Hokuou Kizoku to Moukinzuma no Yukiguni Karigurashi c3

Capítulo 03: Un placentero viaje de compras y el primer día

Ya que tuvimos un firme apretón de manos entre hombres (¿?), pensé que las negociaciones habían terminado; pero, me detuvieron en una posición incómoda cuando traté de levantarme. La charla aún no había terminado.

Me dijo «Siéntate», así que lo hice como un perro obediente.

—¿Hay algo más?

—No, solo me preguntaba cuando Levantret-kyou regresará a casa.

—Dentro de cinco días.

Debido a que era una oportunidad de pasar el tiempo libre una vez al año, me encargaba del trabajo por adelantado y perdía el tiempo aquí.

Otras personas piensan que soy un adicto al trabajo ya que trabajo todos los días; pero, eso no es cierto. Estoy ocupado todos los días con el fin de sobrevivir.

El dinero que el estado proporciona desaparece rápidamente entre las reparaciones de la fortaleza y las exterminaciones de plagas, así que para reponer la falta de fondos, tengo que cazar animales por su caro pelaje o elaborar figuras tradicionales.

Así que el baile es la única oportunidad que tengo de expandir mis alas. Sin embargo, ya que encontré una esposa, planeaba relajarme el resto del tiempo.

Tras escuchar mi agenda, Sieglinde descansó la cabeza sobre su mano e hizo una expresión seria. Luego de un rato, me volteó a ver llena de determinación y me mostró una sonrisa celestial.

—¿Podrías venir a mi casa pasado mañana? Me gustaría presentarte a mis padres.

—¡!

Es verdad. Los nobles requieren la bendición de sus padres si van a casarse, sin importar su edad. Además, voy a llevarla a otro país. Tengo que explicarlo apropiadamente y hacerlos comprender.

—¿Puedes?

—…Sí, desde luego.

Recordé una ingrata información desde los confines de mi mente, la Casa Wattin se trataba de una estimada familia de nobles que regía sobre la región de Thüringen.

—La casa de mi familia está ubicada pasando un estado luego de la capital. Cerca de tres horas en carruaje, creo.

—¿Thüringen?

—Así es.

Gotas de sudor se formaron en mi frente. Sus condecoraciones por alguna razón se veían más brillantes.

Parece que me propuse a una noble con un rango ridículamente alto.

—Ah, por cierto.

—¿Sí?

—Está bien que me hables con normalidad. Podrías llamarme por mi nombre.

—Gracias por tu amabilidad… ¿Cómo debería llamarte?

—Como sea está bien. Puedes llamarme Sieg como hacen los demás.

—¡Sí, Sieg-sama!

—Puedes quitar el “sama”…

Esa noche, terminé cuestionándome a mí mismo si era lo suficientemente bueno una y otra vez.

❄❄❄❄❄❄

Al día siguiente.

Recibí una carta en el hotel. Era de Sieg-sama, preguntándome si tenía algo de tiempo. Por supuesto que contesté «¡Sin duda alguna!».

Afuera, la nieve se había apilado, pero era lindo comparado con las tormentas de nieve en mi país. Me preparé con antelación para no llegar tarde.

Luego de rasurarme, me coloqué una banda para el cabello como de costumbre y rápidamente me puse pantalones. A continuación tomé un abrigo mullido hecho de pelaje de alpaca y lo usé.

También até mi largo cabello, el cual llegaba hasta la cintura.

Para los hombres de este país, lo normal era tener el cabello corto, así que sería considerado raro si tuviera mi largo cabello trenzado como el de una mujer.

Durante los bailes, donde personas de diferentes nacionalidades se reúnen, no es tan malo, pero no sucede igual en las calles.

Cuando eché un vistazo al reloj, ya casi era hora, de modo que me dirigí hacia nuestro punto de encuentro.

Ubicado a unos cuantos minutos de distancia, la plaza del reloj se encontraba atestada de personas. Aparentemente, este lugar, desde donde se podía ver la catedral, era popular entre los jóvenes como un punto de encuentro.

Encontré a la mujer alta con inusual tono de cabello sin muchos problemas. La saludé con las manos y me acerqué.

—Lo siento, ¿te hice esperar mucho?

—No, acabo de llegar.

Sieg le dijo a la señorita junto a ella «Tengo compañía». Para atraer a una mujer en tan poco tiempo, me sentí un poco envidioso.

Una parte de mí ya lo sabía y ciertamente las ropas de civil de Sieg eran masculinas. Era algo decepcionante que no hubiera ni un rastro de algo femenino.

Cuando me preguntó qué íbamos a comprar, respondí que adquiriríamos suministros básicos para mudarse al norte.

—Ah~, pero no creo que encontremos ropa de invierno aquí.

—En serio.

Es mejor conseguir ropa hecha de pieles; no obstante, la que venden aquí es por moda. Dudo mucho que vendan cosas para mantener el calor.

—Debí haber preguntado de antemano. Viniste hasta aquí.

—No es verdad. Me alegra que me hayas invitado.

La expresión apenada de Sieg fue sorprendentemente linda, así que terminé mirándola fijamente, a lo cual ella desvió la mirada. Qué mal.

—Entonces, echemos un vistazo alrededor y-

—¡Cuchillos! ¡Vayamos a comprar cuchillos!

—¿Cuchillos?

—Así es. Para despellejar y destripar.

Charlamos mientras caminábamos ya que el tiempo era preciado.

Considerando que había muchas personas, sujeté la mano de Sieg para que no nos perderíamos entre la multitud. Su mano estaba fría, así que la puse dentro del bolsillo de mi abrigo y empecé a caminar.

Las hojas de este país tienen una gran fama por su filo, de modo que siempre compraba algo en cada ocasión.

A medida que platicábamos, maniobramos entre la muchedumbre.

Un momento después, llegamos a una tienda de apariencia graciosa en un viejo callejón.

—¿Aquí es?

—Es una tienda que el carnicero en la calle principal recomendó.

Traté de abrir la puerta atascada con una mano; pero, ya que estaba muy dura, solté la mano de Sieg de mi bolsillo y forcé la puerta con ambas manos.

La tienda se encontraba sin dependientes. El dueño posiblemente estaba durmiendo atrás.

Con las estanterías llenas de cuchillos y dagas, era una tienda bastante perturbadora. Tomando en cuenta que la tienda fue recomendada por aquellos que forcejeaban con la carne todos los días, no dudaba sobre sus bienes.

—No usamos un solo cuchillo para despellejar y destripar, hay muchas clases diferentes para todo tipo de propósitos.

—Wow.

Hay cuchillos especializados para cortar los huesos, algunos de apariencia extraña para rasgar los tendones e incluso cuchillos para cortar la panza. Si fuéramos a enlistar todos ellos, entonces habría docenas y cientos de ellos.

—¿Alguna vez haz destripado a un animal?

—No.

—¿De verdad? Creo que este podría ser bueno para principiantes.

Sujeté uno grande que estaba por ahí.

Este hermoso cuchillo de acerco curveado tiene muchos usos, desde liquidar la presa hasta despellejarla. Ya que es grande, también se puede emplear para cocinar en el exterior.

Sieg la tomó en una mano y le dio una vuelta antes de regresarla a su funda de piel.

—Es un buen producto.

Al parecer le gustó, ya que decidió comprarlo.

Puesto que también planeaba comprar algo, agarré un cuchillo que tenía en mente, uno delgado con una hoja curva en la punta.

—¿Para qué es ese?

—Para retirar los intestinos de una ave.

—…

Sieg hizo una expresión indescriptible, pero lo compré de todas formas dado que ya no tendría que ensuciar mis manos si tuviera esto.

Luego de esa perturbadora compra, paseamos por las calles por un rato. De camino, Sieg me detuvo para entrar a una tienda de juguetes.

—¿Qué vamos a comprar aquí?

—Algo así como un juego.

—¿?

Al seguirla, llegué a un lugar donde vendían cartas y otros juegos de mesa.

—Mi conde, ¿ve algo que le agrade?

—Um, nada en particular.

—En serio, milord.

Jugando maestro y sirviente por alguna razón, Sieg me explicó cada juego seriamente.

—Realmente no sabes nada.

—Um. Bueno, no tenía un compañero de juegos o quizá debería decir que no tenía tiempo para eso.

—…

En ese momento, en la tienda de juguetes, me percaté que apenas tengo algún recuerdo de haber jugado.

—No había ningún niño de mi edad y tuve que trabajar desde muy joven.

Cuando murmuré eso, me sentí un poco vacío. Mi primer amigo también fue un extranjero que conocí en la alta sociedad.

—Ritzhard Salonen Levantret.

—¿?

Por algún motivo, Sieg hizo una reverencia con la cabeza y extendió la mano.

Mientras ladeaba la cabeza, confundido, la onee-san con ropa de hombre sonrió ampliamente. En ese estado, lo que salió de su boca no fue nada más que especial.

—¿Me darías el honor de ser tu primera compañera de juegos?…

—¡!

Se trataba sobre nuestra relación.

Finalmente, me percaté de que estaba preocupada sobre la brecha cultural y de costumbres entre personas de diferentes países. Quizá por eso, sugirió que fuéramos “esposos temporales”.

Está bien, solo ser compañeros de juegos en una atmosfera relajada. Podemos progresar a partir de ahí.

Tomé su mano extendida y la apreté con fuerzas una vez más antes de soltarla.

Mis ojos se pusieron llorosos como anoche, pero lo descarté solo como dolor de huesos.

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