se acercaba.

—Sieg, Teoporon y yo iremos por él.

—¿No hay problema?

—No te preocupes. Los perros y los renos no pueden correr a la misma velocidad.

Para ir a recogerlo pedí prestado un reno de un vecino con el que soy cercano. Si hay tres hombres adultos, se requiere de un reno más.

Sieg puede conducir un trineo de perros, pero todavía no sabe cómo dirigir un trineo de renos. Además los perros y los renos corren a diferentes velocidades, sin mencionar que tienen distinta resistencia. Por lo tanto, no era práctico que Sieg y yo fuéramos juntos.

—Está bien. En ese caso, le mandaré un mensaje diciéndole que busque a un lindo oso blanco.

—Vaya, ¿no se desmayara con eso?

—Si se desmaya con solo ver la cabeza del jefe de la familia Rango, tendrá una dura estadía aquí.

—¿De verdad?

—Así es como es —dijo Sieg sonriendo traviesamente.

Me reí de qué su excompañero recibiera un trato tan malo; sin embargo, al mismo tiempo sentí envidia por lo cercanos que parecían.

Una vez que las noches polares finalizan, la vida de caza comienza de nueva cuenta.

Dentro de poco arribara un visitante; así que me esforzaré más durante la cacería. Tendremos un invitado luego de mucho tiempo. Sin mencionar que esta vez es un conocido de Sieg.

El objetivo del día es un alce, muy probablemente la especie más grande de los animales de pezuña alrededor de esta área. No tienen mal olor, así que son una atracción popular para los extranjeros que visitan la zona. Debido a la temporada, hay poca comida por lo que son más delgados de lo normal. A pesar de eso, a fin de prepararle algo delicioso, Sieg y yo nos esforzaremos.

Dicen que la carne sabe mejor cuando se atrapa a la presa antes de que su sangre se caliente. Por eso, coloqué varias trampas por el bosque, pero no tuvimos suerte con eso. Mientras acariciaba a un perro, le comenté a Sieg, que llegados a este punto, ahora teníamos que cazarlos.

Les di la orden a los perros mientras que los dos nos escondíamos en las sombras.

De cualquier modo, la temperatura desciende cuando tratas de no moverte de tu lugar. Sieg también comprendía que no podía moverse porque tenía que permanecer en silencio, por lo que ni siquiera podía frotarse la espalda.

Incapaz de soportar el frío, tomé un sorbo de una botellita de alcohol que tenía en el bolsillo del pecho. La fuerte bebida lastimó mis encías y lengua, también sentí un calor abrasador en mi garganta. Este alcohol lo compré de un mercante que me dijo tenía el efecto de subir la temperatura, por lo visto fue todo un fraude. Más que sentirme cálido, estaba más incómodo por el dolor. A pesar de que permanecí en silencio por un motivo, terminé tosiendo violentamente. A ese patético yo, Sieg dio suaves golpecitos en la espalda.

Le dije a Sieg que era una bebida fuerte. Tras recibirla, vaciló por un momento antes de tomar un sorbo. Sin toser ni una vez, lo bebió. Murmuró que en verdad se trataba de una bebida fuerte y me regresó la botella.

Una hora más tarde. Desde algún lugar muy lejos, escuchamos a los perros ladrar. Al parecer estaban persiguiendo a un ciervo.

Le pedí a Sieg que retrocediera un poco y luego esperé por los perros, mientras sujetaba mi pistola en alto. Tras permanecer así un rato, aparecieron dos perros persiguiendo a un ciervo.

Soplé el silbato para dar la siguiente orden. Acto seguido, un perro rodeó al ciervo y lo detuvo.

Ahora era la oportunidad para disparar. Sieglinde fue la primera en reaccionar.

Un disparo.

La bala atravesó el cuello del ciervo, también fue en un sitio donde mató al animal de un solo tiro. En el instante en que el ciervo colapsó, les ordené a los perros que se dispersaran, después me acerqué a la presa caída.

—Sieg lo hiciste.

—Sí.

Me aproximé más para confirmar su muerte. El ciervo que cazamos era una hembra de cerca de un año. La carne más sabrosa se consigue de las hembras más pequeñas. Los machos tienen cúmulos disparejos de grasa insípida.

No teníamos tiempo de solo contemplar a la presa en admiración, es mejor drenar la sangre y procesar a la cierva rápido. Aprovechando la pendiente del bosque, dejamos que se desangrara del cuello mientras la llevábamos a casa.

Una vez que arribamos a casa, la transportamos hasta la cabaña y le pedimos ayuda a Teoporon. Atamos sus patas traseras y la colgamos de cabeza de un gancho del techo.

El pelaje de la cierva brilló hermosamente. Para usarlo después, comencé a despellejarla desde las patas. Gracias a Sieg, fui capaz de hacerlo en la mitad de tiempo que de costumbre.

Luego de que la despellejamos juntos, cortamos su estómago con un gran cuchillo y la destripamos. Durante el proceso, revisé si había algún parásito en el hígado y el conducto de la bilis, después los tiré. Limpiamos la carne con un pañuelo húmedo. A continuación, una bolsa llena de nieve se colocó adentro y se dejó reposar por una noche.

Al día siguiente, corté la carne por partes. A grosso modo por su tronco, espalda, piernas y cuello. Entonces, se deja madurar alrededor de diez días y se corta en más partes. Generalmente, necesita reposar por un mes para que esté en su punto; sin embargo, lamentablemente nuestro invitado llega dentro de dos semanas.

—Bueno, con esto no tendremos que preocuparnos por la carne.

—Sí.

Además de eso, cazamos conejos y aves que congelamos bajo la nieve. Sugerí cazar otro reno, pero Sieg me detuvo.

Ya han pasado dos semanas, así que saldré para recoger al conocido de Sieg. Tardamos cinco horas hasta el puerto antes de que llegara, luego pasé una noche incómoda con Teoporon.

Al día siguiente.

Faltaba poco para que el ferri arribara, así que esperé en el muelle. Puesto que él ya sabía a quién buscar, le dije a Teoporon que se acercaría a nosotros y seguimos esperando.

Unos minutos más tarde.

Finalmente se acercó un hombre y nos preguntó.

—…Eh, um, ¿usted es, el Conde, Revontulet?

La persona que habló en nuestro lenguaje, aunque muy pobremente, era un hombre alto de cabello rubio y ojos azules con una actitud refrescante.

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Notas de la Autora: El próximo capítulo será desde el punto de vista del colega de Sieg.


Creo que hasta ahora ha sido el capítulo más sangriento de todos, ¿no creen? O solo soy yo porque me imaginé a Ritz y Sieg arrastrando el cadáver de un ciervo por el bosque mientras se desangraba… De cualquier modo, ¿por qué será que cada avance romántico viene acompañado de una escena de Jack “El Destripador”?

4 comentarios sobre “Ritz y Sieg c19

  1. Bueno, ahora una de las incógnitas que tenía se ha disipado, ya se como se procesa un ciervo…
    De verdad que es curioso lo que mencionas con los avances románticos. Definitivamente el autor@ tiene fetiches muy raros. Espero que a los personajes no se les queden, eso de que tengan que tener un cuchillo o un cuerpo desangrando para ponerse románticos…
    Ahora a esperar a ver qué pasa con el amigo. Ritz necesita ya verse más decidido.

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  2. Amo con sieg es una mujer toda empoderada, hembra alfa con ovarios de diamante que tolera el alcohol fuerte. Miéntras que mas leo de ritz me causa ternurita y gracia XD
    Gracias por el cap amada traductora

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